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Rafael Callejas, ex presidente de Honduras: amenazan nuevos conflictos internos que son irreversibles

| 22 de Agosto de 2007 a las 00:00
Rafael Callejas, ex presidente de Honduras: amenazan nuevos conflictos internos que son irreversibles
Queridísima Eminencia, Cardenal Miguel Obando y Bravo; señores Presidentes y Ex Presidentes de nuestra querida Centro América; aprovecho este momento para agradecer muy enfáticamente, la invitación que se me ha hecho a venir a compartir con ustedes, algunos de los hechos y consecuencias que derivaron de los Acuerdos, que en el pensamiento preclaro de cinco Presidentes centroamericanos, se constituyó en el plan de paz, en lo que denominamos Esquipulas II. Quiero aprovechar este momento en la ausencia, por razones de la vida, del Presidente José Simón Azcona Hoyos, quien como ustedes saben falleció hace algún tiempo, y por esa razón no está aquí con nosotros, pero fue actor, partícipe ¡y vivo! de estos Acuerdos que con tanta claridad, han expuesto el Presidente Cerezo y el Presidente Oscar Arias. Aquí está en su presencia, don Carlos López Contreras, Ex Canciller de la República, quien fue artífice de este proceso, y si bien están aquí otros Cancilleres, yo quiero decir que, en nombre del pueblo hondureño, recordamos con respeto al Presidente Azcona, por su gran labor en la constitución de este Acuerdo de Paz. Es un privilegio para mí estar en esta tierra fraterna. Los Callejas todavía no decidimos si somos de Chinandega o de Honduras; para nosotros, compartir con ustedes aquí en Nicaragua, es realmente un privilegio, y más en la presencia de tan distinguidos ciudadanos centroamericanos, que tuvieron la visión precisa de entender que había que terminar con los conflictos de la guerra en la región centroamericana. A mi me correspondió estar en la segunda fase, en la aplicación de los Acuerdos de Esquipulas, y fue una llamada del Presidente Azcona, en el mes de diciembre del año 1989, cuando yo estaba como Presidente Electo en una visita a Venezuela, desde San Isidro de Coronado me comunicó que consideraba de importancia que estuviese informado, para ver si se respaldaban los Acuerdos que ahí estaban surgiendo, y con agrado le expresé que sí. Mi campaña política electoral fue basada fundamentalmente, en términos internacionales, en un punto toral, y era el hecho de que nosotros no podíamos continuar en un conflicto centro americano y que en principio, soberano y nacional, no podían haber en territorio nacional tropas de otros países que no fueran las de nuestra nación. Comprometí que las fuerzas irregulares que estaban en territorio hondureño involucradas en el conflicto, deberían de salir de nuestro territorio, a más tardar, en el mes de abril del año de 1990, ¡y lo logramos! Lo logramos gracias a un acuerdo que se propició fundamentalmente, y en el cual ¡todos tenemos una deuda de gratitud, con Su Eminencia, el Cardenal Miguel Obando y Bravo! Yo no puedo dejar pasar este momento, para traer al recuerdo de los presentes lo que pasó en el año de 1990, en lo que denominamos el Acuerdo de Toncontín. Cuando iniciaba la Administración nuestra, resolvimos de inmediato que estuvo constituido el esfuerzo de los Presidentes que estructurar una ruta que diera por finalizado, que el territorio hondureño pudiera servir para tener ingente la presencia de un conflicto armado en la región centroamericana. Y por esa razón constituimos una Comisión Negociadora, que se reunió en la Ciudad de Tegucigalpa, en Toncontín, en lo que denominamos el Acuerdo de Toncontín, y solicitamos la colaboración y cooperación de organismos internacionales, pero sobretodo, de Su Eminencia el Cardenal Miguel Obando y Bravo, quien gentilmente permitió que lo invitáramos, para que llegara en el avión del gobierno de Honduras a Tegucigalpa, a reunirse con los distintos sectores que conformaban la problemática en la región centroamericana, en el conflicto que en ese momento existía. Su Eminencia se reunió y, en el Acuerdo de Toncontín, en la presencia de representantes del gobierno de Nicaragua, del Comandante Rubén, de distintos organismos internacionales, le dimos vida a la conclusión de la presencia de las fuerzas de la contrarrevolución en nuestro territorio. Eso, para nosotros era determinante, porque Honduras como nación soberana, no debió, no debería, y no debe de permitir ¡nunca más! que su territorio sea utilizado por ciudadanos de otros países, para ejercitar acciones beligerantes en contra de la soberanía de otros Estados. Por eso me siento realmente muy orgulloso, que en ese día preciso, el 20 de abril de 1990, en la zona de Yamales, de Cauquira y otros rincones de Honduras, el desplazamiento de las fuerzas irregulares que estaban en el conflicto armado, concluyó. Honduras se convirtió entonces en lo que siempre fue y siempre será, una nación de paz, fraterna; una nación amiga con todos los países de la región centroamericana. Porque para nosotros, abrir los brazos a la presencia de refugiados, por razones de carácter político, es un privilegio. Y tuvimos en nuestra nación 400 mil refugiados nicaragüenses y salvadoreños en campos de refugiados, separados de sus familias, de sus tierras y de sus hogares; en las condiciones más precarias, viviendo en la desesperanza, en la intolerancia y en su negación a su destino como ciudadanos de El Salvador y de Nicaragua. Por eso, para nosotros fue un acto significativo, que pudiésemos, en noviembre de 1990, expresar con orgullo, que el traslado de los miles y miles de ciudadanos nicaragüenses y salvadoreños a sus naciones sin la pérdida de una sola vida, había sido concluido. En el período del 18 de abril al 20 de noviembre de 1990, Honduras se transformó, de una nación que atendía refugiados, a una nación que despedía ciudadanos con honra y honor, que volvían a sus lares, para construir el destino que les deparaba volver a sus naciones. En indiscutible que el diálogo que se dio, no hubiera sido posible sin la presencia del Cardenal Obando; fue vital la manera en que logró conciliar los intereses de los distintos sectores, y eso le dio vida a esa realidad, el cumplimiento de los Acuerdos de Paz, que se originó en los Tratados de 1987. ¿Qué vino después? ¿Cuáles son las consecuencias desde el punto de vista nacional y de Centro América, de esta extraordinaria acción de los Presidentes de aquel entonces? De Vinicio Cerezo, de Oscar Arias, de Daniel Ortega, de José Azcona y de Napoleón Duarte... que volvió a surgir la tolerancia al respeto de las ideas; que la intolerancia como consecuencia del pensamiento diferente en la vía ideológica, concluyó en la región centroamericana. Nosotros, con orgullo, les podemos decir, que en el año de 1991, ante la presencia de distinguidas personalidades de nuestra nacionalidad, en la Casa de gobierno de Honduras, y previas misiones que se trasladaron por el mundo, regresaron al país los que se expatriaron por razones ideológicas en nuestra patria. De Rusia, de México, de Cuba, de Polonia, de Nicaragua volvieron a sus hogares, con humildad, con pobreza, pero con la ilusión de poder construir un nuevo destino. Honduras era ya, y sigue siendo, una nación que respeta los principios de tolerancia que se originan en el Tratado de Paz de Esquipulas II. Por esa razón, nuestra presencia hoy aquí es porque debemos de reconocer el esfuerzo extraordinario que se ha hecho en nuestra región centroamericana, para revertir los errores del pasado. El Tratado de Paz, no simplemente debe de quedar en un proceso que permite el acceso al pensamiento, sino que también debemos de estar conscientes que tenemos enormes retos hacia el porvenir; que tenemos compromisos que asumir; porque, si ayer hubo desplazados por razones ideológicas, hoy los desplazados son por razones económicas. Un nuevo tratado debe de surgir a la región centroamericana; una nueva forma de avizorar nuestro futuro, en que creemos una sociedad de oportunidades, que no tengamos que vivir del pensamiento de que nuestra economía está en las remesas de los que viven en los Estados Unidos o en otras naciones. Que es en nuestra Patria centroamericana, que debemos de revertir la ruta de la asociación, para que todos nuestros compatriotas puedan vivir con dignidad y con respeto. Ha cambiado la paz, para bien de todos; han cambiado nuestras naciones en el respeto a nuestros ciudadanos; pero, han surgido problemas más graves que nunca, que pueden llevarnos a conflictos internos que son irreversibles, porque se originan fundamentalmente en la pobreza y en las enormes diferencias que hoy estamos viendo entre los que generan la riqueza y los que no la tienen. No podemos continuar por esa ruta. Si hace 20 años construimos la Paz, hoy 20 años después, debemos de construir las oportunidades económicas para todos y cada uno de los centroamericanos. No es con alegría que vemos que salen de nuestras naciones para el Norte y que nos envían un poco de su esfuerzo y su sacrificio. Fue con alegría que terminaron el conflicto y volvieron a sus naciones, pero, los que hoy se van, muchos ya no vuelven. Y si algo hizo el Tratado de Paz, es abrirles la puerta para que regresaran a sus naciones. Nosotros aquí, en la presencia de tan distinguidas personalidades, de ustedes, debemos de hacer un esfuerzo extraordinario, para lograr una nueva Centroamérica de oportunidades y de capacidad económica, en que la pobreza, al igual que fue la guerra, sea simplemente un pensamiento del ayer. No podemos continuar en este camino, en que superados los problemas estructurales de nuestra sociedad, seguimos viviendo en la incapacidad de resolver nuestros propios problemas nacionales. Por ello, Esquipulas debe de ser un paso en nuestra historia, un recuerdo positivo, una gratitud permanente, pero ya que tuvieron ellos, y algunos están en posiciones de significancia para construir, deben de dar un paso más hacia delante, Oscar Arias, Daniel Ortega, los Presidentes de Nicaragua, Honduras, Costa Rica y El Salvador, para realmente darnos a los centroamericanos, lo que tanto anhelamos, un mejor porvenir, un futuro de dignidad, un futuro de esperanzas, de confianza en nuestro destino. Y eso es lo que Esquipulas nos permitió realizar, porque hoy, gracias a esos Acuerdos, tenemos vigentes muchísimas libertades que en aquel entonces no existían. Nosotros, los que nos tocó implementar los Acuerdos de Esquipulas, les puedo decir que cumplimos con la misión que nos fue encomendada por los Presidentes que nos antecedieron. Me siento satisfecho hoy por la mañana de poder compartir con ustedes, y decirles que los Acuerdos de Paz que originaron la transición en Centro América, en Honduras se cumplieron a cabalidad, y hoy construimos una sociedad democrática, tolerante, de respeto a las ideas, pero, una sociedad que reclama una resolución favorable, imperativa, inmediata, para resolver los problemas que reclaman nuestros compatriotas y nuestros ciudadanos. Ojala que de aquí, de este seno académico, de este lugar político, en que se reúnen los más distinguidos representantes de nuestra región centroamericana, bajo la tutela de Su Eminencia, el Cardenal, podamos nosotros, verdaderamente avizorar el porvenir, y juntos, en un esfuerzo de integración propia, transformar Centro América en lo que todos anhelamos, la Patria nuestra, ¡nuestra Patria! la Patria morazánica; la Patria que es sin fronteras e intensa, a favor de cada uno de los hijos de nuestra nación. Me siento contento de estar aquí, agradecido por haber podido compartir y expresarles... no dejemos esto nada más en el ayer, que no sean simplemente páginas de la historia, ¡hay mucho que hacer en Centro América! Hay demasiado que está pendiente, y eso sólo se hace cuando en Foros de esta naturaleza, podemos analizar el pasado y construir el futuro. De mi parte, como Presidente que fui de Honduras en un momento complejo, les puedo decir con satisfacción a los nicaragüenses y a los salvadoreños que estuvieron en nuestros países, que hoy los recibimos con agrado, ¡ya no como refugiados, gracias a Dios! Los recibimos como ciudadanos de una Patria Grande, con los brazos abiertos siempre, ¡siempre serán nuestros compatriotas! Pero hoy, con la alegría de poder decirles, ¡bienvenidos por venir y pueden ir en paz a sus naciones! Eso es lo que hizo Esquipulas, ¡qué extraordinario esfuerzo autóctono de nuestros Presidentes de aquel entonces! Y esa dinámica, esa visión, debe de construir un mañana de fe, de esperanza y de futuro para todo Centro América. Gracias. Y, muchas gracias Cardenal, porque usted se ha merecido siempre y se merece, la gratitud del pueblo hondureño, porque gracias a su esfuerzo, superó una crisis institucional interna, que debilitaba las estructuras mismas de nuestra sociedad. En un viaje de 24 horas, con la iluminación del Señor, usted transformó 20 años de la historia de Honduras ¡Gracias!

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