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Centenares de nicas pierden todo
en voraz incendio en Costa Rica

None | 21 de Enero de 2006 a las 00:00

Tomado de varios diarios costarricenses

Asimismo, otras personas, desesperadas, comenzaron a sacar televisores de gran tamaño, equipos de sonido, computadoras y hasta máquinas de hacer ejercicios.

Según afirmaron varios testigos del siniestro, las llamas se iniciaron en una casa situada en el centro del precario, luego de que, al parecer, dejaron encendida una cocina, y esto habría producido un cortocircuito. El fuego se propagó con gran facilidad pues las construcciones eran de madera y latas de zinc y estaban muy pegadas.

Otros testigos dijeron que en ese rancho habitaba un hombre solo identificado como Enrique, donde al parecer el interruptor de la corriente de una cocina alzó llama cuando una menor de 15 años lo conectó. Carlos Zúniga Pérez, un vecino, dijo que la niña empezó a pedir ayuda, pero que al llegar las llamas abarcaban la habitación de unos cuatro metros cuadrados y se pasaban a otro rancho. Zúñiga explicó que había mucho humo y fue en ese momento cuando los otros vecinos comenzaron a salir y a sacar artículos de las casas adonde se podía llegar.

El que ni a palos se bajó del techo de su casa fue el valiente pinolero Pedro Cáceres, quien con todo y corbata se enfrentó al fuego con una manguera de jardín, enfriando la pared trasera de su casita para que no llegaran las llamas.

Momentos de angustia y pánico se vivieron durante más de tres horas y las jefas de hogar suplicaban a los oficiales de seguridad que les permitieran bajar a sus casas, las cuales se encontraban como en un laberinto, ante lo que las autoridades se negaban para no poner en riesgo ninguna vida. La preocupación de las madres terminó cuando se les comunicó que la astucia de alrededor de 40 niños los salvó del fuego, ya que se refugiaron en una especie de playón ubicado en el río Virilla, que pasa por detrás de sus casas.

Al llegar los bomberos enfrentaron inicialmente problemas con la falta de agua, pues un hidrante ubicado a 200 metros del sitio de la conflagración no tenía líquido. Debieron hacer un tendido con mangueras desde un kilómetro de distancia, lo que atrasó el trabajo para combatir el fuego. El incendio pudo ser controlado a las 4:10 p. m., dos horas después de que empezó.

Para Héctor Chaves, director de los Bomberos, el hecho de que las calles fueran estrechas dificultó llevar las mangueras hasta los ranchos. Chaves dijo que además las labores las perjudicó el difícil acceso al lugar, que es una ladera con pasillos muy angostos. Los bomberos, pese a haber llegado 10 minutos después de haberse iniciado el fuego, se toparon con el problema de que el hidrante más cercano estaba a un kilómetro. Por eso, debieron extender mangueras y solicitar el refuerzo de más unidades. Otro factor que impidió a los bomberos extinguir antes las llamas fue el fuerte viento imperante en la zona, lo cual hizo que el fuego se extendiera rápidamente al resto de las casas, en su mayoría, construidas con madera.

Las autoridades descartaron que hubiera habido víctima mortales, aunque decenas de vecinos sí resultaron afectados por el humo o con pequeñas heridas en el cuerpo ocasionadas por las latas.

El precario La Esperanza, que se ubica en las cercanías de calle El Martillo, en la ciudadela León XIII de Tibás, comenzó a poblarse en el año 1998. Se trata de un terreno quebrado ubicado en la margen del río Virilla, que es propiedad del Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU), donde se estima que había cerca de 200 ranchos construidos, según un estudio hecho por la Municipalidad de Tibás hace unos dos años.

La alcaldesa de Tibás, Mayra González, dijo que en aquel momento se determinó que un 90 por ciento de los pobladores eran de origen nicaragüense y un diez por ciento costarricense. Nadie sabía ayer cuántas familias habitaban cada rancho.

Entre las 800 personas que, según se estima, perdieron todo está Juan Rafael Santamaría, un vigilante de seguridad privada que estaba durmiendo, pues tenía que trabajar a las 10 p.m. "Fue imposible sacar las cosas. Todo el mundo gritaba que sacaran a los niños. Corrían por todos lados y la gente pegaba en las estrechas calles", comentó.

Similar criterio externó Carlos Zúñiga Pérez, quien no se despegó de la puerta de la casa de su hermana, debio al temor de que las llamas tocaran las paredes. "Estaba aquí cuando, de un momento a otro, escuché que gritaban que había fuego. Las llamas se iniciaron en el centro y casi nadie pudo sacar sus pertenencias. Se creía que había un cilindro de gas en una de las casas y eso generó gran caos", agregó.

Carmen Gutiérrez Lobo, quien vivía desde hace ocho años en el lugar y perdió la casa y todas sus pertenencias, cuenta que "estaba acostada cuando sentí un calor muy fuerte. Un señor comenzó a gritar 'salgan'. Yo salí sin sacar nada. Todo se quedó ahí adentro. Perdí todo".

Otro afectado es Ciro Ordóñez Banegas, con dos años de vivir en La Esperanza, relató que "soy guarda y llegué en la mañana pero volví a salir. Dejé el salario ahí y todo se quemó. Soy oriundo de León (Nicaragua) y estaba ahorrando para regresar", contó entre sollozos contenidos.

Según informó Chaves, la conflagración consumió unos 3 mil metros cuadrados de terreno. "El incendio dejó tres bomberos heridos por inhalación y algunos cortaduras en sus manos. Fueron trasladados a diferentes centros hospitalarios por problemas respiratorios", dijo Chaves. Al lugar se presentaron seis máquinas extintoras de bomberos y dos camiones cisterna. La Cruz Roja desplazó tres unidades paramédicas y dos de las sedes de Guadalupe y San José.

Entre las personas que llegaron a brindar ayuda estuvo la alcaldesa de Tibás, Mayra González León, quien hizo gestiones ante la Comisión Nacional de Emergencia para habilitar el salón comunal de la León XIII, una iglesia cristiana y cuatro albergues, donde la mayoría pasó la noche.


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