Escúchenos en línea

Jóvenes rebeldes desafían medidas del régimen de Francia

None | 9 de Noviembre de 2005 a las 00:00
Los rebeldes también saquearon y prendieron fuego a un almacén de muebles y productos electrónicos, así como a un almacén adyacente de alfombras en Arras, en la región norteña de Pas-de-Calais, indicó el portavoz de la Policía Nacional, Patrick Reydy. Los vándalos también incendiaron una oficina del periódico Nice-Matin en Grasses, en la región sureste de los Alpes-Marítimos, añadió. Nueve autobuses fueron carbonizados en la estación de autobuses de Dole, en la región de Jura, en el este del país, señaló Reydy. Un autobús explotó en la ciudad de Burdeos, en el suroeste de Francia, después de que una bomba incendiaria fuera arrojada en su interior, indicó, añadiendo que el conductor logró escapar. En Niza, un hombre estaba en estado grave después de haber sido golpeado por un objeto que cayó de un gran edificio ubicado en un vecindario donde había habido recientes motines, afirmó un oficial local. Las autoridades estaban investigando si se trataba de un accidente o de un ataque. Los jóvenes arrojaron bombas de gasolina a la Policía, que respondía con gas lacrimógeno en la ciudad sureña de Toulouse, donde el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, estaba de visita, informó la televisión LCI.

Un recorrido por los barrios en llamas

Por Eduardo Febbro, Página/12, desde París

El Ejecutivo francés desplegó en tres actos el dispositivo represivo y social elaborado para poner fin a la catarata de violencia que encendió los suburbios de Francia. El lunes por la noche, el primer ministro, Dominique de Villepin, anunció el recurso a una ley de 1955 que autoriza la instauración del toque de queda en el país. Ayer, al cabo de una reunión extraordinaria del Consejo de Ministros, el presidente activó esa ley que data de la guerra de Argelia (ver aparte) para, dijo Chirac, "dar a las fuerzas del orden los medios suplementarios de acción para garantizar la protección de los ciudadanos y sus bienes". El gobierno cuenta con el impacto psicológico de esa medida que sólo puede permanecer vigente durante 12 días y necesita una autorización especial para ser prolongada. En el conjunto del territorio, sólo los prefectos de tres localidades la aplicaron: Amiens, Orleans y Savigny-sur-Orge. A partir de la cero hora de hoy, las tres localidades experimentarán la eficacia de una disposición que, si bien está aprobada por siete franceses de cada diez, suscita más interrogantes que certezas en los medios políticos e intelectuales. Por ahora, la disminución de la violencia ha sido leve. En las últimas 24 horas, unas 139 personas fueron detenidas y cerca de mil autos fueron quemados, y decenas de depósitos, escuelas, gimnasios, guarderías y otras locales devorados por las llamas. En Bruselas, cinco autos fueron incendiados durante la madrugada y se suman a los cinco del lunes. De todos modos, las autoridades belgas les restaron importancia a esos episodios y aseguraron que fueron incidentes aislados.

El tercer y último acto de la estrategia gubernamental fue la acalorada discusión que tuvo lugar ayer en la Asamblea Nacional. El jefe de gobierno amplió en la Asamblea el capítulo "social" del plan de urgencia. Este se articula en torno de tres criterios: educación, trabajo y renovación de las viviendas. En materia de empleo, Dominique de Villepin anunció que todos los jóvenes de menos de 25 años que viven en las 750 zonas urbanas sensibles (ZUS) serán atendidos en los próximos tres meses en las Agencias Nacionales del Empleo (ANPE). El jefe del Ejecutivo señaló que a cada joven se le propondrá una capacitación durante tres meses. El montaje prevé igualmente los pagos de una prima de 1,200 dólares, una ayuda de 180 dólares por mes y la creación de 20,000 puestos de trabajo específicos y limitados a las zonas difíciles.

En materia de vivienda, De Villepin anunció un aumento del 25 por ciento de los créditos concedidos a la Agencia de renovación urbana. En lo que atañe a la educación, el plan comprende la creación de 5000 puestos de asistentes pedagógicos en los 1200 colegios situados en los barrios sensibles, la multiplicación por dos de los equipos de sostén educativo, 100 mil becas para aprender oficios (hoy hay 30 mil) y la apertura de diez instituciones educativas destinadas a los estudiantes más talentosos. En el campo de la integración, el premier francés decidió implantar una agencia de la cohesión social y de igualdad de las posibilidades. Una de las ramas más importantes de su plan consiste en el aumento de las subvenciones consagradas a las asociaciones de los barrios, verdaderos pilares de la integración y del diálogo. El Estado gastará 130 millones de dólares suplementarios.

Con este último párrafo, Dominique de Villepin corrige la política aplicada por el ministro de Interior, Nicolas Sarkozy, que había suprimido esas ayudas e impuesto una línea abiertamente represiva en los barrios: policías en lugar de asociaciones. Ha quedado como un ejemplo célebre de su política –y la televisión no se cansa de mostrarlo– el discurso que Sarkozy pronunció ante la policía. El titular de la cartera, hablando de esas zonas difíciles donde la policía a menudo tiene que asumir tareas "sociales", había dicho: "Organizar un partido de rugby con los muchachos de los barrios está bien, pero ésa no es la función de la policía. Su misión es la investigación, la interpelación".

En Aulnay-sous-Bois, una de las localidades de las afueras de París más afectadas por la violencia, la reacción no se hizo esperar. Ahmid, un muchacho de 19 años muy activo en las revueltas de los últimos días, decía: "El primer ministro nos está tomando el pelo. Y si quiere asustarnos, se equivoca de cliente. En realidad, lo único que nos propone es la guerra. Entonces la continuaremos". Djamel, 17 años, aseguraba: "Si piensan que encerrándonos más van a restablecer orden, no entienden nada. Lo peor de todo es que, cuando veíamos al primer ministro en la televisión, teníamos la impresión de que hablaba de nosotros como si fuéramos extraterrestres. ¿Sabes qué?: Para esa gente, nosotros no somos franceses. Seguimos siendo árabes".

La excepcionalidad de la medida, la connotación histórica que la acompaña, es decir, la guerra de Argelia, desencadenó sentimientos encontrados. En un editorial de primera plana, el vespertino Le Monde escribió: "Exhumar un texto de 1955 equivale a enviar a los jóvenes un mensaje de una brutalidad escalofriante. A 50 años de diferencia, Francia los sigue tratando como a sus abuelos". En efecto, 50 años atrás esa medida fue aplicada para responder a las manifestaciones contra la guerra de Argelia. Los enfrentamientos dejaron entonces decenas y decenas de muertos. En la Asamblea, el jefe de gobierno reconoció que restablecer el orden "tomará su tiempo" y justificó el recurso a esa medida debido a "las bandas estructuradas" y a la "criminalidad organizada". De Villepin habló de una "Francia herida" y "bajo el poder de la inquietud". El ex primer ministro socialista Lionel Jospin juzgó que la política del gobierno no estaba basada "en la igualdad". Jospin advirtió que recurrir a una ley de 1955 "no era el mejor de los signos" y puso de relieve el hecho de que, según él, había un "gran contraste entre lo que se anuncia en el campo de la represión y lo que se dice para enfrentar el gigantesco malestar social".

Crónica de los barrios en llamas, entre el asombro y los lamentos

Por Eduardo Febbro, Página/12, desde Aulnay-sous-Bois, La Courneuve y Sevran

"Estos chicos no quieren oír nada. Por más que les hablemos, que intentemos hacerlos entrar en razón, no hay caso. Nos dicen: nosotros queríamos estudiar, no nos dejaron. Después quisimos trabajar, no nos contrataron. Después vino Sarkozy (el ministro de Interior) y dijo que había que limpiar los barrios. Eso quiere decir: ¡negros y árabes, afuera! Bueno. Lo quemamos todo. Las escuelas, porque no nos aceptaron, las empresas, porque no nos dieron trabajo." Jean Pierre resume con lágrimas en los ojos lo que los muchachos de Aulnay-sous-Bois les dicen a las "brigadas blancas" que intentan hacer que los más jóvenes se queden en sus casas: "Es irremediable. El odio sale de sus bocas como una flecha envenenada". El hombre reside en Aulnay-sous-Bois desde hace un cuarto de siglo y está acostumbrado al lenguaje y a la cultura de esos chicos. "Pero esta vez hay un muro de incomprensión que se ha instaurado entre nosotros, incluso entre viejos vecinos. No podemos hacer mucho. Los padres, a menudo gente sin trabajo, no tienen ninguna autoridad sobre sus hijos. Ellos no les obedecen. De alguna manera, también los desprecian."

Jean Pierre recorre con el auto algunas zonas de Aulnay que parecen barrios de Bagdad después de la invasión de las tropas norteamericanas. Cuando pasa delante de una modesta pero coqueta residencia señala el auto incendiado que aún está estacionado en la puerta. "¿Sabe quién lo quemó?", pregunta azorado. Y responde, agarrándose la cabeza: "Sus propios hijos". El panorama de Aulnay-sous Bois es indescriptible. Todos los centros neurálgicos de la comuna han sido afectados. Por más "espontánea" que haya sido, la violencia parece responder a una estrategia meditada.

Además de escuelas, guarderías y comercios, los centros económicos neurálgicos de la localidad fueron devastados. Un responsable de la municipalidad cuenta que, hace unos días, recibieron varios llamados telefónicos para advertir que "el corazón de Aulnay-sous-Bois iba a ser destruido". "Claro –admitió–, pensamos que iban a atacar la comisaría o la municipalidad. El centro es ése. Pero no. Nos dimos cuenta tarde. Quemaron el taller de Renault, donde trabajan cien personas, y otras empresas y depósitos más. Haga la cuenta. Hay ahora centenas de personas sin trabajo. Nos hirieron en el corazón, pero también se hirieron a ellos mismos. Muy a menudo, en esas empresas destruidas trabajaban sus padres o sus hermanos."

Es una tragedia. La descripción que hacen los responsables policiales de los comandos es muy astuta. Uno cuenta que, en los primeros días de la sublevación, los muchachos compraban combustible en las estaciones de servicio. Después, la venta fue autorizada sólo para los autos. Inútil. Los jóvenes conseguían un vehículo, llenaban los tanques y después distribuían la gasolina para fabricar bombas molotov. Los especialistas explican también la amplitud de los estragos por la rivalidad de las bandas de los barrios. Un policía explica que "una banda quemaba un depósito y la otra quería hacerlo mejor. Entonces quemaban dos. Hemos visto cosas increíbles. Por ejemplo, los muchachos marcan sus territorios de manera cabal. Hay barrios por los cuales los residentes de otras zonas no podían pasar. Son las famosas zonas ‘privadas’ que viven bajo la autoridad de un grupo. Pues bien, con los disturbios eso cambió. Las bandas se autorizaban a operar en el territorio de la otra para que no pudiéramos detectar sus movimientos". La policía entendió muy tarde por qué, repentinamente, los carritos de los supermercados desaparecían por decenas. Los muchachos los robaban de día para cargarlos con piedras. "Se paraban delante de nosotros y nos inundaban a pedradas. Habían preparado con mucha antelación las acciones. Nosotros intentábamos hablar con ellos, pero ellos nos decían: le estamos haciendo la guerra a Sarkozy."

Frente a la amplitud de los motines, los habitantes de Aulnay, Sevran, Clichy-sous-Bois o la Courneuve decidieron crear comités de vigilancia. "Es la única manera de disuadir a los violentos. Saben que estamos acá y que, si vienen, va a haber problemas", dice Micheline, un vecina del populoso barrio de La Courneuve. Fue precisamente allí donde Nicolas Sarkozy habló de "limpiar los barrios con soda cáustica". La ONG SOS Racismo instauró un emblema para entablar el diálogo: bandas blancas atadas en el brazo. Con ese método, SOS Racismo quiere "construir un puente, aplacar las tensiones mediante el intercambio de ideas. A veces, si conseguimos que los jóvenes expresen su odio, sus frustraciones, es ya una victoria. Sabemos que volverán más tranquilos a sus casas", cuenta un responsable local.

En La Courneuve, el diálogo es difícil. Rondas nocturnas de los vecinos, bandas blancas, comités ciudadanos de disuasión, la sociedad civil intenta elaborar sus propias soluciones. Los vecinos hacen guardia por la noche, "armados" con teléfonos portátiles, matafuegos, cámaras de video y mucha buena voluntad. "Armas no, a eso no llegamos. Mi marido monta guardia pacíficamente en la vereda con otros hombres y cuando vienen los jóvenes tratan de alejarlos por las buenas", explica Micheline.

Los últimos doce días han traumatizado a todo el mundo y muchos habitantes piensan seriamente en partir. Robert, un jubilado de 68 años, se preocupa por sus hijos y sus nietos. "He vivido entre inmigrados, árabes, africanos y otras nacionalidades durante muchos años sin ningún problema. Pero ahora me voy a ir. ¿Dígame, para qué me voy a quedar? Esto es como una maldición. ¿Qué empresa querrá instalarse aquí después de lo ocurrido? ¿Qué patrón va aceptar contratar a alguien que vive en esos barrios? Es una condena. Ese ministro de Interior que tenemos lo único que ha hecho fue envenenar nuestra vida."

El ministro de Interior no está convencido de que su política haya sido errónea. Al contrario. Insiste en publicitarla. Como no puede hacerlo públicamente por razones de disciplina gubernamental, el equipo de Nicolás Sarkozy elaboró un sistema muy hábil: a través de internet. Su equipo creo un "link publicitario" en el motor de búsqueda de Google. Basta con escribir "Sarkozy" en Google e, inmediatamente, el motor de búsqueda desemboca en una página especial, es decir, un mensaje que dice: "Disturbios en los suburbios. Apoye la política de Nicolas Sarkozy para restablecer el orden".

El drama y la tragedia rondan en el cielo francés. Pero el ministro sólo piensa en el sillón presidencial.

Recordando la noche negra

Por Leonard Doyle, The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12. Traducción: Celita Doyhambéhère.

Hasta ahora la policía francesa respondió con llamativo control a las noches de incendios y disturbios en todo el país. Consciente de que un cachiporrazo demasiado fuerte sobre la cabeza de un joven o peor, un joven manifestante muerto por la policía, añadiría combustible a la ya incendiaria situación, han tratado en gran parte de evitar el uso de la fuerza bruta para terminar con la anarquía. La policía francesa está irreconocible, desde la respuesta de mano dura hacia los manifestantes que se viera en los años anteriores, ni hablar de las protestas estudiantiles de 1968.

Pero la decisión del gobierno de adoptar medidas de emergencia para reforzar el toque de queda con una ley originalmente aprobada para combatir la violencia en Argelia en su guerra de independencia contra Francia aumentaría los riesgos considerablemente. Una editorial de Le Monde advertía ayer que la decisión del gobierno de resucitar una ley draconiana de 1955 enviará un mensaje brutal a la juventud descontenta, que 50 años más tarde Francia intenta tratarlos como lo hizo con sus abuelos. El editorial se refería a uno de los episodios más negros de la historia moderna francesa. En la noche del 17 de octubre de 1961, la policía bajo el mando del ministro de Vichy Maurice Papon masacró a entre 200 y 300 manifestantes argelinos. Algunos de ellos fueron lanzados todavía vivos al Sena desde la Plaza de la Concordia, en el centro de la ciudad. La secuencia precisa de los hechos no pudo establecerse nunca, pero en el centro está la acusación de que Papon, el ex ministro acusado de deportar más de 1600 judíos a los campos de concentración nazis durante la guerra, les dio luz verde a los oficiales de la policía para atacar con violencia a los manifestantes y para tirar luego sus cuerpos al Sena.

Después del asesinato de 11 oficiales de la policía a manos de nacionalistas argelinos, se impuso un toque de queda y unos 40.000 argelinos descendieron al centro de la ciudad. En la estación de subte del Puente de la Concordia, la policía comenzó a golpear a la gente con bastones. A Saad Ouazene, entonces un obrero de una fundición de 29 años y organizador del Frente de Liberación Nacional Algerino (FLN), le fracturaron el cráneo. "Vi a la gente caer en charcos de sangre. Algunos fueron golpeados hasta morir." Los cuerpos fueron tirados en camiones y lanzados al Sena desde el Puente de la Concordia.

Daniel Mermet, un locutor de radio que vio la manifestación desde otro puente, dijo: "Los manifestantes fueron atacados por la policía y todos corrieron. Vi cómo un tipo se trepaba al parapeto del puente e intentaba esconderse. Un policía lo vio y comenzó a pegarle. Un segundo policía se le unió y lo golpearon hasta que cayó al agua como una piedra". Unas 50 personas fueron aporreadas a muerte en el patio de la central de policía de París, según un testimonio de un número de policías shockeados. Los informes policiales revelan que Papon, que estaba en la escena y más tarde en el puesto de comando, les dijo a los oficiales de una comisaría que debían ser "subversivos" en la guerra contra los argelinos. "Ustedes estarán cubiertos, les doy mi palabra", dijo. Después de la masacre, docenas de cuerpos fueron recogidos del Sena hasta en Rouen.

Papon, que fue encarcelado en 1999 por complicidad en crímenes de lesa humanidad, fue liberado en 2002. Tiene ahora 95 años y los secretos del 17 de octubre de 1961 lo pueden seguir hasta la tumba.

Segunda noche de incidentes en Bélgica y Alemania

Eliseo Oliveras, desde Bruselas y Gonzalo Cáceres, desde Berlín, para El Periódico, de Barcelona.

Nuevos episodios de violencia urbana se repitieron por segunda noche consecutiva en varias ciudades de Bélgica y Alemania, países vecinos a Francia. Las autoridades policiales belgas intentaron desdramatizar el alcance de los mismos, calificándolos de "hechos aislados", aunque anunciaron el refuerzo de los dispositivos de vigilancia. En Alemania, la quema de automóviles se extendió al este del país.

En Bruselas, tres vehículos fueron quemados en el barrio de Saint-Gilles, donde hay una fuerte concentración de población extranjera. Otro vehículo fue incendiado en el barrio de Forest, mientras que un quinto automóvil fue volcado en el barrio de Anderlecht. Grupos de jóvenes lanzaron también piedras contra la policía en diferentes zonas de la capital, en especial en en el barrio de Saint-Gilles.

En la localidad flamenca de Sint-Niklaas (norte del país), otro automóvil fue pasto de las llamas durante la madrugada. En Lieja, en el este, se produjeron numerosos incidentes y grupos de jóvenes lanzaron botellas incendiarias y piedras contra automóviles y autobuses públicos. Dos menores detenidos por la policía como presuntos autores de incendios de vehículos en la zona de Saint-Gilles fueron puestos en libertad.

En Alemania, en la ciudad oriental de Chemnitz, bautizada Carlos Marx durante la RDA, fueron incendiados tres vehículos y un cuarto resultó alcanzado por las llamas. Los autores de estos desmanes fueron jóvenes alemanes que primero rompieron los cristales de los coches para rociarlos con gasolina y prenderles luego fuego. También incendiaron una casa desocupada.

La investigación policial determinó que los autores de los desmanes fueron dos jóvenes de 18 y 19 años, pero las fuerzas del orden consideran que deben ampliar sus investigaciones para determinar si existe alguna relación con la violencia juvenil en Francia.

Durante la noche del domingo al lunes fueron quemados varios automóviles en Berlín. En el puerto de Bremen, en el norte, unos desconocidos incendiaron un coche y una escuela pública.

El director del Instituto de Investigación de Criminología de la ciudad de Hannóver, Christian Pfeiffer, dijo que "nadie se debería extrañar si los acontecimientos de Francia se trasladan a la otra orilla del Rin". "Las imágenes de autos incendiados cautivan a la juventud y, sin duda, hay muchos jóvenes que encuentran atractivo hacer este tipo de cosas", afirmó el sociólogo.

Violencia en Francia es ejemplo de intolerancia global

Brasilia (AFP)– El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Antonio Guterres, consideró el martes que la violencia en Francia es un ejemplo de la proliferación de la intolerancia en el mundo y denunció la utilización político del discurso del miedo.

"Esto que ocurrió en París es un ejemplo de una problemática más general, que es la intolerancia (...) muchas veces ampliada por factores objetivos, económicos, sociales, de desempleo, situaciones de pobreza y exclusión", dijo Guterres durante una breve visita a Brasil.

"Estamos frente a un clima psicológico a escala global que es una amenaza a la institución de la protección a refugiados", dijo. Se refería a la proliferación de los "sentimientos de intolerancia" en todo el mundo, que consideró "una amenaza a la cohesión social de las sociedades y a la paz mundial".

"El miedo está siendo utilizado como una arma para ganar votos (...) El riesgo de que las opiniones públicas sean totalmente contaminadas por esa irracionalidad, que les lleva a actitudes de desespero, es extremamente grave", dijo Guterres. "Es un problema global que existe en todo el mundo, en el norte, en el sur, en todas partes, la instrumentación del miedo, del odio racial".

Guterres, de nacionalidad portuguesa y que asumió en junio su cargo, denunció esa "aproximación populista que tiende a mezclar en la opinión pública conceptos como inmigrante, refugiado, terrorista, problemas de seguridad, como si todo fuera la misma cosa".

En el caso concreto de Europa, estimó, "existe un problema muy complejo que tiene que ver con la integración de la segunda generación de inmigrantesque tienen un problema de identidad muy grande".

Según él, "eso crea situaciones objetivas en que sean presas fáciles del extremismo. "Una de las cuestiones centrales para viabilizar a Europa como sociedad es garantizar que cristianos y musulmanes puedan vivir en conjunto, armoniosamente", afirmó. Guterres llamó a entablar "un combate global contra la intolerancia".

"Es una cuestión central si queremos que el mundo sea habitable", añadió. Advirtió que "no es un debate de izquierda contra derecha, es un debate de valores fundamentales. Están en juego la convivencia de nuestras sociedades y la paz", dijo.

Pidió ayuda a entidades y políticos, para combatir la intolerancia, y concretamente a Brasil, país al que consideró "un caso ejemplar" en materia de asilo.


Descarga la aplicación

en google play en google play