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Exclusión de minorías amenaza estabilidad en Europa, advierten

None | 10 de Noviembre de 2005 a las 00:00

Quraishy ha recordado además un reciente informe, elaborado por el ex ministro francés Roger Fauroux, que constataba que la discriminación racial contribuye de forma masiva a las dificultades de inclusión profesional de las personas de origen inmigrantes.

La organización ha señalado que Europa tiene que jugar un papel "clave" en la superación de los "ciclos de privaciones y desventajas" a los que se enfrentan muchas comunidades de minorías étnicas.

Por otro lado, los responsables de ENAR han puesto de relieve los lazos que unen el racismo, la discriminación, la pobreza y la exclusión, y ha pedido a los gobiernos europeos que cumplan con sus compromisos para "garantizar la justicia y la cohesión social", así como los "derechos fundamentales en los cambios del contexto social y económico".

Además, los responsables de esta organización han señalado la importancia que los Planes Nacionales de Inclusión tienen en las políticas sociales, y apuntaron que el tratamiento de las comunidades de minorías étnicas constituye un indicador clave.

En España, concretamente, representantes de asociaciones de inmigrantes y ONG como SOS Racismo, CEAR, IEPALA o la Asamblea de Cooperación por la Paz, entre otras, han advertido al Gobierno de que no está aplicando las necesarias medidas de prevención para que en un futuro no se reproduzcan incidentes como los que están teniendo lugar en Francia.

La Asociación de Trabajadores Inmigrantes Marroquíes de España aseguró que en este país se puede llegar también a la situación francesa si no se hace nada y pasan 10 ó 15 años centrando la atención exclusivamente en el enfoque de seguridad.

Cede violencia, sube represión

Francia sufrió su decimocuarta noche de violencia callejera, mientras desataba polémica la decisión del ministro de Interior, Nicolas Sarkozy, de expulsar a todo aquel extranjero que haya sido condenado por actos relacionados con la violencia callejera.

La decisión fue denunciada de inmediato por las asociaciones de derechos humanos, antirracistas y de ayuda a inmigrantes y por la oposición de izquierdas. Para las asociaciones, esta medida "escandalosa", "demagógica" y "peligrosa" equivale a la "doble pena", que el propio Sarkozy había eliminado, y, según la Liga de Derechos Humanos, es además "ilegal" por ser una expulsión "colectiva".

Por su parte, el Partido Comunista llamó a "las fuerzas democráticas a resistirse a esta deriva autoritaria", y los Verdes denunciaron una "nueva provocación" por parte del ministro que convierte a los inmigrantes en "un chivo expiatorio fácil".

La ola de violencia perdió fuerza el miércoles, y el número de autos incendiados se redujo casi a la mitad, dijo la policía. Pero los jóvenes rebeldes, desafiando el estado de emergencia, atacaron negocios, un depósito de diarios y una estación ferroviaria.

El estado de emergencia por 12 días, que entró en vigor el martes por la noche, abarca París, los suburbios y otras 30 ciudades desde el Mediterráneo hasta la frontera con Alemania y hasta Ruán en el norte, ofrecen un indicio de la amplitud alcanzada por los incendios y disturbios en casi dos semanas.

Hasta ahora, las autoridades de únicamente cinco de los 25 departamentos donde se autorizó a decretar toques de queda lo han llevado a la práctica. En la ciudad turística de Niza, sobre la Riviera, se impuso el toque de queda para los menores de edad, así como el cierre de bares entre las 22 y las 5 durante los próximos 10 días.

Mientras, en una localidad de Seine-Saint-Denis, a las afueras de la capital gala y donde empezó la ola de disturbios el pasado día 27, unos 200 manifestantes se manifestaron contra la ola de violencia y el toque de queda (que no ha sido impuesto en ninguno de los departamentos de la región de París), en un acto convocado por la izquierda. En Amiens, grupos de izquierda han llamado a manifestarse mañana contra el toque de queda.

La decimocuarta noche de disturbios callejeros en Francia se ha saldado con 482 coches quemados y 203 detenciones, lo que supone un descenso "importante", según la policía, respecto a la noche precedente.

El director general de la Policía Nacional, Michel Gaudin, comparó esos datos, recogidos en una noche durante la que se decretó el toque de queda en localidades de cinco departamentos -en particular de la Costa Azul- con los 617 vehículos calcinados y los 280 arrestos de la noche del martes al miércoles.

Gaudin subrayó que la disminución de los destrozos en esta decimocuarta cuarta noche de altercados fue particularmente significativa en la periferia de París, donde se contabilizaron 95 coches quemados, frente a los 150 de la noche precedente, en la que la reducción también había sido muy importante.

Por lo que respecta a los arrestos, desde el inicio de los disturbios el 27 de octubre la policía ha realizado un total de 2.033.

La región de Alsacia (noreste) fue una de las zonas más castigadas en las últimas horas por la oleada de violencia, con unos 40 coches calcinados, la mitad en la capital, Estrasburgo.

En la ciudad de Belfort, muy próxima a Alsacia, una escuela maternal resultó parcialmente destruida por el fuego provocado por un cóctel molotov. Dos personas fueron detenidas por ese hecho.

En el oeste del país, hubo de nuevo disturbios y destrozos en ciudades como Ruán, Le Havre, Nantes, Rennes, Caen, Tours o Quimper, con decenas de coches incendiados.

Un colectivo de asociaciones vecinales de barrios periféricos recibido anoche por el primer ministro francés, Dominique de Villepin, ha convocado para este viernes una 'marcha por la paz' y por el fin de la ola de violencia, que, de momento, parece remitir.

El colectivo, que agrupa a 155 asociaciones, ha invitado a los franceses a manifestarse con un pañuelo blanco en la mano a partir de las 15.00 horas del viernes, festivo en Francia por el Armisticio de la Primera Guerra Mundial, desde la Plaza de la Concordia hasta el Arco del Triunfo, a lo largo de la avenida de los Campos Elíseos.

En su convocatoria, el colectivo lanza un llamamiento a favor de que vuelva la calma y del "respeto a la ley", y pide al presidente francés, Jacques Chirac, y al Gobierno conservador de Villepin la "lucha eficaz contra todas las formas de discriminación que sufren cotidianamente".

Mano dura con los extranjeros en Francia

Por Eduardo Febbro, desde París, Página/12

La tragedia de la sociedad francesa ya tiene un primer culpable castigado. A la decimotercera noche de disturbios, el ministro francés de Interior, Nicolas Sarkozy, sacó de la manga una dura medida contra los extranjeros involucrados en los disturbios de las últimas dos semanas. El titular de la cartera anunció que había pedido a los prefectos –en Francia son los representantes del Estado en las regiones– que se procediera a la expulsión de los extranjeros arrestados y condenados por su participación en los disturbios. Sarkozy precisó que las expulsiones concernían tanto a los extranjeros sin permiso de residencia como a aquéllos con papeles en regla. El ministro reveló que un total de 120 extranjeros habían sido condenados hasta ayer. La decisión, que alcanza tanto a los ilegales como a quienes tienen los papeles en regla, fue tomada por el ministro de Interior, que busca reposicionarse así ante De Villepin, el primer ministro que brega por una solución "social" del estallido. Organizaciones sociales y partidos de izquierda repudiaron la medida.

Sarkozy, eximio jugador con la sensible variable de los extranjeros en Francia, apunta claramente a quienes parece considerar como elementos centrales de las revueltas en los suburbios. El oficialismo socialista no abrió aún la boca, pero una de sus corrientes internas, el Nuevo Partido socialista, denunció la "estrategia política de la provocación" encarnada por el controvertido ministro. Más de 30 asociaciones y partidos políticos se sumaron a la denuncia de esta medida cuya lectura, al menos en ciertos estratos de la sociedad, será unívoca: son los extranjeros quienes desestabilizan la sociedad. En un comunicado conjunto firmado, entre otros, por la CGT, Attac, Derecho a la vivienda, el Partido Comunista, el Sindicato de la Magistratura y los ecologistas, las asociaciones y partidos alegan que "más allá de la desigualdad manifiesta del procedimiento, Nicolas Sarkozy continúa tomando a los extranjeros como chivos expiatorios. De esta manera, confiesa que, lejos de estar abolida, la doble pena sigue en plena actualidad".

Es notoria, por otra parte, la ausencia de reacción "vertical"de la dirigencia del PS. El único líder de peso que se pronunció ayer fue el intendente de París, el socialista Bertrand Delanoë, quien llamó "al conjunto de las fuerzas democráticas a resistir a esa dirección autoritaria".

La sanción anunciada por el ministro implica una inflexión de su propia política. Hasta ayer, Sarkozy se había pronunciado en contra de la llamada "doble pena" que consiste en, por un lado, castigar un delito con penas de cárcel y, por el otro, expulsar al extranjero que lo cometió. La Liga de los Derechos Humanos, el Movimiento contra el Racismo y por la Amistad entre los Pueblos y Tierra de Asilo condenaron igualmente el recurso a la doble pena. La Liga destacó que ese tipo de expulsiones colectivas no está autorizado por la Convención Europea de los Derechos Humanos. "Consideramos que el gobierno cae en la ilegalidad", dijo Jean-Pierre Dubois, presidente de la LDH.

Resulta evidente que el titular de Interior utiliza el argumento de los extranjeros con el fin de ocupar el espacio político que perdió frente al primer ministro. Dominique De Villepin tomó en sus manos la gestión de la crisis de los suburbios luego de los excesos verbales de Sarkozy que fueron la leña que alimentó el fuego de la rebelión. Incluso si De Villepin desenterró una simbólica disposición de ley de 1955 que permite proclamar el toque de queda, el premier francés impuso su aristocrática "mesura" frente al espasmódico perfil de su ministro de Interior.

La victoria de De Villepin es, con todo, de una incierta fragilidad. La violencia disminuyó en las últimas 48 horas, pero nada permite aún afirmar técnicamente que ello es una consecuencia del toque de queda. Además, los prefectos e intendentes se han mostrado escépticos en cuanto a su impacto y recurrieron a ella de forma muy minoritaria. De las 750 zonas difíciles, 309 conocieron disturbios violentos y sólo cinco proclamaron el toque de queda.

Aunque fue una de las zonas más afectadas por la explosión social, ningún responsable de los departamentos de la periferia de París creyó oportuno tornarla vigente. Por otra parte, el gobierno se dotó de un abanico suplementario de disposiciones represivas aplicables en los siete departamentos de la periferia de París y 29 ciudades: arresto domiciliario de los sospechosos, registro de las casas y supervisión de las publicaciones que pueden incitar a la violencia. El martes por la noche, sólo se incendiaron 617 autos contra más de 1100 la noche precedente.

Fragilidad e incertidumbre recorren Francia. Resulta notoria la ausencia de posición fuerte de los socialistas. El partido de François Hollande no parece encontrar la "medida" adecuada con que modular su respuesta. Mientras los comunistas, los trotskistas y los verdes embisten sin ambigüedad al Ejecutivo, el PS se limitó a tímidas condenas sin proponer una solución de recambio.

Divisiones y hastío radical

"Yo, si fuese el gobierno, los habría barrido a todos". El hombre dejó la copa de vino y miró al cliente que estaba a su lado. Este, con rostro enjuto, dijo: "Yo los habría mandado a todos a un campo de concentración". Con el correr de los días y el recuento de las destrucciones masivas –casi 7000 autos quemados hasta ayer, decenas de guarderías, comisarías, empresas y demás instituciones del Estado–, la sociedad francesa se ha radicalizado "verbalmente". El apoyo al toque de queda decidido por el presidente francés es aplastante: 73 por ciento a favor. Sin embargo, si la verbalidad es guerrera, los actos, en el terreno, no lo son. En las 750 "zonas urbanas sensibles" del país las armas de fuego no son una metáfora. No obstante, no se ha registrado ningún acto de venganza o de autodefensa que implicara a los habitantes de los 300 suburbios sacudidos. El gobierno, a su vez, ha dado instrucciones medidas a la policía.

El presidente Jacques Chirac y su gobierno actúan en un marco histórico de "obsesión". En 1988, en plenas protestas estudiantiles por un controvertido proyecto de ley de reforma del sistema universitario, un cuerpo especial de la policía mató salvajemente al joven Malik Usekine en una céntrica calle de París. Esa muerte pesó en el resultado de las elecciones presidenciales del mismo año y sigue pesando hoy. Se trata de evitar todo exceso policial que podría acarrear un fenómeno de "bola de fuego" que acabaría con muchos muertos y el incendio de las urnas.

Con todo, la utilización del toque de queda radicalizó los campos políticos, tanto los de la oposición socialista como los de la mayoría conservadora. Hoy se sabe que el ministro de Interior, Nicolas Sarkozy, estaba en contra de esa ley. El titular de la cartera la juzgó "demasiado dramática" y hubiese preferido acrecentar la presencia policial en los suburbios agitados. Algunos jefes e intendentes de la mayoría gobernante también criticaron el toque de queda. Existe una suerte de línea entre los políticos parisinos y aquellos que tienen responsabilidades locales, es decir, que se encuentran confrontados a las demandas diarias de la población. Así por ejemplo, Pierre Cardo, diputado e intendente de una localidad de la periferia de París, dijo: "Los responsables que toman esas decisiones no viven entre nosotros. Yo prefiero el diálogo al toque de queda". Los socialistas también se mostraron radicalizados al menos en su manifiesto silencio "oficial". Sólo un puñado de líderes de la rosa impugnó la medida. El intendente de París, Bertrand Delanoë, la juzgó "desproporcionada", mientras que el ex ministro socialista de Cultura Jacques Lang se preguntó si era realmente "necesario utilizar un arsenal ligado a las guerras coloniales para aplicarlo en los barrios donde se encuentran los hijos y los nietos de la colonización".

Marie-Noëlle Lienemann, ex ministra socialista del la Vivienda, acusó al gobierno de "coqueteo con la extrema derecha". Gilbert Roger es uno de los principales concernidos por esta disposición. Roger es el intendente socialista de Bondy, una de las ciudades de Saint-Denis más afectadas por la violencia. El responsable municipal se negó a decretar el toque de queda porque, según él, "no se puede resolver la crisis social mediante una ley de excepción".

Las famosas frases pronunciadas por Sarkozy cuando trató a los habitantes de los suburbios de "escoria" y prometió limpiarlos con "soda cáustica" todavía pesan en la conciencia nacional. Ello explica en mucho la prudencia con que los intendentes y los prefectos han aplicado el toque de queda: de las 300 localidades concernidas, sólo 30 lo han impuesto. En una aplastante mayoría, los intendentes han optado por el diálogo. Patrick Jarry, intendente comunista, pidió al gobierno "un esfuerzo en el respeto por estos barrios". Los intendentes conservadores juegan la carta de la solidaridad, pero se muestran más que circunspectos. Georges Mothron comentaba que esa medida "muestra una determinación y puede calmar los ánimos, que es precisamente lo que la población espera". Mothron, desde luego, no instauró el toque de queda en su comuna. Los intendentes temen que la disposición se vaya convirtiendo en una provocación suplementaria y que, por consiguiente, engendre una respuesta aún más violenta.

Una organización vía web

Instrumento de organización, de contacto, de acuerdos y de manifestaciones, internet desempeñó un papel central en el desarrollo de la crisis francesa. Su utilidad ha sido tal que, luego de una semana de disturbios, los servicios secretos franceses "trasladaron" las técnicas aplicadas a la lucha antiterrorista a la observación de los portales de Internet de los suburbios. La sublevación francesa posee una característica muy particular: el movimiento no tiene líder, ni organización estructurada, ni exigencias sociales, ni agenda, ni rumbo fijado. Sólo existen dos formas de sentir lo que ocurre en las ciudades dormitorio: el testimonio directo y lo que narran los "blogs" en Internet.

Durante la segunda semana del estallido, los jóvenes convocan a través de los blogs a "asaltar París" y "destruir los barrios burgueses" como el de la célebre avenida de los Campos Elíseos. Eso nunca ocurrió. Cyril Fievet, redactor en jefe del portal pointblog.net, dijo: "El lazo entre los blogs y los disturbios es o inexistente o muy débil". Lo único que la policía encontró de concreto fue ese llamado a destruir la capital francesa. Tres jóvenes fueron arrestados. Con todo, Fievet pone de relieve un detalle central: "Los blogs sirven para que la verdad pase de otra manera. Por ejemplo, en los blogs aparecen fotos que no se ven en la prensa. Ahí se publican las imágenes donde aparecen los autos incendiados y, en el fondo, la policía". Loic Le Meur, vicepresidente de la empresa Six Appart, editora de webblogs, constata que una " mayoría de blogs pide un retorno a la calma". Le Meur señala que "los blogs permiten comprender el malestar. En ellos los jóvenes se expresan de otra manera que cuando arrojan cócteles molotov".

La miseria y el gusto por la "respuesta" frontal a las situaciones que se viven en el terreno constituyen el contenido común de los blogs de los suburbios. Uno, firmado por TNT, dice: "La policía nos provoca, abren fuego contra nuestras mezquitas, ataca a nuestras familias. Tenemos que reaccionar". Hace cuatro días, el blog de Hardcore decía: "Los hijos de las periferias más pobres de Francia no morirán solos en las esquinas". El blog de Tonnerre se queja por la dirección que tomó la violencia: "Qué absurdo. Estamos contra el Estado que nos marginó y quemamos las escuelas y las guarderías adonde van nuestros hermanos. Paremos esto. Nos estamos suicidando". Djamel responde a ese mensaje diciendo: "Hemos abierto los ojos de Francia. Tengamos cuidado con no abrir heridas porque perderíamos el beneficio de nuestra lucha. Hermanos, por favor, regresen a sus casas. Formemos un movimiento para que nos escuchen. No podemos ser únicamente los que rompemos todo. También tenemos un lenguaje e ideas que expresar".

Seis voces para una sola muerte

The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12. Traducción: Virginia Scardamaglia.

La muerte de la primera víctima de la ola de violencia que recorre Francia en el relato de seis protagonistas de la historia. Una historia que se repite por miles en la periferia de París.

El suburbio Stains de París fue escenario de la primera muerte por los disturbios a lo largo de Francia, cuando el trabajador de autos jubilado Jean-Jacques Le Chenadec fue golpeado en la cabeza mientras intentaba sofocar la violencia de los jóvenes afuera de su edificio. Los siguientes son seis testimonios de habitantes de esa banlieue chaude ("suburbio caliente") que construyen un relato coral sobre la tragedia detrás de los incendios y la confusión.

La víctima

Jean-Pierre Moreau, de 67 años, es un custodio de edificio que estaba con Le Chenadec cuando ambos fueron atacados afuera del edificio de departamentos por un hombre con una pandilla de jóvenes, dejándolo necesitado de un cuello ortopédico y a su amigo, mortalmente herido.

"Aquellos que hicieron esto fueron cobardes. El chico que golpeó a Jean-Jacques se acercó encorvado, escondiendo su cara en su capucha. No me importa ni su color ni sus creencias. Quería mostrarles a sus amigos que él era el hombre adulto, que podía mandar en las calles, estar en control de algo para variar. Bueno, miren lo que sucedió, mató a un hombre. Despojó a una familia de su padre, esposo o hermano".

El comerciante

Aiche Mohammed, de 64 años, atiende un almacén cerca del lugar donde Le Chenadec fue atacado. Llegó a París desde su Argelia natal en 1969.

"Si quieren saber por qué los jóvenes están quemando autos y tirando piedras, entonces no miren más lejos que en las escuelas. Cuando mi hijo tenía 17 años y se estaba preparando para su examen final el año pasado, su profesor le dijo que no comprara ningún libro porque no tenía sentido, de todas formas no iba a tener una carrera. Esa es la naturaleza de la banlieue. Los profesores les dicen a los jóvenes que no tienen futuro. Tiene un efecto negativo para los negocios y los lugares donde trabajan. Para los jóvenes, bueno, es un vecindario pobre y no se les da ninguna razón para creer que lo pueden mejorar, ni para ellos ni para ningún otro. Entonces queman cosas para tener un poco de diversión. No es ni siquiera político".

El pandillero

Mohammed Berfan, de 16 años, ha vivido en Stains toda su vida. Afirmó haber visto a amigos involucrados en incineraciones de autos.

"Los keufs (policías) nos hacen pasar malos ratos. Si sos atrapado en un chequeo de identidad, entonces podés estar allí por dos horas mientras te preguntan de dónde venís. Vengo de aquí, soy francés, pero eso no cuenta para ellos porque mis padres son argelinos".

"Por supuesto que tengo amigos que participaron (en los disturbios). Es una especie de cosa competitiva, cada vecindario muestra lo que puede hacer. Un colectivo es lo mejor que se puede conseguir, se obtienen los máximos puntos si se lo prende fuego. Lo que le sucedió al hombre que murió aquí no está bien, pero ésta es nuestra vida. Todavía estoy en la escuela, pero no sé por cuánto tiempo más me voy a molestar en ir".

"Sarko (el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, que calificó a los manifestantes de "escoria") debe renunciar. Hasta que lo haga, esto va a continuar. Pero no creo que las cosas mejoren, habrá un poco de calma, luego el próximo disturbio persuadirá a los medios y a los políticos por un tiempo. Luego desaparecen de nuevo, hasta la próxima vez".

La madre

Natacha Larive, de 34 años, es una mujer de negocios y madre de dos adolescentes. Es oriunda de Martinica, y vive en Stains desde 1989.

"Lo primero que hice esta mañana fue manifestar mi respeto a la viuda de Le Chenadec. Fui a verla, a darle mis condolencias y expresar mi solidaridad. Mucha gente asume que los banlieues no tienen sentimiento de comunidad, pero esto no es verdad. Estoy enojada con lo que estuvo pasando porque no tiene sentido. Entiendo la frustración de estos jóvenes pero de ninguna manera me simpatizan sus métodos".

"¿Por qué queman los autos que los padres de sus amigos necesitan para conducir al trabajo para ganar el dinero y vestir a sus hijos? Yo mantengo a mis hijos dentro noche y día. Antes, los dejaba salir durante el día, pero ahora no hay duda, como madre quiero que tengan éxito, no que estén afuera eludiendo a la policía. La señora Le Chenadec me dijo que se va de Stains para enterrar a su esposo y vivir en las montañas Vosges. Puedo entender por qué, pagó un precio muy alto. Pero no puedo hacer lo mismo. Aunque pudiera, irse sería dejar que los pandilleros ganen. Dicen que no hay nada que valga la pena aquí. Eso no es verdad, hay gente decente aquí".

El trabajador

Samir Bouhlel, de 42 años, un constructor, vino a Stains desde Túnez en 1985.

"¿Qué quieren decir estos jóvenes cuando dicen que no hay trabajo? Basura. Por supuesto que hay trabajo, pero simplemente no quieren hacerlo; ofrecés trabajo en una construcción y dicen que es demasiado duro. Quieren un trabajo fácil en una oficina o un depósito. Les digo que ésta es la realidad, vivís en la banlieue, tenés padres negros o árabes, nadie te dará un trabajo lindo en una oficina". Si querés avanzar, trabajás y creás tu propia riqueza. Esa es la única forma de obtener respeto. Pero en cambio obtenemos esta ira. Están actuando sin razones: no hay razones para prender fuego un colectivo que tu padre o primo utilizan para llegar al trabajo. Sospecho que los manifestantes quieren ser gente normal, pero la gran falla de Francia es que no saben cómo".

Los alcaldes se rebelan

Por Olivier Bertrand desde Lyon y Nicole Pénicaut, desde París, diario Liberation.

Ni hablar. Para los alcaldes, el toque de queda no es la solución. Incluso en las filas oficialistas, numerosos ediles de comunidades afectadas por la violencia dudan de la eficacia de la medida. Los menos severos consideran que es prematura, los más duros hablan de una "provocación" que puede terminar por envalentonar a los pirómanos.

"No se puede responder a la crisis social con una ley de excepción", subraya Gilbert Roger, alcalde socialista de Bondy (Seine-Saint-

Denis). Para él es "por medio del diálogo y la vía de la inteligencia" que la situación será conjurada. Stéphane Gatignon, alcalde comunista de Sevran (Seine-Saint-Denis) teme que la medida "cree una brecha en la propia población, sobre todo entre jóvenes y viejos".

Al igual que Maurice Charrier, alcalde de izquierdas de Vaulx-en- Velin (Rh"ne), son muchos los ediles que temen el efecto desastroso de la referencia a la guerra colonial. "Cuando veo que la prensa hace amplias referencias a que la medida fue instaurada durante la guerra de Argelia, empiezo a tener miedo de la simbología. No me parece muy responsable", dice.

En Chanteloup-les-Vignes, el alcalde oficialista Pierre Cardo (UMP) opina que el Gobierno "debería haber esperado antes de usar ese cartucho". Cardo no es partidario, a priori, de pedir que se aplique el toque de queda en su localidad, "ya que eso sólo serviría para desplazar la violencia hacia otros lugares".

De todas maneras, los alcaldes de la UMP se han esforzado por mostrar un mínimo de lealtad, al menos para no hacer quedar mal al jefe del grupo oficialista en la Asamblea Nacional, Bernard Accoyer, quien aseguró que la medida había sido "aprobada sin reservas" en sus filas.

Los incondicionales incluso se adelantaron al Gobierno. El alcalde de Raincy (Seine-Saint-Denis), Eric Raoult (UMP), decretó el lunes el toque de queda para los menores de 16 años, de 9 de la noche a 6 de la mañana, hasta el próximo día 30.

El martes, Raoult se justificaba fogosamente en los pasillos de la Asamblea Nacional. "Tengo miedo por mi municipio y tengo miedo por mi familia. ¡No es una toma del poder, no soy Pinochet! Soy Raoult", exclamó el alcalde.

Tres modelos fallidos

Por Antonio Baquero, El Periódico, Barcelona

El ministro francés de Interior, Nicolas Sarkozy, ha decidido seguir aplicando su política de mano dura y de golpes de efecto para poner fin a la violencia urbana en los suburbios. En el ojo del huracán de la crisis, el dirigente anunció ayer a bombo y platillo que ha pedido la "expulsión inmediata" de los extranjeros, con o sin papeles, que sean condenados por su implicación en los disturbios.

Sarkozy anunció incluso que "unos 120 extranjeros, algunos en situación regular, han sido condenados" por los disturbios e informó de que ha solicitado a los prefectos su "expulsión inmediata del territorio nacional". Esos extranjeros figuran entre las 1.800 personas detenidas desde el principio de la revuelta y aún no han sido condenados, reconoció más tarde Interior.

Las prisas de Sarkozy contrastan con la prudencia de los prefectos (representantes del Gobierno), que se muestran más bien reticentes a imponer el toque de queda, a lo que les autoriza el estado de urgencia decretado. Hasta ahora, sólo 6 de los 25 departamentos autorizados han optado por aplicar esta medida de excepción: Seine-Maritime, la Somme, Eure, Oise, Loiret y Alpes Marítimos.

En este último departamento, varias localidades de la Costa Azul están bajo toque de queda nocturno hasta el día 20. En lugares tan conocidos como Niza y Cannes está prohibida terminantemente "la circulación y la concentración" en vías y lugares públicos "de menores no acompañados por un adulto que tenga autoridad legal" sobre ellos.

En Niza y Saint-Laurent-du-Var, una quincena de bares deberán permanecer además cerrados durante el toque de queda, y se podrán efectuar registros domiciliarios, sin orden judicial, a todo sospechoso de "haber cometido o intentado cometer una infracción vinculada a la violencia urbana".

Las reservas suscitadas por el estado de urgencia decretado por el Gobierno quedaron patentes sobre todo en los ocho departamentos de la región de Ile-de-France (región parisiense), incluido Seine-Saint Denis, donde comenzaron los disturbios el 27 de octubre pasado tras la muerte accidental de dos adolescentes que se creían perseguidos por la policía y que fallecieron electrocutados.

Los prefectos de esos departamentos se negaron a implantar el toque de queda, alegando un descenso apreciable de los actos de vandalismo y el temor a que la medida sea interpretada como una nueva provocación por las bandas de chavales que siguen en pie de guerra.

En la noche del martes al miércoles se quemaron 617 vehículos, por 1.173 la madrugada precedente. El número de detenidos fue de 204 (330 el día anterior). Ayer, la policía detuvo a 90 personas por los disturbios ocurridos hasta la medianoche, en los que ardieron 227 coches.

El anuncio de las expulsiones de los extranjeros condenados por la violencia fue aplaudido por la mayoría de la derecha conservadora. Los socialistas, sin criticar abiertamente la decisión, advirtieron de la "deriva ultra" de las decisiones políticas del ministro de Interior.

En el 2003 se había suprimido lo que se conoce como "la doble pena", es decir, que los extranjeros regularizados y condenados, una vez cumplida la pena, fueran además expulsados de Francia.

En opinión de los expertos, la crisis no se resolverá simplemente con más represión y la restauración de las subvenciones que el mismo Gobierno suprimió. El paro y la pobreza "no desaparecerán por decreto", subraya la socióloga Dounia Bouzar. En este contexto, se perfila un debate sobre la inmigración y la integración que hasta ahora tanto la derecha como la izquierda habían evitado, por miedo a fomentar el voto a favor de la extrema derecha.

Seis vehículos incendiados en Bruselas y uno en Amberes

Bruselas – Seis automóviles han sido incendiados esta noche en diversos barrios de Bruselas y uno en Amberes (noreste de Bélgica), mientras que en Brujas (norte) la Policía ha decidido duplicar las patrullas nocturnas tras registrarse tres incendios en papeleras del centro de la ciudad.

En Bruselas los bomberos han tenido que realizar seis salidas entre las 19,00 y las 23,00 horas para controlar incendios en cinco automóviles y un camión en varias zonas de Bruselas, tanto del centro como de la periferia.

El portavoz de los bomberos, Francis Boileau, explicó que además se han registrado diversos incendios provocados de pequeño tamaño en basuras y se lanzaron dos cocteles Molotov en el barrio de Saint-Guido, en Anderlecht (afueras de Bruselas), uno de ellos en una estación de metro, pero no causaron daños. Además, los bomberos han recibido cinco falsas alertas de incendios, informó la agencia Belga.

También en Amberes (noreste), un automóvil fue incendiado en una zona céntrica de la ciudad y, según testigos presenciales, un grupo de cinco personas huyeron del lugar cuando comenzó el suceso. En esta ciudad se han registrado igualmente pequeños incendios que se iniciaron en basureros.

En Brujas hubo esta noche tres incendios provocados en papeleras del centro de la ciudad, que fueron rápidamente controlados, lo que ha llevado a la Policía a duplicar sus patrullas nocturnas.

En la cercana localidad costera de Ostende, dos pequeños incendios provocados causaron daños limitados en dos edificios de una zona comercial muy frecuentada.

Líder derechista francés dice que motines son "sólo el comienzo"

París – Una vez que se apaguen las llamas y se restablezca la calma en los suburbios franceses devastados por los motines, los políticos moderados del país podrían verse enfrentados a un nuevo reto: derrotar al líder ultraderechista Jean-Marie Le Pen.

El político opuesto a la inmigración, que en el 2002 llegó a la segunda ronda de las elecciones presidenciales, piensa que los motines han dado renovado impulso a sus aspiraciones para las elecciones del 2007.

Debido a que muchos de los jóvenes que lanzan piedras y bombas incendiarias provienen de familias de inmigrantes, Le Pen dijo el miércoles en una entrevista con The Associated Press que sus advertencias sobre los efectos negativos para el país de una "inmigración masiva" se han visto confirmadas.

El político dijo que su partido Frente Nacional se ha visto "inundado" por mensajes electrónicos de respaldo y que en él se han inscrito "millares de nuevos afiliados", aunque su secretario nacional para nuevas inscripciones afirmó que la cifra era más bien cerca del millar.

Los votantes piensan ahora que "Le Pen tenía razón", dijo el propio político. "Se nos decía que Le Pen era un extremista porque dijo que los problemas de inmigración ocasionarían desórdenes. Los hechos le han dado la razón".

Prominentes políticos franceses como Pascal Perrineau se mostraron de acuerdo en que los peores disturbios que han sacudido al país desde los motines de mayo de 1968 han beneficiado a ultraderechistas como Le Pen. Si bien muchos votantes franceses rechazan sus políticas xenofóbicas, algunos podrían votar por él a fin de castigar a los políticos del centro del espectro político por considerar que son incompetentes y que no lograron mantener la paz ni reducir el desempleo, que asciende a casi un 10%.

"Que Le Pen vuelva a llegar a la segunda ronda de una elección presidencial es totalmente posible", dijo Perrineau, que dirige el Centro de Investigaciones Políticas de la Universidad de Ciencias Políticas de París. "Que obtenga una mayoría de votos es totalmente imposible".

Por su parte, Le Pen dijo estar resuelto "más que nunca" a postularse de nuevo en el 2007. "Si las elecciones presidenciales fuesen ahora, mis posibilidades (de ganar) serían diez veces mayores", dijo.

Otro político derechista, Philippe de Villiers, trata de aprovechar los motines para ganar popularidad con su consigna "Francia: ¡O la amas o te vas!".

La revuelta de los pobres y el miedo del otro

Por Hugo Moreno, desde París, especial para ARGENPRESS.info

El 29 de octubre pasado, dos adolescentes de Clichy-sous-Bois, en los suburbios pobres del norte de París, encontraron la muerte electrocutados en una central eléctrica. Intentaban así escapar a un banal control policial, uno más de los que padecen en su vida cotidiana.

Pocos días antes, el ministro del Interior, Nicolás Sarkozy, visitando a la luz de las cámaras de TV, otro de los distritos de la región, Argenteuil, había proclamado su decisión de "limpiar au karcher" («utilizado para limpiar grandes superficies») la "escoria" del barrio.

La amalgama sin distinción entre los jóvenes y los delincuentes fue recibida como un insulto mayor, como es normal en una situación general de discriminación, injusticia social y racismo exacerbado. Estos hechos fueron la chispa que encendió la revuelta más violenta que ha conocido Francia desde hace mucho tiempo, transformando el agradable otoño parisino en un verdadero otoño caliente protagonizado por la revuelta de los pobres.

Una parte de la juventud de los barrios populares de Paris está en estado de insubordinación. El movimiento se extendió rápidamente a casi toda Francia. La quema de autos, escuelas, edificios públicos, enfrentamientos con la policía, ataques contra los bomberos, todo confluye hacia una situación realmente dramática. El gobierno presidido por Jacques Chirac -el más reaccionario desde el Estado de Vichy (1940-1944)- acaba de proclamar el "estado de urgencia". Recurre así a una ley de 1955, establecida para reprimir el comienzo de la lucha de los Argelinos por la independencia nacional.

En esta noche del 8 de noviembre, "el toque de queda" se aplica a una buena parte de los barrios pobres de las grandes ciudades francesas. Sus consecuencias son imprevisibles, pero seguramente no van en el sentido de apaciguar la situación.

El discurso represivo del primer ministro, Dominique de Villepin, así como el sostén del presidente Chirac, indican una elección política de consecuencias imprevisibles.

Es posible que estemos asistiendo al entierro del pacto republicano que fundó la Francia moderna, y al comienzo de un nuevo período histórico. Es la primera hipótesis que se puede avanzar sobre la dinámica social y política de la situación actual.

La revuelta de la juventud marginada no es otra cosa que la explosión de una cólera contenida durante mucho tiempo. Esa que se anida en las vidas de los pobres y humillados, sin trabajo, sin techo, sin papeles. Los sin nada, en un mundo pletórico de mercancías no vendidas, ofrecidas por la sociedad de consumo sin que ellos tengan acceso.

Esos miles y miles de jóvenes excluidos, segregados por el racismo de la vida cotidiana y del Estado, extranjeros o franceses en su mayoría -pues la mayoría son nacidos en Francia- hijos y/o nietos de los antiguos colonizados cuando Francia era potencia imperial.

Son los niños o jóvenes que hasta la esperanza han perdido. Descendientes, muchos, de soldados que combatieron en el ejército francés desde la guerra 1914-1918, o por la "Francia Libre" del general De Gaulle; enrolados incluso en la guerra de Argelia contra su propio pueblo. Son hijos o nietos de aquellos, que llegando de la inmigración hicieron funcionar las fábricas, los trenes, la construcción y el comercio durante los "Treinta Gloriosos" años de la post-guerra. Los mismos que viven en los barrios/ghetos construidos para durar quince años y que subsisten cuarenta después, con una tasa de desocupación que dobla o triplica la media general; excluidos del sistema educativo, no tienen trabajo ni pueden alquilar un departamento porque tienen "cara" de árabes o son negros. Los mismos que en cualquier control policial son rebajados, siempre humillados, tratados como potenciales delincuentes. "Clases peligrosas" eran considerados los obreros del siglo XIX. La película de Matthieu Kassovitz, "La Haine" (El Odio), dejó hace tiempo una formidable denuncia/testimonio.

Esa es la parte de la población que estalló, que se puso en marcha con la revuelta de los incendios y los violentos enfrentamientos de los últimos días. Aparte de constatar los daños causados, incluso a su propio espacio vital (barrio, escuelas, autobuses, etc.), habría que preguntarse por qué tanta rabia, de dónde sale esta fuerza desencadenada contra todo lo que sea símbolo de las instituciones del Estado. Las clases privilegiadas hasta deberían quedarse tranquilas, pues sus propiedades y bienes están protegidos de esta cólera y violencia juvenil, al menos por ahora.

Esta situación, que aparece sin salida ni alternativa política, pues ni los chicos en rebelión ni nadie la ofrecen, puede conducir a una catástrofe mayor. No hay interlocutores válidos. Los que queman y se enfrentan con la policía, no se reconocen en ninguna de las expresiones tradicionales de las fuerzas políticas populares, incluida por supuesto las que se reclaman de izquierda. Son "ajenos", por buenas o malas razones, a esa tradición, que tampoco conocen, que no se inscribe en su universo social y cultural. Ni siquiera respetan el antiguo cuadro del círculo familiar, que en gran parte fue destruido por la desocupación, la miseria y la desagregación social. Los referentes son otros, muy diferentes a las generaciones anteriores. Ese es un dato insoslayable.

En cambio, aumenta el peso de la opinión de extrema derecha, fascista y fascistizante, que gana espacios enormes en los sectores de la derecha liberal, incluso en las capas populares. La "lepenisación" del discurso de Nicolás Sarkozy, el ministro del Interior, que acude sin vergüenza a la terminología próxima del jefe del Frente Nacional, Le Pen, es una prueba irrefutable. Algo está oliendo a "podrido" en esta sociedad francesa, enterrando los valores que surgieron con la Revolución de 1789, las revoluciones democráticas del siglo XIX, la Comuna de Paris, la Resistencia y las grandes luchas obreras y sociales, pilares de la Francia moderna.

Confrontada al levantamiento de los suburbios, preocupados por la violencia que quema autos sin tener en cuenta que son de sus propios vecinos, una parte de la población se inclina por el apoyo al gobierno que los margina a ellos mismos, sostiene la represión y hasta se presta para colaborar directamente con las fuerzas policiales en la represión de los "salvajes". La formación por vecinos de grupos de "auto-defensa", estimulada desde el poder, a veces con participación de sectores de la izquierda, es un hecho de una extrema gravedad.

El "miedo del otro" gana una parte de la opinión de los franceses, esos de "pure souche" o que se reconocen como tales, hasta los inmigrantes portugueses que vinieron escapando a la miseria, la dictadura y las guerras del fascismo portugués, y hoy despotrican contra los "árabes" y negros sublevados; considerados "extranjeros" por el color de la piel o la diferencia religiosa. Siempre la misma cosa : el miedo del otro, que se expresa más fácilmente hacia el que más se le parece a uno, como en los tiempos coloniales la violencia se expresaba primero entre los mismos colonizados.

Ese es el peligro que hoy acecha la sociedad francesa. El sentimiento de miedo, que apela a "la seguridad" como valor supremo, conduce así al apoyo a los que tienen el poder, el dinero y las armas. Ese sentimiento es más preocupante que la revuelta del sector juvenil y sus expresiones vandálicas, que lamentablemente son frecuentes. Finalmente, este sector es minoritario aunque estruendoso, y rápidamente se podría controlar si existieran lo que la derecha precisamente suprimió: los interlocutores legítimos. La oportunidad fallida de dar el voto a los extranjeros residentes, promesa incumplida de la izquierda en el gobierno, en 1981, se paga en el tiempo. Es sorprendente también que recién ahora, dos semanas después del inicio del conflicto, el gobierno habla de restablecer las subvenciones suprimidas a las asociaciones barriales, así como la "policía de proximidad", integrada por policías del mismo barrio, o prometiendo empleo para los jóvenes desocupados.

Desde 1995, la derecha neoliberal que privatiza y desmantela el Estado de Bienestar, la protección social, las empresas públicas, no pudo ser parada por diez años de luchas del movimiento social, incluido el rotundo "No" a la constitución europea.

Ahora el gobierno de Chirac-Villepin-Sarkozy, al mismo tiempo que decreta el "estado urgencia", propone crear empleos, favorecer la instalación de empresas, valorizar los interlocutores, reconstruir las habitaciones, etc. Los chicos de los barrios pobres deben encontrar una justificación tremenda a sus actos. Lo que ni el voto, ni las movilizaciones, ni las huelgas obtuvieron, lo logra el "coctail molotov". Si la tragedia no estuviera tan presente, la derecha en el poder no merecería otra cosa que una estruendosa carcajada. Pero los peligros que anidan y acechan en el horizonte no son propicios para la risa, sino para la pena y la bronca. Pues lo que se está quemando en los suburbios pobres son los principios ciudadanos que fundamentaron la Republica, los principios al menos proclamados de "Libertad, Igualdad y Fraternidad". Y no son los jóvenes en rebelión los que los destruyen, que la cuestión quede clara. Son los que mandan, los de siempre, los que detienen el poder y atizan alegremente el fuego con la represión desproporcionada y sus discursos bélicos. También, no hay que desmerecer, sus cómplices políticos y sociales. Esos que se identifican sólo por el "miedo del otro" - invisible, tenebroso, irracional - que votan el partido del "orden". Los nuevos "Versalleses" de los tiempos modernos.

El lenguaje de guerra del primer ministro, Villepin, como el de Nicolás Sarkozy, los dos eventuales candidatos a la presidencial de 2007, se inscribe en este contexto. Tanto uno como otro expresan el temor a ese "otro", que no conocen, que ignoran y desprecian. Con sus paradas arrogantes y belicistas no hacen otra cosa que atizar el fuego.

Sin embargo, es posible que estos pirómanos, aunque tengan miedo, ni siquiera intuyan que en este escenario trágico pueden quemarse las manos, y perder mucho más que sus cargos ministeriales: contribuir al hundimiento de la Republica Francesa.

Puede parecer exagerado, pero no lejos de lo que está en juego en este otoño parisino, gris y húmedo como siempre, aunque alumbrado por los fuegos de la revuelta social. Todo el odio y la humillación que sufrieron sus padres y abuelos, que viven ellos en su vida cotidiana, se expresa en esta revuelta social que sacude Francia. Los que tienen corta la memoria, deberían leer "Los condenados de la tierra" de Frantz Fanon. Aprenderían así muchas cosas sobre la violencia, la relación entre los dominantes y los dominados, los opresores y los oprimidos, esa relación constante en la historia con sus múltiples e inéditas formas de expresión. La época evocada por Fanon era muy diferente, es cierto. Pero lo que pasa en Francia, sin sobrepasar el contexto de un conflicto social grave, contiene elementos muy peligrosos para el porvenir. La barbarie no es siempre aquella que desde el poder se identifica, sino frecuentemente la inversa: la que ejercen los de arriba. Este conflicto puede hipotecar buena parte del próximo futuro. Los que siguen creyendo que la lucha por la democracia, la justicia social y el socialismo tiene un sentido, no pueden menos que tomar partido por la revuelta de los pobres y oprimidos. A veces la forma es brutal, como brutales fueron siempre las revueltas de los condenados de la tierra, pero es un principio político y ético insoslayable.

Motines en Francia recuerdan levantamiento de mayo de 1968

Por Angela Doland, de Associated Press (AP)

PARIS - Los jóvenes amotinados vuelcan automóviles y construyen barricadas. Arrancan adoquines del pavimento y los lanzan contra la policía mientras el mundo los observa atónito: Se trata del París de mayo de 1968, que muchos recuerdan al contemplar los acontecimientos que se desarrollan en el París de hoy día.

Como los estudiantes universitarios rebeldes de hace casi 40 años, los amotinados de hoy son jóvenes, están indignados y utilizan piedras para sus ofensivas. Sin embargo, las similitudes terminan ahí. En lugar de albergar sueños de cambiar el mundo, los amotinados de hoy sienten un profundo malestar social, dijeron historiadores y sociólogos.

Los amotinados de hoy no tienen demandas unificadas ni una estrategia política común ni una organización nacional que los agrupe.

Si bien los estudiantes de 1968 se inspiraron en la historia de Francia -- la barricada es un símbolo de la revolución francesa -- los jóvenes de los suburbios pobres están influidos por una serie de imágenes diversas, desde el levantamiento palestino hasta los juegos bélicos de sus computadoras, dijo un sociólogo.

Esta vez no hay barricadas, pero sí millares de automóviles en llamas que arden bajo la noche.

"El levantamiento (de hoy) ha tomado una forma muy cruda y está carente de imaginación histórica", dijo Jean Pierre Le Goff, sociólogo y autor de "Mai 68, l'heritage impossible" (Mayo del 68, la herencia imposible).

La rebelión se gesta en los edificios altos de viviendas estatales de bajo alquiler, donde los inmigrantes de Africa, muchos de ellos musulmanes, viven con sus hijos nacidos en Francia, en las márgenes de una sociedad que nunca les ha facilitado la integración.

Muchos tienen costumbres, creencias y color de piel diferentes, y luchan con una identidad doble. También enfrentan un elevado desempleo, discriminación y viviendas abarrotadas.

En 1968, los manifestantes eran los herederos de la clase alta, en una époa en que relativamente pocos tenían acceso a la universidad. Los jóvenes se amotinaron para exigir reformas al gobierno francés, denunciar ideas anquilosadas en la educación y los negocios, y expresar a viva voz su oposición a la guerra de Vietnam.

Por el contrario, los amotinados de hoy no tienen voz ni han tratado de explicar sus actos a la sociedad francesa, dijo Le Goff. Se trata de figuras oscuras que corren por las calles lanzando bombas incendiarias, lo cual hace difícil que sus aspiraciones sean comprendidas por quienes viven fuera de sus comunidades.

Los amotinados han incendiado unos 6.500 coches y han quemado escuelas, tiendas y estaciones policiales en trece días seguidos de rebelión. Un hombre murió tras recibir una paliza.

Un muro dentro de la fortaleza

Por Mario de Queiroz, InterPressService (IPS)

Lisboa – Si la Unión Europea (UE) insiste en convertirse en una fortaleza inexpugnable para los extranjeros, difícilmente podrá vislumbrar un futuro promisorio. Así lo establecen tanto los expertos en migraciones e integración como las tercas cifras de natalidad.

Pero, como se está demostrando en estos días de violentas protestas en Francia, sin una política de integración de nada sirve promover una estrategia de inmigración.

Para la analista portuguesa Teresa de Sousa, esta política "debe adaptarse a la nueva realidad del mundo y no la misma de siempre, que hace demasiados años la lleva a fijar en cerca de cero las cuotas de inmigración legal y a combatir por todos los medios, hasta los inadmisibles, la inmigración clandestina".

Dado la baja natalidad en el bloque y las necesidades de mantener al menos el mismo ritmo de crecimiento económico actual, los especialistas calculan que la UE necesitará en los próximos 50 años de una inmigración aunque sea equivalente a los dos tercios de la población de principios de este milenio para que no quiebre el sistema de jubilaciones ni se deteriore la calidad de vida.

En cifras precisas y que se conversan entre los gobiernos de la UE, formada por 25 países a partir de mayo de 2004, esto significa incrementar de los 455 millones de habitantes existentes hasta alcanzar los 700 millones en 2050

Los habitantes de la UE en 2002, entonces de 15 países, se calculaban en 376 millones de personas, 13 millones de las cuales eran de nacionalidad ajena al bloque. Sin embargo, las estimaciones sobre los indocumentados elevaban esa cifra de extranjeros al doble, según el estudio "Flujos migratorios hacia Europa: actualidad y perspectivas" (Cabré, A. y Domingo, A., 2002 . Albor, 678).

En los últimos años han cambiado las áreas de origen y destino. Francia, Gran Bretaña y Alemania, los grandes receptores de inmigrantes en las décadas del 60 y del 70, fueron sustituidos por los países del mediterráneo y sur de Europa. Así, España, Italia y Portugal acogieron a la mitad del saldo inmigratorio neto de toda la UE en 2003.

La contribución de España a la inmigración neta en la Unión Europea fue de 23 por ciento, la de Italia fue de 21 por ciento y la de Portugal de seis por ciento.

Sandra Gil Araújo, socióloga e investigadora española, autora del libro "Movimientos de población en el Mediterráneo Occidental. ¿Un fenómeno o un problema?", apunta en su obra que, en los últimos años, las autoridades europeas habían admitido el fracaso de su política de pretendida "inmigración cero" y comenzaron a revisar las limitaciones impuestas.

Sin embargo, las medidas aplicadas por los gobiernos de Occidente como respuesta a los ataques del 11 de septiembre de 2001 a Nueva York y Washington, volvieron a colocar el tema de las migraciones en el ámbito de la seguridad. La "lucha contra el terrorismo" ha impactado de manera inmediata en las formas de percibir y gestionar la inmigración, subraya la autora.

Según el Foro de Migrantes de la UE, "la causa principal de las olas de migraciones del Norte de África, son el 'diktat' (imposición) económico del Fondo Monetario Internacional, que produce un embargo total sobre el Magreb", la región formada por Argelia, Libia, Marruecos, Mauritania y Túnez, habitada por 76,2 millones de personas y cuya deuda impide inversiones de futuro, como la educación.

El origen de los inmigrantes en Europa en general ha variado de una década a otra. Entre 1950 y 1970 se trataba de africanos y turcos, más adelante de asiáticos, principalmente chinos, y en las últimas dos décadas de latinoamericanos, especialmente colombianos y ecuatorianos con destino a España y de brasileños a Portugal.

En menos de dos décadas, España y Portugal pasaron de ser países de emigrantes a ser receptores de extranjeros, pero manteniéndose los flujos de personas hacia los comunitarios Alemania, Bélgica, Dinamarca, Francia, Gran Bretaña, Holanda, y Suecia, así como a Suiza y Noruega, que no son miembros de la UE.

En términos proporcionales, Alemania ocupa el primer lugar, con una inmigración equivalente a nueve por ciento de su población, seguido de Francia, 7,5 por ciento, Gran Bretaña con 6,6 por ciento. En tanto, Portugal registra 5,9 por ciento de población extranjera residente. La ola de violencia que estalló en Francia y que amenaza con expandirse a otros países europeos, como demuestran los casos ocurridos el martes en Alemania y Bélgica, según los analistas locales, es menos probable que se repitan en Portugal, al menos de manera similar.

El modelo colonial portugués en África, además del rico hacendado o comerciante, al igual que sus vecinas posesiones francesas, inglesas, holandesas o belgas, desde inicios del Siglo XX también incluía emigrantes pobres que normalmente se mezclaban con las poblaciones locales, dando origen a los mestizos luso-africanos, modelo similar al impuesto en Brasil durante 300 años.

La propia pobreza de Portugal comparada con la rica Francia hace también que los llamados barrios sociales no sean exclusivamente de inmigrantes, separados del resto del país, sino donde también viven nacionales excluidos. Una rebelión "a la francesa" sería también seguramente protagonizada por portugueses pobres, vecinos de puerta de africanos y brasileños.

Una posibilidad reconocida en la tarde del martes por el ministro del Trabajo y Asuntos Sociales de Portugal, José Antonio Vieira da Silva, al corroborar que en este país no es probable una réplica del caso francés, sino más bien la preocupación reside en "dar respuestas a los problemas sociales que existen en la sociedad en general".

"En Portugal debemos reforzar las políticas de inclusión social, no por recelo de problemas como los de Francia, sino por razones de justicia y de cohesión de la sociedad", expresó Vieira da Silva, también alto dirigente del Partido Socialista.

Cada una de las realidades que se verifican en la UE presentan matices diferentes en cuanto al nivel tanto de la integración como de la aceptación de los extranjeros en la población local. En la región de París, más de la mitad de la población menor de 15 años es originaria de África, lo que ha dado un vuelco a la cultura de la zona en menos de una generación.

El caso francés ha relegado a segundo plano el desesperado intento de inmigrantes ilegales por ingresar de cualquier modo en los enclaves españoles de Ceuta y Melilla en África,

Allí, como señaló Teresa de Sousa a IPS, "miles de inmigrantes intentaron vencer la barrera de alambre de púas cada vez más alta, que separa África de Europa". Además del caso español, De Sousa calificó de "hipocresía europea en todo su esplendor" dos casos recientes ocurridos con inmigrantes en Holanda e Italia. "Vimos a 11 inmigrantes clandestinos morir carbonizados en el aeropuerto de Amsterdam, donde estaban enjaulados a la espera de su inevitable reenvío a sus países de origen", indicó.

También en la reciente visita del Alto Comisario de las Naciones Unidas para los Refugiados a la isla italiana de Lampedusa, Antonio Guterres "vio lo que no le gustaría haber visto: 700 detenidos en un centro preparado para recibir 190 personas".

La analista, licenciada en Economía en Paris y redactora del diario Público, de Lisboa, predijo a IPS que "el mayor riesgo es que historias como éstas, van a repetirse inexorablemente hasta que comencemos a considerarlas banales".

"Algo más inteligente y más humano debe ser hecho. Abrirse a más gente es de propio interés de la UE, a no ser que quiera a corto plazo, ser la región del mundo más envejecida y decadente, incapaz de sustentarse a sí misma, a su tan elogiado y envidiado 'Modelo Social' y ver su economía transformada en un museo del siglo XX en pleno siglo XXI", añadió.

De Sousa aseveró que "el proteccionismo no es ciertamente la vía, ni en la economía ni en la inmigración. Una Europa (transformada en una) fortaleza hace mucho tiempo que dejó de ser una opción".


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