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Los sheriff, los astronautas y el Che en New York

None | 13 de Diciembre de 2005 a las 00:00

La mentalidad del sheriff

Por Alberto Piris, General de Artillería en la reserva del Ejército español y analista del Centro de Investigación para la paz (CIP). Estrella Digital. España.

Quizá sea cruel iniciar este comentario descubriendo a los lectores que en EEUU se ha inventado un modo eficaz de atender a los enfermos de esquizofrenia que descuidan la medicación y sufren en público los efectos del llamado trastorno bipolar. Y es brutal detallar que el modo de hacerlo sea abatirles a tiros cuando los síntomas de su desequilibrio mental son percibidos por algún policía de los que, mezclados con los viajeros, vigilan los vuelos de las compañías aéreas estadounidenses, para disuadir a los posibles terroristas de estrellar el avión contra algún edificio significativo de la gran patria americana.

Pero ése es el trágico resultado de lo que ocurrió el pasado miércoles en el aeropuerto de Miami. Dentro de la información, todavía imprecisa varios días después del suceso (como cuando, el pasado mes de julio, la Policía metropolitana londinense asesinó a un ciudadano brasileño a quien tomó por terrorista), los datos conocidos no dejan lugar a dudas y eliminaron, desde un principio, cualquier hipótesis de terrorismo legalmente frustrado.

Sabedores ya los lectores de los detalles del caso por las noticias difundidas hasta hoy, es conveniente, una vez más, valorar lo ocurrido, sopesar las justificaciones que oficialmente han dado las autoridades implicadas y extraer las consecuencias aplicables al resto de los ciudadanos. Porque cualquiera de nosotros, estimado lector, o alguna persona de nuestro entorno, puede padecer una enfermedad mental y, por circunstancias ajenas a su voluntad, mostrar en público los síntomas de no haberse medicado correctamente, siendo por ello tiroteado a muerte por la autoridad correspondiente sin más dilación. Tan expeditiva aplicación de la pena de muerte, sin juicio ni delito probado, es un salvaje atentado contra cualquier idea de equidad y justicia.

La infeliz víctima del caso comentado abandonó el avión por el túnel de salida, tras haber protagonizado una escena de desequilibrio mental, mientras su esposa intentaba apaciguarle y advertía en voz alta sobre su estado psíquico. En ese momento, se nos informa, "hizo algunos comentarios" sobre una bomba e "intentó echar mano de su bolsa de viaje", por lo que un policía de servicio a bordo le abatió a tiros sin más contemplaciones.

El presidente del Subcomité de Aviación de la Cámara de Representantes, John L. Mica, mostró satisfacción por lo ocurrido y comentó al Washington Post: "Esto debería enviar un aviso a los terroristas o a cualquiera que intente perturbar un avión con amenazas". Aclaró también que los policías aéreos "no están instruidos para dialogar o negociar con los pasajeros. Deben tomar decisiones instantáneas en función de la amenaza inminente".

La mentalidad de los sheriffs del salvaje Oeste resplandece en las declaraciones del congresista republicano: hay que matar antes de que el enemigo mate. Sin estar siquiera seguro de que la víctima es un terrorista ni de que muestre intenciones criminales. No se le ocurre pensar que, de ser cierta la existencia de un explosivo en el equipaje de un viajero, liarse a tiros sin más ni más aumenta las probabilidades de provocar la explosión, sea por impacto directo sobre el artefacto, sea por voluntad del terrorista que activa la carga antes de morir.

No hay duda de que el policía hizo lo que su misión le exigía. Él no es culpable. Había sido entrenado para hacer lo que hizo. La Casa Blanca le exculpó en seguida -"actuó conforme a su preparación"- y el portavoz de los policías aéreos indicó que se trataba de "una situación de libro de texto".

Es evidente que algo habrá que cambiar en los libros de texto, porque tras el lamentable incidente que ha saltado a los medios de comunicación de todo el mundo se han alzado en EEUU voces que piden mejorar la preparación la policía aérea, cuyos efectivos se estiman en varios miles de agentes. También se ha sugerido no utilizar armas de fuego sino otros artilugios capaces de inmovilizar o neutralizar a los terroristas, como las pistolas de descarga eléctrica. Pero esto requiere dinero y en EEUU los fondos federales son endémicamente escasos, y las sistemáticas reducciones de impuestos que favorecen a los sectores más ricos de la población no contribuyen a mejorarlos.

Lo peor del caso aquí comentado no es que un ciudadano muera por exceso de celo de las autoridades, por repugnante que resulte el hecho. Lo peor es que esa mentalidad de "disparar primero e investigar después" se está aplicando también a la política exterior. Entonces no es la pistola de un policía la que mata a un ciudadano inocente en Londres o en Miami. Son los ejércitos más poderosos de la historia de la humanidad los que se abaten sobre un país -hoy Irak, mañana no se sabe cuál- aduciendo razones falsas o inventadas.

Del mismo modo que el parlamentario Mica nos ha anunciado que el asesinato del pasajero enfermo mental es un aviso a futuros terroristas, el presidente Bush y sus asesores nos quieren hacer creer que la invasión, ocupación y aplastamiento del pueblo iraquí han sido también un aviso dirigido a otros terroristas capaces de atacar a EEUU. Con la diferencia de que, en este caso, los muertos inocentes pueden contarse por millares y las consecuencias nefastas de decisiones tan arbitrarias e ilegales pueden durar muchos años y extenderse por todo el planeta. Estamos contemplando ahora los primeros indicios de ello.

Cumbre del Clima: la soledad de Estados Unidos

Por Gerardo Honty, director del Centro Uruguayo en Tecnologías Apropiadas (CEUTA) e investigador asociado de CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social). Canadá.

Finalmente -y como es habitual- a las 6 de la mañana del día posterior al previsto, finalizó la COP-11 y COM/MOP-1 de la Convención de Cambio Climático. Tras varias horas en las que Rusia y Estados Unidos pusieron diferentes obstáculos que retrasaron la decisión, los gobiernos reunidos en Montreal adoptaron resoluciones que nos ponen un paso más adelante en la consolidación del Protocolo de Kioto.

Una de las cuestiones cruciales en esta COP/MOP era cómo se iban a comenzar a discutir los compromisos post 2012. A pesar de las posiciones encontradas que se estuvieron manejando durante estas dos semanas, los gobiernos tomaron una decisión que declara iniciada las negociaciones por las metas para el segundo período de compromiso (2013-2017), que comenzará con un taller en el mes de marzo y deberá concluir con antelación suficiente como para que no se corra el riesgo de crear un vacío entre el final del primero y el comienzo del segundo período de compromiso.

Ya durante la semana se habían adoptado una serie de resoluciones importantes relacionadas con adaptación, inclusión de la deforestación como medida de mitigación, cumplimiento de los compromisos, etc. que mantienen el rumbo trazado por el Protocolo de Kioto, cosa de la que no se tenía certezas al inicio de esta conferencia. Si bien no se ha alcanzado una fecha precisa para concluir el acuerdo sobre el segundo período de compromiso, la conferencia tenía el mandato de iniciar las negociaciones para el período post 2012 y eso fue lo que hizo. Como es habitual también en la Convención, se avanza pero demasiado poco en cada oportunidad, y esta no fue la excepción. También mostró como han evolucionado las posiciones de los países y grupos de países.

La soledad de Estados Unidos

A modo de balance muy preliminar, recién terminadas las negociaciones, parece que el resultado es positivo, en tanto pudo sortearse uno de los escollos que aparecían como más difíciles la semana anterior: el bloqueo que Estados Unidos pretendía imponer en las negociaciones. Más que nunca parece haber quedado en soledad esta vez el gobierno de los Estados Unidos -y más concretamente la administración Bush- cuando hasta el propio Clinton dijo ante todo el plenario y los miles de personas instaladas frente a los monitores, que simpatizaba con el Protocolo de Kioto. Por otra parte Canadá, su antiguo socio en el Umbrella Group (grupo del paraguas) ha ejercido un liderazgo importante en la conducción de esta COP a través su primer ministro, Paul Martín, y el también canadiense Dion, presidente de la conferencia.

Al abrir el segmento de alto nivel, el pasado miércoles 7, Paul Martín declaró que "el cambio climático es un desafío mayor, que requiere una respuesta global, aunque hay naciones que resisten, voces que tratan de disminuir la urgencia o desechar la ciencia, o declaran, con la palabra o la indiferencia, que este no es un problema que nos corresponda resolver", en una clara alusión a la actitud de Estados Unidos durante la COP-11. Y por si quedaban dudas agregó: "Ya ha pasado el tiempo de pretender que una nación puede quedarse sola, aislada de la comunidad global, porque tenemos una sola Tierra y tenemos que compartirla, y no puede haber lugar donde esconderse -ninguna ciudad en ningún país no importa cuan próspero sea- de las consecuencias de la inacción".

Unión Europea: el Parlamento pide más

La Unión Europea ha sido siempre de los bloques más progresistas en lo que al problema del Cambio Climático se refiere, empujando hacia compromisos de reducción mayores y apostando a las fuentes renovables de energía. En esta conferencia mantuvo ese perfil, aunque hubo algunos titubeos por parte de Italia en el último tramo de la conferencia. Pero más allá de las posiciones de los gobiernos de los 25 países de la Unión, seguramente pesa la opinión del Parlamento europeo, que aprobó por 450 votos contra 66 una reducción del 30% de las emisiones para el año 2020, casi al final del período de compromiso que ahora se está discutiendo.

Para la Unión Europea, el movimiento de una economía basada en combustibles fósiles hacia fuentes renovables no responde sólo al problema del cambio climático o a las demandas de los movimientos ecologistas. También responde a un problema de seguridad en el suministro de energía y a la necesidad de expansión de su creciente producción de equipos y tecnología en el área de las energías renovables.

El G77 + China

El nombre de este grupo de países ya da cuenta de sus complicaciones. Para empezar no son 77 sino 130, y China no está afuera sino adentro. Y muy adentro. Pero debe conciliar sus intereses con países tan diversos como Uruguay, India y Arabia Saudita.

China, que espera multiplicar varias veces sus emisiones por el uso del carbón, Arabia Saudita que obstaculiza todo lo que puede las negociaciones para no liquidar su negocio petrolero, Brasil con el mayor índice mundial de emisiones derivadas de la deforestación, lideran un grupo de países, la mayoría de los cuales no tiene petróleo, que está sumido en la pobreza y serán los más afectados por el cambio climático. A pesar de ello ha logrado mantener un bloque que actúa de forma bastante monolítica en el ámbito de la Convención de Cambio Climático.

El G77 + China en esta COP-11 ha mantenido su histórica posición de no asumir compromisos de reducción de emisiones con el argumento de que la responsabilidad del cambio climático es de los países desarrollados y de que son ellos quienes deben pagar el costo de la reducción. Aunque esto es cierto en la actualidad, no es menos cierto que para el año 2017 (cuando finalice el período de compromiso que ahora se está negociando) la brecha entre las emisiones de los países del G77 y las de los países industrializados se habrá reducido bastante y, si no consideramos a Estados Unidos -que está afuera del Protocolo-, seguramente habrá desaparecido.

El norte del sur

El argumento más poderoso que tienen los países en vías de desarrollo son los dos mil millones de personas que aún no tienen acceso a la energía. Para lograr satisfacer esas necesidades es necesario acceder a estadios de desarrollo superiores y para ello deben recurrir a fuentes energéticas abundantes y baratas -pues hacerlo con modernas fuentes renovables resulta excesivamente costoso- y es inevitable entonces, además de justo, que los países pobres aumenten sus emisiones de gases de efecto invernadero.

Sin embargo abastecer con energía suficiente a esas dos mil millones de personas solamente significaría un aumento de 0,26% en las emisiones globales mundiales (1). El problema es que nuestros países siguen aplicando la teoría del "goteo" para mejorar la calidad de vida de los más pobres: primero mejoran los ingresos de las clases medias y altas y por impacto de ese crecimiento, mejora la condición económica de los más desfavorecidos. Esto -además de llevar décadas de pruebas en contrario- esconde el problema principal: la verdadera razón por la que los dirigentes de los países en vías de desarrollo no quieren asumir compromisos de reducción de emisiones, no son los dos mil millones de pobres, sino los escasos millones de personas que ocupan las clases medias de esos países que quieren sostener una vida igual a la de las capas medias de los países desarrollados.

Lo que no alcanzan a vislumbrar las clases medias de los países en desarrollo -como tampoco la mayoría de los desarrollados- es que los recursos de la Tierra y la porfiada ley de la termodinámica impiden que todos los seres de este planeta mantengan el estilo de vida que las clases medias y altas de los países -ricos y varios pobres- hoy ostentan. No hay duda que la responsabilidad histórica mayor la tienen los países ricos, como no hay duda que deberían pagar la cuenta de la transición hacia estilos de desarrollos menos contaminantes. Pero también es cierto que buena parte de las clases dirigentes, elites económicas y estratos altos y medios de las sociedades "en vías de desarrollo" se beneficiaron y se benefician de una cuenta de carbono que ahora le quieren cobrar a los países ricos como si ellos no tuvieran nada que ver.

La postura de G77 + China en la Convención de Cambio Climático sería respetable si el crecimiento económico -y consecuentemente de emisiones- se reflejara en un incremento correlativo en la calidad de vida de los estratos más pobres de esos países. Pero no es eso lo que ocurre, sino que cada vez se amplía más la brecha entre el "norte" y el "sur" que hay dentro de los propios países en vías de desarrollo. En la medida que se siga reivindicando el "derecho al desarrollo" como el derecho de las clases medias y altas a tener un estilo de vida como sus pares de los países ricos, la reclamación no tendrá ninguna legitimidad.

Entender este problema y encontrar la solución dentro de los países del G77 + China será sin duda una contribución sustantiva a destrabar las negociaciones de la Convención de Cambio Climático. Sin dejar de reconocer que los países desarrollados deben aportar tanto o más.

El Che agita NY

Por David Brooks, corresponsal en Estados Unidos del diario La Jornada, México.

Es quizá la imagen más reproducida en la historia de la fotografía. Aparece y reaparece, rehusando desaparecer, igual que su sujeto. Está reproducida de mil maneras; desde luego en carteles y camisetas por todo el mundo, pero también en calzones, en cajetillas de cigarros, en escenas de la última cena, en tatuajes, en revistas y libros, en obras de arte, en botellas de vino, en llaveros, entre otros productos, y expresa desde un símbolo universal de rebeldía -en todas sus interpretaciones- hasta una imagen "sexy".

El Che de Alberto Korda -la foto se llama formalmente Guerrillero heroico- fue tomada hace 45 años y es tema de una extraordinaria exhibición inaugurada anoche en el Centro Internacional de Fotografía en Nueva York, que busca registrar el impacto del viaje artístico, social y comercial de esta sola imagen.

"Honestamente, su cara me impresionó mucho. Su expresión era tan poderosa. El momento que lo vi dentro de la cámara es uno que nunca olvidaré", explicaba Korda. La exposición ofrece la imagen original y el contacto del rollo, que también capturó a Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir.

La imagen fue tomada en un acto fúnebre en el cementerio Colón el 5 de marzo de 1960. Primero fue publicada en el periódico cubano Revolución, y su intención era anunciar una conferencia programada para el mismo día que ocurrió la invasión de Bahía de Cochinos. Pero tardó otros seis años para ser conocida a escala internacional, cuando fue empleada por carteles en Europa alrededor del tiempo de la muerte del Che.

La exposición continúa con fotos, pinturas, películas, ropa y artículos de todo tipo provenientes de más de 30 países reproduciendo la imagen o empleándola para hacer interpretaciones artísticas y de diseño gráfico de todo tipo. Hay portadas de Der Spiegel y Paris Match, los primeros carteles europeos de los años sesenta más los ya conocidos por todo mundo: uno para la película ¡Che!, con Omar Sharif; una foto de una monja que se abre el vestido para revelar un tatuaje de la imagen sobre su pecho; en una obra de arte sobre "héroes chicanos"; en barajas, botellas de vino y cerveza, una caja de puros, cerillos, encendedores, una colección de camisetas con diversas versiones (incluso una de los Pumas), fotos de la imagen sobre muros y casas desde China a Chiapas, maracas, miniaturas, muñecos y pañuelos, entre otras cosas.

Trisha Ziff, curadora de la exhibición, declaró en entrevista con La Jornada que deseaba intentar armar una exposición en torno a una sola imagen. "Escogí la del Che de Korda porque es la más reproducida en la historia de la fotografía, y también tenía curiosidad por el significado de cómo un fotógrafo es recordado por un 1/60 de un segundo (Korda murió hace tres años)."

Su intención es ofrecer una historia de la imagen desde el momento en que se tomó hasta ahora, incluyendo el aparente "abuso" cometido cuando un italiano rico radical la empleó, tal vez sin permiso, para los carteles en Europa que la llevaron al ámbito internacional.

Ziff dice que esta historia continúa hasta su resonancia actual como imagen política en América Latina y de consumo en Occidente, ya que en éste nada se queda fuera al capitalismo; "pero la foto vuelve a impregnarse a una izquierda, ya que está en todas partes, incluso en las manifestaciones recientes de Argentina y Washington".

Agrega: "La foto se convierte en una imagen que no simboliza el comunismo, ni Cuba, sino el derecho a pensar, a una opinión alternativa sobre muchas cosas diferentes, ya sea una imagen de lucha del movimiento gay, de antiguerra o la lucha ecológica". La curadora señala que la exposición toca todas esas permutaciones.

"También se trata de humor, y los diversos significados que puede tener dentro de nuestra cultura; esa es la intención de esta exposición", dice rodeada de las decenas de versiones de la imagen, y los cientos de espectadores que le devuelven la mirada en éste, el principal museo de fotografía de esta ciudad.

-Pero, ¿por qué es la imagen más reproducida?, ¿cuál es el secreto?

-Además de lo documentado por esta exhibición -la imagen de un símbolo con tantos significados en muchos mundos- es porque es guapo, y porque Korda era un fotógrafo de modas, y esta es la imagen de un tipo sexy que murió joven, que pertenece a un mito, y es una estrella de cine a cierto nivel, y esto se trata de sexualidad y de política.

"A la vez, la imagen se volvió expresión contemporánea en los años sesenta porque representa un momento de cambio en Europa, desde la Primavera de Praga al Norte de Irlanda; un momento de rebelión y esperanza."

-¿Le da esperanza, en este momento oscuro de la coyuntura estadounidense, que la gente vea esta foto una vez más?

-No, nada me da esperanza en Estados Unidos. Por eso vivo en México.

La historia de Cheney necesita una revisión

Por Tim Rutten, Los Angeles Times. Traducido por Isabel Perea, para Cubadebate

Si el debate acerca de la guerra en Irak, encarnizada polémica que ahora acapara las primeras planas de nuestros periódicos, y las ondas de radio y televisión no prueba otra cosa, al menos ya ha demostrado que este gobierno considera que el período de atención de la opinión pública puede medirse en nanosegundos y que la memoria dura lo que un merengue a la puerta de un colegio.

Tomemos como ejemplo la sorprendente declaración pública en extremo reveladora hecha esta semana por el vicepresidente Dick Cheney y el director de la Agencia Central de Inteligencia Porter J. Goss:

Cheney declaró este lunes ante una audiencia en el American Enterprise Institute que todo el que sugiriera que el presidente Bush o cualquier otra persona en su gobierno, había tergiversado o exagerado los informes de inteligencia previos a la guerra que indicaban que Saddam Hussein supuestamente poseía armas biológicas o nucleares, para justificar la invasión a Irak, era culpable "del más corrupto y desvergonzado revisionismo" histórico.

Según el vicepresidente: "cualquier sugerencia de que la información previa a la guerra fue tergiversada, exagerada o fabricada por el líder de la nación es completamente falsa" y es el resultado de un "pesimismo contraproducente".

Seguro.

Solo 24 horas antes, Bob Drogin y John Goetz de The Times describieron con detalles vívidos y convincentes la forma en que el gobierno exageró y utilizó de manera insensata e incorrecta los informes de inteligencia sobre la presunta fabricación de armas biológicas de Hussein, proporcionados por el ahora notorio desertor iraquí de seudónimo "Curveball" (Curva). ¿Quién dice que los espías no tienen sentido del humor? Según Drogin y Goetz, los oficiales que atendieron a Curveball en Alemania, donde solicitara asilo político, advirtieron en reiteradas ocasiones a sus homólogos estadounidenses que su informante era un fabricador -posiblemente inestable- y poco confiable. Aun así, Bush y el entonces Secretario de Estado Colin L. Powell incorporaron sus fantasías entre sus argumentos de guerra. Los concienzudos agentes de la CIA, que trataron de denunciar el engaño que el gobierno encontró deliciosamente conveniente, fueron enviados a oficinas sin ventanas ni teléfonos.

Las razones de Cheney para ignorar estos hechos -y para calificar de "revisionistas", epíteto con una fuerte carga política, a aquellos que se niegan a seguirlos- son muy claras. Un amplio espectro de encuestas de opiniones públicas muestran que en la actualidad más de la mitad del pueblo estadounidense cree que la guerra en Irak es un error y que el presidente los engañó para justificar la invasión. El vicepresidente y sus aliados dentro del gobierno fueron los más enérgicos defensores de la guerra y una reciente encuesta del Newsweek concluyó que solo el 29% de los estadounidenses considera que Cheney es honesto o ético.

¿Por qué entonces ponerlo a dar la cara para justificar las acciones del gobierno? Como dijo William Kristol del Weekly Standard: "su popularidad ha disminuido y probablemente no sea el mejor mensajero para los independientes y los electores indecisos, pero si de discusiones se trata, hay que reconocer que es bueno y que su estilo es el apropiado."

Claro.

Aquí la cuestión no es llegar a la verdad de nuestra precipitada zambullida en el lodazal de Irak,- y, sí, es hora de retomar esa palabra- se trata de ganar una discusión que ha reducido considerablemente la popularidad del Presidente.

Y esto nos lleva a Goss, de la CIA, que esta semana afirmó al USA Today: "Esta agencia no tortura. Utilizamos capacidades legales para recopilar información de vital importancia y para ello empleamos una serie de tácticas especiales e innovadoras, todas legales y ninguna consiste en la tortura."

Afortunadamente, algunos de los que están obligados a trabajar para Goss tienen la conciencia más fuerte que su estómago. Las técnicas de interrogación descritas a la cadena televisiva ABC News no pueden catalogarse como "innovadoras o especiales," y sí como tortura. Por ejemplo, emplearon los términos "sacudir o golpear" a los prisioneros para provocarles dolor o miedo. También refieren que a los prisioneros con grilletes en las manos y los pies se les obliga a permanecer de pie hasta cuarenta horas. A otros se les confina desnudos en celdas con temperaturas heladas, y los rocían periódicamente con agua fría.

Sin embargo, lo mejor es algo que se denomina "waterboarding" (simulación de ahogamiento) y que las fuentes de la ABC en la CIA describieron de esta forma: "Se ata al prisionero a una tabla inclinada, con los pies en alto y la cabeza un poco mas abajo de los pies. Se cubre el rostro del prisionero con papel celofán y se vierte agua sobre este. Inevitablemente, los invaden las náuseas y un miedo aterrador a ahogarse que los lleva a suplicar de inmediato que pongan fin a la tortura."

El miércoles, en un editorial muy preciso sobre el tema, el periódico The Washington Post se preguntaba: "¿Acaso estas técnicas 'no son tortura' como alega el Sr. Goss? De hecho, muchas de ellas han sido aplicadas por regimenes represivos en todo el mundo y el Departamento de Estado solía condenarlas con regularidad en sus informes anuales de derechos humanos. Al insistir en que no son torturas, el Sr. Goss establece una nueva norma, tanto para el tratamiento que otros gobiernos dan a los detenidos como para el manejo de los prisioneros estadounidenses. Si un piloto estadounidense es capturado en el Oriente Medio y luego golpeado, confinado desnudo en una celda fría y sometido a la técnica de simulación de ahogamiento Goss diría que no fue torturado.

¿Acaso importa?

Aparentemente a otras personas en la CIA sí les importa. Como publicara el periódico New York Times el jueves, una de las razones principales por las que el Gobierno atenuó los cargos contra el presunto terrorista José Padilla, a quien en un principio el Gobierno acusó de haber conspirado para hacer estallar la llamada bomba "sucia" en los Estados Unidos, fue que los testigos más importantes en su contra habían sido torturados. Son dos líderes de alto rango de Al Qaeda, Abu Zubeida y Khalid Shaikh Mohammed, actualmente detenidos en secreto por el gobierno de los Estados Unidos.

Según el New York Times, el inspector general de la CIA descubrió que Mohammed, considerado como el artífice de los ataques de 2001 al World Trade Center y el Pentágono, "había sido sometido al uso excesivo de una técnica que consistía prácticamente en ahogarlo durante los primeros meses de su captura".

Aparentemente los informes relacionados con el tema nunca llegaron al escritorio de Goss, por lo que no tuvo la oportunidad de informar a Cheney. Quizás cuando lo haga, también pueda lograr que el vicepresidente solucione el problema de Curveball lo antes posible.

Los que más han subido la parada desde el punto de vista retórico dentro del gobierno son Cheney y Goss y han contribuido a esclarecer el delicado problema nacional que también está en juego en el creciente debate sobre la política exterior de Estados Unidos en la guerra de Irak.

Hace cerca de 40 años, el premio Nobel Czeslaw Milosz-cuyo libro "The Captive Mind" (la mente cautiva), de 1953, sigue siendo una descripción inigualable de los males que supone el conformismo intelectual ante el oportunismo político, escribió el poema "Incantation" (conjuro), que comienza con estos versos:

La razón humana es bella e invencible.
No hay reja, alambre de púas, destrucción de libros
o sentencia de destierro que pueda vencerla.
Expresa con palabras las ideas universales,
Y guía nuestra mano para que escribamos
Verdad y Justicia con mayúsculas,
mentira y opresión con minúsculas.

¿Hay un reproche mejor a las evasiones lingüísticas de nuestros torturadores autóctonos, sus cómplices y apologistas? ¿Alguna vez los medios de difusión estadounidenses necesitaron con mayor urgencia recuperar el desdén de Edgard R. Murrow por esa falsa imparcialidad que "le otorga a las palabras de Judas la misma importancia que a las de Jesús"?

Hacer un análisis crítico del pasado no es revisionismo. Las sociedades maduras y sensatas -al igual que los individuos- aceptan que tienen la obligación de analizar el pasado para comprender con mayor claridad el presente. No exageramos cuando decimos que esto es un deber moral. La historia, después de todo, es nuestra memoria colectiva, aunque tenemos que reconocer que, aún con la mejor de las intenciones, es inevitablemente selectiva y falible.

Es por eso que Cheney tiene razón al menos en una cosa: falsear deliberadamente la historia solo para obtener mayores ventajas políticas es una perversión social nociva en extremo. Es, utilizando su propio adjetivo hiriente y acertado, "censurable".

Sin embargo, el recuento sincero y la reflexión sobria no constituyen revisionismo, a menos que, por supuesto, ya se esté comprometido con el auto engaño y decidido a convencer a otros a vivir con esa mentira.

Astronautas por concurso

Por John Tierney, Columnista habitual de "The New York Times". Semanario El Espectador, Colombia.

La Nasa todavía no consigue el dinero para regresar a la Luna, y mucho menos para ir a Marte, pero hay buenas noticias para los exploradores del espacio. Alguien más está haciendo el trabajo.

Richard Branson, quien está vendiendo viajes al espacio a US$200.000 (en efectivo y por anticipado), está a punto de cerrar un acuerdo para despegar desde un nuevo puerto espacial en el desierto de Nuevo México. Los primeros vuelos están agendados para dentro de tres años y su compañía, Virgin Galactic, ya ha recogido más de US$10 millones de los futuros pasajeros.

La lista de clientes pagados incluye al arquitecto Philippe Starck, a la actriz Victoria Principal y al director de Superman Returns, Bryan Singer. Y hay una lista de espera de miles, desde el actor William Shatner hasta el cosmetólogo Stephen Hawking.

Branson aspira que esta aventura se pague sola, lo que le permitiría comenzar a bajar los precios de los tiquetes y expandir el negocio. "Vamos a reinvertir todo el dinero en el espacio", me contó. "Me encantaría un día tener un hotel allá arriba y mantenerme corriendo los límites".

Ha ordenado cinco naves espaciales y planea enviar al espacio a más de 700 personas durante los primeros 18 meses, lo cual es más de lo que todos los programas espaciales financiados por el gobierno han enviado en la historia. He aquí una lección para el Congreso y para la Casa Blanca, que ahora regatean por el financiamiento de los planes de la Nasa para la Luna y Marte.

La nueva nave espacial de Virgin Galactic será una versión más grande de ocho puestos de la que ganó el año pasado el premio Ansari X por US$10 millones para una nave espacial reutilizable. Su diseñador, Burt Rutan, respaldado por el millonario Paul Allen, gastó más de US$25 millones para vencer a dos docenas de competidores.

Eso es lo hermoso de los concursos: un poco de dinero compra más investigación y desarrollo de lo que uno obtendría si le diera esos fondos a la Nasa. Los concursos llevaron a Charles Lindbergh y otros a convertir rápidamente la aviación de una proeza en una industria. La competencia inspira la innovación que nunca sería aprobada por burócratas –como modelar una nave espacial de un gallito de bádminton–.

La nave de Rutan, contrario a la de la Nasa, no necesita elaborados mosaicos ni escudos de calor porque reingresa a la atmósfera mucho más lento. Antes de retornar a la Tierra, cambia su forma aerodinámica doblando sus alas, lo que le permite descender de manera relativamente suave, como un gallito de bádminton.

Ahora que Rutan y Branson y otros empresarios están entrando al espacio, no hay necesidad de que la Nasa ande husmeando por la órbita de la Tierra con su nave y la estación espacial. Tampoco tiene que regresar a la Luna. Rutan prevé que naves espaciales privadas irán allí más temprano que tarde, de manera que preferiría ver a la Nasa concentrada en las formas de llegar a Marte.

Yo también, pero no sola. En lugar de simplemente financiar los planes para Marte de la Nasa, el Congreso y la Casa Blanca deberían ponerla a competir con ingenieros como Rutan. Podrían ofrecer un premio, que entregara la Academia Nacional de Ingeniería o el Consejo Nacional de Investigaciones, al mejor proyecto para una misión tripulada a Marte.

Branson me dijo que estaría dispuesto a entrar en dicha competencia por un premio de US$10 millones –una miseria al lado del presupuesto anual de la Nasa de US$16.000 millones–. Robert Zubrin, el presidente de la Sociedad de Marte, dijo que entraría también.

Una idea incluso mejor sería ofrecer premios por progresos reales en una misión a Marte, no solamente por diseñar planes. Zubrin sugiere que el gobierno federal convoque a empresarios ofreciendo un premio de US$5.000 millones al primer vuelo de un vehículo que pueda transportar 120 toneladas en la órbita.

Podría incluso haber un gran Premio Marte de US$30.000 millones por llevar un humano a Marte y plantar la bandera de los Estados Unidos. Eso sería una ganga comparado con los planes actuales de la Nasa, que pretende llegar a Marte gastando primero US$100.000 millones en alcanzar la Luna.

Entiendo que el Congreso y la Casa Blanca sean reacios a acabar con el monopolio de la Nasa porque no quieren ofender a los trabajadores estatales y a los contratistas que defienden el statu quo. Pero esos ingenieros podrían participar en el concurso también. Los equipos en competencia bien podrían incluso subcontratar partes de la misión –como el seguimiento de la nave– con divisiones de la Nasa, y esos trabajadores estatales podrían compartir el dinero.

Un Premio Marte tendría una maravillosa ventaja política sobre repartir dinero a la Nasa. Los políticos de hoy podrían anunciar el premio sin escatimar su pago en ningún presupuesto del futuro próximo. Tendrían la gloria inmediata de inaugurar una búsqueda interplanetaria, y alguien más pagaría la cuenta.


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