Escúchenos en línea

Terrorismo y el fracaso de la guerra contra Irak

None | 12 de Febrero de 2006 a las 00:00

El terrorista en el espejo

Por Noam Chomsky, CounterPunch. Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández. Texto original en inglés: www.counterpunch.org/chomsky01242006.html

"Terror" es un término que provoca con razón emociones fuertes y preocupación profunda. La preocupación primordial debería llevar, naturalmente, a adoptar medidas que mitigaran la amenaza, que ha sido grave ya en el pasado y que lo va a ser incluso aún más en el futuro. Para proceder seriamente, hemos de establecer algunas directrices. Aquí van algunas, muy sencillas:

Los hechos importan, aunque no nos gusten.

Los principios morales elementales importan, incluso si tienen consecuencias que preferiríamos no enfrentar.

Que haya una relativa claridad importa. No tendría sentido buscar una definición absolutamente precisa de "terror", o de cualquier otro concepto, fuera de las ciencias experimentales y de las matemáticas y, a menudo, incluso ahí. Pero deberíamos buscar claridad suficiente para al menos distinguir la noción terror de otras dos nociones que bordean preocupantemente sus límites: agresión y legítima resistencia.

Si aceptamos estas directrices, hay caminos muy constructivos para abordar los problemas del terrorismo, que son muy graves. Se afirma habitualmente que algunas de las políticas actuales no ofrecen soluciones. Revisen los archivos y creo que encontrarán que hay una alternativa exacta ante esa acusación: "Presentan soluciones, pero no me gustan".

Supongan, pues, que aceptamos esas sencillas directrices. Volvamos a la "Guerra contra el Terror". Una vez que los hechos importan, importa el hecho de que George W. Bush no declaró la Guerra el 11-S, sino que fue la administración Reagan, hace veinte años, quien lo hizo.

Llegaron al poder afirmando que su política exterior enfrentaría lo que el Presidente denominó como "diabólico azote del terrorismo", una plaga extendía por "depravados adversarios de la misma civilización" en un "retorno a la barbarie en la edad moderna" (Secretario de Estado George Shultz). La campaña se conformó adoptando la forma particularmente virulenta de plaga: el terrorismo internacional dirigido desde el estado. El foco principal fue América Central y Oriente Próximo, pero alcanzó el sur de Africa, el Sureste Asiático y donde uno ose mirar.

Un segundo hecho es que la guerra se declaró y se llevó a cabo más o menos por la misma gente que estaba dirigiendo la guerra, otra vez declarada, contra el terrorismo. El componente civil de esa Guerra contra el Terror tiene al frente a John Negroponte, designado el pasado año para supervisar todas las operaciones de contraterrorismo. Como Embajador que fue en Honduras, estuvo a cargo de la mayor operación de la primera Guerra contra el Terror, la guerra de la contra hacia Nicaragua, promovida y lanzada sobre todo desde bases estadounidenses en Honduras. Volveremos a examinar sus tareas. El componente militar de la Guerra de nuevo declarada estaba dirigido por Donald Rumsfeld. Durante la primera fase de la Guerra contra el Terror, Rumsfeld fue el enviado especial de Reagan en Oriente Próximo. Allí, su principal cometido fue establecer estrechas relaciones con Sadam Husein para que EEUU pudiera proporcionarle ayuda a gran escala, incluidos medios para desarrollar armas de destrucción masiva, prosiguiendo mucho después con las bestiales atrocidades contra los kurdos y el fin de la guerra con Irán. El objetivo oficial, en absoluto disimulado, era la responsabilidad que Washington asumió para ayudar a los exportadores estadounidenses y el "notablemente unánime punto de vista" de Washington y sus aliados británicos y arabo-saudíes de que "cualquiera que fueran los pecados del dirigente iraquí, ofreció a Occidente y a la región una mejor esperanza para la estabilidad de su país que la que podían ofrecer aquellos que sufrieron su represión" – afirmó Alan Cowell, el corresponsal en Oriente Próximo del New York Times, describiendo el criterio de Washington acerca de que George Bush I autorizó a Sadam para aplastar, en 1991, la rebelión chií que probablemente habría derrocado al tirano.

Sadam está siendo finalmente procesado por sus delitos. El primer proceso, ahora en curso, es por los delitos cometidos en 1982. 1982 fue un año importante en las relaciones entre EEUU e Iraq. Fue ese mismo año cuando Reagan sacó a Iraq de la lista de estados que apoyaban el terrorismo a fin de que la ayuda pudiera fluir hasta su amigo en Bagdad. Rumsfeld visitó entonces la capital para confirmar los acuerdos. Si juzgamos por los informes y comentarios, aunque se considere de mala educación mencionar cualquiera de estos hechos, permítanme sugerir que algunos otros personajes más deberían estar sentados junto a Sadam en el banquillo de la justicia. Al sacar a Sadam de la lista de estados que apoyaban al terrorismo, se produjo un vacío. Ese vacío se llenó de forma inmediata con Cuba, quizá en reconocimiento del hecho de que las guerras terroristas de EEUU contra Cuba desde 1961 habían llegado a su cenit, incluidos algunos sucesos que deberían aparecer justo ahora en primera página en algunas sociedades que valoraban su libertad, a lo cual volveré en breve. De nuevo, todo eso nos está diciendo algo sobre las actitudes reales de las elites frente a la plaga de la edad moderna.

Una vez que se prosiguió la primera Guerra contra el Terror por aquellos que ahora han declarado de nuevo la guerra, o sus inmediatos mentores, lo lógico es que cualquiera que se interese seriamente por la actual Guerra contra el Terror preguntara de una vez cómo se desarrolló la de los años ochenta. Sin embargo, la cuestión está virtualmente prohibida. Lo cual se puede entender tan pronto como investiguemos los hechos: la primera Guerra contra el Terror se convirtió rápidamente en una guerra terrorista brutal y asesina por todos los rincones del mundo adonde llegó, dejando sociedades tan traumatizadas que quizá no se puedan recuperar nunca. Huelga decir que lo que sucedió no es que sea oscuro sino que es inaceptable doctrinalmente, por tanto se trata de evitar que pueda ser examinado. Desenterrar los archivos es un ejercicio esclarecedor, con enormes implicaciones de cara al futuro.

Esos son varios de los hechos fundamentales y son los que sin duda importan. Volvamos a la segunda de las directrices: los principios morales básicos. El más básico de todos es una obviedad auténtica: las personas decentes se aplican a ellas mismas las mismas normas que aplicarían a los demás, o más estrictas aún. La adhesión a este principio de universalidad tendría muchas consecuencias útiles. Para empezar, se salvarían muchos árboles. Si se cumpliera ese principio, se reduciría radicalmente la información publicada y los comentarios acerca de asuntos políticos y sociales. Eliminaría virtualmente la disciplina puesta de moda hace poco sobre la teoría de la Guerra Justa. Y haría casi borrón y cuenta nueva con respecto a la Guerra contra el Terror. La razón es la misma en todos los casos: se rechaza el principio de universalidad, en la mayor parte de los casos de forma tácita, aunque en otros explícitamente. Esas son afirmaciones demoledoras. Las he expuesto crudamente a propósito para invitarles a desafiarlas y espero que lo hagan. Creo que encontrarán que aunque las afirmaciones están un tanto en números rojos, sin embargo están incómodamente cercanas a la certeza y, de hecho, profusamente documentadas. Prueben suerte Vds. Mismos y verán.

En algunas ocasiones, al menos de palabra, se defiende la más elemental de las perogrulladas morales. El Tribunal de Nuremberg es un ejemplo de importancia crucial para los tiempos actuales. Al sentenciar a muerte a los criminales de guerra nazis, el juez Robert Jackson, el Jefe de los Fiscales de EEUU, habló de forma elocuente y memorable acerca del principio de universalidad. "Si consideramos como delitos determinados actos que violan los tratados", dijo, "son delitos ya sea EEUU o Alemania quien los cometa, y no podemos establecer una norma de conducta criminal contra otros que no estemos dispuestos a invocar contra nosotros… No debemos olvidar que los antecedentes sobre los que juzgamos a estos acusados son los antecedentes sobre los que la historia nos juzgará a nosotros mañana. Presentar ante estos acusados un cáliz envenenado supone ponerlo también en nuestros propios labios".

Esta es una clara y honorable afirmación del principio de universalidad. Pero el mismo juicio de Nuremberg violó de forma decisiva este principio. El Tribunal tenía que definir "crimen de guerra" y "crímenes contra la humanidad". Se manipularon cuidadosamente estas definiciones para que los delitos fueran considerados criminales sólo si no eran los aliados los que los cometían. Se excluyó el bombardeo de urbes con concentraciones de civiles, porque los aliados habían llevado a cabo bombardeos de forma aún más bárbara que los nazis. Y los criminales de guerra nazis, como el Almirante Doenitz, pudieron alegar con éxito que sus homólogos británicos y estadounidenses habían desarrollado las mismas acciones. El razonamiento fue perfilado por Telford Taylor, un distinguido abogado internacionalista que fue el jefe de los fiscales de Jackson para Crímenes de Guerra. Explicó que "castigar al enemigo –especialmente al enemigo derrotado- por conductas en las cuales la nación que las impone se ha visto involucrada, sería tan extremadamente injusto que desacreditaría las mismas leyes". Eso es correcto, pero la misma definición operativa de "crimen" también desacredita a las propias leyes. Tribunales posteriores se han visto desacreditados por el mismo defecto legal, pero la auto-exoneración de los poderosos del derecho internacional y de los principios morales elementales va más allá del ejemplo anterior y alcanza justo a todos los aspectos de las dos fases de la Guerra contra el Terror.

Volvamos al tercer tema de fondo: definir qué es "terror" y diferenciarlo de agresión y resistencia legítima. He estado escribiendo sobre el terror durante 25 años, incluso desde que la administración Reagan declaró su Guerra contra el Terror. He estado utilizando definiciones que parecen ser adecuadas por partida doble: en primer lugar, tienen sentido; y en segundo, son las definiciones oficiales de esas formas de hacer la guerra. Tomando una de esas definiciones oficiales, terrorismo es "el uso calculado de la violencia o de la amenaza de violencia para conseguir objetivos que son de naturaleza política, religiosa o ideológica… mediante la intimidación, la coacción o inculcando temor", típicamente sobre objetivos civiles. La definición del gobierno británico es parecida: "Terrorismo es el uso, o amenaza, o acción, de violencia, que causa daños o perturba, y que se planea para influir en gobiernos o intimidar a pueblos con el propósito de hacer progresar una causa política, religiosa o ideológica". Estas definiciones parecen ser bastante claras y en su uso normal resultan cercanas. También parece que hay acuerdo general en que son adecuadas cuando se trata del terrorismo de los enemigos.

Pero, inmediatamente, aflora un problema. Estas definiciones producen una consecuencia completamente inaceptable [para algunos]: llevan a deducir que EEUU es un estado terrorista importante, y lo fue de modo espectacular durante la guerra Reaganita contra el terror. Cojamos, simplemente, el caso más claro: la guerra de terrorismo de estado dirigida por Reagan contra Nicaragua fue condenada por el Tribunal Internacional, con apoyo de dos resoluciones del Consejo de Seguridad (vetadas por EEUU, con el Reino Unido absteniéndose educadamente). Otro caso completamente claro es el de Cuba, donde los antecedentes son hasta ahora voluminosos, sin que quepa polémica alguna. Y hay una larga lista que supera con creces ambas situaciones.

Sin embargo, podemos preguntarnos si esos crímenes, como el del ataque de estado contra Nicaragua, son realmente terrorismo o si elevan el listón hasta el crimen mucho más grave de agresión. El concepto de agresión fue definido con mucha claridad por el Juez Jackson en Nurenberg en términos que fueron reiterados básicamente en una autorizada resolución de la Asamblea General. Un "agresor", propuso Jackson al Tribunal, es un estado que es el primero en cometer acciones tales como "invasión de sus fuerzas armadas, con o sin declaración previa de guerra, del territorio de otro Estado", o "Prestación de apoyo a bandas armadas formadas en el territorio de otro Estado; o denegación de apoyo, a pesar de la solicitud del Estado invadido; o negarse a adoptar en su propio territorio todas las medidas que estén en su mano para privar a esas bandas de cualquier ayuda o protección". La primera provisión se aplica sin ambigüedades a la invasión anglo-estadounidense de Iraq. La segunda, de forma clara, se aplicaría a la guerra de EEUU contra Nicaragua. Sin embargo, podríamos conceder el beneficio de la duda a los actuales detentadores del poder en Washington y a sus mentores, considerándoles sólo culpables del crimen menor de terrorismo internacional, pero a escala inmensa y sin precedentes.

Puede recordarse también que en Nuremberg se definió la agresión como "el supremo crimen internacional, diferenciándose de otros crímenes de guerra sólo en que contiene en sí mismo el mal absoluto acumulado – por ejemplo, todo el espanto y daño que ha inundado la torturada tierra de Iraq a partir de la invasión anglo-estadounidense; y también en Nicaragua, si la acusación no se reduce al terrorismo internacional. Y asimismo en Líbano y, hasta llegar a la actualidad, tantas y tantas otras víctimas que son olvidadas con total facilidad con la excusa de que se trató de una acción equivocada. El 13 de enero pasado, un avión de combate controlado a distancia atacó un pueblo en Pakistán, asesinando a docenas de civiles, familias enteras que tan sólo vivían cerca de una sospechada guarida de Al Qaida. Esas acciones rutinarias atraen poca atención, un legado del envenenamiento cultural moral llevado a cabo durante siglos de bestialidad imperial.

El Tribunal Internacional no asumió la acusación de agresión en el caso de Nicaragua. Las razones son instructivas y de enorme relevancia contemporánea. El caso de Nicaragua fue presentado por el profesor de Derecho de la distinguida Universidad de Harvard Abram Chayes, anterior consejero legal en el Departamento de Estado. El Tribunal rechazó gran parte de su caso sobre la base de que al aceptar la jurisdicción creada por el Tribunal Internacional de 1946, EEUU había introducido una reserva por la que quedaban excluidos de procesamiento en virtud de tratados multilaterales, incluida la Carta de NNUU. El Tribunal, por tanto, tuvo que restringir sus deliberaciones al derecho internacional consuetudinario y a un tratado bilateral Nicaragua-EEUU, a fin de que las acusaciones más graves quedaran excluidas. Incluso con una esfera tan reducida de actuación, el Tribunal acusó a Washington de "uso ilícito de fuerza" –hablando en román paladino, de terrorismo internacional- y ordenó poner fin a los crímenes y el pago de importantes compensaciones. Los Reaganitas reaccionaron mediante una escalada de la guerra, aprobando también ataques de sus fuerzas terroristas contra "objetivos fáciles", blancos constituidos por civiles indefensos. La guerra terrorista dejó el país arruinado, con un número de muertes de 2,25 millones, más del total de la suma de todas las víctimas de guerra de la historia de EEUU. Una vez que el destrozado país cayó de nuevo bajo control estadounidense, la situación de miseria se deterioró aún más. Ahora es el segundo país más pobre de Latinoamérica después de Haití – y de forma accidental, también el segundo después de Haití en la intensidad de la intervención estadounidense durante el pasado siglo. La forma habitual de lamentar estas tragedias es decir que Haití y Nicaragua aparecen "arrasadas por tormentas que ellas mismas han creado". Citando al Boston Globe, en el extremo liberal del periodismo estadounidense. Guatemala figura en el tercer lugar tanto por la miseria como por las intervenciones, más tormentas fabricadas asimismo por su culpa…

Para el canon occidental, nada de esto existe. Todo está excluido no sólo de los comentarios e historia en general, sino también, elocuentemente, de la inmensa literatura sobre la Guerra contra el Terror declarada de nuevo en 2001, aunque apenas pueda ser puesta en duda su importancia.

Estas consideraciones están relacionadas con la frontera entre terror y agresión. ¿Qué ocurre con la frontera entre terror y resistencia? Una de las cuestiones que se plantean es la legitimidad de las acciones para conseguir "el derecho a la autodeterminación, libertad e independencia derivadas de la Carta de las Naciones Unidas de los pueblos privados a la fuerza de ese derecho…, particularmente de los pueblos bajo regímenes coloniales y racistas y ocupación extranjera…" ¿Caen esas acciones bajo el concepto de terror o de resistencia? Las palabras citadas provienen de la denuncia más enérgica del crimen de terrorismo efectuada en la Asamblea General de UN, en diciembre de 1987, asumida bajo presiones Reaganitas. Por eso es, obviamente, una resolución importante, incluso más aún por la casi unanimidad del apoyo prestado. La resolución fue aprobada, por 153 votos afirmativos frente a 2 negativos (sólo Honduras se abstuvo). Afirmaba que "nada en la presente resolución podrá perjudicar en forma alguna el derecho a la autodeterminación, libertad e independencia", como se señalaba en las palabras citadas. Los dos países que votaron en contra de la resolución explicaron sus razones en la sesión de Naciones Unidas. Se basaban precisamente en el párrafo citado. Entendían que la frase "regímenes racistas y coloniales" se refería a su aliado, el apartheid sudafricano, que entonces consumaba sus masacres por los países vecinos y continuaban con la brutal represión dentro del suyo. Evidentemente, EEUU e Israel no podían aceptar la resistencia ante el régimen del apartheid, especialmente cuando estaba dirigido por el ANC de Nelson Mandela, uno de los "grupos más notoriamente terroristas" del mundo, como Washington lo definió en aquella época. Admitir legitimidad a la resistencia contra "la ocupación extranjera" era también inaceptable. Se entendía que la frase se refería a la ocupación militar israelí apoyada por EEUU, que entonces cumplía veinte años. Evidentemente, la resistencia a esa ocupación no podía ser nunca consentida, aunque en la época de la resolución apenas existiera: a pesar de las extendidas torturas, la degradación, la brutalidad, el robo de la tierra y los recursos y otras concomitancias familiares para la ocupación militar, los palestinos bajo ocupación seguían siendo todavía "Samidin": aquellos que resisten silenciosamente.

No hay vetos a nivel técnico en la Asamblea General. En el mundo real, un voto negativo de EEUU es un veto, de hecho es un doble veto: la resolución no se cumple, por lo que resulta vetada como denuncia y como antecedente histórico. Debería añadirse que esa pauta de votación es muy común en una amplia gama de cuestiones tanto en la Asamblea General como en el Consejo de Seguridad. Incluso desde mediados de la década de la década de los sesenta, cuando el mundo se escapó de control, EEUU se mantuvo, con diferencia, a la cabeza de los países que utilizaban los vetos en el Consejo de Seguridad, Gran Bretaña fue el segundo, sin ningún otro país que se les aproximara. Tiene también algún interés señalar que una mayoría del pueblo estadounidense es partidaria de abandonar del derecho al veto y de seguir la voluntad de la mayoría incluso si Washington lo desaprueba, hechos virtualmente desconocidos en EEUU, y supongo que también en otros lugares. Eso sugiere otra forma conservadora de abordar algunos de los problemas mundiales: prestar atención a la opinión pública.

Hasta el momento actual, el terrorismo dirigido o apoyado por los estados más poderosos no ha parado, eligiendo con frecuencia medios escandalosos. Estos hechos ofrecen una útil sugerencia acerca de cómo mitigar la plaga propagada por "los depravados adversarios de la civilización misma" en "una vuelta a la barbarie en tiempos modernos": Acabar con la participación y con el apoyo al terrorismo. Eso contribuiría ciertamente a las objeciones proclamadas. Pero esa sugerencia también está fuera de agenda por las razones de siempre. Cuando se la invoca en alguna ocasión, la reacción que se produce nos lleva a reflexionar: una pataleta alegando que quienes hacen esta propuesta, que realmente es más bien conservadora, culpan de todo a EEUU.

Incluso saneando cuidadosamente la discusión, los dilemas surgen constantemente. Muy recientemente afloró uno cuando Luis Posada Carriles entró de forma ilegal en EEUU. Aunque le apliquemos la definición operativa restringida de "terror", es de forma clara uno de los más tristemente célebres terroristas internacionales desde los años de la década de los sesenta hasta la actualidad. Venezuela pidió que fuera extraditado para que se enfrentara a la acusación de haber hecho estallar una bomba en un avión de CUBANA en Venezuela en el que murieron 73 personas. Tras escapar increíblemente Posada de una prisión venezolana, el liberal Boston Globe informó, "Había sido contratado por operativos secretos estadounidenses para dirigir la operación de reabastecimiento desde El Salvador para la contra nicaragüense" – es decir, que había jugado un papel destacado en atrocidades terroristas que son incomparablemente peores que hacer estallar el avión de CUBANA. De ahí el dilema. Citando a la prensa: "Si fuese extraditado y se le sometiera a juicio, se estaría enviando una señal preocupante a los agentes secretos extranjeros de que no pueden contar con la protección incondicional del gobierno estadounidense, y se expondría a la CIA a revelaciones públicas vergonzosas sobre anteriores actuaciones". Evidentemente, es un problema con difícil solución.

Afortunadamente, el dilema de Posada fue resuelto por los tribunales, que rechazaron la solicitud de extradición, violando así el tratado de extradición firmado entre EEUU y Venezuela. Un día después, el director del FBI, Robert Mueller, urgió a Europa a acelerar las demandas estadounidenses de extradición que habían solicitado: "Siempre intentamos ver cómo podemos agilizar los procesos de extradición", dijo. "Pensamos que se lo debemos a las víctimas del terrorismo, para que vean que la justicia se cumple de forma eficiente y efectiva". Poco después, en la Cumbre Ibero-Americana, los dirigentes de España y los países latinoamericanos "apoyaron los esfuerzos de Venezuela para que EEUU extraditara [a Posadas] para someterlo a juicio" por el caso del avión de CUBANA, y condenaron de nuevo el "bloqueo" estadounidense de Cuba, endosando las casi unánimes resoluciones regulares de Naciones Unidas, la más reciente votada por 179 votos a favor y 4 en contra (EEUU, Israel, las Islas Marshall, Palau). Tras fuertes protestas de la Embajada de EEUU, la Cumbre retiró la petición de extradición pero se negó a ceder en la demanda de que aquel país ponga fin a la guerra económica [contra Cuba]. Posada es libre por tanto de reunirse en Miami con su colega Orlando Bosch. Éste está implicado en docenas de crímenes terroristas, incluida la voladura del avión de CUBANA, muchos de ellos en suelo estadounidense. El FBI y el Departamento de Justicia querían deportarle por amenaza a la seguridad nacional, pero Bush puso mucho empeño en garantizarle un perdón presidencial.

Hay muchos ejemplos de ese tipo. Deberíamos tenerlos presentes cuando leemos el pronunciamiento apasionado de Bush II de que "EEUU no distingue entre quienes cometen actos de terror y quienes los apoyan, porque son igualmente culpables de asesinato", y "el mundo civilizado debe llamar a capítulo a esos países". Esto fue lo que se proclamó con grandes aplausos en el atua í Endowment for Democracy unos cuantos días después de que se rechazara la petición de extradición de Venezuela. Los comentarios de Bush plantean otro dilema. Ya que EEUU es parte del mundo civilizado, debería enviar a la fuerza aérea a bombardear Washington; o declararse a si mismo fuera del mundo civilizado. La lógica es impecable, pero afortunadamente, la lógica ha sido despachada hacia el fondo del agujero de la memoria, al igual que las perogrulladas morales.

La doctrina de Bush de que "quienes albergan a terroristas son tan culpables como los mismos terrorismos" fue promulgada cuando los talibanes pidieron evidencias antes de entregar a las personas sospechosas, según EEUU, de terrorismo – no había evidencias creíbles, como el FBI concedió muchos meses después. Esa doctrina es tomada muy en serio. atua Allison, especialista en relaciones internacionales de Harvard, escribe que "se ha convertido de hecho en una norma de relaciones internacionales", revocando "la soberanía de los estados que proporcionan santuario a los terroristas". Pero sólo en el caso de algunos estados, gracias al rechazo del principio de universalidad.

Uno podría haber pensado que también se podría haber planteado un dilema cuando John Negroponte fue nombrado para el puesto de jefe del contraterrorismo. Como Embajador en Honduras durante los años ochenta, estuvo al frente de la mayor estación de la CIA del mundo, no porque Honduras desempeñara un gran papel de Honduras en los asuntos mundiales, sino porque Honduras era la base principal de EEUU en la guerra terrorista internacional por la que Washington fue condenado por el Tribunal Internacional de Justicia y el Consejo de Seguridad (por ausencia de veto). Conocido en Honduras como "el Procónsul", Negroponte tenía la misión de asegurar que las operaciones terroristas internacionales, que alcanzaron niveles notables de brutalidad, funcionaran eficientemente. Sus responsabilidades en el control de la guerra sobre el escenario sufrieron un vuelco al prohibirse la financiación oficial en 1983, y tuvo que cumplir las órdenes de la Casa Blanca de sobornar y presionar a los antiguos generales hondureños para que aumentaran sus apoyos a la guerra terrorista utilizando fondos procedentes de otras fuentes, más tarde llegaron fondos transferidos ilegalmente de la venta de armas de EEUU a Irán. El más vicioso de los asesinos y torturadores hondureños fue el General Alvarez Martínez, jefe de las fuerzas armadas hondureñas en aquella época, quien había informado a EEUU de que "tenía la intención de utilizar el método argentino para eliminar a los sospechosos de subversión". Negroponte negó siempre los espantosos crímenes de estado cometidos en Honduras asegurando que la ayuda militar continuaría fluyendo para el terrorismo internacional. Conociendo todos los hechos de Alvarez, la administración Reagan le concedió la medalla del Mérito de la Legión por "apoyar el éxito de los procesos democráticos en Honduras". La unidad de elite responsable de los peores crímenes en Honduras era el Batallón 3-16, organizado y preparado por Washington y sus asociados neo-nazis argentinos. Los oficiales militares hondureños a cargo del Batallón figuraban en la nómina de la CIA. Cuando el gobierno de Honduras trató finalmente de abordar esos crímenes y llevar a los responsables de los mismos a la justicia, la administración Reagan-Bush rechazó permitir que Negroponte testificara, como requirieron los tribunales.

No hubo virtualmente reacción alguna ante el nombramiento de un importante terrorista internacional para el puesto más importante del contraterrorismo mundial. Ni tampoco frente al hecho de que, justo al mismo tiempo, a la heroína de la lucha popular que derrocó el atroz régimen de Somoza en Nicaragua, Dora María Téllez, se le negara un visado por terrorista para ir a enseñar en el Harvard Divinity School. Su crimen era haber ayudado a derrocar a un tirano y asesino de masas apoyado por EEUU. Orwell no habría sabido si llorar o reír. Hasta el momento, me he estado ajustando a la clase de tópicos que podrían abordarse en una discusión sobre la Guerra contra el Terror que no ha sido deformada por las leyes de hierro de la doctrina. Y eso apenas llega a arañar la superficie. Pero permítanme ahora asumir la hipocresía y cinismo reinantes en Occidente y mantener la definición operativa de "terror". Es idéntica a las definiciones oficiales, pero con la misma excepción de Nuremberg: el terror inadmisible es tu terror; el nuestro está exento.

Sin duda, incluso con esta limitación, el terror es un problema importante. Y mitigar o acabar con esa amenaza debería ser una prioridad absoluta. Lamentablemente, no lo es. Todo eso es demasiado fácil de demostrar y, probablemente, las consecuencias van a ser muy graves.

La invasión de Iraq es quizás el ejemplo más aplastante de la escasa prioridad concedida por los dirigentes anglo-estadounidenses a la amenaza del terror. Los planificadores de Washington habían advertido, incluso a través de sus propias agencias de inteligencia, que era probable que la invasión aumentara el riesgo del terrorismo. Y así fue, como sus propias agencias de inteligencia lo confirman. El Consejo Nacional de Inteligencia informó hace un año que "Iraq y otros posibles conflictos en el futuro podrían proporcionar reclutamiento, campos de entrenamiento, habilidades técnicas y capacidad para una nueva clase de terroristas que se han ‘profesionalizado’ y para quienes la violencia política se convierte en un fin en sí misma", extendiéndose por todas partes para defender las tierras musulmanas de los ataques de "invasores infieles" mediante una red globalizada de "difusos grupos islámicos extremistas", con Iraq reemplazando ahora los campos de entrenamiento afganos para esa red más extensa; todo como resultado de la invasión. Un examen gubernamental de alto nivel de la "guerra contra el terror" dos años después de la invasión ‘se centró en cómo afrontar el aumento de una nueva generación de terroristas entrenados en Iraq en los dos últimos años. Altos funcionarios gubernamentales están concentrando su atención cada vez más para poder anticipar lo que uno llamó "el desangramiento" de cientos o miles de yihadistas entrenados en Iraq regresando a sus países de origen a través de Oriente Próximo y Europa Occidental. "Es un elemento nuevo de una ecuación nueva", dijo un antiguo funcionario de la administración Bush. "Si no sabes quiénes están en Iraq, ¿cómo vas a localizarles en Estambul o en Londres? (Washington Post).

El pasado mayo, la CIA informó que "Iraq se ha convertido en un imán para los militantes islámicos de forma parecida a como lo fue el Afganistán ocupado por los soviéticos de hace dos décadas y Bosnia en la década de 1990", según afirmaron los funcionarios estadounidenses en el New York Times. La CIA concluyó que "Iraq puede probar ser un campo de entrenamiento de extremistas islámicos más efectivo aún de lo que fue Afganistán en los primeros tiempos de Al Qaeda, porque está sirviendo como auténtico laboratorio mundial para el combate urbano". Poco después de las bombas de Londres en julio pasado, Chatham House publicó un estudio que concluía diciendo que "no hay duda de que la invasión de Iraq ha ‘servido para impulsar la red de Al Qaida en cuanto a propaganda, reclutamiento y aumento de financiación’, mientras que ha proporcionado un área ideal de entrenamiento a los terroristas"; y que "el Reino Unido estará sometido a riesgos especiales por ser el aliado más cercano de EEUU" y va "a horcajadas" de la política estadounidense en Iraq y Afganistán. Hay extensas evidencias que muestran que –como ya se vaticinó- la invasión ha aumentado el riesgo de terrorismo y proliferación nuclear. Desde luego, ninguna de esas evidencias muestra que los planificadores prefirieran estas consecuencias, pero sí deja ver que no les preocupaban gran cosa en comparación con prioridades más importantes y poco claras, sólo a aquellos que prefieren lo que los investigadores en derechos humanos denominan en algunas ocasiones "ignorancia deliberada".

Una vez más encontramos, y muy fácil fácilmente, una vía para reducir la amenaza del terrorismo: no actuar de forma que –previsiblemente- se aumente la amenaza. Aunque se previno un aumento del terror y de la proliferación, la invasión lo consiguió incluso por vías imprevisibles. Se dice a menudo que no se encontraron armas de proliferación masiva en Iraq tras una búsqueda exhaustiva. Sin embargo, eso no es muy exacto. Había depósitos de esas armas en Iraq: fundamentalmente las producidas en la década de los ochenta gracias a la ayuda proporcionada por EEUU e Inglaterra, entre otros. Esos lugares habían sido revisados por los inspectores de Naciones Unidas, quienes desmantelaron el armamento. Pero los inspectores fueron despedidos por los invasores y los lugares quedaron sin vigilancia. No obstante, los inspectores continuaron desarrollando su trabajo con imágenes vía satélite. Descubrieron un sofisticado saqueo masivo de estas instalaciones en unos 100 lugares, incluido el equipamiento para producir misiles a propulsión sólidos y líquidos, bio-toxinas y otras sustancias utilizables para elaborar armas químicas y biológicas, un equipo de alta precisión capaz de construir elementos para elaborar armas químicas y nucleares y misiles. Un periodista jordano fue informado por funcionarios encargados de vigilar la frontera jordano-iraquí que una vez que las fuerzas anglo-estadounidenses se hicieron con el país, se detectaron materiales radioactivos en uno de cada ocho camiones que cruzaban hacia Jordania con destino desconocido.

Las ironías son casi inexpresables. La justificación oficial para la invasión anglo-estadounidense fue impedir el uso de unas armas de destrucción masiva que no existían. La invasión proporcionó medios para desarrollar armas de destrucción masiva a los terroristas que se movilizaron por culpa de EEUU y sus aliados, a saber, mediante el equipamiento que ellos habían proporcionado a Saddam, despreocupándose de los terribles crímenes que evocaron después a fin de conseguir apoyos para la invasión. Es como si Irán estuviera ahora creando armas nucleares utilizando los materiales que para la fusión nuclear proporcionó EEUU al Irán del Shah – lo que podría efectivamente estar sucediendo. Los programas para recuperar y obtener esos materiales tuvieron un éxito considerable en los noventa, pero al igual que la guerra contra el terror, esos programas cayeron víctimas de las prioridades de la administración Bush mientras ellos dedicaban su energía y recursos a invadir Iraq.

En otros lugares de Oriente Próximo también se consideraba el terror como algo secundario frente a la necesidad de asegurar que la región está controlada. Otro ejemplo es la imposición de Bush de nuevas sanciones a Siria en mayo de 2004, poniendo en práctica el Acta de Responsabilidad de Siria aprobada por el Congreso unos cuantos meses antes. Siria está en la lista oficial de estados que patrocinan el terrorismo, a pesar de que Washington ha reconocido que Siria no ha estado implicada en actos terroristas desde hace muchos años y que ha cooperado en gran medida a la hora de proporcionar datos importantes de inteligencia a Washington sobre Al Qaida y otros grupos islamistas radicales. La gravedad de la preocupación de Washington acerca de los vínculos de Siria con el terrorismo se reveló cuando el Presidente Clinton ofreció sacar a Siria de la lista de patrocinadores del terrorismo si se mostraba de acuerdo con las condiciones de paz de EEUU e Israel en la zona. Cuando Siria insistió en recuperar su territorio ocupado, siguió en la lista. La puesta en práctica del Acta de Responsabilidad de Siria privó a EEUU de una fuente importante de información sobre el terrorismo islamista radical para tratar de lograr el objetivo mas importante de establecer en Siria un régimen que aceptara las demandas atua í-estadounidenses.

Volviendo a otro ámbito, el Departamento del Tesoro tiene una oficina (OFAF, Oficina de Control de Activos Extranjeros) que tiene asignada la tarea de investigar las transferencias financieras sospechosas, un elemento central de la "guerra contra el terror". En abril de 2004, la OFAC informó al Congreso que de sus 120 empleados, cuatro fueron asignados para seguir la pista de las finanzas de Osama bin Laden y Sadam Husein, mientras que casi dos docenas se ocupaban de reforzar el embargo contra Cuba. De 1999 a 2003, hubo 93 investigaciones sobre terrorismo con fondos por valor de 9000 dólares y 11.000 investigaciones sobre Cuba con 8 millones de dólares en fondos. Las conclusiones recibieron un trato de silencio en los medios estadounidenses, así como en otras partes, que yo sepa.

¿Por qué debería el Departamento del Tesoro dedicar más energía a estrangular a Cuba que a la "guerra contra el terror"? Las razones fundamentales aparecían explicadas en documentos internos de los años Kennedy-Johnson. Los planificadores del Departamento de Estado advirtieron que la "existencia misma" del régimen de Castro es un "desafío triunfante" a las políticas estadounidenses que se remonta a 150 años atrás, a la Doctrina Monroe; no a los rusos, sino el intolerable desafío al dueño del hemisferio, igual que ocurrió con el caso de Irán con el desafío exitoso en 1979, o el rechazo por Siria de las demandas de Clinton. Supimos por documentos internos que se consideraba totalmente legítimo castigar a la población. "El pueblo cubano es responsable de su régimen", decidió el Departamento de Estado de Eisenhower, por lo que EEUU tiene el derecho de hacerles sufrir mediante el estrangulamiento económico, llegando posteriormente al terrorismo directo de Kennedy. Eisenhower y Kennedy estuvieron de acuerdo en que el embargo apresuraría la salida de Fidel Castro como consecuencia del "malestar creciente entre los hambrientos cubanos". El pensamiento fundamental fue resumido por el funcionario del Departamento de Estado Lester Mallory: Castro sería eliminado "mediante el desencanto y el desafecto debido a la insatisfacción y a la dureza económicas, por eso deberían emprenderse con prontitud todos los medios posibles a fin de debilitar la vida económica de Cuba para llevar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno". Cuando Cuba estaba en situación desesperada tras el colapso de la Unión Soviética, Washington intensificó el castigo al pueblo cubano, a iniciativa de los liberales demócratas. El autor de las medidas de 1992 para intensificar el bloqueo declaraba que "mi objetivo es causar estragos en Cuba" (Representante Robert Torricelli). Todo este estado de cosas ha proseguido hasta el momento actual.

A la administración Kennedy le preocupaba mucho de que la amenaza del desarrollo consolidado de Cuba pudiera ser un modelo para otros. Pero aparte de estas preocupaciones normales, el desafío con éxito es en sí mismo intolerable, y combatirlo alcanza un puesto mucho más alto, como prioridad, que el de luchar contra el terror. Estos son sólo unos ejemplos más de principios bien establecidos, racionales a nivel interno, muy claros para las víctimas, pero apenas perceptibles en el mundo intelectual de los representantes.

Si reducir la amenaza del terrorismo fuera una prioridad fundamental para Washington o Londres, como así debería ser, habría vías para poder actuar – además de la inadecuada idea de retirar la participación. El primer peldaño sería, sencillamente, intentar entender sus raíces. Con respecto al terrorismo islámico, hay un amplio consenso entre las agencias de inteligencia y los investigadores. Identifican dos categorías: los yihadistas, que se consideran ellos mismos como vanguardia, y su auditorio, que puede rechazar el terrorismo pero que, sin embargo, considera justa su causa. Una seria campaña contraterrorista empezaría por tanto considerando los agravios y, allí donde sea conveniente, los debería someter a tratamiento, que es lo que tendría que hacerse con o sin la amenaza del terrorismo. Hay amplio consenso entre los especialistas de que el terrorismo al estilo de Al Qaeda "es actualmente menos un producto del fundamentalismo islámico que un sencillo objetivo estratégico: forzar a los EEUU y a sus aliados estratégicos occidentales a retirar sus fuerzas de combate de la Península Arábiga y de otros países musulmanes" (Robert Pape, quien ha hecho la investigación más importante sobre los suicidas-bomba). Serios analistas han señalado que las palabras y los hechos de bin Laden están muy correlacionados. Los yihadistas organizados por la administración Reagan y sus aliados pusieron fin a su terrorismo con sede afgana en el interior de Rusia una vez que los rusos se retiraron de Afganistán, aunque lo prosiguieron desde la musulmana Chechenia ocupada, escenario de horripilantes crímenes rusos que nos hacen retroceder al siglo XIX. Osama se volvió en 1991 contra EEUU porque los consideró ocupantes de la tierra sagrada árabe; lo que fue admitido más tarde por el Pentágono como razón para cambiar de sitio las bases estadounidenses de Arabia Saudí a Iraq. Además, estaban enojados con aquel país por rechazar unirse al ataque contra Saddam.

En la más amplia investigación académica del fenómeno de la yihad, Fawaz Gerges llega a la conclusión que, tras el 11-S, "la respuesta dominante en el mundo musulmán hacia Al Qaeda fue muy hostil", especialmente entre los yihadistas, que lo miraban como un ala extremista peligrosa. En lugar de valorar esa oposición ante Al Qaeda que se ofreció a Washington, "la vía más efectiva de acabar con algo" encontrando "medios inteligentes para alimentar y apoyar las fuerzas internas que se oponían a ideologías militantes como la red de bin Laden", expone, la administración Bush hizo exactamente lo que bin Laden esperaba que hiciera: recurrir a la violencia, particularmente con la invasión de Iraq. La medersa de Al-Azhar, en Egipto, la institución más antigua de enseñanza religiosa superior del mundo islámico, emitió una atua, que consiguió grandes apoyos, aconsejando a "todos musulmanes del mundo emprender la yihad contra las fuerzas invasoras estadounidenses" en una guerra que Bush había declarado contra el Islam. Una personalidad religiosa de Al-Azhar, que había sido "uno de los primeros académicos musulmanes en condenar a Al Qaeda, y era a menudo acusado por clérigos ultraconservadores como reformador pro-occidental, decidió que los esfuerzos para detener la invasión estadounidense [de Iraq] son un ‘deber islámico obligatorio’". Investigaciones realizadas por la inteligencia saudí e israelí, apoyadas por institutos de estudios estratégicos, concluyen que los combatientes extranjeros en Iraq, que suponen el 5-10% de la insurgencia, se habían movilizado a causa de la invasión y no tenían antecedentes previos de asociación con grupos terroristas. Son impresionantes los logros de los planificadores de la administración Bush inspirando el radicalismo islámico y el terrorismo y uniéndose a Osama en la creación de un "choque de civilizaciones".

Michael Scheuer, el antiguo analista de la CIA responsable de seguir el rastro de Osama bin Laden desde 1996, escribe que "bin Laden ha sido muy preciso al expresarle a EEUU las razones por las que ha emprendido la guerra contra nosotros. Ninguna de esas razones tiene nada que ver con nuestras libertades y democracia, sino todo que ver con las políticas y acciones de EEUU en el mundo musulmán". La preocupación de Osama "es cambiar de manera drástica las políticas occidentales y estadounidenses en el mundo musulmán", Scheuer escribe: "Es un guerrero práctico, no un terrorista apocalíptico en busca del Armageddon". Como Osama repite constantemente, "Al Qaeda no apoya a la resistencia islámica que trata de conquistar nuevas tierras". Al preferir consolar ilusiones, Washington ignora "el poder ideológico, la letalidad y el potencial de crecimiento de la amenaza personificada por Osama bin Laden, así como el ímpetu que a esa amenaza le ha dado la invasión y la ocupación, encabezada por EEUU, del Iraq musulmán, [que es] la guinda en el pastel para Al Qaeda". "Las fuerzas y políticas estadounidenses están logrando que se complete la radicalización del mundo islámico, algo que Osama bin Laden ha estado tratando de hacer con considerable pero incompleto éxito desde los primeros años de la década de 1990. Como resultado, [Scheuer añade], es justo concluir que los Estados Unidos de América siguen siendo el único aliado insustituible de bin Laden".

Los agravios son muy reales. Un panel consultivo del Pentágono concluía hace un año que "los musulmanes ‘no odian nuestra libertad’, sino que más bien odian nuestras políticas", añadiendo que "cuando la diplomacia estadounidense habla de llevar la democracia a las sociedades islámicas, es visto nada más que como una hipocresía egoísta". Las conclusiones se retrotraen a hace muchos años. En 1958, el Presidente Eisenhower se sentía desconcertado por "la campaña de odio contra nosotros" en el mundo árabe, "no por parte de los gobiernos sino de los pueblos", que están "del lado de Nasser", apoyando el nacionalismo laico independiente. Las razones de la "campaña de odio" fueron subrayadas por el Consejo Nacional de Seguridad: "A los ojos de la mayoría de los árabes, EEUU parecen oponerse a la consecución de los objetivos del nacionalismo árabe. Creen que EEUU está buscando proteger sus intereses petrolíferos en Oriente Próximo mediante el apoyo al statu quo y oponiéndose al progreso político y económico". Además, esa percepción es compresible: "nuestros intereses económicos y culturales en la zona han llevado de forma antinatural a que EEUU estreche relaciones con elementos del mundo árabe cuyos intereses fundamentales descansan en el mantenimiento de relaciones con Occidente y del statu quo en sus países", impidiendo la democracia y el desarrollo.

El Wall Street Journal halló más de lo mismo cuando investigó las opiniones de "acaudalados musulmanes" inmediatamente después del 11-S: banqueros, profesionales, empresarios, se sentía comprometidos con los "valores occidentales" oficiales y estaban empotrados en el proyecto de globalización neoliberal. Estaban también consternados por el apoyo de Washington a estados autoritarios duros y por las barreras levantadas contra el desarrollo y la democracia al "apoyar a regímenes opresores". Sin embargo, tenían nuevos agravios más allá de los apuntados por el Consejo Nacional de Seguridad en 1958: el régimen de sanciones de Washington contra Iraq y el apoyo a la ocupación militar israelí y la absorción de los territorios. No se investigó a las inmensas cantidades de gente pobre y sufriente, pero es probable que sus sentimientos fueran más intensos, asociados con un amargo resentimiento hacia las elites accidentalizadas y hacia los gobernantes brutales y corruptos respaldados por el poder occidental que están asegurando que la enorme riqueza de la región fluya hacia occidente, además de enriquecerse ellos mismos. La invasión de Iraq más que anticipar sólo intensificó aún más esos sentimientos.

Hay caminos para abordar de forma constructiva la amenaza del terror, aunque no aquellos que prefiere el "aliado indispensable de bin Laden", o aquellos que tratan de no ver el mundo real mediante sorprendentes poses heroicas acerca del fascismo islámico, o que simplemente declaran que no se pueden hacer propuestas cuando hay propuestas válidas que no les gustan. Las vías constructivas tienen que empezar con una mirada honesta frente al espejo, algo que es necesario siempre, aunque no sea tarea fácil.

Desigualdad y Guerra

Por David Swanson, [email protected] Counterpunch. Traducido del inglés para Rebelión y Tlaxcala por Ulises Juárez Polanco (www.juarezpolanco.com)

Terminar la desigualdad extrema en la riqueza y bienestar dentro de los Estados Unidos terminaría la guerra en Iraq. Terminar la guerra en Iraq y otros lugares similares facilitaría mucho la reducción de la desigualdad.

El Reverendo Dr. Joseph Lowery honró a Coretta Scott King en su funeral, hablando enfrente de cuatro presidentes, cuando retó la injusticia, diciendo: "Sabemos que no había armas de destrucción masiva ahí [ovación de pie]... pero Coretta supo y nosotros sabemos que hay armas para confundir, aquí mismo. Millones sin un seguro médico. Pobreza abundante. Para la guerra miles de millones, pero no más para los pobres".

Este no fue sólo un reto para los poderosos. Esto debería ser rescatado como un reto para que los activistas por la paz empiecen a luchar contra pobreza, y que los pobres se conviertan en activistas por la paz.

De no haber tenido una población de norteamericanos tan menos acomodada que otras, o de haber tenido simplemente un servicio militar justo, honesto y universal, no estaríamos peleando una guerra en Iraq. La desigualdad creciente en Norteamérica es un peligro creciente para el mundo.

Esta guerra ya ha costado miles de dólares a cada familia norteamericana. Si termina costando tanto como Joseph Stiglitz y otros predicen, costará a cada familia más de un año completo de sueldos, en base al salario mínimo federal.

Pero no costará tanto a los más ricos entre nosotros, y costará al resto de nosotros mucho más. Sólo hay que mirar las propuestas actuales del presupuesto. Incrementa en el Pentágono, que ya está tragando la mitad de todo el gasto discrecional. Recorta en todos los demás lugares, incluyendo educación.

El lunes, el Congresista Dennis Kucinich dijo: "Este presupuesto no es sólo bancarrota fiscal, es bancarrota moral. Este presupuesto elige guerra antes que salud, recortes de impuestos antes que educación, intereses especiales antes que necesidades de la nación y ricos antes que pobres. Este presupuesto recorta fondos domésticos vitales por gastos de la guerra en Iraq y los recortes de impuestos a los norteamericanos más ricos, colocando la carga directamente en las espaldas de los norteamericanos pobres y trabajadores. El presupuesto presentado por el Presidente incrementará los gastos de defensa en casi un 7%, a 439 mil millones de dólares, mientras que los fondos vitales para Medicare, Medicaid, educación, seguro médico de los veteranos de guerra, seguro médico infantil, bienestar social, transporte, programas de la NASA y del Departamento de Agricultura, son rebajados drásticamente. Todo esto, mientras se solicitan 70 mil millones ó 120 mil millones de dólares anuales, adicionales, para financiar la engañosa y mal aconsejada guerra y ocupación de Iraq."

Se ha vuelto más y más difícil para muchas familias enviar a sus hijos a la universidad, pero las estaciones de reclutamiento militar están recibiendo más y más dinero. Estamos recortando la ayuda federal para estudiantes en 12 mil millones de dólares, mientras duplicamos los bonos de reclutamiento y aumentamos la edad para enrolarse a 40.

Mientras sucede eso, los gastos de guerra son, todavía, deshonestamente, omitidos del presupuesto y considerados como "suplementarios"

No sólo los más ricos entre nosotros, ese 1% de nosotros que sí financian las campañas electorales federales, tienden a pagar impuestos más bajos. No sólo dependen menos del gobierno para la educación, salud, recreación y vivienda. Pero son ellos los que se están volviendo podridamente MÁS ricos que lo eran antes de beneficiarse de esta guerra. (Nota: este no es el caso del 20% de norteamericanos que CREEN estar en el 1% más rico)

Mientras a un soldado raso del Ejército (de EE.UU.) se le paga $24,000, a un contratista militar privado $100,000, y a un General con más de 20 años de experiencia $168,000, el contratista militar promedio con rango de Gerente General se esta llevando $11.5 millones.

Los contratistas militares están liderando el camino en desigualdad e irresponsabilidad. La proporción salarial promedio entre un Gerente General y un trabajador es más de 400 a 1, y aquellos que más ganan han hecho sus billetes vendiendo equipo norteamericano militar defectuoso.

Los contratistas militares también están liderando el patrocinio para los miembros del Congreso y Senado. La industria del espionaje no lo está, lo que puede ser parte de la explicación del mayor nivel de quejas en el Congreso sobre espionaje, comparado al cercano silencio sobre una guerra ilegal fundamentada en mentiras.

Hay silencio total en el Congreso en el tema de la desigualdad, y es por eso que una persona humilde en este país (que tiene tres trabajos y busca como sobrevivir las crisis inmediatas) necesita preocuparse por los reportes falsos sobre Armas de Destrucción Masivas y por las mentiras dichas a las Naciones Unidas.

Los activistas por la paz necesitan preocuparse de la desigualdad porque el rechazo del Senado a oponerse a este guerra está amarrado íntimamente al hecho de que la mitad de los personas en el Senado son millonarios.

Nosotros, los activistas por la paz, necesitamos preocuparnos por el daño hecho a nuestra sociedad y a nuestra democracia, y por ende al mundo, causado por la desigualdad extrema descrita en este libro: www.inequality.org (un libro que, sin embargo, no dice una palabra sobre oponerse a la guerra).

Si vamos a pedirles a los pobres que se oponga a la guerra, lo mínimo que podemos hacer es encontrar el tiempo para oponernos a la pobreza. El 20% de los norteamericanos poseen el 84% de la riqueza en este país. Nuestro país es por mucho más desigual que cualquier otra nación desarrollada. Y se ha vuelto mucho menos frecuente que alguien que nazca pobre en Estados Unidos, muera rico. Esto no es una democracia. Miren la extensión de las filas de los centros de votación en barrios pobres, donde la población no tiene ni siquiera tiempo para votar. Esto no es una democracia.

Y sin una democracia, tenemos guerra. Siempre. También tenemos violencia doméstica. La violencia se incrementa con la desigualdad. Reducir la desigualdad reduce el crimen, y por mucho menos gastos que mantener prisioneros. Esto es ampliamente conocido y virtualmente indiscutible, pero no se ha hecho nada al respecto. Y al mantener prisioneros, entrenamos guardias a torturar iraquíes.

Desigualdad y guerra son plagas gemelas, y necesitamos deshacernos de ambas, o continuaremos siendo afectados por ambas.

Hay organizaciones, como Demócratas Progresistas de Norteamérica y Unidos por la Paz y la Justicia, que trabajan tanto por la paz como por la igualdad. La marcha en marzo desde Mobile a Nueva Orleáns unirá a los activistas antiguerra con las victimas de Bush y Katrina.

Pero, en general, los activistas contra la pobreza y activistas contra la guerra viven en dos mundos separados. Eso necesita tener fin.

«Sí, disparamos contra la ambulancia»

Por Sara Menafra, Il Manifesto. Traducido para Rebelión y Tlaxcala por Juan Vivanco

La noticia de las confesiones del cabo primero Allocca, quien ha admitido ante el tribunal militar que disparó contra una ambulancia durante la batalla de los puentes de Nasiriya, ha soliviantado a la izquierda y ha arrojado una pésima sombra sobre el ministro de Defensa, Antonio Martino. Ayer mismo [3 de febrero] había explicado que la relación de la población de Nasiriya con los militares italianos que están allí es tan buena que los dos ataques del lunes pasado (uno de ellos contra un convoy italiano) son «sorprendentes»: «No me extrañaría que se tratase de elementos llegados de fuera», añadió. Como refería ayer el Corriere della sera, el cabo primero Raffaele Allocca, procesado por «uso agravado de las armas contra ambulancia y contra su personal» durante la batalla del 5-6 de agosto de 2004, ha explicado a los magistrados militares: «Disparé contra el vehículo porque así me lo ordenó el brigada Stival. De haber sabido que era una ambulancia jamás en la vida habría disparado, y habría pedido explicaciones al superior». El superior, es decir, el brigada Stival, también está procesado. El artículo también explicaba que el 28 de agosto de 2004 Allocca mereció un reconocimiento especial del general Corrado Dalzini por «contribuir de manera determinante al éxito de la misión». Es casi seguro, se comenta en medios militares, que todos los que participaron en la batalla de los puentes recibieron la misma distinción. Lo cual no justifica que Dalzini no considerase grave el comportamiento de su soldado. Es más: tal como cuenta en su libro Micah Garen, el periodista estadounidense que documentó los disparos contra la ambulancia con un video que fue emitido incluso por el Tg2 [telediario italiano], el general Dalzini es el mismo que intentó echarle de Camp Mittica después de haber visto la filmación y luego intentó por todos los medios requisársela, junto con las imágenes de las víctimas del tiroteo.

Entre otras cosas, la brigada «Pozzuolo» de Friul, al mando de Dalzini, también está siendo investigada en Padua por un asunto de tráfico de armas y restos arqueológicos (ayer, en el debate, salió a relucir que los objetos robados son unos 2.000) procedentes de Irak. El mismo Dalzini, hace un año, tuvo que comparecer ante el parlamento porque al término de la misión había entregado la bandera tricolor de la base al director del Tg4, Emilio Fede, durante su corto viaje como enviado especial a Nasiriya.

En American hostage Garen también explica los detalles del tiroteo tal como se lo contó el chófer de la ambulancia que recibió los disparos italianos: «La ambulancia n.º 12 había salido el viernes a las tres para trasladar a una mujer embarazada que tenía complicaciones de parto y a su familia a la maternidad de la zona sur, cruzando el río. El ejército italiano, apostado en el lado sur del puente, disparó contra la ambulancia cuando lo estaba cruzando. La ambulancia se incendió y los cuatro viajeros que llevaba murieron. El chófer y dos personas que iban sentadas delante lograron salvarse». Otros detalles inquietantes de esa batalla se conocieron el pasado noviembre, cuando el enviado de Rainews 24 Sigfrido Ranucci emitió un vídeo, realizado por los propios militares, en el que «nuestros muchachos» se incitaban mutuamente a disparar contra los heridos al grito de: «¡Acaba con él!».

El ministro Martino siempre ha negado el tiroteo contra la ambulancia. Lo recuerda Elettra Deiana, la diputada de Rifondazione Comunista, que justo después de los hechos, junto con otros parlamentarios «pacifistas», presentó en la fiscalía militar de Roma un escrito que ha dado origen a la investigación actual: «El ministro siempre ha negado enérgicamente las acusaciones» dice, explicando que ha pedido el enésimo turno de preguntas en la cámara sobre estos hechos. «Convocado en la Comisión de Defensa, añadió que los militares habían iniciado una investigación interna de la que, evidentemente, nunca más se ha sabido. Las noticias de ayer demuestran que el gobierno miente también sobre la naturaleza de nuestra misión en Irak, que no es ni ha sido nunca una misión de paz».

«Las declaraciones del soldado son gravísimas» prosigue Mauro Bulgarelli, de los Verdes, «y requieren una aclaración urgente del gobierno al parlamento». Del resto de la coalición, incluido Prodi, no ha llegado ningún comentario, aunque justo en estos días la Unione está discutiendo el programa electoral y la retirada de Irak. Ayer, ante un escaso auditorio, el senador de Rifondazione Gigi Malabarba reveló que durante la audiencia en el comité de control parlamentario, el prefecto Mario Mori, director del Sisde [servicio de información y seguridad del estado], dijo que la única alarma que debe haber en Italia es por los militares que están en Irak: «Allí los secuestros se suceden y nuestros compatriotas son objetivos muy codiciados, según otros informes de inteligencia».

Fuente: http://www.ilmanifesto.it/Quotidiano-archivio/04-Febbraio-2006/art16.html

Nasiriya: el vídeo que ha abierto la investigación
La filmación de un reportero estadounidense «tratado como un criminal»

La investigación de la magistratura militar italiana sobre el tiroteo de nuestros militares contra una ambulancia en un puente de Nasiriya, el 5 de agosto de 2004, arranca de las imágenes y los testimonios filmados por el periodista norteamericano Micah Garen. Garen, que trabaja como free-lance para la productora Four Corners Media, estaba interesado en el saqueo del patrimonio arqueológico iraquí y en esa época se encontraba en Nasiriya preparando un reportaje para el New York Times sobre el bien organizado tráfico de antigüedades en esa zona. Allí fue huésped del contingente italiano, como muchos otros periodistas; pero salía todos los días para ir a los yacimientos arqueológicos o al bazar de la ciudad en busca de «ladrones de tumbas» y traficantes. Un trabajo peligroso, la prueba es que el 13 de agosto él y su intérprete fueron secuestrados, aunque más tarde les soltaron. Pero dejemos ahora el secuestro.

El caso es que ese 5 de agosto Garen asistió al episodio del tiroteo en el puente y lo filmó. Las imágenes fueron emitidas en el Tg3 y luego en el Tg2, la tarde del 7 de agosto de 2004, en un reportaje firmado por Agostino Mauriello. Se veía una ambulancia quemada y un hombre (el chófer, superviviente) contaba que les habían disparado. También había otros testimonios. En el reportaje también hablaba un portavoz de los militares italianos, que lo desmentía. Según él habían disparado contra un vehículo que no había obedecido la orden de alto y el vehículo había explotado, lo que demostraba que se trataba de un coche bomba.

Se echó tierra sobre el asunto. Pero hubo consecuencias, de las que hablaba Garen en un correo enviado el 11 de agosto al Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, con sede en Nueva York): «Después de la emisión la policía militar italiana nos convocó para interrogarnos. Me retuvieron hasta las 5 de la madrugada», escribía: «Querían mis vídeos, pero yo les di un cedé con las entrevistas». Al día siguiente volvieron a interrogarle, así como a su intérprete. «Entonces me marché del campamento. Aunque estoy fuera de su zona de responsabilidad y soy un ciudadano estadounidense, tengo miedo de que me sigan persiguiendo de alguna manera, ya que han abierto una investigación militar». Le dijo a un amigo que les habían «interrogado como a criminales, a mí y a los de la Rai».

Garen salió del campamento italiano el 11 de agosto (por su propio pie, precisó un vocero del comando italiano después del secuestro del periodista). Llegó a Bagdad, desde allí mandó correos que revelan su temor a los militares italianos y la tarde del 12 de agosto volvió a Nasiriya. El 13 le secuestraron y el 22 le soltaron.

Mientras tanto, la noticia de la ambulancia se esfumó. La Rai no volvió a hablar del asunto: después de la emisión de ese reportaje el ministerio de Defensa llamó para congratularse, y la Rai decidió callar. Lo menos que se puede pensar es que recibió presiones.

Fuente: http://www.ilmanifesto.it/Quotidiano-archivio/04-Febbraio-2006/art17.html

El descalabro del petróleo iraquí

Por Scott Johnson y Michael Hastings, Newsweek. IraqSolidaridad (www.iraqsolidaridad.org). Traducido del inglés para IraqSolidaridad por Paloma Valverde González

Vigilar la refinería Fatah era un trabajo bastante sencillo. Los resistentes atacaban el complejo solo de forma esporádica, por la noche, y generalmente dejaban de lado objetivos importantes. Pero desde principios del año pasado los atacantes vienen usando granadas de propulsión, morteros y armamento pesado en descarados asaltos diurnos. Parecen conocerlo todo y a todo el mundo en la refinería. Las emboscadas han sido frecuentes. "Teníamos miedo incluso de coger vacaciones y marcharnos", afirma Saif Mohamed, un guarda de seguridad iraquí de 26 años, cuyo trabajo es intentar proteger la vasta red de oleoductos ennegrecidos y chimeneas. "La gente que trabajaba con nosotros solía sobornar a los combatientes. Querían estar en ambos lados: no perder sus trabajos e informar a los terroristas". Cuando el pasado abril los resistentes asesinaron al hombre con quien Mohamad compartía su anterior trabajo y después le amenazaron a él mismo, decidió marcharse.

Baiyi, paralizado

El año pasado se produjeron cerca de 20 asaltos a gran escala en Fatah o en sus alrededores, que forma parte del mayor complejo de producción [petrolífera] de Iraq, el de Baiyi, en pleno triángulo sunní al noroeste de Bagdad [1]. El mes pasado Baiyi cerró completamente durante dos semanas. Reabrió con el Año Nuevo pero tres días después, los resistentes inmovilizaron allí un convoy de 60 camiones de petróleo durante una larga hora de disparos. Por todo el país los resistentes preparan un ataque cada vez mayor contra las instalaciones de petróleo, alrededor de una vez cada tres días y la situación va a peor [2].

Diciembre fue el tercer mes en el que la producción iraquí de petróleo disminuyó, señalando el nivel más bajo de las exportaciones desde la invasión. En un momento en el que las reservas globales están disminuyendo, el descalabro del petróleo iraquí ayuda a mantener los precios mundiales en máximos históricos. En lugar de perseguir el objetivo de que el país sea autosuficiente tras los resultados finales en las elecciones [de diciembre] para la formación de un nuevo gobierno iraquí -ya finalmente- permanente, los iraquíes se enfrentan a una brutal subida de los precios del petróleo y del gas, destinada a proveer parte de los fondos de la abrumadora deuda de 120.000 millones de dólares [3].

Hace solo tres años, antes de que EEUU iniciara la invasión de Iraq, la Administración Bush soñaba con liberar el país con un coste mínimo. Miles de millones de dólares en reservas de petróleo no explotadas podrían pagar la reconstrucción y la construcción nacional. Pero después de cientos de miles de millones de dólares en impuestos estadounidenses, el petróleo iraquí todavía no ha llegado a los niveles de producción anteriores a la guerra. Y en un país en el que el 90 por ciento de los 35.000 millones de dólares de beneficios [anuales] del gobierno provienen del petróleo, la vieja promesa parece una maldición. "Algunas personas desean que no hubiéramos tenido todo ese petróleo", manifiesta el portavoz de la [nueva] Asamblea Nacional, Hajim al-Hassani, "porque es lo que nos ha traído todos esos problemas".

¿Qué ha pasado? No queda duda de que la Administración Bush, plagada de veteranos de la industria petrolífera, se centró en la importancia del petróleo para la economía iraquí. Incluso mientras que en abril de 2003 se dejó en manos de los saqueadores el resto de Bagdad, el ministerio del Petróleo estuvo custodiado por las tropas estadounidenses. Pero no se pusieron tropas para proteger las bombas de extracción y los oleoductos. Al final, en agosto de 2003, los estadounidenses entregaron 40 millones de dólares a una empresa de seguridad privada para que entrenara a 5.500 iraquíes. A los reclutados, mayoritariamente sunníes, se les hizo un contrato de un año como guardas de refinerías y de centros de distribución. Pero el contrato se canceló por ser demasiado caro, según manifestó en su día un responsable estadounidense. Entonces, el ejército estadounidense asumió la responsabilidad de las [denominadas] Oil Protection Force (Fuerza del Protección del Petróleo), pero nunca se desplegó a los guardas para cubrir los 7.000 kilómetros de oleoductos, ni siquiera en los oleoductos vitales para las exportaciones. Esos oleoductos se convirtieron muy pronto en los objetivos principales de la resistencia.

Cuando el Congreso estadounidense invirtió 18.400 millones de dólares en la reconstrucción iraquí, no se destinó dinero para seguridad en el sector petrolífero, de forma que esa tarea pasó al [nuevo] ejército iraquí [la Guardia Nacional] y a las unidades de policía. Tras las elecciones de enero [de 2005], la tarea de proteger el recurso más valioso de la nación pasó al ministerio del Petróleo. Posteriormente, ya en el verano pasado, se empezó a entrenar a una nueva unidad de 4.000 hombres, denominada Batallones de Infraestructura Estratégica (BIE, de su sigla en inglés).

Pero los BIE muy pronto cayeron en la burocratización. "Los ministros han pasado momentos muy difíciles averiguando incluso hasta para quién trabajan los BIE", afirma el general de Brigada William H. MacCoy, comandante en Bagdad del Cuerpo de Ingenieros del Ejército. En octubre el caos en las instalaciones petrolíferas más importantes, como la de Fatah, donde trabajaba Saif Mohamad, la hicieron vulnerable a al menos un ataque a la semana.

Coordinación y dureza

Los resistentes son muy precisos en la coordinación y en la dureza a la hora de elegir sus objetivos. A menudo esperan hasta que estén terminadas las reparaciones antes de atacar de nuevo el mismo lugar, a veces al día siguiente de que el petróleo vuelva a manar. "Arreglamos las instalaciones y simplemente las vuelven a atacar una y otra vez", afirma el ministro iraquí del Petróleo, Ibrahim Mohamad Bahar al-Alum. El personal también es objetivo. El 4 de enero, los resistentes atacaron la propia sede del ministerio del Petróleo, matando al director general Rahim Ali al-Sudani y a su hijo [4].

Washington ha invertido 1.700 millones de dólares para financiar los proyectos de reconstrucción relativos al petróleo por todo el país, pero de esta cantidad sólo 77 millones han sido utilizados. Al-Alum manifiesta que el descontrol estadounidense y la incompetencia han permitido que el trabajo se enmarañe con la burocracia: "La mayoría de esos proyectos supuestamente se tenían que haberse realizado el año pasado. Si el dinero estadounidense hubiera estado disponible, los iraquíes hubieran podido hacer más deprisa". Sin embargo, EEUU ha dejado claro recientemente que ya no quiere ser el principal donante. Otros inversores extranjeros están ofreciendo su tiempo con la esperanza de que se reestablezca algún tipo de paz. "Mires donde mires a corto plazo te topas con [el problema de] la seguridad", afirma Lawrence Eagles de la Agencia Internacional de la Energía en París.

Bajo una creciente presión los responsables iraquíes intentan ser optimistas. Al-Alum ha decorado el salón de su casa con carteles de propaganda: "Con el petróleo conseguimos nuestras ambiciones", asevera uno de ellos. Pero para los trabajadores, más preocupados con las emboscadas, esas ideas parecen perderse en un futuro distante.

Notas de IraqSolidaridad:

1. Véase en IraqSolidaridad: Dahr Jamail y Arkan Hamed: Siniya, una ciudad convertida en cárcel. El ejército de EEUU levanta muros en torno a numerosas ciudades iraquíes
2. Véase en IraqSolidaridad: Las exportaciones de petróleo iraquí alcanzan su punto más bajo en noviembre de 2005 - Heiko Flottau: El acceso al petróleo iraquí: Objetivo frustrado de la invasión de EEUU a Iraq - Brian Conley y Omar Abdullah: Iraq: Tanto petróleo y tan poco
3. Véase en IraqSolidaridad: Miriam Amie: Crudos propósitos. EEUU considera que la producción de petróleo iraquí permanecerá estrangulada durante años - La compañía noruega 'DNO' perfora en tres nuevos campos petrolíferos del Kurdistán | Mike Whitney: Guerra de guerrillas por el petróleo iraquí - Joshua Frank: Crédito del Fondo Monetario Internacional para Iraq y enlace de nota 2.
4. Ver en Iraq Solidaridad el texto de la columna de la derecha "Diez ataques contra la red petrolífera del norte desde el inicio de 2006".

Los costos reales de la guerra en Iraq

Por Joseph E. Stiglitz, premio Nóbel de Economía, profesor de la Universidad de Columbia. Semanario El Espectador, Colombia.

Las cosas más importantes de la vida —como la vida misma— no tienen precio. Pero eso no significa que los asuntos que tienen que ver con la preservación de la vida (o el estilo de vida), como la defensa, no deberían ser objeto de un análisis económico frío y duro.

Poco antes de la actual guerra en Iraq, cuando el economista de la administración Bush, Larry Lindsey, sugirió que los costos podrían estar entre los 100 y 200 mil millones de dólares, otros funcionarios rápidamente objetaron. Por ejemplo, el director de la Oficina de Administración y Presupuesto, Mitch Daniels, dio la cifra de 60 mil millones de dólares. Hoy parece que las cifras de Lindsey estaban muy subestimadas.

Preocupado porque la administración Bush pudiera estar engañando a todo el mundo sobre los costos de la guerra en Iraq, tal como lo había hecho con las armas de destrucción masiva de ese país y sus vínculos con Al Qaeda, me asocié con Linda Bilmes, una experta en presupuestos de Harvard, para analizar el asunto. Incluso nosotros, como oponentes a la guerra, nos sorprendimos de lo que encontramos, ya que los cálculos, conservadores a moderados, van desde un poco menos del billón de dólares hasta más de los dos billones.

Nuestro análisis inicia con el presupuesto de 500 mil millones de dólares de los que habla públicamente la Oficina de Presupuesto del Congreso, que de cualquier manera es diez veces superior a lo que la administración dijo que costaría la guerra. Sus estimaciones se quedan tan cortas porque las cifras reportadas no incluyen siquiera el costo presupuestal total para el gobierno. Y los costos presupuestales son apenas una fracción de los costos para la economía en su conjunto.

Por ejemplo, el gobierno Bush ha hecho todo lo que ha podido para ocultar la enorme cantidad de veteranos que han regresado con heridas graves —16 mil hasta ahora, incluyendo 20% con lesiones cerebrales serias—. Por lo tanto, no es sorprendente que la cifra de 500 mil millones de dólares no tome en cuenta la incapacidad y los costos de por vida que el gobierno tendrá que pagar en los años que vienen.

El gobierno tampoco quiere reconocer los problemas de reclutamiento y de retención de las fuerzas armadas. El resultado son cuantiosos bonos por reenlistamiento, mejores beneficios y mayores costos de reclutamiento —que han aumentado 20% tan sólo de 2003 a 2005—. Además, la guerra es muy desgastante para el equipo y habrá que reemplazar una parte.

Estos costos presupuestales (sin contar los intereses) ascienden a 652 mil millones de dólares en nuestro cálculo conservador y a 799 mil millones de dólares en el moderado. Cabe suponer que ya que el gobierno no ha limitado otros gastos o aumentado los impuestos, los costos se han financiado contrayendo deuda, y los costos de los intereses de esa deuda suman otros 98 mil millones de dólares (conservador) a 385 mil millones de dólares (moderado) a los costos presupuestales.

Por supuesto, la mayor parte de los costos de las lesiones y las muertes está a cargo de los soldados y sus familias. Pero las fuerzas armadas pagan prestaciones por incapacidad que son muy inferiores al valor de los ingresos perdidos. De igual manera, los pagos por los que mueren suman solamente 500.000 dólares, lo que es muy inferior a los cálculos normales del costo económico de por vida de una muerte, al que a veces se hace referencia como el valor estadístico de una vida (de 6,1 a 6,5 millones de dólares).

Pero los costos no terminan ahí. La administración Bush argumentó alguna vez que la guerra en Iraq sería buena para la economía y un vocero incluso sugirió que era la mejor manera de asegurar precios bajos del petróleo. Como en muchos otros casos, las cosas han resultado ser diferentes: las compañías petroleras son las grandes ganadoras, mientras que las economías de Estados Unidos y del mundo han salido perdiendo. Siendo extremadamente conservadores, calculamos el efecto total en la economía si atribuimos sólo 5 ó 10 dólares del aumento del precio del petróleo a la guerra.

Al mismo tiempo, el dinero que se ha gastado en la guerra pudo haberse utilizado de otra forma. Calculamos que si se hubiera destinado una parte de ese dinero a la inversión interna en caminos, escuelas e investigación, se habría estimulado más la economía estadounidense en el corto plazo y su crecimiento se hubiera fortalecido en el largo plazo.

Hay otra serie de costos, algunos potencialmente muy grandes, aunque cuantificarlos es problemático. Por ejemplo, los estadounidenses pagan alrededor de 300 mil millones de dólares anuales por el "valor de opción" de la preparación militar —estar listos para luchar en el momento que se necesite—. El hecho de que los estadounidenses estén dispuestos a pagarlo, sugiere que el valor de opción supera los costos. Pero no hay duda de que el valor de opción se ha deteriorado enormemente y es probable que así permanezca por varios años.

En resumen, incluso nuestro cálculo "moderado" puede subestimar significativamente el costo del involucramiento de Estados Unidos en Iraq. Y nuestro cálculo no incluye ninguno de los costos relacionados con la enorme pérdida de vidas y propiedades en el propio Iraq.

No intentamos explicar si se engañó deliberadamente al pueblo estadounidense en cuanto a los costos de la guerra, o si la profunda subestimación del gobierno Bush se debe atribuir a la incompetencia, como afirma vehementemente que fue el caso con las armas de destrucción masiva.

Tampoco tratamos de evaluar si hubiera habido maneras más efectivas de financiar la guerra. Las pruebas recientes de que las muertes y lesiones se habrían reducido enormemente si se hubiera provisto a las tropas de mejor blindaje personal, indican que la parquedad en el corto plazo puede llevar a costos en el largo plazo. Ciertamente, cuando el momento de emprender una guerra es cuestión de elección, como en este caso, una preparación inadecuada es aún menos justificable.

Pero tales consideraciones parecen estar más allá de los cálculos del gobierno Bush. Los elaborados análisis de costo-beneficio de los proyectos importantes han sido práctica común en el Departamento de Defensa y en otras partes del gobierno durante casi medio siglo. La guerra en Iraq fue un "proyecto" inmenso y sin embargo ahora parece que el análisis de sus beneficios fue muy erróneo y el de sus costos casi no existió.

No podemos más que preguntarnos: ¿Había maneras alternativas de utilizar una porción de los 1 ó 2 billones de dólares que ha costado la guerra, que hubieran fortalecido la seguridad, fomentado la prosperidad y promovido la democracia?

Guantánamo y Europa ¿limbo o ardid?

Por Leyla Carrillo Ramírez, Centro de Estudios Europeos. Rebelión

Según el diccionario, el LIMBO consiste en estar ensimismado, no enterarse o no estar enterado de algo. Para el catolicismo, constituye el estado de las almas, antes de la redención. Los científicos lo consideran el borde exterior de un astro. Y los abogados califican como limbo jurídico la inoperancia de las leyes, frente a un delito inclasificado. Esto último acontece con la Base Naval de Guantánamo, por obra y gracia de la usurpación de Estados Unidos, primero como asentamiento carbonero incluido en la Enmienda Platt de 1901 y luego, para que los hijos de los políticos y millonarios norteamericanos cumplieran el servicio militar en tierra pacífica y cercana. Desde 2001 devino en campo de concentración, al grito de guerras preventivas y punitivas que abismó al mundo contemporáneo.

La situación de los prisioneros sin juicio ni defensa fue denunciada por Cuba en diversos foros y organismos de las Naciones Unidas. Durante la 60a Sesión de la Comisión de Derechos Humanos, los europeos prefirieron "discutir bilateralmente con Estados Unidos la situación de sus ciudadanos detenidos en Guantánamo". Su decisión fue más frontal en la 61ª Conferencia, al oponerse al proyecto de Resolución cubano presentado en el Tema 17 L88 que "solicitaba al Alto Comisionado de la ONU para los derechos humanos la información necesaria para poner en claro las condiciones de vida y el status jurídico de los detenidos".

Desde entonces han sucedido catástrofes climáticas, políticas y bélicas en varios continentes. Las guerras desatadas contra Afganistán e Irak y las tensiones procreadas por Washington y secundadas por varios gobiernos europeos agudizan la inestabilidad y el terrorismo, lejos de combatirlo. La reciente revelación sobre las cárceles y vuelos secretos de la CIA en varios Estados europeos desacreditan su conducta, en apariencia impoluta, que pretende silenciar el auge del terrorismo de Estado.

También amenazan la paz las acusaciones amañadas por Estados Unidos contra la RP de Corea, Irán, Palestina, Venezuela o Cuba. Y resulta inoperante silenciar la violación continua y flagrante del Derecho Internacional y de los Derechos Humanos, no sólo en Guantánamo, pero especialmente en ese enclave mantenido contra la soberanía cubana.

En Guantánamo son violados innúmeros acuerdos internacionales básicos. Allí Washington enmascara con la terminología de "combatiente enemigo" un limbo jurídico, en contraposición al status de prisionero de guerra, establecido por los Convenios de Ginebra y La Haya. Porque si los centenares de detenidos son prisioneros de guerra, les corresponde un tratamiento honorable. Si, por el contrario, integran la población civil detenida, los principios elementales del Derecho Internacional y Humanitario proscriben la tortura, los tratos innecesarios, degradantes o excesivos, los abusos sexuales y la ofensa religiosa contra el Corán y otras costumbres étnicas.

Todos los miembros de la Unión Europea son signatarios de los cuatro Convenios de Ginebra y sus Protocolos, la mayoría del resto continental también los ha suscrito. Resulta incompatible el silencio gubernamental europeo desde 2001 porque en Guantánamo se violan, entre otros, los siguientes preceptos: el prisionero de guerra no es un criminal, no puede ser transferido por la Potencia detenedora; deberá ser tratado con respeto a su persona y su honor, estado de salud o edad; ser internado en establecimientos con garantías de higiene y salubridad, tendrá plena libertad para el ejercicio de su religión; se informará a más tardar una semana después sobre su cautiverio, la dirección y el estado de salud y podrá emitir quejas a causa del régimen de cautiverio.

Si, en cambio, los detenidos en Guantánamo son civiles se prohiben, además, las torturas, los suplicios y los tratos crueles, las deportaciones y los atentados contra la dignidad de las personas, especialmente los tratos humillantes, degradantes y discriminatorios fundados en diferencias de raza, color, nacionalidad, religión o creencias, sexo, nacimiento o fortuna. Las sentencias deberán ser dictadas por un tribunal legítimamente instituido, con las garantías judiciales reconocidas como indispensables por los pueblos civilizados.

El Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales de 1952, modificado el 20 de diciembre de 1971 añade: el derecho a un proceso equitativo y público en un plazo razonable, la libertad de pensamiento, de conciencia y religión, la prohibición de discriminación y del abuso de derecho y de la tortura. En este contexto todas las Constituciones y Leyes nacionales de la UE contemplan la obligatoriedad de no contravenir las Convenciones relacionadas con los derechos humanos y las normas elementales del Derecho internacional

La Corte Penal Internacional, instituida en La Haya desde 1998, aunque imperfecta, ha enfrentado desavenencias para su ejercicio, porque Estados Unidos rechaza que las normativas se apliquen a sus soldados. Tampoco ha podido consensuar la definición de terrorismo, debido a las contradicciones clasistas. Clasifica "los mayores crímenes de trascendencia para la comunidad internacional, que no deben quedar sin castigo". Suma a los anteriores: los crímenes de lesa humanidad y de guerra, el asesinato y exterminio; la persecución de un grupo o colectividad con identidad propia, fundada en motivos políticos, raciales, étnicos, culturales; y otros actos inhumanos que causen intencionalmente grandes sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental"..

Habría que preguntarse: ¿cuáles de estos preceptos no se violan en Guantánamo? Tal vez la redefinición del concepto de tortura por muchos gobiernos occidentales, durante la lucha antiterrorista, haya obnubilado algunos principios del derecho internacional. Sin embargo, imperó el silencio, mientras Francia, Reino Unido y Suecia—entre otros—lograron algunas devoluciones de sus respectivos ciudadanos detenidos en la Base. No por casualidad, la mayoría de ellos de origen árabe o islámico, ha sido absuelta al regreso, por falta de cargos.

No obstante, en 2005 se escucharon algunas voces:

En mayo el Consejo de Europa aprobó en Estrasburgo, con 85 votos a favor, la propuesta del laborista británico Kevin Mc Namara para "que Estados Unidos ponga fin a la tortura"

En julio la senadora belga Anne Marie Lizin y Alcee Hastings, Presidenta de la Asamblea Parlamentaria de la Organización para la Seguridad y Cooperación Europeas, propusieron "el cierre de Guantánamo por estar fuera de la ley y alentar el extremismo islámico".

Desde octubre, varias peticiones de organizaciones fueron dirigidas a sus respectivos gobiernos, con vista a mitigar, esclarecer o erradicar la situación de los detenidos en Guantánamo.

El pasado mes, el Departamento de Justicia norteamericano solicitó desestimar los juicios iniciados por más de 300 detenidos, que cuestionan la legalidad de su confinamiento. Se avizoran nuevos procedimientos militares que presumen la aplicación de la pena de muerte en la Base. Esto situaría a los aliados de Estados Unidos en una posición incómoda, porque la pena máxima centra las objeciones comunitarias para el ingreso en la Unión Europea y para censurar a terceros Estados.

Algunas organizaciones internacionales, como Human Rights Watch—nadie puede acusarla de izquierdista—destina en su Reporte de 2006,. tres de las cinco páginas sobre las violaciones cometidas por Estados Unidos a Guantánamo. Amnistía Internacional—tampoco antinorteamericana—ha dirigido una carta al Canciller Federal austriaco, en su condición de presidente de la Unión Europea, para que "solicite el cierre del centro de detención ilegal". El Director del buró incluyó en su carta al Parlamento Europeo, nuevos testimonios que confirman las torturas y simultaneó cartas a la Comisaria Europea de Relaciones Exteriores y al Alto Representante para Política y Seguridad, donde expresa su preocupación "por el amplio modelo de abusos cometidos en nombre de la guerra del terror y de la que Guantánamo es sólo una parte". Y subraya: "hace cuatro años que ese hoyo negro legal y vergonzoso es tolerado por la UE, cuatro años es demasiado". El Presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo opinó que "no debe haber un Guantánamo en suelo Europeo....Queremos ser claros con nuestros pueblos y con el mundo de que no violamos los derechos humanos". La organización noruega consideró que las autoridades de su país "no han sido lo suficientemente enérgicas en sus críticas a la forma en que Estados Unidos trata a los prisioneros en la base estadounidense de Guantánamo en Cuba" y que su gobierno no se ha atrevido a criticar a los norteamericanos".

Esta puede ser la clave para el inicio de un lento despertar "oficial" del limbo jurídico sobre Guantánamo. El influyente "Financial Times" difundió en enero que: "EE.UU. construirá una prisión de máxima seguridad en Afganistán para detener a sospechosos de terrorismo, muchos de ellos retrasladados desde Guantánamo"; el Ministro holandés de Defensa señaló que "el campamento militar estadounidense debería ser cerrado lo antes posible" y el Titular noruego prometió revisar el informe presentado por Amnistía.

Es una constante la fidelidad cristiano demócrata alemana a los empeños trasatlánticos de Washington. Esto exime suponer que el actual gobierno intente contradecir al gobierno norteamericano después de las disensiones pasadas sobre la guerra en Irak. Por ello llaman la atención tres pronunciamientos. El primero, del Ministro del Interior, quien expresó "ser partidario del cierre del campamento de prisioneros y considera que Guantánamo no se puede justificar de ninguna manera, porque no concuerda con su manera de interpretar el Estado de derecho, el respeto a los derechos humanos y tampoco con los principios que enarbola Estados Unidos". El segundo, del Parlamento Alemán instó a los Estados Unidos a "respetar los derechos humanos en la lucha antiterrorista". Más significativo es el pronunciamiento de la Canciller Federal, en el sentido de que "Guantánamo no debe ser autorizado a existir indefinidamente", tema que abordó en su entrevista con el Presidente norteamericano.

Valdría la pena preguntarse: ¿por qué esta repentina preocupación europea sobre Guantánamo? Una razón puede ser el descrédito sobre los sitios oscuros y los vuelos secretos de la CIA en el continente europeo, que ha evidenciado el terrorismo de Estado ante sus ciudadanos, violatorio de los derechos humanos que proclama defender. No por casualidad se aproxima la Conferencia sobre Derechos Humanos, donde juntos, Estados Unidos y Europa pretenden asumir el papel acusatorio. La salida del limbo no representa necesariamente una toma de conciencia sobre la realidad de Guantánamo. Puede tratarse de un ardid para compensar las acusaciones que se les avecinan.


Descarga la aplicación

en google play en google play