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Búsqueda de familiares desgarra a tabasqueños tras perder todo bajo el agua

Agencia AFP. Desde Villahermosa, Tabasco. | 6 de Noviembre de 2007 a las 00:00
Arrastrando a su pequeño de cuatro años, Mayra Méndez sigue recorriendo, como cientos de paisanos, los albergues habilitados en la ciudad mexicana de Villahermosa (sur) en busca de su madre, una semana después de que las inundaciones la expulsaran de su casa. Tras indagar en una treintena de refugios, Mayra pregunta en el Centro de Convenciones, donde están alojadas unas 4.800 personas y donde tienen además una lista informatizada de los registros de todos los albergues de la localidad. Con lágrimas en los ojos, explica que el martes de la semana pasada supo de su progenitora, María Santos, de 42 años, que había logrado salir de Gaviotas, uno de los primeros barrios en ser anegados por la crecida de los ríos. El martes salió a trabajar y cuando regresó todo estaba inundado y su madre no estaba. Afortunadamente, ese día su hijo tenía cita con el doctor y no se quedó en casa. Mayra Méndez supone que su madre debe estar en un refugio, como ella misma. Aunque no hay una cifra oficial, la ciudad está llena de personas que intentan saber que ha sido de algún o algunos familiares o amigos. Hasta ahora, las autoridades sólo han informado de tres muertos, a pesar de que las aguas ocuparon el 80% del territorio de Tabasco (29.000 km2), frente al 34% habitual, afectando a más de un millón de personas. Pero mucha gente no aparece. Los locutores de la televisión oficial y de algunas emisoras de radio ocupan la mayor parte del tiempo en leer mensajes de personas que buscan a damnificados. "El señor Rigoberto Madrigal que se comunique al teléfono (...). Sus hijos no tienen comida. Tiene una semana que está desaparecido". "La señora Marisol Silva busca a su esposo, Aurelio Ramírez. Urge que se comunique con ella o que la vaya a ver. Está en el albergue de la Escuela de Medicina y está próxima a dar a luz". En la televisión, además, a veces son los propios solicitantes de información los que aparecen en pantalla diciendo a quién buscan mientras sostienen un cártel con un número de teléfono de contacto. Esta tragedia se viene a sumar a las dificultades que muchos tabasqueños pasan para sobrevivir hasta que las aguas bajen y pueden volver a sus casas, o lo que queda de ellas. Cristina y Luz del Alba Alejandro, de 30 y 27 años, respectivamente, viven con otros 15 familiares apiñados en una casa prestada por una tía y reciben apenas algunos apoyos, así que tienen que combinar la búsqueda de manutención con la de su hermano. Jorge Alberto Alejandro llamó a su madre el martes de la semana pasada para decir que acababa de abandonar a toda velocidad su casa, en el Ejido Lomitas de Nacajucan, junto con su mujer y sus siete hijos y que se dirigía en coche hacia la carretera, el único lugar de los alrededores no inundado. "Como no hubo señal de teléfono esos días, no tuvimos contactos. Ahorita sí (hay señal) pero no responden", dice Luz del Alba. La telefonía celular, que no estuvo restablecida completamente hasta el sábado, "estuvo obsoleta durante esta catástrofe", explica Edna Guadalupe, una voluntaria que atiende a las personas que buscan a sus familiares en el Centro de Convenciones. Desde el domingo han bajado las consultas, pero ese día "llegamos a la 9H00 de la mañana y estuvimos hasta las 16H00 y no nos dimos abasto", dice. La búsqueda hace olvidar hasta las necesidades más básicas. "Desde la mañana que salimos no hemos comido nada. Tengo hambre pero por otras necesidades a veces se nos olvida", señala Cristina. Al caos de las personas separadas de sus familias y repartidas por los albergues del estado e incluso en entidades vecinas, se suma las dificultades originadas por la tragedia, que ha desbordado a las autoridades. La familia Alejandro tiene que buscar víveres para alimentarse y a veces hacen filas de tres horas para conseguir unos víveres que de todos modos no van a llegar a toda la familia. "Hemos estado caminando todo el día pidiendo apoyo y no llevamos nada. Lo que nos regalaron ahorita para un refresco", dice Cristina mostrando la pequeña botella, "pero ni comida ni nada porque los apoyos los dan sólo en los albergues". También han intentado lograr ayuda para ir a la casa de su hermano a ver si está en la zona, pero tras esperar medio día entero a que la Marina les llevase en una de las lanchas de rescate, finalmente no hubo ninguna que fuese en esa dirección.

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