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Chávez, Maradona y Argentina hacen de
Mar del Plata una jornada memorable

None | 5 de Noviembre de 2005 a las 00:00

Textos del diario Página/12, de Buenos Aires, diario La Jornada, de México, y agencias noticiosas

"Hoy el tipo llegó y saludó con la mano... ¡y no había nadie! Bush es el hombre que saluda a la nada." Lo dice él, el hombre que con la mano hizo un gol, y que cuando saluda escucha siempre lo mismo: "Diegooo, Diegooo", aunque su audiencia sea una nutridísima conferencia de prensa en la Sala de Jefatura de la estación Constitución, aunque sea un jueves a las once y media de la noche, aunque esté rodeado de hombres como Evo Morales o Emir Kusturica, aunque la partida del Tren del Alba se esté retrasando porque no había manera de hacerlo entrar a la conferencia de prensa sin que el entusiasmo que él provoca lo sepultara bajo una avalancha de cámaras y cables. A Maradona lo excede lo que él mismo provoca, opaca absolutamente a todo lo que lo rodea, genera un amor packman que se devora hasta sus buenas intenciones, pero eso no le impide que las tenga. Declara "querer profundamente" a Fidel Castro, y cuando habla de Bush deja entrever, más que una convicción ideológica, una especie de herida personal sublimada y fundida con sus orígenes y sus sentimientos argentinos y latinoamericanos: "Nos desprecia. Es una basura humana. Estoy acá para defender la dignidad argentina. Que sepa que no lo necesitamos, que no le damos la bienvenida, que no lo queremos". Cuando termina de hablar, se escucha, por parte de personalidades, periodistas, camarógrafos y fotógrafos: "Diegooo, Diegooo".

Los cinco vagones plateados de El Marplatense están a tope. El tren es una belleza. Cortinas de pana, asientos radiantes, baños impecables, bandejitas con sándwiches de miga, bebidas sin alcohol de cortesía. El diputado Miguel Bonasso, artífice de esta iniciativa; el director y músico Emir Kusturica, el líder boliviano Evo Morales y el astro Maradona viajan en el último vagón, que permanece cerrado a la prensa. La lista de personalidades que viajan en el tren es larga, pero uno puede ir confeccionándola a medida que lo recorre. Víctor Heredia, Tristán Bauer, Mirta Busnelli, Leonor Manso, Juanse, el padre Farinello, Luis D’Elía, Ariel Basteiro, Oscar Martínez, María Ibarreta, Teresa Parodi, Enrique Oteiza, Gustavo López, María Elena Naddeo, Félix Schuster, todos andan por ahí, sentados o haciendo equilibrio entre los infinitos cables que desenrollan los camarógrafos de, se diría, mil canales.

Acompañados en la madrugada

–Te dije que era el que se bajaba del Honda cuando llegamos –le dice un iluminador a un camarógrafo.

–¡No! ¡Qué va a ser ése! ¡Si lo recibieron tres bomberos!

–¡Es ése, boludo! ¡Lo teníamos para nosotros solos y no lo hicimos!

El que se había bajado del Honda era Evo Morales, que ahora en el tren es una figurita que se cotiza. Un equipo de Canal 7 lo apalabró para que venga al coche-comedor a hacer la nota, pero Evo viene desde el último vagón y, en el camino, lo interceptan otros equipos y hace más de una hora que no se puede ni ir ni venir de ninguna parte. No se puede ni ir al baño, porque de un lado lo están atajando a Morales, y del otro está dando notas Miguel Bonasso.

–La presencia de Diego Maradona cambia la escena. Le da masividad y calidad a esto. No es una iniciativa de un partido, ni de una fracción. Estamos pensando en serio en una Patria Grande –dice Miguel Bonasso, transpirado pero a todas luces feliz de esto que ya dejó de ser una idea y es efectivamente un tren en marcha.

–Yo no estoy acá porque venga Maradona. Iba a venir igual. Ni siquiera estoy acá para repudiar a George Bush –dice por su parte Oscar Martínez–, porque me parece que lo que yo repudio excede a su persona. En los años ’70 no estaba Bush, pero sí existía el imperialismo norteamericano. Estoy acá para repudiar eso que viene pasando desde hace décadas. Ese sojuzgamiento. Esa indignidad que implica el imperialismo norteamericano para nuestros países. Y hay que estar alerta, porque si no pueden con toda la región van a ir tentando a uno por uno. Hoy mismo Uruguay, que tiene un gobierno supuestamente progresista, firmó un convenio bilateral con Estados Unidos. Entonces no al ALCA, pero no también a esos acuerdos.

–Ahora se puede armar algo lindo –dice Luis D’Elía–, con Kirchner, con Chávez, con Lula, con Evo... Es una nueva oportunidad y hay que aprovecharla, no hay que asustarse, hay que organizarse. Les contestamos con esto, con alegría, con Diego, que es la alegría.

Pero Diego, ¿dónde está?, preguntan todos. Al rato, como a las dos de la mañana, los miembros de la organización, para tranquilizar al pasaje de los últimos vagones, casi todos periodistas, pasan primero pidiendo y después suplicando que todo el mundo se siente para que Diego, Bonasso, Kusturica y Morales hagan una recorrida por los pasillos. Finalmente, triunfa el raciocinio entre los perros de presa que ya advirtieron que nadie obtendrá un resultado demasiado diferente al de al lado.

San Diego

Estoy en el coche comedor, no sé por qué ni con quién, desde hace mucho, porque el tránsito viene siendo muy poco fluido. El azar me trajo a este asiento, el primero a la izquierda de la puerta. Se escuchan gritos y aplausos del otro lado. Veo la estatura de Bonasso pasar sonriente y explicándole a alguien:

–No, no es el Tren del Alba porque amanece. Es el Tren del Alba por la Alternativa Bolivariana para las Américas. Y de paso, amanece.

Estoy anotando en mi libretita, levanto la cabeza y Diego me sonríe. Se acerca y me da un beso.

–¿Cómo estás? –me pregunta.

–Bien –le digo, un poco trabada.

Y percibo en ese breve instante el escalofrío que recorre el vagón del coche-comedor, con unas cuantas decenas de almas preparando sus mejillas y guardándose las preguntas, porque Diego está cansado y está por irse a dormir, pero antes va a saludar a uno por uno. Nunca fui feligresa de la Iglesia Maradoniana, pero cuando un rato después el fotógrafo me muestra la imagen digital de ese beso, le digo:

–¡Ay, qué lindo! ¿Me la vas a dar?

Me siento estúpida, pero no estoy sola. Una productora de televisión, a mi lado, se frota el brazo con fuerza.

–¿Te duele? –le pregunto.

–No, me lo tocó –me contesta.

Diego se detiene en la mesa en la que Leonor Manso y Mirta Busnelli están tomando café. Las saluda y comparte con ellas sus pensamientos sobre Bush, que giran siempre alrededor de la palabra "dignidad".

–Basta de agacharse. Que lo sepa, que se entere, acá nadie lo quiere, que no salude a los no lo saludan, que no venga a tratarnos como a súbditos, no somos súbditos de él ni de nadie.

Todos a su alrededor asienten. También Kusturica, que no vino a hablar sino a seguirlo a Maradona a sol y a sombra, que lo estudia de cerca y desde sus alturas, como digiriendo al personaje complejo sobre el que está trabajando. Kusturica adhiere a los planteos de Maradona, saluda cordialmente pero no da notas, y aunque él mismo es una estrella cultural con un enorme brillo, permanece todo el viaje adherido a esa otra gran estrella que se encarga de dispensarlo de las declaraciones.

El fotógrafo me muestra después otra imagen: el padre Farinello dando una nota a un periodista que está en el asiento de atrás y, a su lado, alguien roncando. Bueno, así fue este viaje del Tren del Alba. Edgardo Esteban, el autor del libro Iluminados por el fuego, entrevista de madrugada a Juan Cabandié, uno de los nietos recuperados. Juanse, de los Ratones Paranoicos, pasa la noche jugando al truco y hay una cola de candidatos para hacerle de pareja. Hay gente durmiendo en el piso alfombrado y, al lado, gente dando entrevistas en voz baja para no despertar a nadie. Todos hablan más o menos de lo mismo: de hacer algo juntos y de tener orgullo.

Cuando a las seis y media de la mañana el tren llega a Mar del Plata, se escucha lo de siempre: "Diegooo, Diegooo". Son los que están esperando al tren, o mejor dicho: los que lo están esperando a Maradona. El quiere esta vez ser uno más, convocante, útil, generoso. Pero su aura vuelve a excederlo y está claro que es imposible que baje del tren como los demás, y salude y marche como los demás. El amor que le tienen lo puede devorar. Un patrullero debe venir a rescatarlo de ese amor. Y dentro de un rato, en Luro e Independencia, donde se concentrará la marcha hacia el estadio, los organizadores y él mismo llegarán a la misma conclusión. Maradona es mucho, tanto que parece demasiado.

«Le arrancaría la cabeza de un pelotazo

Maradona aseguró que si tuviera al presidente estadounidense George W. Bush bajo un arco le "arrancaría la cabeza de un pelotazo". En Buenos Aires, antes de abordar la madrugada del viernes el tren de protesta a Mar del Plata, contra la presencia del mandatario estadounidense, el ídolo argentino del futbol calificó de "basura humana" al presidente de Estados Unidos.

"Pido a los argentinos que entiendan que vamos por la dignidad, para defender lo nuestro, lo argentino", dijo Maradona antes de subirse al llamado Tren del Alba, que transportó a diversas personalidades de Buenos Aires a Mar del Plata para participar hoy en la manifestación de repudio por la presencia de Bush en la Cumbre de las Américas que se está celebrando en la localidad argentina.

Junto con Maradona viajaron personajes como el político boliviano Evo Morales y el director de cine serbio Emir Kusturica.

El también llamado El 10 recorrió durante el viaje los cinco vagones del tren, en el que se agolpaban casi 300 personas, la mayoría militantes peronistas de izquierda que apoyan la gestión del presidente Néstor Kirchner, junto a personalidades de la cultura como los cantantes Víctor Heredia y Teresa Parodi.

"Es un orgullo como argentino ir en este tren para repudiar a esta basura que es Bush", declaró Maradona en la conferencia de prensa previa a la partida de la formación desde la estación porteña de Constitución. La partida estuvo acompañada por la murga de la hinchada del club de futbol Boca Juniors, que suele seguir a Maradona a todas partes.

El tren donde viajaron Maradona y el candidato presidencial boliviano Evo Morales partió a las 12 de la noche hacia Mar del Plata, para sumarse a las marchas contra la Cumbre de las Américas.

Una multitud que repudió a George W. y al ALCA

La lluvia fue el único contratiempo que castigó la masiva marcha con la que se repudió la presencia del presidente norteamericano George W. Bush en la Argentina. Más de 30 mil manifestantes recorrieron las cerca de 26 cuadras que separan el punto de encuentro del estadio mundialista, donde se realizó el acto en el que habló el venezolano Hugo Chávez. Allí caminaron los más de 12 mil participantes de la denominada III Cumbre de los Pueblos y los organizadores del evento, el nucleamiento Argentinos por la Patria Grande, que movilizó un tren desde Constitución, en el que viajó Diego Maradona como figura estelar.

Los dos grupos de manifestantes estaban diferenciados. Con la bandera de repudio al ALCA marchaban los organizadores de la Cumbre de los Pueblos, que adhirieron al acto del estadio: el Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, Nora Cortiñas de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, los diputados Claudio Lozano, Jorge Rivas, María América González y el dirigente del Partido Comunista Patricio Echegaray. Un camión de sonido marcaba el ritmo. Las consignas contra la presencia de tropas militares de ocupación en Haití y el pedido a los gobiernos latinoamericanos para que revisen esta decisión era una de las más repetidas. Matizadas claro está con el repudio al norteamericano.

Un tanto más lejos, la columna que reunió a los famosos que bajaron del tren del ALBA, más los miles que llegaron en micros, tenía el tinte de la bandera argentina de Barrios de Pie. Una enorme pancarta, que los organizadores llevaban desafiando el fuerte viento, mostraba los retratos de los presidentes Fidel Castro, Hugo Chávez, Néstor Kirchner, Luiz Inácio Lula da Silva y Tabaré Vázquez.

"No creo que Fidel se abrazara o saludara a Bush", comentaron dos jóvenes que estaban en la esquina de Independencia y Vieytes, al reparar en el panel de los retratos presidenciales. En las esquinas, grupos de personas esperaban sumarse a la manifestación. La del grupo Argentinos por la Patria Grande era encabezada por Hebe de Bonafini, Miguel Bonasso, Luis D’Elía y otros dirigentes de los grupos piqueteros cercanos al kirchnerismo. Una de esas agrupaciones se reunía bajo el estandarte de Movimiento Sur, un nucleamiento que trabaja en municipios del sur del Gran Buenos Aires y responde a una secretaria de Alicia Kirchner en el Ministerio de Acción Social.

La multitud que se abalanzó sobre Maradona cuando el tren llegó a la estación de Mar del Plata le impidió al Diego participar de la movilización. En un descuido de sus fans, escapó por una ventanilla y se dirigió en auto directamente hacia el estadio. Desde algunos edificios saludaron a los manifestantes con la bandera argentina e incluso con papelitos blancos. La mañana recién desembarcaba sobre la ciudad, por eso muchos de los que se asomaban por las ventanas lo hacían con el mate en la mano. La numerosa delegación cubana le puso ritmo a la mojada y fría mañana. Al ritmo de música caribeña acompañaron varias consignas contra el imperialismo. Los colores se sumaban en las banderas verdes del movimiento campesino, el lila del movimiento feminista, el verde a favor del aborto legal, los pañuelos blancos de las Madres de Plaza de Mayo, las banderas rojas de la CUT o el Movimiento de los Sin Tierra del Brasil. Algo unificaba tanta diversidad: el repudio a George W. Bush y su anexionista propuesta de crear un área de libre comercio de la Américas (ALCA).

"Está muerto el ALCA, acá está la tumba"

Escuche las palabras introductorias del Presidente Chávez (click aquí Windows Media)

"Me voy a la otra cumbre, voy a llevar las palabras de ustedes", dijo a modo de despedida después de citar una definición de José Martí con la que había insistido a lo largo de las casi dos horas y media que duró su discurso: "Llegó la hora de la segunda independencia de los pueblos". Momentos antes del comienzo oficial de la IV Cumbre de las Américas y cuando las delegaciones de los 34 países de América latina empleaban su tiempo en reuniones bilaterales, el presidente venezolano Hugo Chávez se plantó como la alternativa a la propuesta norteamericana de crear un Area de Libre Comercio (ALCA). Lo hizo insistiendo con su iniciativa de crear una Alternativa Bolivariana para los pueblos de América (ALBA) y también con la fortaleza que le da ser el país poseedor de la mayor reserva petrolera y el octavo en las reservas de gas como el mismo subrayó. A esa altura el sol llegó para reparar un frío intenso y una llovizna persistente que no pudo con el ánimo festivo y militante de la multitud que llenó el estadio mundialista de Mar del Plata.

La despedida igualmente no fue sencilla. Uno a uno, Chávez fue saludando a los organizadores del acto con el que se repudió la presencia de George W. Bush, bajo la sigla Argentinos por la Patria Grande. El titular de Asamblea Nacional de Cuba, Ricardo Alarcón; el diputado Miguel Bonasso, Diego Armando Maradona, la titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, ocupaban la primera fila del encuentro. Más atrás se podía ver a Teresa Parodi, Mirta Busnelli y Leonor Manso. En un costado estaban los invitados de la Cumbre de los Pueblos, el Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, Nora Cortiñas y Mirta Valle, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.

Los más de 30 mil personas que colmaron el estadio llegaron luego de marchar durante cerca de 26 cuadras. La lluvia dio un breve descanso a la multitud que la había enfrentado en el trayecto que va desde las avenidas Luro e Independencia hasta el mundialista. Las banderas celestes y blancas de distintas localidades de Barrios de Pie y de la Federación de Tierra y Vivienda se entremezclaban con las cubanas, con las venezolanas, con las rojas con letras blancas de la central sindical brasileña de trabajadores (CUT), con la del sindicato de los telefónicos, Foetra Capital, con las pecheras azules de la CTA, con las banderas de Movimiento Evita, que se empeñó en hacer escuchar la marcha peronista.

Los integrantes de la Cumbre de los Pueblos se fundieron en el estadio con la multitud que llenó el césped y las tribunas. "Quien quiere morir vende a un solo pueblo, quien quiere salvarse vende a más de uno", dijo el locutor Quique Pesoa, leyendo una cita que José Martí formuló en 1889. La música se alternó con la presentación de los personajes que estaban en el palco. Todos ubicados debajo de una inmenso estandarte con el retrato del guerrillero Ernesto Che Guevara, uno de los más vivados durante el acto. Comenzó tocando el chileno Francisco Pancho Villa. Luego lo hizo el cubano Amaurí Pérez. Aquí Pesoa recordó que Silvio Rodríguez supo definir a Amaurí como el primer juglar de la nueva trova. Siguió el cubano Vicente Feliú, y luego llegó Silvio Rodríguez, lejos el más esperado por la multitud. "¿Qué día toca Silvio?", solían preguntar los vecinos al estadio, desde que comenzaron las actividades en el mundialista.

Los números musicales se alternaron con la presentación de las personalidades que se encontraban en el palco. Se destacaron las participaciones del ministro de Cultura de Cuba, Abel Prieto, y del cantante Daniel Viglietti. Silvio ya había ocupado su silla cuando un tumulto no dejó dudas de que Chávez estaba ingresando.

La lluvia castigaba con fuerza cuando Pesoa presentó a la indígena ecuatoriana Blanca Chancoso. Saludó primero en quechua y luego encastellano. Fue la encargada de leer las conclusiones de la III Cumbre de los Pueblos. Chávez pidió copias del documento para entregarle a sus pares latinoamericanos en la otra Cumbre. "Debés amar la arcilla que está en tus manos", comenzó Silvio. La lluvia seguía golpeando fuerte. Rodríguez le cedió la guitarra a Viglietti, quien dijo "si usted no se ha puesto a pensar que la tierra es de nosotros o es del que tenga más". Volvió Silvio para invitar a Víctor Heredia. Junto a Amaurí Pérez, se despidieron con Cita con Angeles. Las tribunas reclamaban la presencia de Chávez.

El venezolano no se hizo rogar. Se paró frente al atril y emprendió un exorcismo contra el mal tiempo. "Blanca Chancoso me dijo que la lluvia se la espanta soplando tres veces al aire", comentó mientras soplaba el micrófono. Con aires de maestro de ceremonia presentó a quienes lo acompañaban. Lo invitó a Maradona a saludar al público. Lo llamó El Pibe de Oro. "Los quiero mucho. Argentina es digna, echemos a Bush", fue el breve saludo de El 10. El venezolano saludó a Bonasso, a Edgardo Depetris, a Luis D’Elia, muy silbado desde los cuatro costados. Igual que otras veces en que habló ante los argentinos, comentó que cuando estaba llegando al estadio, le acercaron un teléfono y del otro lado de la línea estaba Fidel Castro. Contó que el presidente cubano estaba siguiendo las transmisiones del acto y que para despedirse dijo: "Viva el Che, carajo".

Por su largo discurso desfilaron los próceres de la independencia americana. Destacó la necesidad de una segunda independencia. "El ALCA está muerto, hay que enterrarlo", exclamó. "En Mar del Plata está la tumba del ALCA", insistió. Luego vaticinó que el próximo entierro sería el del capitalismo. Advirtió que ni las ideologías habían muerto, como alguna vez afirmó el japonés Fukuyama, ni tampoco el socialismo. "El socialismo y las ideologías estaban de parranda", dijo ante una risa masiva. A Carlos Menem le dedicó unas palabras por haberlo llamado populista. "El que se mete conmigo puede salir espinado, decimos en Venezuela. Yo le digo a Menem, entreguista, bastardo, cipayo." Se despidió dando fe de argentinidad. "Que viva la patria de San Martín, del Che, la patria de Perón, de Evita. Te amo Argentina", dijo y salió para la cumbre, donde lo esperaban los presidentes latinoamericanos, salvo Fidel Castro, su principal amigo.

A continuación, algunas frases destacadas del discurso que ayer pronunció el presidente de Venezuela, Hugo Chávez:

- "Al ALCA no deberíamos ni nombrarlo. El ALCA está muerto, hay que enterrarlo. Sin embargo, el gobierno de los Estados Unidos ha pretendido darle oxígeno a un muerto. Le recomiendo que no sigan perdiendo el tiempo en un muerto."

- "Al ALCA lo derrotamos los pueblos de este continente, y al ALCA le tocó su entierro hoy, en Mar del Plata. El próximo que vamos a enterrar es al capitalismo."

- "Tenemos que ser los enterradores, no sólo del ALCA, sino enterradores y en mucha mayor dimensión, complejidad y profundidad del modelo capitalista neoliberal que desde Washington arremete contra nuestros pueblos desde hace tanto tiempo."

- "La batalla contra el ALCA, que como bien decía Hebe de Bonafini, sin duda que la hemos ganado, pero cuidado: es sólo una batalla de tantas batallas pendientes que nos quedan para toda la vida."

- "Tenemos una doble tarea: enterrar el ALCA y el modelo económico imperialista capitalista, por una parte, pero por la otra, a nosotros nos toca ser los parteros de un nuevo tiempo, de la nueva historia, de la nueva integración, del ALBA, la alternativa bolivariana de las Américas."

- "Hay que parir el socialismo del siglo XXI."

- "Yo no me meto con nadie, pero cuidado con los que se meten conmigo. Menem me acusó de populista, demagogo y que he engañado a los venezolanos. Yo, a Menem, le digo entonces, aquí desde Mar del Plata: entreguista, bastardo, cipayo."

- "Uno de los países que sufrió más aquella Iniciativa para las Américas (como se la denominaba en los ’90), quien sufrió la orgía privatizadora, fue la gran nación argentina, pero hoy Argentina se levanta de nuevo, la patria de San Martín, del Che, de Evita, de Perón, la patria de nosotros; te amo Argentina."

- "Una de las propuestas que llevo a la cumbre de presidentes es que nos dejemos de andar de cumbre en cumbre y nos vayamos directo a luchar contra el analfabetismo, ¡carajo!"

- "Hace 44 años el presidente de los Estados Unidos era John Ke- nnedy, que supo entender lo que pasaba en Sudamérica, en Africa y Asia, y quizá por eso lo mataron. Kennedy envió a Punta del Este esa propuesta de la Alianza para el Progreso, que proponía 20 mil millones de dólares, durante 10 años, para luchar contra la pobreza, para dar la reforma agraria que era una propuesta de Kennedy."

- "Déjenme decirle al gobierno de los Estados Unidos por qué no revisan propuestas como ésa, en vez de proponernos un libre comercio asesino que produjo, en estos últimos 20 años, el crecimiento de la pobreza y la muerte en América latina. Por qué los Estados Unidos en vez de venir aquí a darle oxígeno a un muerto, por qué no revisamos la propuesta de la Alianza de Libre Comercio y proponemos algo parecido, una alianza contra el hambre, y voy a tomar la propuesta de Kennedy y Venezuela se compromete a aportar la misma cantidad de dólares que Estados Unidos proponía hace 44 años."

- "Los Estados Unidos ya nos han atacado por todos lados. Ahora, si se atreven a hacernos lo que están haciendo a Irak, que no se les ocurra, porque comenzaría en Sudamérica la guerra de los cien años."

La dosis de fuego y vidrios rotos

Una marcha convocada por partidos de izquierda contra George W. Bush terminó con graves incidentes en el centro de Mar del Plata, cuando grupos de manifestantes que se desprendieron de la movilización tiraron piedras contra el vallado policial, incendiaron un local del Banco Galicia y rompieron más tarde más de una veintena de comercios. Los disturbios comenzaron a seis cuadras del Hermitage, donde ser realiza la Cumbre, y se prolongaron por dos horas, en medio de una nube de gases lacrimógenos, con escarceos entre los manifestantes y los efectivos antidisturbios. Hubo 79 detenidos. Por lo menos diez son menores y uno extranjero.

Los manifestantes llegaron hasta las vallas que están a cargo de la Bonaerense y quemaron en el lugar banderas norteamericanas. Se sabía desde temprano que la protesta iba a llegar hasta ese punto, de manera que en el lugar el operativo de seguridad había sido reforzado.

Los incidentes se iniciaron cuando el grueso de la marcha comenzaba la desconcentración. Unos doscientos jóvenes con las caras tapadas con pañuelos y pasamontañas se adelantaran hasta quedar de cara a la Bonaerense y le arrojaron piedras. La policía respondió con gases lacrimógenos. En su repliegue, los manifestantes tiraron bombas molotov e incendiaron la sucursal del banco. Los comercios de la avenida Colón –especialmente los vinculados a privatizadas y grandes empresas, pero también algunos pequeños comercios y kioscos– quedaron con las vidrieras rotas. Telefónica, Movistar, Arcor, DirecTV y Alfajores Havanna fueron algunos de los blancos de los destrozos. Con los muebles, los manifestantes hicieron fogatas en las esquinas.

Cuando los disturbios habían terminado, la policía salió a levantar detenidos. La mayoría fueron arrestados en los alrededores de la avenida. Media hora después de las últimas corridas, por ejemplo, en la esquina de Falucho y Deán Funes, la Bonaerense se llevó a tres jóvenes que estaban alejándose del lugar con otros manifestantes. Justo estaba allí, de casualidad en esa cuadra, un equipo de abogados de la Secretaría de Derechos Humanos bonaerense que ayer recorrió la zona para monitorear a la policía. El abogado Fernando Meyer intervino y preguntó a los efectivos quién estaba a cargo, pero le dieron un palazo y lo corrieron del medio.

Los detenidos mayores de edad quedaron a disposición del juez federal de Mar del Plata Alejandro Castellanos. El grueso había sido llevado a la cárcel de Batán. Si bien la policía informó que eran 64, por la noche el recuento de la Secretaría de Derechos Humanos bonaerense había llegado a los 79.

En el Gobierno atribuyeron los incidentes a Quebracho, mientras que el intendente Daniel Katz acusó a los dirigentes piqueteros Chacho Berrospe y Oscar Kuperman, del MTR-CUBA (Movimiento Teresa Rodríguez.Coordinadora de Unidad Barrial) por lo sucedido. "Están reivindicando la violencia como metodología para quejarse por la presencia de un presidente en la ciudad", sostuvo en una recorrida por el lugar. Katz señaló que había hablado con Kirchner, quien le dijo que el Estado "va a reparar absolutamente todo lo que se rompió". El jefe comunal recibió insultos y algún intento de agresión de parte de los comerciantes y debió ser protegido por la policía.

La marcha había sido convocada por partidos de izquierda y reunido también a organizaciones anarquistas. El Partido Obrero, el MST-Unite, la Corriente Clasista y Combativa, el Partido de los Trabajadores Socialistas, el MTR-CUBA y Quebracho estuvieron entre los participantes, es decir un sector anticumbre que además es opositor al gobierno de Kirchner. Algunos habían estado antes de la movilización en el estadio mundialista escuchando a Hugo Chávez. En la cabecera de la columna, llevando una gran pancarta en la que se leía "No a Bush en la Argentina", marcharon Patricia Walsh, Néstor Pitrola, Vilma Ripoll, Mario Cafiero, Juan Carlos Alderete y el Carlos "Perro" Santillán, que llegó desde Jujuy a Mar del Plata con la banda de trompetas del Sindicato de Municipales de San Salvador, el SEOM, que encabezó la columna con su música. Hubo, también, militantes antiglobalización y delegaciones de organizaciones latinoamericanas. Los anarquistas, vestidos de negro de la cabeza a los pies e indiferentes a los medios, pasearon con carteles con la consigna "Lucha y libertad".

Los extranjeros

Una cronista brasileña y un periodista francés fueron detenidos después de los disturbios en la manifestación contra George W. Bush. El periodista fue trasladado a la cárcel de Batán, mientras que su colega de Brasil ya recuperó la libertad, según fuentes del gobierno bonaerense. En la movilización habían participado una considerable cantidad de extranjeros, sobre todo latinoamericanos pero también algunos canadienses y norteamericanos.

Malena Barreiro, una paraguaya que integra el colectivo Bytyruzú, contó que habían viajado ocho micros desde su país "para participar de la Cumbre de los Pueblos y denunciar la presencia de tropas norteamericanas en el Paraguay, donde además está por abrirse una delegación de la CIA".

"Es difícil explicar claramente por qué vengo. No es sólo contra Bush, es más que eso: es contra el sistema que impone sumisión a la gente la sumisión", dijo un francés que marchaba en el grupo de los anarquistas. Había venido con un estudiante canadiense que reside en Buenos Aires. Más adelante estaba Joao Batista "Babá" de Araujo, un legislador del PSOL brasileño.

La movilización fue seguida por centenares de periodista de medios alternativos, muchos con cámaras digitales que intervinieron en los momentos en que se realizaron los arrestos. En la columna, que según los organizadores reunió a cerca de ocho mil personas, se veía a militantes que marchaban "encuadrados" y por los costados a gente menos organizada.

Disputando la calle con Mar del Plata

La visita de George Bush a la Argentina no pasó inadvertida en la ciudad de Buenos Aires. Aunque toda la atención estuvo centrada en Mar del Plata, también hubo ayer diversas manifestaciones en contra del presidente de Estados Unidos que alteraron el ritmo de los porteños. Las mayores expresiones de repudio a su presencia en el país fueron el acto que la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) realizó frente al Congreso y la marcha que diversas organizaciones de desocupados y agrupaciones de izquierda realizaron desde allí hasta la Plaza de Mayo. Durante esa movilización, encapuchados que portaban una bandera de Quebracho atacaron algunos bancos y locales de McDonald’s y Burger King, por lo que al menos doce manifestantes fueron detenidos.

Las imágenes de los incidentes que tuvieron lugar en la marcha entre el Congreso y Plaza de Mayo sobresalieron por su impacto, pero los episodios de violencia fueron protagonizados por un grupo absolutamente minoritario de manifestantes. Los primeros inconvenientes surgieron en el trayecto entre ambos puntos, cuando algunos se desprendieron del grueso de la manifestación y arremetieron contra la sucursal del BankBoston de Avenida de Mayo y Salta y atacaron a piedrazos a los policías que la custodiaban.

También a piedrazos fue atacado el local de McDonald’s ubicado a una cuadra y media de Plaza de Mayo en momentos en que muchos ya empezaban a desconcentrarse y otros manifestaban pacíficamente su repudio a Bush, bailando y cantando frente al Cabildo. Los incidentes fueron protagonizados por encapuchados con palos que, precedidos por una bandera de Quebracho, desconcentraban a contramano de los que todavía estaban llegando a la plaza.

Los manifestantes intentaron prender fuego el local de comida rápida. También la emprendieron contra una sucursal del banco HSBC y rompieron un par de refugios de paradas de colectivo y teléfonos públicos de Avenida de Mayo. Lo mismo pasó en la zona de Florida, donde los blancos principales fueron un Burger King y una sede del Banco Francés. En el cruce de Avenida de Mayo y 9 de Julio dos autos terminaron con los vidrios rotos. Un fotógrafo del diario La Nación fue golpeado por resistirse a que le robaran su cámara.

La policía, que se replegó en un principio, avanzó después y detuvo a alrededor de 20 manifestantes. El subcomisario de la Federal Víctor Pellegrini y otros policías resultaron heridos durante los incidentes.

La marcha estuvo dominada por las organizaciones de desocupados y las fuerzas de izquierda, que en varias oportunidades entonaron un clásico de estos días: "Bush, fascista, vos sos el terrorista". Entre otros, estuvieron la Corriente Clasista y Combativa (CCC), el MTD Aníbal Verón, estudiantes universitarios, el Polo Obrero, el MST, el PTS y la Izquierda Unida. Artistas plásticos del Frente Darío Santillán –otra de las agrupaciones presentes en la movilización– realizaron un espectáculo cultural en la fuente de la Plaza del Congreso antes de emprender la caminata por Avenida de Mayo con los demás manifestantes.

Esa plaza fue el lugar que eligió también la CTA para hacer en Buenos Aires su acto central de repudio a la visita del presidente de Estados Unidos. Bajo la consigna "No a Bush, para que paren de matar" funcionó allí una radio montada por actores, músicos y trabajadores del cine. A la actividad se sumó también el Sindicato Argentino de Televisión, enrolado en la CGT.

Por el palco emplazado para la ocasión pasaron, entre otros, actores como Raúl Rizzo, Daniel Aráoz, Ana María Cores, Patricio Contreras, quienes coincidieron en sus críticas a Bush. También se destacaron los músicos Lito Vitale, Liliana Vitale, Horacio Fontova. Algunos de ellos cantaron y también actuó la murga Tute Cabrero.

"Decimos no a Bush porque estamos en contra del poder hegemónico de Estados Unidos", arengó el secretario gremial del SAT, Alejandro Ruiz. En otro tramo del acto se pasó parte del audio del discurso que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en el cierre de la Cumbre de los Pueblos."Genocida" y "asesino de pueblos", fueron otros de los calificativos que Bush recibió durante el acto, en el que estuvieron además Abuelas y Madres de Plaza de Mayo y representantes de distintas asambleas barriales.

Hasta hubo paros de repudio

Paros, movilizaciones, banderazos y papelazos se combinaron ayer para repudiar la presencia del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, en la Argentina. La huelga, convocada por la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), se hizo sentir en las escuelas porteñas y bonaerenses, en algunos sectores de la administración pública, en hospitales y en federaciones universitarias como La Plata y Buenos Aires. En el caso de los trabajadores de subterráneos –que anteayer habían iniciado un cese de tareas por temor a un atentado–, la protesta se reflejó en demoras en la frecuencia de los trenes.

El paro de 24 horas dispuesto por la Confederación de Trabajadores de la Educación (Ctera) –alineada en la CTA– cosechó un alto acatamiento y trasvasó al resto de los sindicatos docentes que no integran la Ctera. El gobierno porteño se ocupó en aclarar que "el paro no se debió a motivos gremiales sino al repudio a Bush" y advirtió que "se discutirá más adelante" si se lo descuenta. En la Provincia de Buenos Aires, en cambio, el director de Escuelas, Mario Oporto, consideró injustificado que los chicos se queden sin clases porque se decide repudiar a Bush y anunció que el día de paro se descontará.

En Santa Fe, Rosario, Córdoba, Entre Ríos, Tucumán y Río Negro también cosecharon amplias adhesiones las protestas docentes, pero como se dejó librada a cada organización la modalidad de la lucha no en todos los lugares se apeló a medidas de fuerza.

El titular de la Ctera y secretario adjunto de la CTA, Hugo Yasky, defendió la motivación del paro, porque si triunfan las ideas del libre comercio, impulsadas por Bush, y la educación es considerada una mercancía las consecuencias serán nefastas y "el derecho a la educación" será una utopía para millones de chicos que no podrán pagar por su educación. Yasky señaló también que durante semanas los docentes estuvieron incorporando a los contenidos curriculares los temas del libre comercio, la pobreza, la desocupación para debatir sobre los riesgos que implica el dominio de Bush. El dirigente insistió en que "el paro como repudio es un instrumento de aprendizaje".

El "papelazo" impulsado por la CTA contó con una fuerte adhesión de los trabajadores de la administración pública y también de la privada, que arrojaron miles de papelitos desde las ventanas de las oficinas sobre las calles del microcentro que, al igual que a fin de año, quedaron tapizadas de papeles.

Contra el "genocida"

El líder piquetero Raúl Castells y un centenar de adherentes protestaron ayer frente a la Embajada de los Estados Unidos y a un local de McDonald’s. Al llegar desde Plaza Italia a la esquina de Colombia y la avenida Sarmiento se encontraron casi con la misma cantidad de policías de una guardia reforzada, empezó entonces un forcejeo con los piqueteros que intentaban pasar las vallas. Finalmente lograron derribar algunas vallas y tomaron una para exhibirla como trofeo, aunque luego la calma volvió al lugar, tras conversaciones que mantuvieron dirigentes de la protesta con autoridades policiales que se encontraban allí. Después, sobre la calle Santa Fe, la columna piquetera se concentró frente al local de comidas rápidas y cortó el tránsito a media mañana. Castells dijo que se encontraban en el lugar para "repudiar la visita del peor genocida de la Historia", en alusión a Bush.

Antiimperialismo

Por J. M. Pasquini Durán

Atribuir las manifestaciones sociales a causas únicas lleva, casi siempre, a conclusiones superficiales y pasajeras. Si ese tipo de análisis lo asumen quienes tienen la responsabilidad mayor de hacerse cargo de las preocupaciones populares, los resultados son todavía peores porque aumentan las distancias que separan a la política de la sociedad y alejan las posibilidades de encontrar soluciones hábiles y suficientes. Pese a la experiencia en esas materias, sin embargo, es frecuente que los gobiernos caigan en la tentación de simplificar la realidad mediante la atribución de los sucesos incómodos a complicadas o extravagantes teorías conspirativas. Cuando se usan frases efectistas pero trilladas para explicar los fuegos que se encendieron en la estación ferroviaria de Haedo, o la protesta del personal del hospital de Esteban Echeverría, o los episodios de Avellaneda o la agitación sindical de base por los retrasos salariales, por citar algunas referencias, quiere decir que los reflejos de la vieja partidocracia todavía condicionan la cultura de poder y la manera de hacer política. De ser así, lo primero que pierde sentido es el pronunciamiento electoral del 23 de octubre.

Ante las urnas, el presidente Néstor Kirchner convocó a los votantes en nombre de dos propósitos: 1) afianzar la gobernabilidad del actual mandato y 2) ratificar la marcha de los cambios en la vida nacional. Al mismo tiempo, en la provincia de Buenos Aires se dirimía una interna del peronismo, cuyo resultado desairó a la que se presumía la jefatura del mayor aparato de clientelismo electoral. El escrutinio indicó que una mayoría significativa de los ciudadanos respaldó a Kirchner y que otras opciones también apuntaron a introducir signos de renovación en los cuadros políticos, minimizando a los extremos más convencionales del arco ideológico: por derecha, entre otros, Duhalde, López Murphy, Menem, Patti, Rico, y por izquierda, los partidos y figuras tradicionales del sector. No hay que ser muy pícaro para comprender que ahora habrá convulsiones en más de un sector y territorio, a medida que se reacomoden vencedores y derrotados en sus nuevas posiciones. El recatado festejo de la victoria alrededor del Presidente y de la primera dama indica que el Gobierno espera un período de tensiones que no necesitan ser acicateados por exhibiciones triunfalistas.

Por otra parte, las penurias de la pobreza y la exclusión son una realidad para millones de familias argentinas y lo que se llama deuda social figura en la agenda popular como una nómina de prioridades que impacienta a los que la sufren y a muchos más. No es raro, por lo tanto, que esas inquietudes se expresen a un ritmo y velocidad diferentes a la capacidad o la voluntad del Gobierno para responder. Esta es otra razón para que muchos ciudadanos estén al borde del ataque de nervios y se produzcan confrontaciones de diversa naturaleza. En la posible combinación de factores, sería ingenuo no incluir los aportes de una gama de participantes potenciales en cualquier disturbio, desde los militantes sociales que se suman a las luchas ajenas hasta los sicarios de la provocación. Sin que estos enunciados agoten los elementos concurrentes, alcanzan para advertir que ningún caso merece una consideración lineal o simplista.

Así como ocurre en el barrio, con sus debidas dimensiones también sucede en el mundo. Cinco años atrás, en otra cumbre, cuando el “pensamiento único” de los conservadores neoliberales dominaba la región, Estados Unidos pudo aprobar por unanimidad, con la sola excepción de Venezuela, la iniciativa de un Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA), cuya implementación final debía concretarse este año. Ese cronograma no pudo cumplirse, ya que los cambios políticos ocurridos en la región, sobre todo en Sudamérica y en particular en el área de influencia del Mercosur, quebraron esa hegemonía absoluta de las políticas, inspiradas en el Consenso de Washington, propulsadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI). En Mar del Plata naufragó semejante pretensión, por lo que esta IV Cumbre podrá contabilizarse entre las frustraciones de la Casa Blanca y sus aliados latinoamericanos. No obstante, el gobierno de George W. Bush consiguió, pese a los cambios, avanzar en una línea de acuerdos bilaterales que responden a los parámetros del ALCA, un acuerdo de neta asimetría, ya que de lo que trata en realidad es abrir los mercados nacionales al consumo de los productos norteamericanos o establecer una división de trabajo acomodada a la planificación de Washington.

El mensaje del presidente Kirchner en la ceremonia de inauguración se encargó de aclarar en voz alta el nefasto rol del FMI y de los diseños injustos del Consenso de Washington, a los que responsabilizó, junto con las elites nacionales que siguieron sus consejos, por el drama social que hoy viven los países de América latina, empezando por Argentina. Lo hizo en términos precisos y sin eufemismos, con un lenguaje poco usual en esta clase de reuniones, donde la neutralidad de la lengua diplomática suele disimular las críticas más severas. Ahí mismo, dejó sentado que ninguna integración puede ser benéfica si no toma en cuenta las diferentes naturalezas de las partes intervinientes. Dicho en criollo: ningún poderoso puede hacer intercambios con un débil fingiendo que son iguales. En esa posición, con sus propios matices, se alinearon Lula de Brasil y Chávez de Venezuela, mientras que el presidente Vicente Fox de México hizo de portavoz de la posición estadounidense.

Al mismo tiempo que se reunían los treinta y cuatro miembros de la OEA, con la exclusión de Cuba, también en Mar del Plata se realizó la III Cumbre de los Pueblos, un amplio programa de actividades y manifestaciones, cuyo acto central fue clausurado por un discurso de más de dos horas de Hugo Chávez, quien proclamó el deber “revolucionario” de parir un “socialismo del siglo XXI” de perfiles ideológicos todavía difusos, con un fuerte acento de nacionalismo antiimperialista. Adolfo Pérez Esquivel, uno de los convocantes a este encuentro de organizaciones no gubernamentales, lo definió como “un espacio de reflexión y propuestas de construcción y unidad continental, en defensa del derecho de los pueblos a su soberanía, identidad cultural y autodeterminación, que promueve la necesidad de cambios estructurales y sociales, basados en la diversidad cultural y la unidad de los pueblos a nivel continental así como también en el rechazo a las dominaciones”.

A la vista de los votos del 23 de octubre, alguien podría suponer que esta iniciativa, sin apoyo explícito de ninguna fuerza mayoritaria, estaría limitada a núcleos reducidos de militantes. En cambio, la movilización abarcó a miles de personas, se realizaron mitines y marchas en distintas ciudades del país, incluida la Capital, donde además la actividad se redujo al tamaño de un día feriado. La campaña previa estuvo centrada en repudiar la presencia del presidente estadounidense, un sentimiento que alcanza a sectores de la población mucho más anchos que los que están dispuestos a votar por la izquierda. A la vez, hay que subrayar la capacidad de movilizar de las organizaciones populares de base, las que no podrán sustituir a los partidos políticos en los sistemas institucionales de representación, pero son, sin duda, un sujeto social activo.

Esta vez también hubo una cuota minoritaria de violencia y saqueos, a cargo de grupos de jóvenes enmascarados pero, a diferencia de otras ocasiones, apenas iniciaron sus actos hostiles el grueso de los manifestantes se retiró, dejándolos solos. Otra prueba del proceso de maduración de la conciencia política de los manifestantes. A diferencia de algunos años atrás, además, estos organismos de base siguen ocupándose de sus objetivos específicos, pero cada vez más se congregan para influir sobre decisiones políticas que afectan la vida colectiva y definen la naturaleza del poder. Aun con limitaciones variadas, este sentido general de su evolución es una prueba de la voluntad de franjas de la población para participar en el ejercicio democrático. Esa voluntad está enderezada a conseguir justicia, progreso y libertad. Como lo indicó el brasileño Frei Betto, en carta abierta a Mr. Bush, quien llegará esta noche a Brasilia, hay más de un deseo compartido en los movimientos populares de esta región del mundo. “Vengo a pedirle la paz –escribió Betto–. Hace 2800 años, un hebreo llamado Isaías afirmó que sólo habrá paz como fruto de la justicia. El señor (Bush) cree que ella se producirá con la imposición de las armas. Mas, la guerra es el terrorismo de los ricos, así como el terrorismo es la guerra de los pobres.” Una conclusión punzante, desmesurada, difícil de aceptar, pero tan compleja como la realidad que intenta describir, la del mundo del imperio y su periferia.

Kirchner y Bush: ¿ruptura?

"Están fuertes para negociar solos"

"Tuvimos una reunión muy clara, sincera, cruda. No fue una reunión donde se buscó la placidez sino que se buscó la verdad", resumió el presidente Néstor Kirchner a la salida de su encuentro con George W. Bush. Esa verdad significó que Kirchner le hablara de su preocupación por la actitud del FMI, que busca imponerle condiciones para reanudar las negociaciones, y de la necesidad de que Estados Unidos adopte políticas que favorezcan el desarrollo de la región. Y que Bush le comentara la necesidad de que "haya coherencia en la legislación, que los contratos se cumplan y que haya certeza de que no se van a cambiar las reglas del juego" para que los países latinoamericanos reciban las inversiones norteamericanas. Por otro lado, el jefe de la Casa Blanca elogió la recuperación económica argentina y consideró al gobierno de Kirchner lo suficientemente fuerte como para negociar por las suyas ante el Fondo, sin necesidad de más telefonazos desde Washington. No hubo referencias al ALCA, tampoco a Venezuela, y sí caras serias, sobre todo de parte de Kirchner, quien pareció querer notificar que Bush no es el colega con el que se siente más cómodo.

Más o menos a la misma hora que transcurría el encuentro en el Hotel Hermitage, el venezolano Hugo Chávez hablaba en un gran acto antiBush en el Estadio Mundialista (ver pág. 5). Tal vez ese clima de protesta por la visita del todopoderoso invitado a la IV Cumbre de las Américas motivó la rigidez de Kirchner. Era la tercera vez que se encontraban y esta vez no hubo, como en las anteriores, cruce de bromas ni palmadas en la rodilla. Recién cuando los fotógrafos los obligaron a darse la mano por tercera vez los presidentes sonrieron.

Se acomodaron a ambos lados de una pequeña mesa redonda. Junto a ellos, los nueve integrantes de cada comitiva que completaban el encuentro. Del lado norteamericano estuvieron la secretaria de Estado, Condoleezza Rice; el consejero de Seguridad Nacional, Stephen Hadley, y el subsecretario de Asuntos Hemisféricos, Thomas Shannon. Por los locales, la senadora Cristina Fernández, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y un elenco de ministros, incluido el de Economía, Roberto Lavagna. Los 18 cumplieron el papel de mudos testigos porque los únicos que hablaron durante la reunión de cerca de una hora fueron ambos presidentes.

Bush rompió el hielo con una ironía que luego repetiría en la conferencia de prensa. Le agradeció su rol de anfitrión. "Y sé que no es fácil recibirme", agregó.

Como en sus anteriores encuentros, Kirchner le trazó un panorama de la situación económica argentina. Hizo un pormenorizado recorrido por los números de desocupación, pobreza, mortalidad infantil, superávit fiscal, reservas en el Banco Central y otros, para demostrar la recuperación de los últimos dos años. Luego, y como luego reiterara en su discurso durante la ceremonia de apertura de la Cumbre (ver aparte), dijo estar preocupado por la falta de respuestas del Fondo Monetario Internacional pese a los síntomas alentadores.

"Veo que desde nuestro último encuentro algunas cosas han cambiado y otras siguen igual", le dijo el norteamericano. "Lo que ha cambiado es la economía argentina que ahora muestra un vigoroso crecimiento. Y lo que sigue igual es su enojo con el Fondo." Bush recordó que luego de su primer encuentro, en 1993, en Washington había colaborado con la Argentina en sus negociaciones con el organismo. "Me complace que Estados Unidos haya podido ayudar en la primera parte de su Presidencia con el Fondo", remarcaría luego ante la prensa. Y agregó aquello que ahora, gracias a sus logros, Kirchner "puede defenderse ante el Fondo con una mano mucho más firme". Si bien no hubo un pedido de colaboración expreso a Bush para que facilitara la negociación con el organismo, Kirchner habló del papel preponderante que debería adoptar Estados Unidos dado su "poder hegemónico" en la región.

–¿Hegemónico?– se alteró Bush. El término no le gustó nada.

–Sí, la hegemonía de Estados Unidos es muy fuerte. Yo le digo las cosas como las pienso, no soy un presidente alcahuete.

Este último término, un argentinismo, fue traducido como "obsecuente". Según los presentes, el intercambio marcó uno de los momentos tensos de la reunión que, en general, no los tuvo. Incluso, uno de los funcionarios locales que participó y que no conocía personalmente a Bush, dijo haberse sorprendido por haber encontrado a alguien que se notaba que quería mostrarse simpático. Pero, a diferencia de los anteriores encuentros en los que el norteamericano anticipó que no tendría problemas en darle una mano a Argentina, esta vez propuso que el gobierno de Kirchner se las arregle por sí mismo ante el Fondo. Recién después, en caso de que la negociación no camine, podría volver a intervenir si es que Argentina se lo pide.

Si es verdad que Bush buscó mostrarse simpático en privado, no fue lo que mostraron ambos presidentes en público. Por ejemplo, una hora después, fue notable distinguir las diferencias en el trato de Kirchner en su reunión con el canadiense Paul Martin. Allí, el presidente argentino se mostró sonriente y suelto. Y ni hablar cuando por la noche se mostró junto a Chávez, en una reunión acordada a último momento (ver pág. 5).

En la rueda de prensa con Bush, en la que no se permitieron preguntas, Kirchner apenas si hizo una evaluación general –habló de su satisfacción porque cada uno había dicho lo que pensaba– y le tocó al norteamericano entrar en tema. "No hace falta decir que el Presidente ha sido muy firme con respecto a su idea de que el FMI tiene que tener una actitud muy distinta respecto de Argentina", contó.

Luego pasó el aviso sobre la necesidad acerca de que "se respeten los contratos", una exigencia, en verdad, muy emparentada con las que hace el Fondo cuando actúa a favor de los intereses de las empresas privatizadas. "La mejor cooperación entre los países se da cuando se toman decisiones sabias", justificó.

También tuvo un detalle. Al hablar del "agradecimiento" norteamericano a los argentinos que viven en el Norte nombró a Manu Ginóbili. "¿Lo conocen a Ginóbili? El hizo una enorme contribución al equipo de básquetbol de mi estado (San Antonio Spurs, de Texas) y un gran aporte a la Argentina", mencionó. En la comitiva argentina evaluaban luego la mención como algo premeditado. Casi al mismo tiempo, a unas treinta cuadras de allí, otro icono del deporte, Diego Maradona, se abrazaba a Chávez con un cartel que calificaba a Bush como criminal de guerra.

EU, responsable de la tragedia social en América Latina: Kirchner

ROSA ELVIRA VARGAS Y STELLA CALLONI ENVIADA Y CORRESPONSAL DEL DIARIO LA JORNADA, MÉXICO

Estados Unidos tiene la responsabilidad "ineludible e inexcusable'' de considerar que las políticas que se aplicaron en América, no sólo provocaron miseria, pobreza y una gran tragedia social, sino también inestabilidad institucional y la caída de gobiernos democráticamente elegidos, aseguró el presidente de Argentina, Néstor Kirchner en la apertura de la cuarta Cumbre de las Américas. Frente al presidente George W. Bush, dijo también que la democracia no constituye patrimonio de ningún país o región.

"Nuestros pobres, nuestros excluidos, nuestros países, nuestras democracias ya no soportan más que sigamos hablando en voz baja. Es fundamental hablar con mucho respeto y en voz alta'' para construir un sistema que ubique a todos en un marco de igualdad y devuelva la esperanza y la posibilidad de construir obviamente un mundo distinto.

No fue ayer la primera vez que el mandatario estadunidense escuchó los severos señalamientos de su homólogo argentino. Ocurrió también en enero del año pasado en Monterrey, Nuevo León. Ahora le recordó que en su carácter de primera potencia mundial debe hacer un ejercicio "responsable'' de ese liderazgo y asociarse a las estrategias de crecimiento sustentable de los países menos desarrollados, "en la inteligencia de que allí está su conveniencia, ayudando a que el mundo sea más estable, seguro y pacífico''.

Arremetió también contra el Fondo Monetario Internacional (FMI) por realizar el ejercicio "perverso'' de otorgar fondos frescos, el dinero contante y sonante que provocó la crisis financiera de su país, y hoy, no sólo se le niegan nuevos préstamos "que no hemos solicitado ni pensamos hacerlo'', sino "algo mucho peor'', la renegociación de esos créditos si no se aceptan condiciones, "que no son otras cosas que las mismas políticas que nos condujeron al default''.

Así, apuntó el mandatario anfitrión, para la Argentina que corría hacia el abismo, había ayuda y fondos frescos y para la que con esfuerzo y soledad se recupera, no hay refinanciación. "Merecería esta situación que García Márquez le dedicara unos párrafos de su 'realismo mágico'".

Ovacionado varias veces a lo largo de su discurso de media hora, Néstor Kirchner tampoco hizo concesiones con el tema del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) promovido por algunos mandatarios, como Vicente Fox, como la panacea para la integración del continente.

"No nos servirá cualquier integración, simplemente firmar un convenio no será un camino fácil ni directo a la prosperidad". Sólo será posible aquella que reconozca las diversidades y permita los beneficios mutuos. Un acuerdo, insistió, no puede ser un camino de una sola vía de prosperidad en una sola dirección, no puede resultar de una imposición con base en las relativas posiciones de fuerza.

Aludió también al ejemplo de la Unión Europea, y expresó que los acuerdos de integración comercial deben contemplar salvaguardas y compensaciones para quienes sufren atrasos relativos y no potenciar sus debilidades.

Con un lenguaje desprovisto de concesiones, el mandatario argentino dijo a sus homólogos que si no se enfrenta eficazmente la pobreza, la exclusión y se otorga trabajo a la sociedad, "no habrá bienestar" y será la raíz de las mayores inestabilidades.

Y todo eso, aclaró, no se proclama desde ninguna teoría. "Invitamos a ver los sufrimientos y los logros que tuvo la Argentina; invitamos a ver la durísima experiencia que hemos tenido, invitamos a tener en cuenta la paulatina recuperación de nuestra autoestima". La globalización debe operar para todos y no para unos pocos.

Tras condenar las expresiones del terrorismo al cual no justifica ninguna razón racial, religiosa o ideológica, Kirchner hizo un detallado informe sobre los avances económicos de su gobierno con crecimiento de 9 por ciento en los últimos tres años.

"En estos números no hay magia ni milagro, se condensa mucho esfuerzo y trabajo... es el resultado construido sobre pilares del trabajo, la producción, el consumo y la exportación, en un marco de sano equilibrio macroeconómico".

Ello, en contrapartida de políticas como el "consenso de Washington" y de las consecuencias "nefastas" de las políticas de ajuste estructural y del endeudamiento externo para el pleno ejercicio de los derechos humanos, económicos, sociales y culturales que recorren "trágicamente" el mapa de la inestabilidad latinoamericana.

Los hechos indican que el mercado por sí solo no reduce los niveles de pobreza, "los resultados de las recetas que criticamos son los que se vieron reflejados en la crisis económica argentina de 2001 y en la caída de varios gobiernos democráticos de la región, algunos de ellos transitando aún una preocupante inestabilidad institucional".

Inició entonces sus claras alusiones a Estados Unidos, al indicar que el desarrollo de las economías emergentes en un marco de equidad no debe abordarse desde el punto de vista de los países desarrollados como si fuera un asunto de beneficiencia.

En la misma ceremonia, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), el chileno Miguel Insulza, quien señaló que si bien la región ha tenido buenos años económicos, la pregunta es si podrán ser capaces de mantener los ritmos necesarios para no seguir perdiendo relevancia en la economía mundial, frente a otras regiones en desarrollo.

"Será posible que esta vez, ahora sí, los beneficios de nuestro crecimiento y nuestra democracia beneficien a los más de 200 millones de pobres, la mitad de ellos indigentes, que hoy habitan la región", preguntó a los mandatarios. Y les dio otros datos: siete de cada 10 nuevos empleos son informales y la acumulación del ingreso en un grupo de personas "se vuelve cada vez más insostenible".

K, antineoliberal, Página/12

George Bush se sumó a los aplausos más bien poco. Alvaro Uribe casi nada. Vicente Fox nunca. A Hugo Chávez, en cambio, se lo notaba entusiasmadísimo. El discurso del presidente Néstor Kirchner en la ceremonia de apertura de la IV Cumbre de las Américas excedió largamente lo protocolar para internarse en una durísima crítica a los organismos financieros internacionales, al Consenso de Washington, a la libertad de mercado como panacea, los subsidios agrícolas y al ALCA. "Se nos niega la refinanciación si no aceptamos determinadas condicionalidades que no son otras que las mismas políticas que nos condujeron al default", lanzó. El mensaje fue de contenido profundo, lástima que después un musical de Pepito Cibrián intentó ilustrar lo sucedido en el país. El discurso solo estaba mejor.

La ceremonia se realizó en el Auditorio de Mar del Plata, el mismo escenario de, por ejemplo, el Festival de Cine. A cambio de su vida cotidiana trastornada, los marplatenses habitantes de la zona de exclusión tuvieron el espectáculo de las comitivas entrando y saliendo. Incluso, varios presidentes –Lula, Tabaré Vázquez, el propio Kirchner– recorrieron a pie la cuadra y media desde el Hotel Hermitage.

Al comienzo de la ceremonia, los presidentes se ubicaron sobre el escenario. Casualmente, Kirchner y Fox se vieron un rato solos a dos asientos de distancia luego de un día muy complicado en la relación bilateral. Ni se miraron. Bush amagó sentarse en la butaca del centro pero Kirchner le indicó que su lugar estaba unos asientos más allá. La butaca del centro fue para Lagos.

Comienzo de los discursos. Hablaron el presidente del BID, el joven Luis Alberto Moreno, y el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, en sintonía con el lema de la cumbre: "Crear trabajo para enfrentar la pobreza y fortalecer la gobernabilidad democrática". Luego le tocó al primer ministro de Canadá, Paul Martin, que varió el tono. Alabó la libertad de comercio y la integración, más en línea ALCA. En su discurso, Martin alternó el francés y el inglés, los dos idiomas oficiales de su país, obligando a Bush a ponerse y sacarse los auriculares de la traducción.

El turno de Kirchner. Destacó el tema de la convocatoria y se preguntó por la calificación de trabajo decente. Dijo que no podía estar ausente del diseño de las nuevas políticas una discusión sobre las "recetas únicas". "Esa uniformidad que pretendía lo que dio en llamarse el Consenso de Washington hoy existe evidencia empírica respecto del fracaso de esas teorías", sostuvo. Y siguió: "Por supuesto, la crítica de ese modelo no implica desconocer ni negar la responsabilidad local. Nos hacemos cargo como país de haber adoptado esas políticas pero reclamamos que aquellos organismos internacionales que al imponerlas favorecieron el crecimiento de esa deuda también asuman su cuota de responsabilidad". Fue la primera vez que el público lo interrumpió con aplausos. Entre quienes colmaron el auditorio se encontraban numerosos invitados especiales: gobernadores, el presidente de la Corte, Enrique Petracchi, y el ex presidente Raúl Alfonsín, entre muchos otros. Cristina Fernández de Kirchner lo escuchaba en primera fila junto a otras nueve primeras damas, incluida Laura Bush.

El presidente argentino abundó en "las consecuencias nefastas" de las recetas alentadas por los organismos. "No se trata de ideologías, ni siquiera de política, se trata de hechos y resultados", sostuvo. Luego de un tal vez demasiado extenso recorrido por los índices de la recuperación de la economía argentina, mencionó que "lamentablemente" el proceso no era acompañado con el Fondo como sí lo había hecho en la etapa anterior. "Merecería esta situación que García Márquez le dedicara unos párrafos de su realismo mágico." Expuso sobre los subsidios y las economías asimétricas. "Por eso, seguimos pensando que no nos servirá cualquier integración. Simplemente, firmar un convenio no será un camino fácil ni directo a la prosperidad", dijo en referencia al ALCA. Al igual que hizo en su encuentro con Bush, le adjudicó a Estados Unidos "un rol de primera potencia mundial insoslayable". Pero que debía considerar que las políticas aplicadas en la región "no sólo provocaron miseria y pobreza, sino que agregaron inestabilidad institucional".

Como el clima se notaba caldeado, Kirchner cerró marcando la humildad con la que pretendía exponer sus "verdades relativas" para juntarla con las verdades relativas de los demás. "Nuestros pobres, nuestros excluidos, nuestros países, ya no soportan más que sigamos hablando en voz baja."

Terminados los discursos, los presidentes bajaron a ubicarse en la platea junto a las primeras damas. El escenario se abrió y comenzó el musical. A alguien de Cancillería se le ocurrió que era mejor sorprender y reemplazar el lógico espectáculo de tango con algo "moderno": una obra de Pepito Cibrián titulada "Argentina 1810-2005". La obra fue el colmo del lugar común. Empezaban unos muchachos modernos que se llevaban partes de una gigantesca torta, luego aparecían unos desharrapados sufrientes, jóvenes llorosos, obreros humildes, se abrazaban, se unían, cantaban, reconstruían la torta pero sin los adornos dorados, en forma austera. Terminaba con una bandera argentina flameando en lo alto. Un ministro argentino comentó a la salida: "Por lo menos lo hicimos sufrir algo a Bush por sus crímenes".

Una relación "muy normal"

El estado actual de las relaciones entre el Fondo Monetario y Argentina es de "normalidad", aseguró desde París el director general del organismo, Rodrigo Rato. "El gobierno argentino es un gobierno miembro del FMI, con el que tenemos las mismas relaciones que tenemos con el resto de gobiernos miembros", agregó el español, que eludió explayarse demasiado sobre cuáles serían los próximos pasos de la negociación con la administración Kirchner. Ayer, algunos economistas se mostraron confiados en que la Argentina logrará avanzar hacia un nuevo acuerdo con el Fondo y destacaron la señal política que significa el apoyo "político" brindado por Bush. Sin embargo, otros analistas consideran que el camino no está tan despejado como se lo imagina y que en las próximas semanas comenzará una larga y dura negociación.

La mejor evidencia de que las relaciones entre Argentina y el Fondo no son precisamente fáciles es la actitud que tomó ayer el propio Rato, cuando lo consultaron sobre el caso argentino. Primero, algo molesto, dijo que la relación era "normal". Después, cuando le preguntaron si esperaba reanudar las conversaciones con las autoridades del país próximamente insistió, como en otras oportunidades, con que ésa era "una decisión del gobierno argentino". Finalmente, ante la insistencia de los cronistas, reveló que no ha tenido consultas recientemente con Lavagna ni con Kirchner y cortó la discusión por lo sano: "Yo no le he hecho ninguna crítica al gobierno argentino", afirmó y pasó a otro tema.

Como lo reconoció el propio Lavagna, Argentina busca un acuerdo con el FMI para refinanciar unos 11.500 millones de dólares, que es la deuda total con la entidad a vencer en el próximos tres años. En particular, el gobierno necesita refinanciar unos 4500 millones de dólares por compromisos en 2006 con el FMI, el Banco Mundial y el BID, siendo que estos dos últimos organismos prorrogarían automáticamente sus préstamos una vez que el país cerrara un acuerdo con el Fondo.

El problema es que para llegar a ese acuerdo, el staff del FMI ya puso sobre la mesa de negociación, en un documento del 8 de julio pasado, una serie "condicionalidades" que la administración Kirchner no está dispuesta a consentir. Los "requisitos" que los burócratas del Fondo pretenden imponer en la discusión son fundamentalmente dos, y ambos están vinculados con la política antiinflacionaria:

1) Elevar las tasas de interés para "enfriar" la economía, y

2) Que el Banco Central no intervenga y deje caer el dólar ante un mayor ingreso de capitales financieros, que podría ser alentado con tasas de interés más altas.

Así, especulan en el Fondo y la mayoría de los consultores de la city, un dólar más bajo sería una señal para que los empresarios de los sectores exportables desinflen los precios en el mercado interno.

Según manifestó Lavagna días atrás, los técnicos del FMI quisieran que el dólar cayera a 2,20 o 2,30. Para el ministro, no es sensato aplicar esa política recesiva con una economía con 16 por ciento de desocupación. Una tercera condición del Fondo, un rápido ajuste en las tarifas de los servicios públicos afectando incluso a los usuarios domiciliarios, no encontrará en cambio mayor oposición en Lavagna.

En este contexto, el aval político de George W. Bush es importante a la hora de encarar cualquier negociación con el Fondo. El gobierno norteamericano no sólo posee el 17 por ciento de las acciones del FMI sino que lidera el Grupo de los 7 –países más poderosos del planeta–, dueño de las decisiones del organismo multilateral.

Sin embargo, a diferencia de septiembre de 2003, cuando el apoyo de Bush destrabó el primer acuerdo de Kirchner con el Fondo, a pesar de la oposición de la línea técnica del organismo y de algunos países del G-7, difícilmente el gobierno norteamericano esté dispuesto hoy a jugarse así por el "amigo argentino". Esta vez, Washington no correría el riesgo de volver a dividir al G-7.

El interés del más fuerte

Por David Cufré

Frente a países pares, como los del Grupo de los Siete, Estados Unidos se negó a modificar la naturaleza del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, rechazó firmar el Protocolo de Kioto de protección al medio ambiente y bloqueó la firma de un acuerdo de protección internacional de derechos laborales. Si ese es su comportamiento delante de las naciones más grandes, no es difícil deducir cómo actuaría frente a países con quienes tiene una asimetría mayúscula –a su favor– de poderío económico y militar. Estados Unidos promueve el ALCA por intereses comerciales, pero también para avanzar en otros aspectos, como la consolidación de un modelo continental de libre circulación de capitales financieros.

Cuando negoció el tratado de libre comercio con Chile, Estados Unidos le impuso recetas de política económica del mismo modo que lo hace el FMI cuando define sus acuerdos. La diferencia es que su aplicación es sin límite de tiempo. Por ejemplo, puso como condición que el gobierno de Santiago desistiera de cualquier restricción al ingreso de capitales. Argentina aplica actualmente controles a la entrada de divisas.

Otros objetivos de Washington en relación con el ALCA son la penetración de sus empresas en las compras gubernamentales de los países miembros en un pie de igualdad con las compañías locales, la unificación de las leyes de patentes bajo el criterio estadounidense y la no discriminación a la inversión extranjera directa. Respecto de este último punto, Argentina ya no las aplica desde que entregó a compañías multinacionales el control de sectores clave como los de hidrocarburos, energía y comunicaciones.

El ALCA también es una herramienta para cristalizar los patrones actuales de especialización productiva, con países productores de bienes primarios y otros de mercaderías con valor agregado. "Las experiencias de integración de Estados Unidos demuestran que los países que se asociaron con ellos sufrieron la pérdida de estructuras industriales enteras, que en el mejor de los casos fueron reemplazadas por otras con menor aporte laboral", señaló Martín Hourest, economista de la CTA, en diálogo con Página/12. México, por ejemplo, reemplazó sectores de la metalmecánica por armadurías, las cuales pasaron a exportar mucho más, pero que demandaron menos de la mitad de trabajadores.

El principal argumento de quienes promueven el ALCA es que daría lugar a un mercado ampliado con ventajas de acceso para los sectores competitivos de cada país. Eso conlleva que "unos producirán soja, trigo o merluza y otros bienes con valor agregado", insistió Hourest, y agregó que "hacia el interior de las sociedades, quedarán como ganadores permanentes los actores actuales del poder económico, que son los que negociarán el ALCA". Leonardo Bleger, economista del banco Credicoop, apuntó que "Estados Unidos no está dispuesto siquiera a ceder en la eliminación de los subsidios agrícolas y en las medidas paraarancelarias que impiden el acceso de mercaderías a su territorio", con lo cual las ventajas comerciales serían de una sola vía.


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