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Mujer, divorciada y socialista,
Michelle ya está en La Moneda

None | 15 de Enero de 2006 a las 00:00

"Queríamos ganar, pero la mayoría del país dijo otra cosa y hay que respetar la voluntad de la mayoría", declaró el candidato derrotado. "Felicito a Michelle por su triunfo, no sólo porque será la primera presidenta de Chile, sino también como un homenaje a esos millones de mujeres que con esfuerzo y tenacidad han logrado el lugar que les corresponde en nuestra sociedad", dijo Piñera, en un discurso en medio de silbidos de sus partidarios cuando mencionaba a su opositora.

Pero también advirtió que "no nos sentimos derrotados, sino legítimanente triunfadores porque hemos obtenido una votación de aproximadamente 3 millones 800 mil chilenos que pusieron su confianza en nosotros. La lucha no ha terminado, continúa. En democracia hay que saber escuchar y respetar la voz de la mayoría, pero no nos sentimos para nada derrotados", sentenció Piñera.

Paradójicamente, entre los varones, Michelle logró una mejor votación: 1,743,654 o sea 53.69%, contra 1,503,854 equivalentes al 46.30% de su rival. Y entre las mujeres, la presidenta electa conquistó 1,968,933 (53.32%) y el empresario derechista 1,723,541 (46,67%). En la región metropolitana de la capital, Santiago, con el 99.88% de los votos escrutados, Bachelet supera el promedio nacional: 1,439,207 (53.99%), lo contrario de Piñera, 1,226,279 (46%). La región de Santiago acumula cerca del 40% de los electores de todo Chile.

Los resultados que consigna el recuento de votos son los siguientes:

Total ciudadanos inscritos = 8,220,897

Total votos depositados = 7,142,004 = 86.88%

Total abstención = 1,078,893 = 13.12%

Total votos válidos 6,939,982 = 97.17%

Votos nulos 154.314 = 2.16%

Votos blancos 47.708 = 0.66%

Sebastián Piñera Echenique 3,227,395 = 46.50%

Michelle Bachelet Jeria 3,712,587 = 53.49%

Apenas conocido ese resultado, el comando de Bachelet dio un parte de victoria, mientras que en el entorno de Piñera, si bien no había aún un reconocimiento de la derrota, se hablaba de una amplia victoria de la ex ministra. "Es un respaldo más amplio de lo que esperábamos", afirmó el representante de su comando Sergio Bitar, del Partido por la Democracia. "Es la presidenta de todos los chilenos y chilenas", dijo por su parte el dirigente demócrata cristiano Andrés Zaldívar, ex presidente del Senado e integrante del comando de Bachelet.

El ex ministro de Cultura francés Jack Lang, presente este domingo en Chile junto a Bachelet expresó su "inmensa felicidad" por su triunfo. En un comunicado transmitido en París, el ex ministro socialista afirma que "esta victoria consolidará definitivamente la democracia chilena. Michelle Bachelet se prepara para lanzar audaces reformas sociales. Sin duda la experiencia chilena enriquecerá a la izquierda europea", indica. "En tanto que amigo de Chile y hombre de izquierda estoy viviendo, aquí, en Santiago, momentos cálidos que nos llenan de esperanza", explica.

Hija de una general de aviación muerto en las cárceles del régimen de Pinochet, Michelle se define como "una chilena ni más ni menos que millones de ustedes. Trabajo, llevo mi casa y dejo a mi hija en el colegio. Pero además soy una chilena con una vocación de lucha y de servicio público". El 10 de enero de 1975 ella y su madre, Angela Jeria, fueron arrestadas por los servicios secretos y conducidos a Villa Grimaldi, centro de tortura del régimen. "La tortura es terrible, sobre todo desde el punto de vista sicológico porque te humilla", diría ella años después.

El presidente Ricardo Lagos dijo sentirse orgulloso de la jornada electoral de este domingo y del triunfo de Michelle Bachelet y llamó a todos los chilenos a apoyar el nuevo gobierno de la coalición oficialista. Lagos calificó de "triunfo histórico" el obtenido por Bachelet y destacó que por primera vez una mujer asume la presidencia de Chile gracias a un mérito personal.

"Quiero felicitar a Michelle Bachelet por este claro triunfo obtenido. El de ella es un triunfo histórico, que nos da el privilegio de tener por primera vez en nuestra historia, a una mujer como Presidente de Chile", manifestó Lagos, quien además destacó el "triunfo de la democracia" que ha significado la jornada electoral de hoy.

El mandatario expresó palabras de afecto para la abanderada oficialista y afirmó que ella ha sabido interpretar el anhelo de la gran mayoría de los chilenos. Agregó que esta votación demuestra que la Concertación es "patrimonio de Chile y hoy está más vigente que nunca. Hoy los chilenos han decidido que la Concertación siga dirigiendo los designios del país hasta el Bicentenario".

El Jefe de Estado también valoró a la oposición y a su candidato Sebastián Piñera, pues aunque recordó los roces propios de la campaña, dijo que la Alianza ha sabido ser responsable y es parte de la gobernabilidad del país. "Estoy seguro que Michelle tendrá una oposición firme y responsable", comentó.

Lagos dijo sentir orgullo de presidir un país que apenas 3 horas y media después de concluir el acto electoral, es capaz de entregar los resultados oficiales. Fue una fiesta de la democracia, dijo el mandatario que entregará el poder a Bachelet el próximo 11 de marzo.

La ex canciller Soledad Alvear, quien resignó el año pasado su aspiración presidencial en favor de Bachelet, manifestó su satisfacción de que Chile tenga la primera mujer presidenta de su historia. "Estoy muy contenta como mujer chilena por este resultado. Agradecemos a todos los hombres y mujeres chilenos que la apoyaron", dijo.

"Es un respaldo más amplio de lo que esperábamos", afirmó el representante de su comando Sergio Bitar, del Partido por la Democracia.

"Es la presidenta de todos los chilenos y chilenas", dijo por su parte el dirigente demócrata cristiano Andrés Zaldívar, ex presidente del Senado e integrante del comando de Bachelet.

Bachelet gobernará Chile durante cuatro años a partir del próximo 11 de marzo, en reemplazo de su correligionario Ricardo Lagos.

Ahora, la expectativa recae sobre quiénes acompañarán a Bachelet en las carteras importantes. No hay confirmaciones pero sí trascendidos y especulaciones. Como siempre, estos trascendidos y especulaciones pueden estar fogoneados por las propias figuras a las que se menciona para loa cargos. También como siempre, estos rumores pueden ayudar a consolidar una u otra candidatura.

En el gobierno de la Concertación (alianza entre Partido Socialista, Democracia Cristiana (DC), Partido por la Democracia (PPD) y el minoritario Partido Radical), el candidato para ocupar la Secretaría General de la Presidencia es Andrés Zaldívar. Bachelet ha anticipado que habrá un número parejo de funcionarios hombres y mujeres. En consecuencia, un nombre de mujer que ronda por los pasillos del comando es el de la intendenta de Santiago, Gimena Rincón, como potencial vocera del gobierno. La cartera de Interior es un misterio. Hay tres candidatos a ocupar el Ministerio de Economía y Hacienda: Andrés Velasco, Mario Marcel, director de Presupuesto de ese ministerio y Alejandro Foxley, ex ministro de Hacienda. Foxley también es mencionado para Cancillería.

Una Presidencia con demasiados desafíos

Análisis por María José Errázuriz L., diario El Mercurio, Santiago de Chile

Un hito histórico. Después de 57 años de dictada la ley que otorgó derecho a voto a las chilenas (1949), una mujer logró instalarse en el sillón de O´Higgins. Michelle Bachelet Jeria, de 54 años, soltera, asumirá el próximo 11 de marzo la Presidencia de Chile, hito que quedará en los anales de la historia del país. Su triunfo en segunda vuelta por un holgado margen –menos estrecho que el del Presidente Ricardo Lagos en 2000- la pone en una posición privilegiada para guiar los destinos del país. Será la primera mandataria en contar, por primera vez desde que se reinstauró la democracia en 1990, con mayoría en ambas cámaras del Congreso. La Concertación, que obtuvo un 51% de los votos en las elecciones del 11 de diciembre pasado, consiguió mantener su supremacía en la Cámara Baja e imponerse por dos senadores en la Cámara Alta.

Aunque Michelle Bachelet ha expresado con claridad que ella no se sujetará a los mandatos de los cuatro partidos que componen la Concertación, su posición no será fácil. Por mucho que sostenga que los dirigentes políticos no sacan nada con estar negociando, porque las decisiones las tomará ella, la situación no se ve tan clara. En la primera vuelta obtuvo sólo un 45,95 % de los votos debido, quizás, a una campaña alejada de las estructuras de poder de los partidos, especialmente de la DC, y con un acento claramente ciudadano. Esa situación, que no le otorgó un triunfo el 11 de diciembre, la obligó a instalar rápidamente al frente de su comando a figuras democratacristianas como Andrés Zaldívar y Soledad Alvear y colocar como generalísimo a un ministro del Presidente Lagos, Sergio Bitar (PPD), lo que implica que el nivel de independencia que quería mantener, en cierta forma, lo tuvo que ceder.

Su triunfo holgado de hoy, con más del 53,51% de los votos, no sólo se debe a que la votación de humanistas y comunistas se sumaron a sus arcas, sino que, la maquinaria de la Concertación salió a terreno, al igual que las más importantes figuras del gobierno de Lagos, con el Presidente a la cabeza. Esto le valió una de las más duras críticas de la oposición, que en las últimas semanas reclamó por el intervencionismo descarado del Gobierno.

La tarea de la futura Presidenta, que comienza mañana con la designación de las personas que asumirán en el próximo gabinete, será una prueba para su capacidad de imponerse sobre las cúpulas tradicionales del poder. Los próximos 53 días que la separan de su juramento los vivirá bajo la presión de la dirigencia de los partidos, que buscará una repartición equilibrada de las cuotas ministeriales y cargos en el servicio público.

También implicarán una prueba por cuanto Michelle Bachelet se ha puesto una serie de altas vallas. No sólo prometió que en su gabinete habrá paridad de cargos entre mujeres y hombres, sino que además, ningún ministro o subsecretario actual se "repetirá el plato", cuestión que tiene varias interpretaciones y que la llevó a precisar recién el viernes que se refiere a que ninguna autoridad se quedará en su cargo, pero que podría optar a otro.

Relaciones con el Congreso

La privilegiada posición de Michelle Bachelet, al contar con un Congreso favorable es a todas luces un hecho relevante. La Concertación podrá imponer su posición en los proyectos que requieran simple mayoría, pero no así los de quórums calificados. Sin embargo, esto mismo se puede convertir en un arma de doble filo para la futura gobernante, por cuanto, la posibilidad de sacar leyes sin la necesidad de negociarlas con la oposición puede abrir muchos apetitos, especialmente, en sectores sociales que se han sentido postergados.

La estabilidad del país, valorada por todos en los últimos 16 años, se debe precisamente a que la mayoría de las normas y cambios profundos que se han realizado han contado con la venia de todos los sectores políticos, sin que uno se impusiera sobre el otro.

Otro de los desafíos que tendrá la nueva Presidenta se deriva de la perpetuación de la Concertación en el poder. Cuando ella abandone su cargo en 4 años más, la coalición oficialista habrá cumplido 20 años al frente del país. Eso encierra una serie de peligros, como el riesgo de una corrupción generalizada, que de no ponérsele atajo podrá terminar con los gobiernos oficialistas, tal como ocurrió en otras naciones latinoamericanas como México y el PRI. Esto es reconocido en privado por muchos dirigentes concertacionistas que ven que los casos de corrupción se han incrementado en los últimos meses.

A título personal, Bachelet deberá sortear la serie de críticas que desde las mismas filas de su coalición y la oposición se levantaron respecto de su preparación y capacidad de mando. No sólo deberá demostrar que las mujeres están calificadas para dirigir los destinos del país, sino, además, rebatir a quienes la han acusado de debilidad, falta de preparación en varias áreas técnicas y descontrol bajo el fuego cruzado.

Destino de la Alianza

La Alianza por Chile, a partir de los resultados de hoy, tendrá que empezar de nuevo. Si bien, Sebastián Piñera logró un buen resultado, un 46,48% que lo instala dentro de los líderes de la oposición, no consiguió el primer lugar.

Piñera, en esta segunda vuelta, no sólo no logró captar todos los votos de Joaquín Lavín, el abanderado de la UDI, (ambos sumaron un 48,65% en la primera vuelta) sino que además, no consiguió superar el 48,69% de los votos del gremialista en la segunda vuelta presidencial de enero de 2000, cuando Lavín perdió por casi 100 mil votos ante Ricardo Lagos.

Los que esperaban que la participación de Piñera en la segunda vuelta desequilibrara irremediablemente el poder dentro de la Alianza se equivocan precisamente por lo anterior. Piñera no pudo sumar más y la UDI, en las pasadas elecciones parlamentarias, se consolidó como el partido más fuerte del país, el con mayor votación nacional y mayor cantidad de diputados y senadores.

En todo caso, lo ocurrido, en donde RN logró pasar a la segunda vuelta, sí termina con la hegemonía del gremialismo dentro de la oposición y ahora habrá que ver quién logra levantarse como nuevo líder del sector. Varios nombres aparecen en el horizonte, entre ellos, Pablo Longueira, quien tendrá una vitrina especial a partir de marzo desde el Senado, y Andrés Allamand, quien también asume en la Cámara Alta.

La Alianza tendrá que administrar su escaso poder en el Senado (sus votos se requieren para los quórums calificados), pero también deberá trabajar por consolidarse como alternativa real de gobierno si quiere romper con la supremacía de la Concertación.

El final del pinochetismo

Por Claudio Uriarte, diario Página/12, Buenos Aires

Estas elecciones chilenas, desmerecidas en gran parte como infinitamente predecibles a partir de la enorme ventaja que mantiene en las encuestas la candidata oficialista (y socialista) Michelle Bachelet, son importantes precisamente por eso: porque Chile ha terminado de normalizarse, y porque el fantasma de Pinochet, y las realidades de su Constitución–cerrojo, sus senadores militares designados y sus amenazas de sublevaciones militares han terminado de desvanecerse. A ese país le conviene una buena dosis de aburrimiento (después de más de 30 años de masacre seguida de sobresaltos). El aburrimiento, después de todo, es el precio antirromántico que tiene la estabilidad para afincarse (Suecia, por caso, no es un país apasionante). Esto no es para ignorar la enorme deuda social que Bachelet tiene por delante para afrontar (ver suplemento Cash, pág. 7) ni el gran significado simbólico del hecho de que una mujer divorciada, atea y socialista esté al borde de asumir la presidencia en un país tradicionalmente católico, conservador y machista como Chile. Pero incluso estos factores se han desvanecido relativamente en la campaña: tanto la oficialista como el opositor conservador Sebastián Piñera han propuesto remedios para la deuda social (es decir: la han admitido), y cuando la derecha intentó emplear la cuestión de género en su favor, el tiro le salió por la culata.

¿Consolidaría un triunfo de Bachelet el giro a la izquierda que Washington teme –y que también es verídico– en América latina? No del todo, primero porque Bachelet representa la continuidad respecto de un presidente saliente también socialista –Ricardo Lagos–, y luego porque Chile, con todas sus desigualdades y deudas sociales, sigue siendo el alumno modelo –quizás el único que queda– del llamado Consenso de Washington en la región. Han logrado llegar al punto de haber cumplido con todos los requisitos planteados por el statu quo internacional, y sólo necesitar correcciones (aunque éstas sean de importancia mayor). No se hundieron como la Argentina en un modelo que había sobrepasado largamente su etapa de vida útil como la convertibilidad, ni naufragaron en el descrédito de la corrupción (pese a las transfugadas de Augusto Pinochet con el Banco Riggs y otros) que también caracterizó a la Argentina. Poco a poco, gracias al efecto de erosión causado primero por el arresto de Pinochet en Londres por orden de un juez español (lo que desmintió el mito de su invulnerabilidad) y luego por las presiones de la sociedad civil (partidos políticos, organizaciones de derechos humanos, Poder Judicial, medios de prensa, etc.), el ex dictador pudo ser procesado, el ejército fue gradualmente relevado de su rol participativo y deliberante en la política chilena, y los "cerrojos" constitucionales impuestos por el pinochetismo fueron destrabados. En realidad, si hay algo que marque el carácter histórico de estas elecciones, es que el nombre de Pinochet prácticamente no fue mencionado (y no a causa de "cerrojo" alguno) en los debates que las precedieron.

Irónicamente, el ex dictador paga el precio de la sociedad que parcialmente ayudó a construir, con férreo disciplinamiento social y estricta ortodoxia económica. Ahora esa sociedad, ya crecida y madura, termina de liberarse de sus anacrónicas ataduras y camisas de fuerza, y empieza a pensar en una redistribución de la riqueza largamente postergada. Los escasos pinochetistas merecen hoy más que nunca el calificativo de "momios" que se otorgaba a la derecha bajo el gobierno socialista de Salvador Allende: muertos políticos.

Michelle

Por Rolando Cordera Campos, diario La Jornada, México

Si los pronósticos se cumplen, hoy se habrá cerrado en Chile otro ciclo importante de su larga marcha por recuperar la libertad y hacer de la democracia algo más que una manera de elegir gobiernos. Michelle Bachelet será elegida presidenta de la patria de Gabriela Mistral y la sociedad austral se adentrará en los vericuetos de revisar sus mecanismos políticos y estatales para asegurar el crecimiento económico y empezar a darle a la equidad nuevos y más ambiciosos perfiles y dimensiones. Esto y más encarna la abanderada de la Concertación de Partidos por la Democracia, que ha gobernado Chile desde inicios de los años 90, cuando se echó atrás la dictadura por medio de un plebiscito y luego se eligió al presidente Patricio Aylwin para estrenar el Chile democrático.

Después de Ricardo Lagos, Michelle Bachelet podrá ser la tercera socialista elegida democráticamente para presidir el Estado chileno. Pero en su horizonte estará la perspectiva de otro Chile, desde luego distinto al que le tocó sufrir y morir a Salvador Allende, pero también al que gobernó el presidente que será su antecesor en caso de que la elección la favorezca.

Lagos es un hombre digno y valiente, que se mantuvo en su país durante la barbarie militar, se enfrentó públicamente al dictador desde un programa televisado, fue por esto y mucho más una de las grandes personalidades de la transición, encabezó los ministerios de Educación y Obras Públicas y llegó a la presidencia después de apretadas dos vueltas que en un momento amenazaron con producir un vuelco nefasto en favor del derechista Lavín. Ya presidente, puso manos a la obra no sólo para gobernar sino para avanzar, sin prisa pero sin pausa, en la auténtica normalización democrática de Chile que muchos apresurados daban por concluida una vez que los votos contaron y pudieron contarse en libertad. Como lo demostró a lo largo de su ilustre y ejemplar mandato, mucho había por hacer y fue mucho lo que hizo.

Michelle Bachelet es mujer, hija de militar, militante socialista desde la juventud, partidaria de Allende y crítica de la dirección de su partido. Después del golpe, al que asistió desde las guardias estudiantiles de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, fue resistente clandestina y abierta a la opresión criminal desatada por Pinochet, colaboradora activa de las direcciones formadas en el interior del país, las direcciones de los "pantalones cortos", activista de los derechos humanos.

En la democracia, fue funcionaria destacada en el sector salud del Estado, época en la que tomó un curso de Estado Mayor en su país y en Washington: "tengo que entender y entenderlos; por qué pasó lo que pasó", dijo al respecto. Fue ministra de Salud en los primeros años del gobierno de Ricardo Lagos y luego ministra de la Defensa, donde jugó un papel crucial para que su presidente pudiera acometer una de las empresas más riesgosas y fundamentales de su gestión: traer el ejército a la casa estatal bajo mando civil sin condiciones, encarar y abrir el arcón de fechorías del traidor general, llevarlo a juicio una y otra vez, poner fin a los candados oprobiosos impuestos por él para dejar "atada y bien atada" a la democracia, que nunca dejó de ver como otorgada por él a los chilenos que "salvó del comunismo", y, en fin, abrir las puertas para que partidos, legisladores y sociedad pudieran darle los toques finales a lo que ya es, en el alma chilena, una sociedad moderna y democrática.

Bachelet aporta a esta extraordinaria saga de habilidad y firmeza políticas la experiencia de la convicción en la que se formó una ética profunda, y luego la de la responsabilidad que le hizo posible su presidente. De triunfar, convicción y responsabilidad tendrán que desplegarse en una conducción eficaz a la vez que comprometida a fondo con los reclamos de equidad en todos los planos, amplitud participativa, expansión cultural sin reservas ni condiciones, que su propia condición de mujer y socialista ha vuelto paradigmáticos del porvenir chileno.

Un pasado de sufrimiento e indignación la hace una mujer singular. Su padre, general de la fuerza aérea, disciplinado y masón, sirvió en el gobierno de Salvador Allende y por eso fue encarcelado y torturado por sus camaradas de armas. Al ofrecérsele la expulsión a otro país, el general consultó con su familia y Michelle dijo que ella no se iba porque tenía mucho que hacer en su tierra. El padre se quedó y fue secuestrado y torturado de nuevo, y su corazón no resistió más.

Después, madre e hija fueron secuestradas y llevadas a la siniestra Villa Grimaldi, con las consecuencias conocidas de esa visita, salvo la última que era la muerte. Expulsada la madre a Australia, Michelle la acompañó y luego se incorporó a los socialistas del exterior en Europa. Volvió a Chile a participar en el frente de los derechos humanos, no sin antes vivir la horrenda circunstancia de la desaparición de muchos de sus amigos y "gurúes" de la dirección dentro de Chile, la traición de un ser amado. Desde la resistencia a la transición, que la llevaría al servicio público y a ser gozne importantísimo en el "nunca más" pronunciado en el 2003 por el jefe del ejército chileno.

Cincuenta y cuatro años y una vida difícil, dolorosa, peligrosa. De militancia y riesgo. Michelle recoge lo mejor de los cantos de Neruda, pero el "gracias a la vida" no le queda grande.

«Seré la primera mujer presidenta»

Por Larry Rohter, The New York Times News Service. Revista Semana, Colombia. Desde Santiago de Chile

Michelle Bachelet es médica pediatra y socialista, en tanto que Sebastián Piñera es un empresario multimillonario y conservador. Las posiciones de los dos en todos los temas son bastante diferentes. Sin embargo, llegaron a un acuerdo en un punto importante: el sistema privatizado de pensiones del país. Así es. Este sistema, que ha sido objeto de muchas protecciones y que ha sido ejemplo en otros países, deberá ser modificado de inmediato, y esta es una de las prioridades de Bachelet.

El sistema chileno de cuentas personalizadas, que son administradas por fondos privados, ha inspirado a una veintena de países desde hace 25 años. Fue aprobado por el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, quien se ha referido a él diciendo que es "un gran ejemplo" a partir del cual Estados Unidos puede "aprender algunas lecciones". Aquí en casa, sin embargo, la insatisfacción hacia el sistema ha surgido como uno de los temas que seguramente tendrán consecuencias en las elecciones, esto es, el desempate electoral que tendrá lugar este domingo.

"La mayoría de la gente percibe que los costos de las pensiones y las mismas pensiones son injustas", dijo Patricio Navia, catedrático de ciencia política en la Universidad de Nueva York y en la Universidad Diego Portales de este país. "Muchos de quienes empezaron a trabajar cuando el sistema fue adoptado por primera vez, se están percatando de que ellos no han sido capaces de contribuir con suficientes aportes para obtener una pensión significativa", dijo Navia, agregando que ellos resienten "costos operativos y administrativos que son muy elevados" y han dado paso a ganancias récord para los fondos de pensión que administran contribuciones que son deducidas automáticamente de los cheques de pago de los trabajadores.

Bachelet, a la cabeza en la contienda, ha descrito el sistema de pensiones diciendo que está "en crisis" y juró que aplicaría medidas para repararlo. Entre las ideas que su grupo está considerando, están el aumento y la expansión de la pensión mínima, así como medidas enfocadas a permitirles a contribuyentes individuales que "se agrupen" para que de esa forma sean capaces de negociar mejores condiciones con los fondos de pensiones.

"Hay dos grandes temas en discusión: la cobertura y los costos", destacó Andrés Velasco, el asesor en jefe de economía de Bachelet, en una entrevista. "Demasiadas personas están fuera del sistema", dijo, y demasiados de quienes están en él han descubierto que "el ahorro a través de los fondos de pensión es bastante costoso".

No obstante, algunos escépticos destacan otro problema en desarrollo: muchos jóvenes, los cuales deberían estar registrándose en el sistema anticipadamente para extraer los mayores beneficios, permanecen fuera o contribuyen con muy poco. Algunos no pueden darse el lujo de contribuir con más del pago mínimo obligatorio, que equivale al 10 por ciento de los salarios, en tanto que otros, o trabajan por cuenta propia o han sido contratados por empresas como trabajadores independientes con bajos sueldos, por lo cual no tienen que contribuir en lo más mínimo.

"En resumen, este sistema no funciona con este mercado laboral", afirmó Andras Uthoff, economista que dirige la división de desarrollo social de la Comisión Económica de Naciones Unidas para América Latina en este país. Si continúan las tendencias actuales, agregó, "solamente un pequeño porcentaje de personas va a ser capaz de financiar pensiones considerables. Entonces, ¿qué les pasa a los demás?".

Funcionarios en la campaña de Bachelet dijeron que ella ya había decidido nombrar una comisión para que examine el sistema del seguro social y recomendara cambios si Bachelet es elegida. Ellos pronosticaron que la legislación para rediseñar el sistema sería presentada al Congreso chileno en un plazo de seis meses tras su toma de posesión, que sería en marzo.

Después de Lagos, ¿otro acento?

Por Marina Menéndez Quintero, diario Juventud Rebelde, La Habana

Aunque el margen que exhiben los sondeos de opinión no es tan amplio, todos parecen adherirse al criterio de que Michelle Bachelet será electa este domingo como presidenta de Chile, en la ronda del desempate frente a Sebastián Piñera.

Quizá esté presente también el deseo que emerge de saber que un eventual triunfo de Piñera sería un paso atrás para esta Latinoamérica que se renueva y, particularmente, en una nación donde recién ahora empieza a abrirse el puño de ataduras legales y miedos en que la dejó encerrada la dictadura. Una victoria de Piñera sería un simbólico apoyo al pinochetismo de cuya aura, ciertamente, el candidato derechista ha procurado apartarse pero de cuyos acólitos —¡todavía existen!— recibirá el voto este domingo.

Aspirante por la denominada Renovación Nacional, el empresario multimillonario cuenta con el respaldo de las huestes de Ricardo Lavín, el líder de la ultraconservadora Unión Democrática Independiente quien, último en la primera ronda electoral, se adhirió a su candidatura para fraguar un frente amplio derechista que frene el paso de la Bachelet, aspirante más votada en la vuelta del 11 de diciembre, pero a cuatro puntos de conseguir el indispensable 50 por ciento.

Sin embargo, los afeites con que Piñera ha intentado acercar su programa al deseo popular podrían hacer muy delgada la línea divisoria entre lo que este promete —entiéndase, solo lo que promete— y lo que, hasta hoy, ha hecho la gobernante Concertación para la Democracia.

Claro que hay un tramo grande entre los anuncios de quien se presenta como garante del "cambio" y lo que se adivina hará, de acuerdo con su extracción oligárquica y los compromisos con que llega a las urnas.

Aunque él y Bachelet son los representantes de dos sectores bien distintos, Piñera se pronuncia como ella contra la desigualdad y el desempleo. Ambas son secuelas provocadas por el neoliberalismo que se sembró desde la dictadura militar, pero cuyos resultados han seguido haciendo estragos después de la salida de Pinochet en 1990, justo con los gobiernos de la alianza de partidos calificados de centroizquierda que conforman la Concertación.

El hecho de ser heredera de esa ejecutoria reforzada durante el mandato del saliente Ricardo Lagos, ubica frente a la primera mujer que sería presidenta en Chile el reto de distribuir mejor para recortar una pobreza que sigue sin estar a tono con los resultados macroeconómicos, así como lograr una reforma en la ley electoral que le ha sido recordada por el Partido Comunista. El respaldo en las urnas de esa otra izquierda política —más allá de los partidos que están en la Concertación— parece imprescindible hoy para que el pronosticado triunfo de la Bachelet se haga firme.

La suscripción del primer tratado "individual" de libre comercio con Estados Unidos sin esperar a que se definiera el entonces en ciernes proyecto del ALCA, alejó también a Chile, con Lagos, de un entorno integracionista regional al que Bachelet podría ser más proclive.

Médico que domina varios idiomas, hija de un general apresado durante la dictadura y muerto por sus desmanes, víctima ella misma del exilio que provocó el terror militar, los retratos biográficos de Michelle Bachelet dibujan a una mujer capaz en la que se reflejan, además, los dolores del pueblo, en una imagen diferente a la de Lagos.

De tal suerte, las expectativas de muchos entre las amplias masas chilenas pueden estar cifradas, sobre todo, en lo distintivo que se vea en Chile con la misma Concertación si, como muchos pronostican, Michelle Bachelet gana hoy la presidencia.


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