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«Despierta inmigrante,
que ha llegado tu hora»

None | 11 de Abril de 2006 a las 00:00

Según el experto, "la ausencia de líderes comunitarios ha sido llenada por los medios en español, sirven de enlace y eco de sus preocupaciones y han dado fuerza a esos indocumentados que ahora están protestando en público, en plena calle".

Incluso los narradores de noticias -las figuras más populares de los canales de televisión o radio en español- que han querido abordar el tema imparcialmente, se han preocupado por hacer un espacio en sus programas para pedirle a los manifestantes que sean "ordenados, levanten la basura, compórtense bien para que no digan que los latinos somos puro desorden".

"Las redes de radio están sirviendo como una gran plaza de debate, un foro intercomunitario que además apoyan el desarrollo de la actividad cívica de la gente", afirmó por su parte a la AFP Andrés Jimenez, director general del Centro de Investigación de Políticas Públicas de la Universidad de California.

Con títulos como "Quieren gozar el sueño americano" o "Despierta la América inmigrante", diarios hispanos en Estados Unidos, como La Opinión con sede en Los Angeles, han dado una amplia cobertura desde que el pasado 25 de marzo contra todo pronóstico una marcha en rechazo a las propuestas de reforma migratoria convocó más de medio millón de personas.

Este martes las fotos de las multitudiarias marchas del lunes con títulos enormes acaparaba gran parte de las primeras planas de la prensa anglosajona, y los grandes medios estadounidenses publican encuestas sobre el tema en un intento por descifrar el fenómeno.

Cumplida con éxito la jornada de protestas del lunes, empieza la cuenta regresiva para "El gran boicot económico del 1 de mayo", algo que sí abre algunas grietas en el seno de la comunidad hispana.

Pero "Un Día Sin Inmigrantes", como es el lema de esta próxima convocatoria, tendrá según los organizadores de las marchas hispanas una gran respuesta, dijeron Nativo López y Javier Rodríguez, presidentes de las influyentes organizaciones Mexican American Political Association (MAPA) y Coalición 25 de Marzo.

Un arco iris contra Bush

Por Cristian Alarcón, diario Página/12, desde Nueva York

El salvadoreño que va en la camioneta azul por Canal Street no sale de su asombro. Toca la bocina como si desfilaran frente a él un montón de mujeres hermosas. Hace aullar su instrumento de trabajo sin importarle que está prohibido en NYC. Y los que avanzan en fila entre el Soho y Tribeca, barrios de la Gran Manzana tan modernos, tan caros y exclusivos, no hacen más que responderle con esos gritos de rock and roll, de fan desesperado: "¡AuAuuuuuuuuuuuuu!". Son hombres, mujeres, niños y niñas bien arropados, de zapatillas y sin lujos que en las manos llevan banderas norteamericanas, y un crisol de otras tantas como nacionalidades se sumaron a la multitud de ayer, dueña de Manhattan. Chinos, árabes, norteamericanos blancos, negros, y una mayoría inmensa de latinos mostraron que la diversidad manda. "¡Aquí estamos! ¡No nos vamos! ¡Si nos echan, nos regresamos!", grita la multitud en un canto que resume la obstinada fuerza de la migración en un país en el que doce millones de personas esperan ser legalizadas y obtener derechos civiles. "Hoy marchamos, mañana votamos", se lee en miles de carteles que levantan mientras ocupan la avenida Broadway a lo largo de decenas de cuadras, aquí y en casi todas las grandes ciudades del país.

Tras la manifestación del 1º de abril, que sorprendió por la cantidad de gente en Los Angeles, los inmigrantes del resto de la nación se lanzaron a la calle. Sólo en San Diego fueron medio millón el domingo. Ayer, la marcha neoyorquina superó todos los sueños de los organizadores, y las pesadillas de los más xenófobos. El Senado había fracasado el viernes último en el tratamiento de una ley que pretendía darles posibilidades de legalización, aunque a sólo un pequeño porcentaje de los 12 millones –según cifras oficiales– de indocumentados que viven en los Estados Unidos. El debate ya tiene meses y lo comenzaron los republicanos que preaprobaron la ley HR4437 en la Cámara de Representantes. Se trata de un proyecto que criminaliza la migración considerando a aquellos que no tienen papeles un peligro terrorista para el país. La penalización de los migrantes es inminente si avanza el proyecto llamado Ley para la protección fronteriza, antiterrorismo y control de la migración en el Senado. Las organizaciones se nuclearon para plantear el camino opuesto: una amnistía general que permita regularizar sus situaciones. Así las cosas, la paradoja de un país bipartidista a ultranza es que tras años de silencio un nuevo actor político surge de la ilegalidad. "El gigante se despierta", resumen los medios latinos. Y no habla sólo español. Ayer el chino, el coreano, el árabe y los veinte tonos de castellano en sus variantes latinoamericanas coreaban las mismas consignas.

El gigante se despertó ayer con cierto frenesí. En Brooklyn, Queens, el Harlem. Bronx, New Jersey, o los recodos más apartados los inmigrantes, legales o no, se levantaron con ganas de salir a la calle. En los bares y restaurantes en los que siempre están tras el mostrador, friendo la comida basura o lavando los platos, abundaron los permisos por el día, los faltazos de última hora. Pero cierta desconfianza en la capacidad de convocatoria bajaba los ánimos aun de los más optimistas hasta último momento. De allí que la alegría del salvadoreño de la camioneta azul fuera desbordante. Y la de los que marchaban frente a él, superior. "Quiero decirle que es emocionante, porque están perdiendo el miedo a mostrar la cara. No andan pensando que los deportarán por pelear por sus derechos. Yo ya me legalicé, vine en el ’91. Crucé caminando desde México. Pero todos mis familiares que llegaron después andan ilegales y siempre en los trabajos abusan de ellos", dice Juan Antonio, de Usulután, pueblo del sur de El Salvador.

Cuando los avanzados que a las tres de la tarde ya iban hacia el City Hall, en el sur de la isla, coparon Broadway Avenue, el grito fue de los obreros de la construcción que sin permiso para marchar seguían a esa hora levantando un rascacielos. "¿Qué tú crees? ¡Con semejante manifestación les sacamos la amnistía, hermano!", se entusiasmaba uno. "¡Ya deja ese martillo, brother! ¡Vente pa’cá! ¡Mira lo que te estás perdiendo!", lo invitaba un puertorriqueño desde el río de gente encauzado por la policía neoyorquina con buenos modales pero fuertes vallados. De hecho, a la vista de un argentino acostumbrado al caos de las marchas porteñas, lo de aquí resulta gracioso. La policía encierra en corralitos de vallas de metal a los manifestantes cuadra a cuadra. Crea además un pasillo vacío y otro en una de las veredas para permitir el tránsito de los que no se suman a la protesta. Y luego, a medida que se va juntando gente, de manera coordinada, dejan avanzar, muy de a poco, hacia el palco, en el otro extremo, diez cuadras más abajo. El resultado es un largo camino de banderas y carteles, cantos y gritos. El clima de fiesta ganaba ayer. "¡Somos americanos! ¡Somos neoyorquinos!", gritaba un líder chino en inglés a la muchedumbre, que coreaba luego: "Sí, se puede. Sí, se puede!!!", uno de los lemas más fuertes en todo el país.

–¡¿Qué queremos?! –pregunta desde el púlpito frente al City Hall el locutor que enfervoriza con su tonada centroamericana a las masas.

Pantallas gigantes sostenidas por unas grúas que salen de camiones estrambóticos repiten la imagen del púlpito a lo largo de la Brodway.

–¡¡Legalización!! –ruge la masa.

Sobre esa transmisión en vivo dentro de la misma marcha se pasan entonces imágenes de varios puntos de la avenida. Niños fascinados con las banderas que agitan, madres con cochecitos, grupos de amigos.

–¡¿Cuándo?¡ –insiste el morocho que se parece a Rubén Blades.

–¡¡¡Ahora!!! –responden.

Desde el palco, una banda de rock hace canciones de los ’80 entre orador y orador. Sacan desde atrás un tema, por ejemplo de Bruce Springsteen, como si se tratara de un show televisivo con banda en vivo –¿recuerdan uno de Badía y otro de Repetto?– y la gente lo baila unos segundos, hasta que el próximo discurso comienza. De pronto Hillary Clinton, senadora por Nueva York, habla para los inmigrantes, con miras al ’08. Les dice que son ellos los que hacen el peor trabajo, los que limpian sus casas, sus coches, sus escuelas; que son ellos los que ponen el cuerpo y que los Estados Unidos deben agradecerlo. Son varios los demócratas que aprovechan el estrado para lanzar frases suaves aunque no muy promisorias sobre la legalización. Taleigh Smith, activista antiglobalización, de Seattle, está con su cámara al hombro registrando la protesta. "Da rabia ver a los demócratas que se llenan la boca y de todas formas tratan de sacar una ley apenas más piadosa que la de los republicanos dejando afuera a una mayoría", dice. La ley que se cayó el viernes plantea que obtienen legalidad los que tienen más de cinco años en Estados Unidos. Para los que tienen entre dos y cinco años aquí la cosa es más dura: tienen que salir hacia sus países para pedir legalización. Los otros millones que llegaron en los últimos dos años no tienen derecho a nada y serían tratados como criminales.

"¡Somos inmigrantes, no somos criminales!", entonan los dos hombres de gran porte y gorras de béisbol. Tienen 56 y 52 años. Llegaron de Ecuador hace más de 20 años y ya no son ilegales. Pero forman parte del fuerte sindicato de la limpieza de edificios, el SEIU, uno de los que adhirió a la marcha. Trabajan en el mantenimiento de una torre de Wall Street, cerca de la marcha. "Nosotros tenemos la suerte de ganar 19 dólares la hora. Pero el mínimo es 6,75 y con eso usted hace unos 800 dólares por mes. La renta mínima para una familia es de 1200, así que saque cuentas de cómo vive un trabajador", dice Francisco Guzmán, el mayor. "Los americanos se aprovechan y al final ganan con la ilegalidad de los nuestros." Pasos más allá, Rosario Portales, guatemalteca con un año en la ciudad, confiesa temerosa que ella, como ilegal, recibe apenas 300 dólares por mes por su trabajo como cocinera en un puesto de hamburguesas. "Me sueño yo siendo legal, para poder comer mejor", dice, sencilla y envuelta en una bandera norteamericana que quiere hacer suya con una amnistía soñada.

Argentinos también hay, perdidos por ahí, pero vistosos en la marea migratoria. Luis Suárez se puso la celeste y blanca como capa y hasta tiene una escarapela de strass en el corazón de su remera ajustada. Expulsado –dice– por el corralito que le dejó su indemnización encerrada se vino por un trabajo. Lo tiene. No falta, jura. Es el food-runner de un restaurante y logra sus 1800 dólares mensuales. Le alcanza para vivir con dos amigos, pero no deja de sentirse preso. No puede volver de vacaciones. A su madre, que cría a su hijo de 15 años en Buenos Aires, no le dan la visa. "Hablamos por teléfono, pero sufrimos todos", cuenta. "Por eso les mando el mensaje de que acá vamos a pelear por que no nos hagan vivir como delincuentes."

–¡Ningún ser humano es ilegal! –grita desde el palco otro líder chino, pero en español cantado. Es la consigna que más suena. Va escrita en carteles varios.

Hacia el final de la columna de un kilómetro, cuando la clara luz de primavera cae entre los edificios de la avenida Brodway calmando el frío intenso, este cronista se cruza con varias travestis. Una es mejicana. Las otras dos argentinas. Mauricio Rodas, conocida en los ’90 como Estrellita en el Moroco y Ave Porco, anda de camiseta de la Selección y una bandera norteamericana clavada en el rodete. Su amiga entrerriana habla por teléfono con su mamá, en Entre Ríos. "Estoy en la marcha de los ilegales", le dice a su hermana, del otro lado de la línea. "¿Cómo qué ilegales? ¡Los inmigrantes ilegales, tarada! ¡Pasame con mamá!", manda. Mauricio confiesa prostituirse por dólares. Algo parecido sus amigas. Llevan siete años en Manhattan. Viven en pleno Times Square. Quieren papeles. "Queremos una amnistía. Que podamos entrar y salir de los Iunaites con tomarnos una pildorita", bromean, y salen volando como libélulas entre los mexicanos que las piropean. La bandera norteamericana se agita con el viento en la cabeza de la Estrella. Y los del pulpito hacen que la masa repita, a todo pulmón: "¡We are american!".

Ciudad por ciudad, migrantes sacuden a EU en demanda de un trato justo

Por David Brooks, diario La Jornada, desde Washington

Desde temprano las calles comenzaron a llenarse de quienes llegaron de todo el mundo a este país, primero en Atlanta, después en Los Angeles, más tarde en Washington, Phoenix, y en esta ciudad, y de repente eran incontables los lugares -por lo menos 125 ciudades- donde se realizó la acción coordinada a escala nacional más grande de la historia en defensa de los migrantes.

Las demandas del denominado "día de acción nacional por la justicia para los migrantes" fueron universales, sólo que expresadas en los particulares acentos de cada país de origen. "Somos trabajadores, no terroristas", "En Estados Unidos todos son migrantes", "Los pioneros no necesitaban la green card". La consigna fue "Sí se puede", por todas partes.

El español se ha convertido en el idioma oficial de este movimiento y líderes religiosos anglosajones, políticos estadunidenses, líderes afroamericanos, sindicalistas, árabes, chinos, africanos y hasta irlandeses decidieron, al tomar micrófonos por todo el país hoy, que por lo menos algunas palabras tenían que ser en español.

En Washington los organizadores calcularon haber superado por mucho los 180 mil que se esperaban. El cardenal Theodore McCarrick, de la capital, acudió a bendecir la concentración y su discurso fue casi todo en español, ante el gozo de los miles que lo escucharon. El senador Edward Kennedy se presentó a la manifestación y dijo que este movimiento era como el de los derechos civiles de hace medio siglo. "El doctor Martin Luther King Jr. hizo un llamado a la nación para hacer soñar la libertad. Es hora de que los estadunidenses alcen la voz de nuevo, esta vez en orgullo por nuestro pasado inmigrante y en apoyo de nuestro futuro migrante."

Estudiantes latinoamericanos de varias preparatorias de Virginia y Maryland tomaron el micrófono y declararon que forman parte de "este movimiento por la justicia". Estas voces de la juventud se repitieron por todo el país en las acciones de hoy.

"Estamos así porque dicen que somos ilegales, los que estamos en las esquinas de todo este país", declaró Ramón García, de una agrupación de jornaleros. "Pero ¿dónde está la ilegalidad? La libertad, la justicia y el trabajo son derechos universales, y eso nos están negando, ellos son los ilegales. Al pueblo de Estados Unidos, le pido que recuerde su historia, que este país se formó con puro migrante", dijo ante los miles concentrados en el monumento a Washington.

Esos mensajes hicieron eco por todo el país. En Phoenix marcharon, según los organizadores, hasta 300 mil, mientras unos 75 mil lo hicieron en Fort Myers, Florida, más de 40 mil en Atlanta, y se realizaron boicots y paros en partes de Carolina del Norte. Se realizaron marchas y manifestaciones a lo largo y ancho del país -a veces con decenas de miles, a veces con unos cientos- en Lexington, Kentucky; en South Bend, Indiana; en Filadelfia, en Omaha, Nebraska; Dodge City, Kansas, Portland, Maine, y Houston, Texas (50 mil) -acciones programadas en casi 40 estados (de los 50) de esta unión- hasta en Alaska, donde unos 30 activistas realizaron un acto de solidaridad en Anchorage con los "paisanos" mexicanos en otros estados.

Durante el transcurso del día llegaban más noticias: 50 mil en Houston, en Las Vegas 3 mil 500, 10 mil en Fresno, California. En el pueblito de Garden City, Kansas, con una población total de 30 mil, se informó de una marcha de 3 mil, o sea, 10 por ciento de esa población. En Champaign, Illinois, en pueblos de Carolina del Norte, en Maine. En Boston se reunieron brasileños, dominicanos y chinos. En Seattle participaron miles de mexicanos, argentinos y migrantes de Costa de Marfil. Unos 25 mil marcharon por Madison, Wisconsin, y continuaban los informes desde todas partes de este país.

En la capital de Mississippi -Jackson- en pleno epicentro del sur profundo y sitio sangriento del movimiento de derechos civiles para los afroestadunidenses, unas 500 personas se presentaron y cantaron la canción histórica de ese movimiento, We Shall Overcome (Venceremos), en español.

Organizadores y activistas han señalado que todo esto es "el nuevo movimiento de derechos civiles". Por cierto, ayer en Birmingham, Alabama, manifestantes marcharon sobre la mismas calles donde hubo algunos de los peores enfrentamientos en los años 60 entre policías y activistas de derechos civiles, y el mitin fue realizado frente a una estatua de Martin Luther King Jr.

Hoy en Atlanta, el reverendo James Orange declaró ante los 50 mil reunidos ahí: "pueblos del mundo, hemos llegado aquí para decir que éste es nuestro momento". En otros lugares participaron líderes religiosos musulmanes, rabinos, evangélicos y hasta budistas.

Con la megamarcha de medio millón de personas en Dallas con que arrancó esta jornada de acciones, parecía no haber punto del mapa estadunidense en el que no hubiera algo, desde estudiantes que dejaron las aulas hasta trabajadores que suspendieron sus labores para sumarse a las marchas de costa a costa, de norte a sur.

Ya había señales de que este Estados Unidos no es el mismo que hace unos meses. Ayer en Washington, en la misa del Domingo de Ramos a la que asistió el presidente George W. Bush y su esposa, a una cuadra de la Casa Blanca, el reverendo Luis León mencionó durante su sermón que él tenía la intención de sumarse a la manifestación en defensa de los migrantes programada para hoy en la capital.

Una vez más, la radio latina y otros medios "étnicos" fueron claves en la convocatoria a los miles de asistentes. La infraestructura de muchas de estas movilizaciones estaba en manos de varios sindicatos nacionales (en Washington, el presidente de la central obrera AFL-CIO encabezó parte de la marcha; en Nueva York fue el sindicato de servicios SEIU el que se encargó de la coordinación de la manifestación), pero también de líderes religiosos y con la gran energía de los estudiantes.

Pero los protagonistas fueron los migrantes mismos -mexicanos y latinoamericanos la gran mayoría- que forman las filas de estos sindicatos, los que llenan las iglesias, los alumnos, pero sobre todo los trabajadores que sostienen esta economía (y de la de muchos de sus países de origen).

Tan poderosa ha sido esta ola de manifestaciones que alcaldes, cardenales, legisladores y otras figuras de las cúpulas política y social de diversas partes del país se han visto obligados a presentarse, y hasta participar. Hoy, el senador Kennedy estuvo en Washington; representantes federales y estatales -entre ellos la senadora Hillary Clinton y los representantes Nydia Velásquez y Charles Rangel, acudieron a la concentración en Nueva York.

Las banderas también enviaron mensajes, con migrantes de todo el planeta llevando la enseña estadunidense, porque "nosotros también somos Estados Unidos". Pero a la vez, varios portaban las banderas de sus países, y las imágenes eran un mosaico de colores. Alguien decidió coser la bandera estadunidense y la salvadoreña en una sola, otros llevaban dos. En muchas de las marchas la gente se vistió de blanco, símbolo de que estas acciones son pacíficas, y así fueron, mientras la policía reportaba casi ningún incidente grave.

Pero como comentaron a La Jornada varios participantes en las manifestaciones desde Los Angeles, Washington y otras ciudades, lo notable fue el tono festivo de las movilizaciones, donde participaron familias, se celebró la resistencia y el hecho de que cientos de miles de migrantes decidieron salir de las sombras y declarar a pleno sol "ya no somos invisibles".

Durante las últimas 48 horas este país ha sido testigo de la movilización de más de millón y medio de personas -de migrantes y sus aliados- en casi cada estado, en demanda de justicia, respeto y dignidad.

Habrá más acciones, dicen los organizadores. Algunos están impulsando un paro y boicot nacional por los migrantes para el primero de mayo -día en que buscan que ningún migrante vaya a trabajar, no compre nada, no vaya a la escuela- y buscar así que este país sienta lo que es "un día sin migrantes". Con la acción de ese día se cierra un círculo de cierta manera: el primero de mayo se conmemora en todo el mundo (menos en este país) la lucha por la jornada de ocho horas que nació en Chicago a finales del siglo XIX, un movimiento de trabajadores migrantes.

Por otro lado, una nueva encuesta de CBS News difundida hoy registra que una amplia mayoría de estadunidenses -74 por ciento- opina que a los indocumentados se les deber permitir permanecer aquí si cumplen con condiciones (pagar una multa, pagar impuestos, hablar inglés, haber residido aquí durante cinco años y no tener antecedentes penales). Sólo 23 por ciento se opone. A la vez, sólo 26 por ciento aprueban la manera en que el presidente George W. Bush ha manejado el tema de migración, 53 por ciento lo desaprueba. Un 43 por ciento cree que el Partido Demócrata haría una mejor labor sobre migración, y 31 por ciento opina lo mismo de los republicanos.


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