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Santiago fue una fiesta

None | 16 de Enero de 2006 a las 00:00

Por Mercedes López San Miguel, del diario Página/12 desde Santiago

Dirigiéndose al público, la socialista dijo que este triunfo era de todos: "Ganó Chile otra vez, como cada vez; el 11 de marzo próximo asumirá un nuevo liderazgo para una sociedad chilena más abierta". Al tanto de la expectativa internacional que generó estos comicios, señaló que "el mundo ha mirado esta elección con una voz y razón y no será la última vez que sorprendamos. Tras décadas de altibajos construimos una economía vibrante. Demostraremos que una nación puede volverse más prospera sin contaminarse. Se puede estimular a los que emprenden y avanzan y al mismo tiempo, auxiliar a lo que lo necesitan. Gracias por elegirme, yo también recorrí un largo camino, no he tenido una vida fácil. La violencia entró a mi vida y yo pude revertir esa tragedia" (ver perfil). Agregó en alusión a ello: "Hay alguien al que quisiera poder abrazar esta noche, a mi padre (asesinado por la dictadura militar). Un abnegado por el servicio público, con don de mando, siento que estoy cerca de él. Recuerdo los rostros y voces con los que he compartido este tiempo y confió en mí". Y agradeció a su mentor, Ricardo Lagos, con el aplauso de todos. Al "Viva Bachelet presidente!", ella dijo: "Fuerte, para que se escuche en La Moneda". Durante un año, recordó la mandataria electa, ella y sus seguidores recorrieron el país. Saludó a los que votaron al comunista Tomás Hirsch y el derechista Joaquín Lavín en primera vuelta. Y a Sebastián Piñera, lo que causó de fondo un abucheo general.

Bachelet dedicó un saludo y un compromiso a la gente de regiones y agradeció a las mujeres. En medio de eso, una chica dijo: "Ahora pondremos la casa en orden", y otras asintieron. La carismática ex ministra concluyó que su gobierno será "de excelencia, de talentos y paritario" y buscará construir un país más igualitario.

El secretario general de la UDI, Patricio Melero, dijo a Página/12 que "la Concertación, con este triunfo, controla el Poder Ejecutivo y el Legislativo, y ése es el principal desafío de Michelle Bachelet: seguir en el camino de los consensos que el país ha tenido y habrá que ver si tiene la capacidad de resistir las presiones y va a buscar consensos". El diputado insistió: "Ni Aylwin ni Frei tuvieron mayoría parlamentaria y los dos buscaron acuerdos con la oposición. Respecto de nosotros como oposición vamos a seguir con la gente que hoy se siente frustrada con el resultado".

"¿A quién le dedica este día, Michelle?", se le preguntó cuando fue a sufragar muy temprano en la mañana, "A mi familia y todos los chilenos que hemos recorrido el país. Es la primera vez que una mujer se presenta a la presidencia en Chile, estoy muy tranquila y optimista y es el día de los ciudadanos", dijo, consciente de que todos los sondeos la ubicaban favorita. La encuesta Mori difundida al cierre de la campaña el jueves reflejaba seis puntos de diferencia a favor de la candidata. "Mi llamado es a la gente que venga a votar temprano por un día de mucho color, que sea un día normal de un país con alta tradición de espíritu crítico." Acompañada por su hija menor Sofía, depositó su voto a las 9 de la mañana en el colegio Verbo Divino de Las Condes.

Bachelet superó a su oponente en 12 de las 13 regiones del país, incluyendo las tres principales, como la Metropolitana (53,95 por ciento versus un 46,04 del empresario), la Quinta (con un 50,34 contra un 49,65 de Piñera) y la Octava, donde sumó un 55,45 frente al 44,54 del abanderado de la derecha. Es más, la candidata de la Concertación consiguió una amplia ventaja en la Segunda Región, donde sumó un 61,23 versus un 38,76, y en la Tercera, con un 60,13 contra un 39,86. Piñera sólo pudo superar a la doctora en la Novena Región, con un 53,56 contra un 46,15 de la futura presidente de Chile. El presidente saliente Lagos, con un alto índice de popularidad (alrededor del 70 por ciento), habló telefónicamente con la presidenta electa y le dijo que será un gran honor entregarle la banda presidencial el 11 de marzo y que él ya pronosticaba una diferencia de seis puntos.

El pasado 11 de diciembre, en primera vuelta, la candidata oficialista y militante del Partido Socialista obtuvo 3.167.939 votos, con el 45,95 por ciento, mientras que el representante de la derecha y militante RN logró 1.751.866 votos, con 25,41 por ciento. En el camino quedaron el UDI, Joaquín Lavín, y el candidato del pacto de izquierda extraparlamentaria Juntos Podemos, Tomás Hirsch. Su contendiente de la derecha liberal, Piñera, junto a su esposa Cecilia Morel, llegó a votar pasadas las 10 de la mañana al Instituto Superior de Comercio (Insuco) de la comuna de Santiago. El empresario reiteró sus críticas a los últimos gobiernos y se mostró confiado en obtener "un gran triunfo, un triunfo que Chile necesita, porque después de tantos años de Concertación, le haría muy bien a nuestro país una profunda renovación". En medio de aplausos y también silbatinas, Piñera llamó a los ciudadanos a votar temprano y con calma. "Voten tranquilos. Y recuerden que dentro de la urna no hay intervención, no hay presiones, no hay abusos, está usted con su conciencia, ejerciendo su libertad" –en alusión a que el presidente Lagos había "hecho campaña" por su delfín, a lo que la Concertación respondió que era una pantalla de humo porque los números no le daban–. A la pregunta de qué haría en una eventual gestión suya respecto de los temas del gas y limítrofes con Bolivia con el futuro gobierno, el dueño de LanChile resultó evasivo: "Respeto a quien fue elegido por vías legítimas". En la Escuela Italiana votó su aliado, Joaquín Lavín, de la Unión Demócrata Independiente (UDI). Su hombre de confianza, Pablo Longueira, recibió agresiones en la comuna La Pintana, una escena repetida de la primera vuelta. A Longueira se lo asocia con el pinochetismo.

Lagos, que votó en el mismo lugar que Piñera, se mostró confiado: "Estamos contentos de haber podido", dijo, mientras atrás le gritaban "2010, 2010!", para que se postulara a las próximas elecciones. "Esta va a ser una gran fiesta democrática como es tradición en Chile; aquí vamos a culminar un período electoral y Chile vuelve a ser Chile. En la noche podremos estar orgullosos de tener un nuevo liderazgo que surge en el país." Anoche, con los cánticos de "Se siente, se siente, Michelle presidente", la Alameda era una verdadera fiesta, en sintonía de un día histórico.

Un voto masivo entre las urnas y las vacaciones

Chile se volcó ayer desde temprano a votar en las presidenciales. Para muchos fueron los comicios al borde de las vacaciones. Pero eso no evitó una concurrencia masiva.

La primera mesa de votación abrió a las 6.45 de la mañana y eso reflejó lo que se vería por las calles en torno de los principales centros de votación de Santiago: la gente salió muy temprano de sus casas a sufragar y, a medida que pasaban las horas, hacia el mediodía, había mayor congestionamiento de tránsito y un continuo afluente de un heterogéneo de votantes.

El Estadio Nacional fue el centro de votación más grande de esta ciudad –más de 400 mesas de votación– y el resultado que se diera allí –afirmaban los expertos– marcaría una tendencia de lo que sería a nivel macro. Esta enviada estuvo desde temprano en el estadio ubicado en la comuna (barrio) Providencia, que aglutina sectores acomodados, de clase media y también popular. En el sector de los hombres, Pablo, estudiante de 25 años, dijo que "(Sebastián) Piñera es mi candidato y partido". Miguel, otro joven, dijo que "soy independiente pero elijo al empresario, lo veo más capaz". El oleaje de personas no cesaba de correr. Javier, de 38 años, dijo que "por ideología no puedo votar por la derecha, voté por (Tomás) Hirsch y anteriormente por Gladys Marín y ahora por Michelle". Del lado de las mujeres, que llevaban sombrillitas para capear los rayos de sol, Alicia, de 59 años, sale sonriente de su mesa y tímidamente lanza un "los hombres no han hecho las cosas bien. Es tiempo de mujeres y Bachelet no es empresaria". Más adelante en la recorrida, Sara, de 41, ejecutiva, sintetiza su voto: "Porque es mujer". Patricia, un ama de casa de 49 años –acá las llaman dueñas de casa–, asegura que Piñera le da más seguridad. Hacia el arriba precordillerano de la capital chilena, en la comuna Las Condes, otro centro de votación yace en la Escuela Italiana, donde votaron su alcalde, Francisco Vidal, y el aliado de Piñera, Joaquín Lavín, quien aseveró que esperaba trabajar codo a codo con su ex rival de la primera vuelta. En este centro, la derecha dura de Lavín y su formación, la UDI, era favorita. Se veía mucha gente de edad avanzada. Patricio, de 42 años, decía que Bachelet le gustó desde el principio, "por su currículum". Aunque advirtió que Piñera "hizo una gran campaña, tiene la plata para ello".

Yendo a los principales puntos electorales del centro de Santiago, los subterráneos –el metro, como lo llaman aquí– están repletos y hubo gente que votó con un pie en sus vacaciones. Se veían transeúntes cargados con bolsos y valijas. Gonzalo, jefe de ventas de un supermercado, dice que sufragó por Bachelet "por una consecuencia política y social y porque no creo las mentiras de Piñera: habla de generar trabajo y les paga mal a sus empleados de LanChile y ChileVisión; con él, no habrá igualdad social".

A la entrada del Liceo de Niñas de Santiago Centro, familias enteras iban y venían, personas de edad que apenas caminaban con bastón o en sillas de ruedas como Olga, que comentó haber votado por Piñera porque "hay que acabar con la inseguridad con que se vive y que los jóvenes obtengan trabajo." Pero otra jubilada, de nombre Marta, y de 60 años, admite que eligió a la candidata porque le gusta la Concertación y no hubiera dudado en votar por Ricardo Lagos. Luego se va despacito a una parada de colectivo por Avenida O’Higgins, la principal arteria de la ciudad que cruza de Poniente a Oriente, los de abajo con los de arriba. A través de ella los carteles de cada candidato "Estoy contigo" de Bachelet y "MAS presidente" de Piñera se mantuvieron paraditos a cada esquina, sin un graffiti o una pintada, o que alguien osara romperlos. Las calles alejadas de los centros de votación se quedaron vacías.

Llegó «la madraza»

Chile eligió ayer un nuevo estilo de liderazgo. Michelle Bachelet, médica pediatra, hija del general Alberto Bachelet, un militar torturado y asesinado por el régimen de Augusto Pinochet y ella misma y su madre secuestradas y torturadas en la pasada dictadura, accede a La Moneda como un símbolo del cambio de la sociedad chilena. La dirigente socialista aporta su liderazgo femenino; no es casual que con la precandidata a la presidencia, Soledad Alvear, hayan coincidido en tres puntos: son mujeres, son políticas de trayectoria y ex ministras –la actual senadora de la Democracia Cristiana fue titular de Justicia y luego canciller, y Bachelet ocupó las carteras de Salud y Defensa del gobierno de Ricardo Lagos–.

En su círculo de trabajo Michelle es considerada sencilla, exigente, de buen humor. "Una madraza", que siempre está preocupándose por que todos estén bien, dicen. Una de sus colaboradoras contó que en este segundo tramo de la campaña, en una gira por el interior del país, Bachelet se preocupó por una seguidora embarazada y la mandó a hacer reposo. Esa misma vocación se vio en la campaña para la primera vuelta, cuando en el trágico accidente que hubo en el Puente de Buin murieron cinco personas, en las que se encontraban militantes socialistas y Bachelet acudió con su delantal blanco a dar servicio de asistencia.

Nacida hace 54 años, esta experta en salud pública con formación en Defensa tanto en Chile como en Estados Unidos, habla inglés, alemán y francés. Militante del Partido Socialista desde los 19 años, mantuvo su trabajo de ayuda a perseguidos políticos hasta que en enero de 1975 ella y su madre fueron detenidas por la DINA, la policía política de Pinochet, siendo torturadas en los centros clandestinos de Villa Grimaldi y Cuatro Alamos. Tras ser liberadas, se exiliaron en Australia y más tarde se trasladaronn a la República Democrática Alemana (entonces parte del bloque soviético), donde Michelle retomó sus estudios de Medicina en la Universidad Von Humboldt en Berlín. En ese país se casó con el arquitecto Jorge Dávalos, padre de sus hijos mayores, Sebastián y Francisca.

La presidenta electa regresó a Chile en 1979 y retomó sus estudios en la Universidad de Chile, de donde egresó en 1982 con el título de Médico Cirujano. Entre 1986 y 1990 asumió como responsable del Area Médica de la ONG Pidee, que brindaba asistencia a hijos de las víctimas del pinochetismo.

Bachelet fue la primera ministra mujer de Chile y América latina, nombrada por el gobierno de la Concertación de Ricardo Lagos en 2000 y en 2002 como titular de Defensa. En 2004 dejó ese cargo para adentrarse a su candidatura a la presidencia. El pasado 11 de diciembre se acercó al sillón presidencial, pasando a segunda vuelta con el liberal Sebastián Piñera. La campaña bis hizo mayor énfasis en mensajes claros, en el contacto con la gente que la siente cercana, en una Concertación más en bloque. Como dijo a Página/12 el sociólogo Eugenio Tironi, Bachelet "cuenta con el capital simbólico de la poderosa Concertación, va a ser un gobierno distinto porque no es trivial que sea mujer y con esa trayectoria". El analista político Manuel Garretón le dijo a este diario que "habrá que ver si Bachelet cede a las presiones más transversales de la Concertación o pone mayor acento en temas como la Justicia, una nueva Constitución, la desigualdad social".

La delfín de Lagos tendrá el desafío de ser capaz de cumplir con su proclama: orientar las políticas de su gobierno de centroizquierda a los temas pendientes: achicar la brecha entre ricos y pobres, mejorar el sistema previsional, generar empleo y llevar a Chile a un rol más activo en la región. Tendrá un Congreso con mayoría en ambas cámaras. La mandataria electa ha dicho que su gabinete será paritario, un tema fundamental para expresar ese nuevo liderazgo.

Carlos Ominami, senador socialista: «habrá un equilibrio»

Conocida la victoria de la Concertación (coalición de Socialismo, Democracia Cristiana, Partido Radical y Partido Por la Democracia), el senador socialista Carlos Ominami, ex ministro de Economía de Patricio Aylwin, habló con Página/12.

–¿Qué significa este triunfo de Michelle Bachelet?

–(El candidato opositor Sebastián) Piñera trató en esta segunda vuelta de establecer una rivalidad entre dos personas, cuando se trató finalmente de una contienda entre dos coaliciones, claramente el resultado de esta elección se podía anticipar con los resultados de la primera vuelta, porque ya se había demostrado una diferencia muy grande entre ambas coaliciones. Esa es la base, a la que se le agrega la biografía de Bachelet que provoca emoción en la calle, ligada a los derechos humanos, que ha tenido una vida mucho más compleja y esforzada que Piñera, que es un empresario. Y otro tema es el cambio cultural en un país con tradición paternalista.

–¿Cuáles son los desafíos por delante del gobierno?

–Un asunto es las relaciones con los vecinos, su inserción vecinal.

–¿Teniendo en cuenta que asumirá este mes Evo Morales, por ejemplo?

–Claro, habrá una perspectiva de integración, que debería emular el modelo europeo. Todo lo que tenga que ver con la integración energética, de infraestructura, en física; privilegiar el espacio del Mercosur.

–¿Sabrán capitalizar la mayoría en ambas cámaras para llevar adelante el programa de gobierno, en vista de las críticas de la derecha?

–El de Lagos fue un régimen hiperpresidencialista y verticalista. Con Bachelet, se dará un buen equilibrio de fuerzas, un gobierno paritario y más horizontalista. En consecuencia, no existe pretexto de hacer las cosas, sobre todo, teniendo mayoría parlamentaria.

Ganándose a sí mismos

Por Claudio Uriarte

Lo verdaderamente notable de lo ocurrido ayer en Chile es que la Concertación por la Democracia lleva 16 años ganándose a sí misma (primero fueron los democristianos Patricio Aylwin y Eduardo Frei Ruiz-Tagle, luego los socialistas Ricardo Lagos y ahora Michelle Bachelet). ¿Será, como dicen los ingleses respecto del segundo matrimonio, un triunfo de la esperanza contra la experiencia? No del todo, al menos en la medida en que la vacuidad de la esperanza (todavía incumplida) de reformas sociales tiene como contrapesos una economía exitosa, y una derecha que todavía parece lastrar con la experiencia de la era Pinochet: una suerte de pinochetismo light, sin represión pero con aún más liberalización de mercados. En este sentido, Chile ha votado ayer por el continuismo con esperanza.

Las cifras son contundentes. La candidata socialista ganó por unos siete puntos porcentuales contra su desafiante, el empresario derechista Sebastián Piñera, una especie de Mauricio Macri trasandino. El carácter conservador de la sociedad chilena ha sido repetidamente señalado. En este sentido, puede interpretarse que los chilenos han elegido quedarse con lo razonable que tienen (una coalición que ha ido progresando lentamente en la desaparición de las prerrogativas autoritarias de los militares, así como promesas –también razonables– de mejoras en la redistribución de ingresos) contra propuestas neoliberales que admitieron y aun elogiaron esos progresos, así como la necesidad de medidas redistributivas, pero cuyos portaestandartes (Sebastián Piñera y, en segundo plano, Joaquín Lavín) seguían manchados por sus asociaciones con el pinochetismo, y cuyas propuestas de mayor apertura de mercados lucieron como un peligroso salto al vacío, reminiscentes de las medidas aplicadas en los ’70 por los Chicago boys, que produjeron una euforia temporaria pero en definitiva condujeron al aumento de la marginalización social y a la explosiva crisis de la deuda de 1982.

Dentro de este renovado triunfo concertacionista, una novedad relevante se destaca: que su protagonista haya sido una mujer, que además prometió que una mitad de su gabinete estará integrado por mujeres. Esto puede parecer irrevelante o meramente simbólico (Margaret Thatcher, Condoleezza Rice y ahora Angela Merkel, después de todo, también son mujeres) pero no tanto en una sociedad machista, y donde la candidata electa, ex ministra de Defensa, es también la hija de un militar torturado hasta la muerte por la dictadura de Pinochet.

Dante Caputo: continuidad y desafíos

Por Carolina Keve

"Bachelet es la continuidad de la política de Ricardo Lagos y la Concertación, es decir un partido de izquierda que encabeza un gobierno de izquierda." Para Dante Caputo, el triunfo de Michelle Bachelet no implicará grandes cambios. "El gran desafío que enfrenta, no es más que una deuda que tienen todos los países de Latinoamérica desde el retorno a la democracia: la redistribución del ingreso", señala el ex canciller, al mismo tiempo que remarca el protagonismo que seguirá teniendo Chile en el equilibrio de las relaciones entre Estados Unidos y los países de la región.

"Este triunfo es básicamente la continuidad de la política del actual presidente, Ricardo Lagos, con un gobierno con capacidad transformadora y progresista. Esto implica seguir con las políticas de reducción de la pobreza. Hay que destacar: en los últimos años Chile mantuvo una política social excepcional, lo que hace a un país con un gobierno de izquierda que no se llena la boca con anuncios y termina gobernando para la derecha, sino que realiza cambios concretos. La Concertación es un partido de izquierda que encabeza un gobierno de izquierda."

–¿Cuáles son los desafíos con los que se enfrenta el nuevo gobierno?

–Queda un gran tema, que no es más que una deuda que tienen todos los países de Latinoamérica desde el retorno a la democracia: la redistribución del ingreso. Es un dato muy impresionante y que hace referencia al principio de igualdad que presupone todo gobierno democrático y que aquí se ha cumplido escasamente. Ese creo que es el próximo desafío luego de las grandes conquistas que ha conseguido Lagos, con un gobierno que logró demostrar que se podía terminar con los capitales especulativos en el corto plazo y bajar los niveles de pobreza. El Banco Mundial lo sintetiza muy bien: la gran diferencia la puso la política económica, pero además tenemos allí un Estado eficaz. Estamos ante un gobierno socialista que ha demostrado que estabilidad y crecimiento son cuestiones compatibles.

–¿Cómo puede llegar a jugar el triunfo en las relaciones con EE.UU.?

–Chile mantiene una política racional con ese país. Hay veces que coincide y otras que no.

–Han acusado al gobierno de Lagos de ser portavoz de la Casa Blanca...

–No estoy de acuerdo. Recordemos el voto que dio en las Naciones Unidas contra la invasión a Irak. Ahí se opuso a una cuestión central para el gobierno norteamericano. No me parece que esa sea la actitud de alguien concesivo que cede a la voluntad del otro fácilmente. A decir verdad, en América latina no vi otra respuesta parecida. Por supuesto, Chile tiene con la Casa Blanca fuerte coincidencias en el campo económico. Después de México es el que más acuerdos comerciales ha firmado. Pero no tildaría dicha política como un alineamiento automático con George W. Bush.

Atilio Borón: corrimiento a izquierda

Por Carolina Keve

"Esta elección profundiza el deslizamiento hacia la izquierda que se viene observando en la región en los últimos años", asegura Atilio Boron, aunque con algunas reservas. Para el titular de Flacso, el nuevo gobierno chileno deberá responder a las cuestiones sociales urgentes, tornando difícil la posibilidad de una transformación profunda en el mediano plazo. "Los gobiernos de la Concertación, con su irracional adhesión al neoliberalismo, plantaron varias bombas de tiempo que, probablemente, estallen en el mandato de la nueva presidente."

–El panorama que está pintando es poco optimista...

–Bachelet, que de joven fue una militante de la izquierda radical y cuyo padre murió en las mazmorras de Pinochet, tiene por delante un desafío enorme: demostrar que Violeta Parra estaba equivocada cuando decía en una de sus canciones que "Chile limita al centro de la injusticia". Para ello deberá revertir esta tendencia que en democracia convirtió a una de las sociedades más igualitarias en una de las más injustas de América latina, con índices que sólo exhiben los países más atrasados de la región. La agenda que tiene por delante es apabullante, lo más urgente es redistribuir ingresos y crear empleo, satisfacer los reclamos de los mapuches en sus luchas contra las trasnacionales, alentar la organización de los sectores populares, enjuiciar a los responsables de gravísimos atentados a los derechos humanos y reformar el régimen político, todavía marcado a fuego por la herencia del pinochetismo. En cuanto al frente internacional deberá garantizar, con el activo involucramiento de la ONU, un arreglo diplomático que le otorgue la salida al mar a Bolivia.

–¿Qué trascendencia tiene el triunfo de Bachelet para Chile y la región?

–Es importante porque fortalece una tendencia que sólo el protagonismo de los movimientos sociales –no las iniciativas de los timoratos gobiernos de centroizquierda– puede llegar a dotar de nuevos significados. Pero la trayectoria de la Concertación no autoriza demasiadas ilusiones. Si bien Chile experimentó un vigoroso crecimiento económico, su deuda social es todavía impresionante. Esto demuestra que si no hay una enérgica vocación gubernamental por redistribuir la riqueza, la dinámica del capitalismo no hace sino agrandar el hiato que separa ricos de pobres, generando un "apartheid social" incompatible con el espíritu de la democracia. Los gobiernos de la Concertación poco hicieron para contrarrestar esta tendencia y plantaron varias bombas de tiempo. Un ejemplo es el fenomenal negociado de los ya quebrados fondos de pensión.

–¿Cómo se enmarca el resultado de ayer con los procesos políticos que se viven en la región?

–Esta elección profundiza un deslizamiento hacia la izquierda, pero, por ahora, se trata de un corrimiento que está lejos de llegar a constituir una genuina alternativa de izquierda, es decir contraria al capitalismo.

«Somos parte de la izquierda regional»

Por Mercedes López San Miguel, del diario Página/12 desde Santiago

Ricardo Lagos Weber, de 44 años, hijo del popular presidente saliente chileno, llegó puntual al pintoresco bar Normandie en Providencia, donde pasan tangos. Es el encargado de los asuntos internacionales de la Concertación, abogado y economista.

–La derecha ha criticado la presencia del presidente Lagos en esta campaña bis. ¿Qué responde?

–Esta es una coalición que ha estado en el gobierno por 15 años y que pretende proyectarse. Las críticas por el lado de que ha habido muchas inauguraciones de obras de infraestructura no se sostienen: es algo que se ha venido haciendo por años. El gobierno de Lagos tiene un índice de aprobación del 70 por ciento, que no se desata en un mes antes de la elección. La derecha desvía la atención porque los números no le van a alcanzar. Más preocupante es que se sugiera que Bachelet necesita de apoyos externos a su figura. Algunos analistas dicen que ella está ahí a pesar de los partidos, su liderazgo es propio. La Concertación tuvo dos precandidatas, Michelle Bachelet y Soledad Alvear. La gente no las identifica por la máquina partidaria, sino como algo distinto. Habla de los cambios de Chile.

–Un tema pendiente –si no el más grave– es la distribución del ingreso. ¿Qué harán?

–Hace 15 años había un 40 por ciento de chilenos que eran pobres (de 10, cuatro eran pobres). Hoy más de la mitad de la pobreza se ha reducido, pero nos queda un nivel del ocho por ciento. Chile es más rico, pero esa riqueza se ha distribuido muy desigualmente. Esta elección presidencial no fue tanto con el tema del empleo –que es serio, ya que hay 500 mil cesantes–, tampoco la inseguridad, sino el tema que llevó Bachelet a la agenda de los debates fue la igualdad de oportunidades. Y en cuestiones concretas, como el acceso a la educación: si en Chile naces en un barrio pobre, vas a una escuela pobre, con poco financiamiento y estímulo. Tal vez el Estado tenga que repensar sus políticas públicas. Eso se asocia a la salud, hoy día tenemos un sistema muy nuevo, de acceso universal garantizado. Hay patologías cuyo tratamiento está garantizado.

–¿Cómo se financia?

–Con los recursos de crecimiento que dan una mayor recaudación tributaria.

–Bachelet ha planteado como la misión de su gobierno la reforma del sistema de pensiones.

–El sistema de AFP nos ha permitido ahorrar dinero que se invierte, pero la gran mayoría de los chilenos que se lo están imponiendo por el mínimo sacarán pensiones muy bajas. Con la mayoría en el Congreso que contamos, se podrá hacer una reforma con los grados de solidaridad que son necesarios.

–Teniendo mayoría en el Senado, algunos analistas dicen que se van a ver las diferencias entre la DC y el socialismo.

–Prefiero tener ese desafío u oportunidad.

–¿Se crece con tratados de libre comercio con EE.UU.?

–Tenemos tratados de libre comercio con México, Canadá, Europa, Nueva Zelanda y Singapur.

–¿Profundizarían las relaciones con los vecinos?

–Pretendemos profundizar los acuerdos. Hay que avanzar en una integración más sólida, algo que se asemeje a lo que tenemos con los otros. Integrarse no solamente para comerciar, sino en un proceso tendiente a que América latina pase a tener una visión más común de su futuro. Europa creció con 10 nuevos miembros, son una fuerza muy grande de mano de obra, ambiciones. Una forma de que nos escuchen más es que estemos ordenados internamente, que tengamos una institucionalidad y sigamos reglas claras. El Mercosur ofrece una experiencia que hay que valorar.

–¿Cómo se mira Chile en este viraje a la izquierda de la región?

–La Concertación se siente parte de esa izquierda. Hay que evitar hablar del "eje del mal" o "eje del bien", creo que son puros motes peyorativos que no comparto y que hacen perder de vista lo fundamental: son gobiernos legitimados en las urnas. Evo Morales es el interlocutor ideal para conversar, al que respaldamos.

–Morales ha dicho que llevará su reclamo a Chile sobre la salida al mar.

–Todos los gobiernos de Bolivia lo hacen, nosotros le proponemos una agenda sobre lo que hay, los tratados vigentes. Ricardo Lagos y Eduardo Rodríguez, ambos presidentes salientes, acordaron el paso de personas sin pasaporte y otro comercial, asimétrico, bajando nuestros aranceles. Son temas recientes.

–Un cuanto a Perú, con el tema Fujimori, ¿apurarán su extradición?

–Eso es tema judicial. El gobierno busca que el juicio no genere un ruido adicional a la relación.

–¿Cómo ven el gobierno de Néstor Kirchner?

–Es un presidente sólido, que tiene un amplio respaldo ciudadano, en consecuencia, se hace eficiente conversar con un líder con un gobierno fuerte. Con Argentina compartimos cuatro mil kilómetros de frontera, es un socio estratégico para mirar el futuro. Tenemos un destino común.


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