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Nóbel de Literatura arremete contra criminales Bush y Blair

None | 9 de Diciembre de 2005 a las 00:00

Ausente por prescripción médica, debido al tratamiento contra un cáncer al que está siendo sometido, Pinter recurrió –en vísperas de la entrega de los galardones que tendrá lugar este sábado– a una grabación en vídeo, pero no por eso su voz sonó menos contundente en la sede de la Real Academia Sueca, e hizo honor a su conocida fama de escritor comprometido.

Harold Pinter, de 75 años, grabó su discurso en un video durante el fin de semana pasado en un estudio de televisión de Londres, poco antes de ser ingresado en un hospital de la capital británica. Su mensaje tuvo una hora de duración e incluyó un poema del chileno Pablo Neruda. Ya antes los médicos le habían prohibido asistir a la ceremonia con el rey Carlos Gustavo de Suecia el próximo sábado.

Pinter, quien aparece en el video en una silla de ruedas, expresó también sus ideas sobre el teatro político, que debe huir de sermones y miradas unidireccionales, dijo.

Su discurso fue divulgado este jueves en Internet por la Academia Sueca del Nóbel. "La invasión de Irak fue un acto de puro terrorismo, que demuestra un desprecio absoluto por el concepto de ley internacional", aseveró. Planteó las diferencias entre la literatura, donde "no hay grandes diferencias entre lo que es verdad y lo que es mentira" y la realidad, en la que el ciudadano (incluido el artista) debe plantearse qué es verdad y qué es mentira.

En un discurso titulado "Arte, verdad y política", Pinter comenzó por distinguir entre la verdad en el drama y la vida real: en el primer caso, lo que importa es su búsqueda y da igual falso y verdadero, irreal y real; en el otro, sí, y es preciso diferenciarlos con claridad. Confesó luego que sus obras nacían de "una línea, una palabra, una imagen" y que el proceso de creación de personajes literarios es "incierto, incluso alucinatorio, aunque a veces pueda ser una avalancha imparable".

La intervención de Pinter dio luego un giro al introducir una reflexión sobre el lenguaje político y la mentira, que se convirtió en el eje del resto del discurso. La mayoría de los políticos, según él, no está interesada en la verdad, sino en el poder y en su mantenimiento, "para lo que es esencial que la gente permanezca en la ignorancia", incluso sobre sus vidas; "por eso lo que nos rodea es un vasto tapiz de mentiras del que nos alimentamos".

En su mensaje videograbado, el dramaturgo británico hizo un severo recuento de la política exterior estadounidense. Pinter negó por falsos los motivos que originaron la guerra de Irak para luego hacer un repaso descarnado de la política exterior estadounidense tras la II Guerra Mundial, cuyos "crímenes", a diferencia de las "atrocidades" de la URSS, no sólo no han sido documentados, sino que "de ningún modo se les considera como tales".

El autor galardonado este año por la Academia Sueca hizo un repaso histórico de los excesos de las intervenciones norteamericanas más allá de sus fronteras para concluir que "nunca ocurrió, nada ocurrió, incluso cuando estaba pasando no estaba pasando, no importaba, no era de interés. Los crímenes de los Estados Unidos han sido sistemáticos, constantes, despiadados, sin remordimientos, con cientos de miles de muertos en todo el mundo, y de haber sometido brutalmente a numerosos Estados, pero muy pocos hablaron de ellos", lamentó el Nobel. Eso lo atribuyó a una enorme manipulación, "un acto de hipnosis".

En otro momento de su intervención, el dramaturgo advirtió de que "América ha ejercido una total manipulación cínica del poder alrededor del mundo mientras se hace pasar por una fuerza del bien universal". Indicó que el gobierno de Bush ha retomado la política de Washington, de apoyar a dictaduras que convienen a sus intereses, "camuflándolas de fuerzas del bien universal".

Harold Pinter se preguntó si realmente existían la sensibilidad moral y la conciencia, a la vista de casos como el de los presuntos terroristas detenidos en la base de Guantánamo o la invasión de Irak, "un acto de terrorismo de Estado".

El autor de The birthday party se preguntó en su alocución "cuántas personas hay que matar para ser analizado como autor de una masacre o como un criminal de guerra". También calificó al primer ministro británico como "corderito patético y sumiso de Estados Unidos que había comerciado con la muerte" y que había tejido "un gran tapiz de mentiras para mantenerse en el poder". De Estados Unidos dijo también que "le importan un bledo" la ONU, la legalidad internacional o las voces críticas, e invitó con sorna a la Corte Penal Internacional (CPI) a procesar a Tony Blair, ya que George Bush fue "más listo" al no reconocer la autoridad de ese tribunal.

Entonces recitó unos versos de "Explico algunas cosas", de Neruda, sobre la guerra civil española, porque "en la poesía contemporánea no he leído otra descripción tan poderosa y visceral del bombardeo de civiles".

Pinter incluso se ofreció para escribirle los discursos a Bush y leyó uno preparado para él en el que se burlaba de una sociedad "compasiva que proporciona electrocución compasiva e inyección letal compasiva". Pinter cerró su discurso con una llamada al deber ciudadano de "definir la auténtica verdad de nuestras vidas y nuestras sociedades", "una obligación crucial que nos concierne a todos", añadió.

Si esto no entra a formar parte de nuestra visión política, "no habrá esperanza de restaurar lo que casi hemos perdido, la dignidad del hombre".

Tampoco era cierto que Sadam mantuviera lazos con la red terrorista Al Qaeda y que fuera en parte responsable de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos, recordó Pinter.

Como tantos escritores Pinter, un maestro de la ironía, elucubró sobre el significado del lenguaje. Se preguntó, retóricamente, si existía la verdad. Una pregunta que no respondió como artista pero si como ciudadano. En esta última condición señaló: "Como cada persona aquí sabe, la justificación para la invasión de Irak fue que Saddam Hussein disponía de armas de destrucción masiva (…) Se nos aseguró que esa era la verdad. No era verdad.(…) Se nos dijo que Irak amenazaba la seguridad del mundo. Se nos aseguró que era la verdad. No era verdad. (…) La verdad es algo completamente diferente. La verdad tiene que ver como Estados Unidos entiende su papel en el mundo y como elige cumplirlo".

Como ejemplo de la actuación de Washington en materia de política exterior, Pinter destacó el caso de Nicaragua y el apoyo que la dictadura de Somoza recibió de Estados Unidos durante 40 años, así como el desprecio hacia los sandinistas que llegaron al poder en 1979 y que finalmente fueron derrocados con ayuda estadounidense.

Al respecto Pinter evocó, en su discurso, una visita a la embajada de Estados Unidos en Londres en los `80. Allí, junto a otros, plantearon su preocupación por lo que ocurría en Nicaragua. Uno de los presentes era el sacerdote John Metcalf que contó sus vivencias: Señor, yo estoy a cargo de una parroquia en el norte de Nicaragua. Mis parroquianos construyeron un colegio, un dispensario y un centro cultural. Vivíamos en paz hasta que hace algunos meses los "contras" atacaron la parroquia. Lo destruyeron todo: colegio, dispensario y el centro cultural. Violaron a las monjas y profesoras, mataron a los doctores, de la manera más brutal. Actuaron como salvajes. Por favor pídale al gobierno de Estados Unidos que retire su apoyo a esta actividad terrorista".

Pinter evoca: "Raymond Seitz (el segundo hombre de la embajada) tenía una buena reputación de hombre racional, responsable y sofisticado. Gozaba de gran respeto en círculos diplomáticos. El escuchó, hizo una pausa y luego dijo: Padre, deje que le diga algo. En las guerras, gente inocente siempre sufre. Se produjo un profundo silencio. Todos lo mirabamos. El no se inmutó. (…) A la salida un funcionario de la embajada me dijo que apreciaba mis obras de teatro. Yo no respondí nada."

En cuanto a los "crímenes sistemáticos" de Estados Unidos, Pinter también mencionó las actuaciones en Indonesia, Grecia, Uruguay, Brasil, Paraguay, Haití, Turquía, Filipinas, Guatemala, El Salvador y Chile. Sobre este último país dijo que nunca se podrá perdonar el daño que Estados Unidos hizo en 1973. El dramaturgo sostuvo que en estos países hubo cientos de miles de muertos. "¿Los hubo realmente? ¿Son atribuibles a la política exterior de Estados Unidos? La respuesta es sí".

El laureado autor extendió sus ataques al Primer Ministro británico Tony Blair que a su juicio debía ser llevado ante un tribunal internacional. En el clásico humor cáustico que ha deleitado a millones de audiencias impostó algunas líneas atribuibles al Presidente George W. Bush: "Mi Dios es bueno. El Dios de Bin Laden es malo. El suyo es un Dios malo. El Dios de Saddam era malo con el agravante que no tenía uno. El era un barbaro. Nosotros no somos bárbaros". Así es Pinter, un hombre que no teme decir la verdad como la percibe. Sea a nivel de la política mundial o hurgando los mas dolorosos dobleces del alma. Es esa honestidad a toda prueba la que le ha ganado tanto respeto y el Nobel.

El dramaturgo concluyó su discurso pidiendo "una determinación intelectual resuelta e inquebrantable como ciudadanos para restaurar la dignidad humana y la búsqueda de la verdad", como forma de derrotar la manipulación y el ejercicio de hipnosis al cual ha sido sometido el mundo.


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