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¿Un indio al poder en Bolivia?
La pesadilla de los yankis

None | 16 de Diciembre de 2005 a las 00:00

A dos días de las elecciones bolivianas, Morales, un indio aymara "negro, loro y feo", como él mismo se describe, encabeza con 36% la intención de voto entre 5 y 8 puntos por encima de Quiroga, el ex presidente conservador y rancio aristócrata de Santa Cruz.

De confirmarse esta tendencia en las urnas el domingo, Morales, que apenas acabó el bachillerato, podría dar el primer paso hacia el poder. Sería el primer originario que presida una nación latinoamericana.

También el primero entre sus iguales en alcanzar el sillón presidencial, apenas 53 años después de que los indios bolivianos (aymaras, quechuas y guaraníes, entre otros 34 grupos originarios), sometidos desde 1825 a la esclavitud, fueran liberados por una revolución nacionalista.

Postulado por el Movimiento Al Socialismo (MAS), el "instrumento político de los pueblos", Morales, un agricultor, propone "descolonizar" y "refundar" Bolivia, 60% de cuya población de 9,3 millones de habitantes es de origen indígena o india misma.

Convertido en el jerarca de los cultivadores de coca del Chapare, epicentro de la convulsión boliviana entre 1988 y 2002 y de la lucha antinarcóticos boliviana, Morales ya se había puesto a tiro de la primera magistratura del país andino en 2002, cuando perdió la presidencia a manos del acaudalado empresario Gonzalo Sánchez de Lozada en una vuelta parlamentaria y tras un empate en las urnas.

Morales sintetiza la vida de un indígena en Bolivia. Nació sin asistencia médica alguna, sin agua potable ni electricidad en Orinoca, un pueblo perdido de la mano de Dios en los gélidos Andes bolivianos. Nació el 26 de octubre de 1959 en una estancia Isayavi, hijo de padre aymara y madre quechua, dos cultivadores pobres hasta lo imaginable.

Creció en una vivienda de paja y adobe de 8 metros por cuatro que servía además de dormitorio y comedor, de almacenamiento de tubérculos y criadero de cerdos y ovejas.

Tras una infancia de extrema pobreza, que llevó a cuatro de sus seis hermanos a la muerte antes de cumplir dos años, Morales emigró, como lo hacen siete de cada 10 campesinos bolivianos, debido a una feroz sequía a principios de los 80 que asoló la agricultura del altiplano boliviano, "para buscar el pan", según afirma.

Una helada atroz, que calcinó los cultivos, expulsó a los Morales-Ayma de Orinoca hacia el Chapare, donde entonces se instalaba el narcotráfico debajo de la espesura de esa selva tropical emplazada en el centro este del país.

Allí, entre miles de trabajadores aymaras y quechuas despedidos de la quebrada empresa de minerales del Estado, se hizo dirigente de los cocaleros, lo que lo convertiría más tarde en el líder de 30.000 familias pobres vinculadas a la producción de la estigmatizada hoja. El Chapare se había convertido para entonces en el principal centro productor de cocaína del país.

Poco a poco Morales se volvió popular gracias a la capacidad de convocatoria de sus protestas y rebeliones sociales y postuló su candidatura. El salto a la fama lo dio en octubre de 2003, cuando promovió la caída de Sánchez de Lozada.

Este opositor a rajatabla de las políticas "imperialistas" de Estados Unidos, país que, además de narco, lo acusa de ser un aliado de los presidentes de Cuba, Fidel Castro, y Venezuela, Hugo Chávez, ganó el Premio Kadafi a los Derechos Humanos en 2000 y fue postulado al Premio Nobel de la Paz en 1995. "No gané por falta de una campaña del gobierno" de La Paz, afirma.

Este boliviano, que jamás viste traje o corbata y que por lo general calza zapatillas deportivas, dice que en su país se requieren cambios con urgencia, pues allí "para un puñado de gente hay plata, para otros represión".

Adalid antineoliberal, busca que las veinte compañías petroleras que controlan los hidrocarburos bolivianos compartan sus ganancias con Bolivia, "miti miti" (mitad y mitad). En su calidad de candidato favorito para ganar las elecciones del domingo, Morales postula la nacionalización del gas, la principal riqueza del país en manos de privados, y su industrialización.

K'ara versus j'aque

La pugna cerrada por la presidencia entre Quiroga, un k'ara (blanco), y Morales, un j'aque (indígena), es un reflejo de la polarización de un país dividido en dos zonas perfectamente diferenciadas, el oeste andino y pobre de aymaras y quechuas donde está La Paz, y el este más industrializado y rico con el liderazgo de Santa Cruz, que tiene sueños autonomistas. "Hagamos un esfuerzo más, un voto, dos votos son importantes. Un poco más de esfuerzo, más participación, para liberar lo más antes posible a Bolivia", dijo Evo en su cierre de campaña en su bastión de Cochabamba, donde se emplaza el enclave cocalero del Chapare.

Morales, quien ha sido blanco de ataques que lo muestran como un radical que va a poner el país patas arriba, ha realizado una campaña en que se ha mostrado más conciliador, especialmente frente a los empresarios. En el sensible tema del gas tiene un discurso para las masas, hablando de "nacionalización" de los recursos, pero dejando en claro que no se tratará de sacar a las multinacionales del país sino de negociar con ellas.

Incluso su vicepresidente, Alvaro García, habló durante el cierre de campaña de empezar a forjar alianzas, lo que -irónicamente- fue rechazado por Quiroga, quien fue radical en ese punto: "No es posible ir a la elección con propuestas diferentes y luego olvidarse de las diferencias y cogobernar", dijo.

Quiroga es un candidato de derecha tradicional y tecnócrata, que estudió y vivió en Estados Unidos y se define como la única opción viable para Bolivia. "Hay dos caminos: el cambio que va para atrás, y que divide a Bolivia y nos deja en el subdesarrollo (en alusión a Morales) y el cambio que va para adelante", en referencia a su campaña.

Cualquiera sea el ganador en la contienda, los bolivianos esperan que el próximo gobierno permita superar las crisis recientes que llevaron a la caída de dos presidentes en los últimos 26 meses y dé estabilidad al país en los próximos cinco años.

La renuncia de Carlos Mesa en junio pasado, en medio de fuertes marchas y bloqueos en el país por la nacionalización de los hidrocarburos, generó una sensación de inviabilidad, que se ha resuelto en gran parte por el buen manejo que ha dado a la crisis el presidente Eduardo Rodríguez.

Rodríguez llegó a ese cargo en su calidad de titular de la Corte Suprema con el único objetivo de convocar a estas elecciones y dejará su cargo el 22 de enero para aquel candidato que sea ungido por el pueblo o, más posible, por el Congreso.

Bolivia vota y el Gran Vecino teme

Por Pablo Stefanoni, enviado especial de Página/12 a La Paz

"La peor pesadilla de Estados Unidos en América latina pronto podría convertirse en realidad: la llegada al poder en Bolivia de un régimen izquierdista apoyado por Cuba y Venezuela, que aboga por la nacionalización de las empresas petroleras extranjeras y la legalización de la coca", comienza un artículo de Andrés Oppenheimer en el Nuevo Herald. Y las preocupaciones de Washington por la posible llegada al poder de Evo Morales se expresaron esta semana en la advertencia del Departamento de Estado a sus ciudadanos, alertando sobre eventuales movilizaciones y acciones "potencialmente violentas" como consecuencia de las elecciones generales de mañana. Sin embargo, esta vez los "gringos" aprendieron de la experiencia y su embajador en Bolivia, David Greenlee, mantuvo un papel discreto, alejado de su antecesor, Manuel Rocha, quien en 2002 amenazó a Bolivia con cortar la ayuda económica si ganaba un "narcotraficante", lo que le aportó al líder cocalero la exacta dosis de victimización y "dignidad" antiimperialista que lo catapultó como líder del nuevo nacionalismo boliviano.

Esta vez, el traspié le correspondió al bando contrario. El representante venezolano en La Paz, Azael Valero, declaró hace algunos días que "si Evo es antiimperialista, pues que viva Evo Morales". Quiroga, ni lento ni perezoso, armó una concentración ante la embajada "bolivariana" "contra la injerencia extranjera" y acusó a Morales por "llamar comandante a Hugo Chávez". El desboque le costó el puesto al locuaz diplomático caribeño, pero estuvo lejos del "rochazo" esperado por el "Tuto", algo que llevara agua al molino de los rojos, que aquí no son de izquierda sino de derecha. También el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva reconoció su preferencia por el candidato socialista, aunque, después, su asesor Marco Aurelio García lo justificó con un toque de ironía como "un señalamiento sociológico, no un comentario político".

"El escenario más probable es que Morales llegará al poder", le dijo el mismo Manuel Rocha al analista del Nuevo Herald en una entrevista telefónica desde Pekín. Y agregó que "el dúo cada vez más beligerante de Cuba y Venezuela se convierta en un trío no sería una buena noticia para Washington". Otro "halcón", Charles Chapiro, añadió que "la naturaleza y alcance de nuestra cooperación con el próximo gobierno boliviano dependerá de nuestros intereses comunes: el fortalecimiento de la democracia, el fomento del desarrollo económico y el combate a las drogas ilegales".

La coca es uno de los ejes conflictivos de la campaña: hace pocos días, en un foro con la prensa, los periodistas le hicieron notar a Quiroga que su posición sobre el tema de la coca es incluso más dura que la de la embajada estadounidense. "Me importa un bledo la embajada", dijo forzando su vena nacionalista. Consultado sobre si respetará el acuerdo entre los cocaleros y el ex presidente Carlos Mesa legalizando 2300 hectáreas de cultivos de coca enfatizó que "toda la coca del Chapare (cuna del MAS de Evo Morales) va al narcotráfico" lo que, para algunos analistas, anuncia nuevos enfrentamientos con los combativos cultivadores de la "hoja sagrada" en caso de volver a ocupar el sillón presidencial.

"Estados Unidos debe pensar cuidadosamente antes de tratar de aislar y castigar a Evo Morales si es elegido. Si insiste en su retórica dura e incluso en implementar sanciones contra el gobierno de Morales, ciertamente que Hugo Chávez va a estar muy contento de poder aprovechar esa situación. Los políticos estadounidenses deberían ser muy conscientes de eso", le recomendó el analista especializado en Bolivia John Walsh a George Bush.

En un gesto de apoyo al proceso democrático y a pedido del gobierno boliviano, llegó ayer a La Paz el representante del Mercosur Carlos "Chacho" Alvarez para apoyar el proceso electoral boliviano. También se hizo presente el enviado de Néstor Kirchner, Eduardo Fellner. "Las elecciones del domingo son muy importantes para Bolivia y para la región, que se encuentra en un momento muy interesante y estimulante de su integración regional. Es la primera vez que el Mercosur participa con una voz homogénea en un evento como éste", dijo el ex vicepresidente argentino en una charla informal con periodistas argentinos, junto a los embajadores de Uruguay y Paraguay. Fellner añadió que la consolidación del proceso institucional en este país permitirá llevar adelante una serie de proyectos compartidos de integración vial, salud y energía como el gasoducto Puna en La Quiaca. "Hay una identidad cultural e histórica compartida que por motivos equivocados fue dejada de lado en los últimos años", agregó el gobernador jujeño, que desistió de responder sobre la afirmación de Morales y Quiroga de que aumentarán el precio de venta de gas a Argentina. En referencia al "anillo energético" y el gasoducto Caracas-Buenos Aires, Chacho Alvarez señaló que "a partir de la elección de nuevas autoridades va a quedar más claro qué tipo de integración va a plantear Bolivia".

«Proyecto de centroizquierda»

La admiración de Alvaro García Linera por la sociología francesa, especialmente por Pierre Bourdieu, y por Carlos Marx puede verse en los estantes de su biblioteca, que casi no deja huecos en las paredes de su departamento. Su postulación junto a Evo Morales atrajo a sectores medios urbanos, inicialmente reacios al perfil más "populista" del líder cocalero. En esta entrevista con Página/12, el postulante vicepresidencial del MAS aclara su pensamiento y anticipa algunas líneas maestras de su proyecto político, en caso de ganar las elecciones del próximo domingo.

–Algunos le temen a un triunfo del MAS, ¿dónde ubicaría ideológicamente su proyecto político?

–En el centroizquierda, porque el proyecto de cambios que tiene que llevar adelante el MAS no podría calificarse ni como comunista o socialista ni de corte comunitarista. Es un proyecto con un fuerte énfasis en lo productivo, en un shock productivo, sólo las petroleras que vienen jugándole deslealmente al país tendrían que preocuparse.

–Usted ha planteado, en varias oportunidades, la tesis de que hoy el socialismo no es posible en Bolivia.

–Hay dos razones que no permiten visualizar la posibilidad de un régimen socialista en Bolivia. Por un lado, hay un proletariado minoritario demográficamente e inexistente políticamente, y no se construye socialismo sin proletariado. En segundo lugar, el potencial comunitarista agrario y urbano está muy debilitado. Hay una implosión de las economías comunitarias en estructuras familiares, que fueron el sustento de las últimas sublevaciones sociales. En nuestro país,el 70 por ciento de los trabajadores en las ciudades son de economía familiar y no se construye el socialismo sobre una economía familiar.

–¿Entonces por dónde pasaría la "refundación" de Bolivia que propicia el MAS?

–Por un tipo de capitalismo andino.

–Para muchos ése sigue siendo un concepto no muy claro.

–Propiciamos la construcción de un Estado fuerte, que articule equilibradamente las tres plataformas económico-productivas que conviven en Bolivia: la comunitaria, la familiar y la moderna-industrial. Se trata de transferir parte del excedente de los hidrocarburos nacionalizados para propiciar formas de autoorganización, autogestión y de desarrollo mercantil propiamente andino y amazónico. Hasta ahora estos sectores "tradicionales" fueron subsumidos por el moderno-industrial que acaparó los excedentes. La idea es que estos sectores tengan soporte económico, acceso a insumos y a mercados, que generen en su proceso económico artesanal y familiar procesos de bienestar. Bolivia seguirá siendo capitalista en los próximos 50 o 100 años. Las experiencias de los últimos años muestran los límites comunitaristas del actual movimiento social; fue más fácil echar a las transnacionales (como la de agua en Cochabamba en elaño2000) que poner en pie y gestionar nuevas empresas. Pero, en todo caso, estas experiencias permiten pensar en una revolución política, en el sentido marxista del término, que en el caso boliviano se refiere a la descolonización del Estado.

–¿Qué diferencias hay entre el actual candidato del MAS y el dirigente del Ejército Guerrillero Túpak Katari (EGTK) de principios de los ’90?

–Hay una línea de continuidad y una línea de ruptura. La continuidad es la convicción de que los pueblos indígenas deben gobernar Bolivia como única manera de cerrar la falla entre sociedad y Estado que arrastramos desde hace 180 años, y acabar con la colonialidad de la república, que atraviesa tanto las instituciones como la vida privada de los bolivianos. La diferencia está en los medios: hace quince años pensábamos que eso debía lograrse mediante una sublevación armada de comunidades y hoy pensamos que se puede conseguir mediante un gran triunfo electoral. Variación en los medios, continuidad en las metas.


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