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Costa Rica conmocionada por asesinato de agentes yankis

None | 8 de Diciembre de 2005 a las 00:00

La muerte del pasajero costarricense a manos de agentes especiales estadounidenses en Miami abre interrogantes sobre las estrictas medidas de seguridad implantadas por EEUU en los aeropuertos para luchar contra el terrorismo.

Según las autoridades, Alpízar "dio a entender que tenía una bomba". La policía confirmó posteriormente que no encontró ninguna bomba y excluyó que se tratara de un caso relacionado con el terrorismo.

El hecho ocurrió este miércoles en el aeropuerto internacional de Miami, momentos antes de despegar el avión en el que el hombre viajaba con destino a Orlando (Florida), donde residía.

Jeanne Jentsch, cuñada de Alpízar, este jueves a periodistas una escueta declaración en nombre de toda la familia en la que calificó al infortunado de "amante, gentil, cariñoso y bondadoso esposo, tío hijo y amigo. Será tristemente extrañado por todos quienes lo conocían".

Por su parte, John McAlhany, pasajero del vuelo 924 de American Airlines, en el que produjo el tiroteo afirmó que no creía que Alpízar "estuviera armado ni que tuviera una bomba. No creo que debieron dispararle. Espero que no hayan cometido un error". McAlhany, como muchos de los 118 pasajeros del avión, se quejó además por el excesivo rigor de las autoridades que los mantuvieron "horas inmovilizados con las manos sobre la cabeza".

Las declaraciones de otros pasajeros después del incidente, indican también que el hombre no dijo que tenía una bomba sino que estaba en un estado de extrema agitación antes de ser tiroteado.

Mike Irizarry, señaló a canales de TV locales que solamente oyó a Alpízar gritar que tenía que abandonar el avión y que lo vio levantarse y correr por el pasillo del aparato hacia la salida.

Asimismo, Mary Gardner, otra de las testigos, agregó que vio cómo Alpízar corría "frenéticamente" hacia la salida del aparato y que escuchó a una mujer gritar "es mi esposo. Es bipolar". La bipolaridad es un trastorno de la personalidad caracterizado por lapsos maníaco depresivos que van desde estados depresivos hasta los eufóricos.

La Casa Blanca salió al paso de las críticas y defendió el comportamiento de los agentes al señalar que estos actuaron "de manera adecuada a su entrenamiento. No creo que nadie quiera ver que se llega a una situación como ésta, pero los agentes parecen haberse comportado de acuerdo con el entrenamiento exhaustivo que habían recibido", dijo el portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan,

Las autoridades informaron asimismo de que los dos agentes que participaron en el incidente se encuentran con "permiso administrativo mientras dure la investigación del caso".

El cónsul de Costa Rica en Miami, Oscar Camacho, informó que espera instrucciones de su gobierno sobre el "lamentable" hecho y que, hasta el momento, no tenía noticias de la viuda de Alpízar, la estadounidense Anne Buechner con quien éste estaba casado hace 22 años.

"Corresponde a la familia solicitar el cadáver y decidir el lugar de su entierro", señaló Camacho y agregó que su representación "facilitará eficientemente los trámites que se requieran y que sean solicitados".

Consultadas sobre el cadáver de Alpízar, las autoridades policiales locales señalaron que no pueden dar informaciones por tratarse de un "caso federal en investigación", aunque el trámite regular en este tipo de incidentes indica que se le practicó una autopsia y que se encuentra en un instituto forense de Miami.

Es la primera vez desde los ataques terroristas contra EEUU del 11 de septiembre de 2001 en que agentes federales encubiertos disparan a un sospechoso en un avión.

Antes del 11-S sólo 32 agentes federales cumplían funciones de seguridad en aerolíneas de EEUU, actualmente se presume que ese total sea de miles, aunque la cifra no ha sido dada a conocer por las autoridades estadounidenses. Entre otros, países como Alemania, Canadá, Australia e Israel utilizan "agentes de seguridad aérea".

En el caso de Israel, la aerolínea El Al los puso en práctica hace 30 años a raíz de los secuestros y ataque aéreos. Todos definen a estos agentes como personas altamente entrenadas, equipadas y motivadas, capaces de controlar a un posible secuestrador o terrorista.

Pacheco pedirá informe a EEUU

El presidente de Costa Rica, Abel Pacheco, confirmó que su gobierno pedirá un informe a EEUU por la muerte de Alpízar. El gobernante costarricense declaró que solicitará una "investigación ante Estados Unidos de América", pero reconoció que el fallecido desobedeció una orden de las autoridades federales.

"Es un hecho profundamente doloroso. Considero que este muchacho tiene que haber sufrido alguna alteración mental porque en EEUU, con el estado de paranoia colectiva que se vive, decir que uno tiene una bomba en la valija o en la bolsa puede tener efectos como los que tuvo", aseguró el gobernante.

"Me imagino que (las autoridades estadounidenses) nos darán excusas pero nos dirán: mire, al señor se le dio una orden y no la acató", agregó Pacheco. "Por supuesto que la vamos a pedir (una explicación) pero la respuesta ya me la sé más o menos: me van a decir ¿cómo quiere usted que en un país que ha sido amenazado de terrorismo desde hace meses podamos tolerar que no se haga caso a la autoridad?", añadió el gobernante.

Pacheco, quien es psiquiatra de profesión, dijo que Alpízar supuestamente padecía de un trastorno bipolar y "aparentemente había dejado de tomar su medicación" por lo cual "los hechos ocurrieron como ocurrieron".

Por su parte, el ministro costarricense de Seguridad, Rogelio Ramos, declaró hoy a la prensa que lo que procede es pedir un informe a las autoridades estadounidenses porque "todavía es prematuro para dar conclusiones definitivas".

Alpízar nació en Nicoya, Guanacaste, pero se nacionalizó estadounidense. Hace 20 años vivía en ese país tras su matrimonio con Anne Buechner. La pareja, que no tenía hijos, vivía en Maitland, un suburbio de Orlando. El tico se desempeñaba como especialista en la preparación de pinturas para la cadena de ferreterías Home Depot.

Steven Buechner, cuñado de Alpízar, dijo que éste conoció a su hermana cuando ella vivió como estudiante en Cota Rica.

La última vez que estuvo en Costa Rica fue en julio cuando visitó a su papá Carlos Alpízar y su hermano del mismo nombre, vecinos de Río Claro de Golfito, Puntarenas.

Durante las últimas dos semanas, Rigoberto Alpízar y su esposa estuvieron en Ecuador y en Perú, de donde regresaban cuando se dio la crisis que le costó la vida.

"Era un tipo agradable, siempre sonriente y platicador", afirmó en Florida Louis Gunther, un vecino que dijo estaba cuidando el hogar de Alpízar mientras él y su esposa hacían un viaje como misioneros. "Todo mundo habla de un tipo que desconozco".

Alex McLeod, de 16 años, que vive a tres casas de la de Alpízar, al otro lado de la calle, declaró que "todo el vecindario está sorprendido... Algo totalmente atípico en él".

El canciller costarricense, Roberto Tovar, aseguró que por el momento la urgencia es solicitar informes a las autoridades estadounidenses. "Lo que querríamos es que nos enviara un informe de la realidad de los hechos, recogidos de las autoridades y no por la prensa internacional. Luego veremos si procede alguna acción del país", dijo.

En este último caso será el cónsul en Miami, Oscar Camacho, quien se encargaría de hacer las solicitudes o acciones pertinentes.

Tico estaba ilusionado con viaje para conocer ciudad inca

Por Freddy Parrales, diario La Nación de Costa Rica

Río Claro, Golfito. Hace unos días, Rigoberto Alpízar llamó por teléfono a su hermano Carlos desde Ecuador para contarle emocionado que también iba a viajar a Perú a conocer la ciudad inca de Machu Picchu, a 2.200 metros de altura.

Este tico con 20 años de vivir en Estados Unidos mantenía una estrecha relación con sus hermanos y su papá, Carlos Alpízar Fonseca, de 72 años, quienes viven en este poblado de la zona sur. En aquella llamada les relató que junto con su esposa Anne Buechner fueron a Ecuador por dos semanas a servir como traductores en una labor de beneficencia.

Iban acompañando al padrino de la mujer, un odontólogo de Michigan que no habla español y que daba servicios dentales a pobres. Sin embargo, aprovecharon el viaje para cumplir su sueño de visitar la ciudad inca. Fue al regresar cuando Rigoberto cayó abatido por las balas al amenazar con hacer explotar una bomba dentro del Boeing 757 con 119 personas a bordo.

La noticia llegó a Río Claro por una llamada de La Nación y luego al ver la foto de él en televisión. "Estoy sorprendido, no puedo creer lo que le pasó a mi hijo. No salgo del asombro de que a mi hijo lo hayan acribillado como a un delincuente", dijo el padre.

"Recuerdo bien las últimas palabras que le escuché: 'padre, como usted no hay en este mundo'. No hay palabras para describir a mi hijo. Mi corazón está destrozado".

Tampoco su hermano Carlos, quien lo visitó durante un mes en febrero del 2004 salía del asombro. "Él dio todo su esfuerzo a los Estados Unidos. Amaba ese país y por toda la casa tenía banderas", dijo.

La última vez que Rigoberto estuvo aquí fue en julio, cuando dejó mensajes escritos a toda la familia para recordarles que los quería y que, por favor, se cuidaran mucho. Esos papelitos y muchas fotografías fueron los tesoros que ayer su papá repasaba y acariciaba.

"Mi hijo era una bella persona y todos nosotros lo queremos mucho. Nos ayudaba siempre con la casa", relató el padre.

Ninguno de ellos reconocía que el pariente sufriera de alguna enfermedad mental grave. Por el contrario se referían como alguien "normal" y "coherente".

Relato

¡Tírense al piso!

Miami. GDA. Cerca de 30 colombianos iban en el vuelo 924 de American Airlines. Entre ellos, seis periodistas, uno de ellos, Gerardo Chaves, fotógrafo de El Tiempo de Colombia. Este es su relato.

"Todo comenzó cuando ya estaban terminando de subir los pasajeros. Faltaban por entrar como dos personas. El señor (Alpízar) era como el penúltimo pasajero que había pasado por mi lado. Yo estaba en las sillas de atrás. De pronto, él pasó y empujó a la azafata y salió como loco, gritando y se fue hasta la puerta delantera. Detrás iba una señora gritando: '¡El está enfermo, él está enfermo!'. Algunos dicen que se escucharon disparos, pero parece que todo fue en la entrada del avión.

"No estoy muy seguro de su fisonomía. Era un hombre alto, rubio, de pelo ensortijado. Detrás iba una señora un poquito robusta, que creo que era su esposa.

"Luego siguieron unos ruidos fuera. Dijeron: '¡Tírense al piso!', y todo el mundo se botó debajo de los asientos. Cuando controlaron la situación, nos dijeron que nos volviéramos a sentar. Luego, entraron los federales y la Policía. Cincuenta vehículos rodearon el avión: patrullas, carros de bomberos. Después de muchas requisas, nos ordenaron bajar, todos con las manos en la cabeza".


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