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Primera victoria de latinos
«Bush: no joda a mi pueblo»

None | 27 de Marzo de 2006 a las 00:00

El día que los hispanos le torcieron el brazo a la ultraderecha en EEUU

Por José Manuel Calvo, diario El País, Madrid.

Washington – El proyecto aprobado la noche del lunes, se encuentra en los antípodas del aprobado a fines de 2005 por el Comité Judicial de la Cámara de Representantes, que haría de la inmigración ilegal un delito federal y que causó la ola de gigantescas manifestaciones multirraciales iniciadas el sábado en Los Ángeles con una marcha de entre 500,000 y más de un millón de personas. El republicano Arlen Specter, titular del Comité del Senado, admitió que "habrá considerable controversia cuando el proyecto llegue al Senado", pero que "la opción de hacer que los extranjeros indocumentados vuelvan a sus lugares de origen es una definición muy, muy difícil; no hay duda de que han violado la ley estadounidense (...) pero es irrealista".

El asunto es explosivo en vísperas de las legislativas: iglesias, empresarios y sindicatos entran en la discusión, y George W. Bush pide que "nadie juegue con los miedos de la gente". El presidente aprovechó ayer la ceremonia de naturalización de 30 inmigrantes procedentes de 20 países para pedir "un debate civilizado y digno" y defender su propuesta de "trabajadores invitados" y un refuerzo de la vigilancia en las fronteras. "No va a ser fácil", admitió, al tiempo que detallaba el plan: "Un programa de visados temporales es vital para la seguridad de las fronteras", porque crearía "una vía legal para aquellos que vienen a trabajar y reduciría radicalmente el número de los que entran clandestinamente". Bajo el proyecto McCain-Kennedy aprobado ayer, se legalizaría en cambio a los indocumentados que hayan trabajado en el país por seis años si pagan una multa y demuestran que no tienen antecedentes penales. También les abre el camino a la ciudadanía. "No queremos once millones de fugitivos, que es lo que tenemos ahora", dijo Specter. Los senadores pueden presentar nuevas enmiendas al proyecto de ley durante el debate en el Senado, que duraría unas dos semanas. Pero Bill Frist, líder de la mayoría republicana en el Senado, dijo que la Cámara alta, que en principio tenía planeado comenzar a debatir el proyecto de ley ayer mismo, aplazó temporariamente ese debate por razones técnicas.

El proyecto de ley aprobado en la Cámara, que además proponía extender a 1000 kilómetros (un tercio de la frontera con México) los tramos de 180 kilómetros que hoy bloquean el paso en determinados puntos, reforzando el muro también con sensores electrónicos y cámaras de vigilancia y castigar severamente a los empresarios que contrataran a indocumentados, no iba a pasar el filtro de moderación que es el Senado, pero tampoco los senadores tenían una posición común. La propuesta aprobada ayer supone para los grupos contrarios a la inmigración una amnistía encubierta. En palabras de Tom Tancredo, el congresista de Colorado que dirige esos grupos, "cuando se recompensa a millones de personas por cruzar la frontera ilegalmente se da una bofetada a los que lo han hecho como debe ser". El presidente se mueve en terreno resbaladizo: los planteamientos simplistas contra la emigración tienen amplio eco en ciertos estados, y más en vísperas de elecciones legislativas; lo que menos le interesa a la Casa Blanca es otro espectáculo de desunión como el de los puertos de Dubai. Bush no puede aparentar mano blanda, porque lleva años jugando la carta de la seguridad nacional, y tampoco se puede enfrentar a los hispanos, sensibles a lareforma de la inmigración, porque son una apuesta electoral estratégica (un 44 por ciento de hispanos votaron a Bush en 2004).

Por todas esas razones, el presidente lanzó un aviso a los que agitan las emociones y atizan la xenofobia: "Nadie debería jugar con el miedo de las gentes o enfrentar a unos vecinos con otros; nadie puede decir que los inmigrantes amenazan la identidad de EE.UU., porque son los inmigrantes los que han dado forma a esa identidad americana". Tampoco, añadió, "se puede reclamar que son una carga, porque su trabajo y su iniciativa ayudan al desarrollo de la economía". En las siempre simbólicas ceremonias de naturalización están los rostros de los nuevos americanos. Bush mencionó a Verónica Pacheco, que llegó de Bolivia hace 15 años, y a Masoon Shaheen, una kuwaití establecida hace siete años y a la que le gusta EEUU porque "la gente respeta a los demás por el hecho de ser personas". "Cuando ustedes entraron aquí esta mañana", concluyó Bush, "yo era el presidente de otro país; ahora soy el presidente de su país, y es un honor para mí que les agradezco".

Lunes, otra jornada insurrecta

En Phoenix, Arizona, unos 200 estudiantes abandonaron sus colegios de secundaria y marcharon hacia la legislatura estatal para manifestar su apoyo a las políticas gubernamentales que acojan a inmigrantes ilegales y sus familias.

Los manifestantes denunciaron proyectos de ley que convierten a los indocumentados en delincuentes e imponen nuevas sanciones a empleadores que contraten a inmigrantes ilegales. También protestaron por la idea de construir una gigantesca valla de separación en buena parte de la frontera entre Estados Unidos y México.

El lunes, por lo menos 8.500 estudiantes abandonaron sus aulas en el área de Los Ángeles, dijo Mónica Carazo, vocera del Distrito Escolar de Los Angeles. Fueron acompañados por maestros y directores como "una medida de seguridad", dijo Carazo.

"Este es el mensaje de Dios para el presidente Bush: no joda a mi pueblo".

Los inmigrantes de la ciudad de Nueva York se están calentando y tienen la bendición de la iglesia. "Si firman la ley antiimigrante, será el cuchillo de su propia garganta", dijo el pastor Luis E. Espinosa en la Iglesia Presbiteriana Fort George.

El templo está ubicado en la avenida St. Nicholas y la calle 186, en el alto Manhattan. Hasta allí llegaron caminando el domingo alrededor de mil personas que protestaron contra el proyecto de ley HR4437 que pretende criminalizar a los inmigrantes.

La marcha comenzó en el parque McKenna de la calle 165 y contó con la vigilancia de la policía. "Este es el mensaje de Dios para el presidente Bush: no joda a mi pueblo". Palabras del reverendo Luis Barrios. La multitud respondió eufórica: "Aquí estamos, no nos vamos, y si nos echan... regresamos". Lloviznaba sobre La Gran Manzana, aunque también hacía sol.

"La lluvia es un buen signo porque hace crecer la semilla", dijo Carlos López, vicario de la Iglesia Santa Rosa de Lima. El religioso López hacía alusión a la marcha que los activistas y sindicalistas están programando para el próximo 10 de abril a favor de los inmigrantes.

Habían activistas comunitarios como Radamés Pérez, miembros de la Local 32BJ y militantes del Partido Socialista, quienes repartían copias del periódico El Militante. Una bandera roja y negra con la imagen del Che Guevara ondeaba al lado de la tarima de madera.

"Tenemos que derrotar la propuesta de reforma de inmigración del representante Sesenbrenner porque está en contra de la reunificación familiar y la conquista de trabajos dignos", dijo Pérez. "Es una ley infame y por eso debemos estar dispuestos a protestar en la calle".

Encabezaban la propuesta el asambleísta Adriano Espaillat, el concejal Miguel Martínez y José Fernández, de la organización de bodegueros.

La mexicana Cristina Aparicio vive en esta ciudad hace nueve años y acudió ayer a la marcha en compañía de sus tres hijos: Jessica, de seis años, Marcos, de cinco; y Guadalupe, de tres. Es de la población de Guajaca y vive en la avenida St. Nicholas con Marcos, el papá de sus tres hijos. Cristina dijo que ha trabajado en varias "factorías" de ropa, pero que actualmente no trabaja porque debe cuidar a sus hijos. El que trabaja en construcción es su compañero Marcos y gana 500 dólares a la semana. Son católicos, devotos de la Virgen de Guadalupe, extrañan a sus familias y pagan 1,300 dólares mensuales de renta.

"Todos los años pagamos impuestos y ni siquiera tenemos seguro médico", dijo Cristina mientras se desplazaba por la avenida St. Nicholas, gritando y empujando el coche con su hijo menor.

"Acompaño a mi mamá porque queremos vivir tranquilos en esta nación", dijo su hija Jessica, quien nació en el Hospital de Harlem y estudia en la escuela pública 128 del alto Manhattan.

La dominicana Herminia Cuello y su hija Mary Then vieron la marcha desde el interior del restaurante "El Pollo Dorado" de la calle 185. "Por aquí hay más ilegales que legales y si los echan no quedará nadie para trabajar", dijo Then. "Que legalicen a los indocumentados", añadió Cuello.

La colombiana Doris Macías participó en la macha por iniciativa propia y en compañía de su esposo Carlos Osorio y de su hijo. "Los inmigrantes tenemos que unirnos y derrotar esta ley que es injusta", dijo Macías, residente de Woodside, Queens.

Antes de la marcha también hablaron varias representantes del Caucus de la Mujeres Dominicanas, como Raisa Castillo, Bienvenida Corporán y Carmen Suero. "Soy abogada e hija de una inmigrante que fue indocumentada", dijo Castillo. "Pero, en este país, todos tenemos derecho como seres humanos y merecemos un trato digno".

Este semana el Senado debate la reforma a las leyes de inmigración y la comunidad inmigrante ha manifestado su aprobación al proyecto de ley presentado por los senadores demócratas McCain y Kennedy que le permite a los inmigrantes trabajar, pagar impuestos, portarse bien y aspirar a una residencia permanente.

La ley propuesta por el republicano Sesenbrenner no ofrece la posibilidad de la legalización y por el contrario criminaliza a los inmigrantes indocumentados y a las personas que los ayuden o protejan, como las iglesias.

"Dios hace justicia y ustedes no están solos. Si esta ley es aprobada, no la cumpliremos y saldremos a la calle a protestar", añadió el reverendo Espinosa. "Esta es una nación de inmigrantes".

Esta semana hay varios foros de inmigración y el próximo sábado primero de abril habrá otra marcha en las inmediaciones del Puente Brooklyn, organizada por Radio Visión Cristiana, la Confraternidad de Líderes Conciliares (Conlico) y los Ministros Hispanos. "Será algo apoteósico, superior a la marcha de Los Angeles", concluyó el reverendo y senador Rubén Díaz.


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