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Presidente Evo Morales nombra gabinete
con gente del pueblo, para servir al pueblo

None | 23 de Enero de 2006 a las 00:00

La mañana del lunes, vestido de manera informal, con su ya celebrado jersey multicolor, Morales pidió a su primer gabinete de cambio, de 16 carteras, cumplir el "mandato del pueblo para cambiar el modelo neoliberal en democracia, resolver los problemas estructurales y problemas sociales.

"Quiero pedirles a este nuevo gabinete del pueblo, entender que si la política es la ciencia de servir al pueblo, la autoridad debe servir al pueblo. Ser autoridad es servir al pueblo y no vivir del pueblo, y dentro de ese marco quiero pedirles, personalmente, al nombre del pueblo boliviano, cero de corrupción, cero de burocracia", enfatizó. Recordó que él mismo nunca había entrado en política, porque "porque (a los políticos) se les ve como ladrones, maleantes y farsantes".

Morales, quien comenzó su jornada laboral, a las cinco de la mañana, convocó a dignificar la política. "Se acabó la fiesta, se acabó la luna de miel, ahora el trabajo es para cambiar Bolivia", dijo el mandatario.

Sin tradición alguna en la diplomacia boliviana, el economista David Choquehuanca se convirtió en el primer canciller de origen indígena aymara en Bolivia. Pertenece al círculo íntimo del presidente Morales y, además de dominar varios idiomas tiene una fuerte relación con organismos no gubernamentales europeos.

Otra de las novedades sin parangón en la historia boliviana de casi dos siglos fue Casimira Rodríguez, una humilde mujer de pueblo, una quechua empleada doméstica desde muy niña, que llega a dirigir el rubro de Justicia, saltando desde su cargo de dirigente sindical de las empleadas domésticas, puesto que ella ejerció.

En Bolivia, un alto porcentaje de las sirvientas son de origen indígena. En la década de los 80, el ahora jerarca de los indios aymaras del altiplano boliviano Felipe Quispe se alzó en armas "para que mi hija no sea tu empleada", le espetó a una periodista.

Casimira Rodríguez, secretaria general de la Federación de Trabajadoras del Hogar de Bolivia hasta 1997-98 y luego secretaria general de Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar, fue designada ministra sin cartera responsable de la Justicia. A Rodríguez se le atribuye la maternidad de la Ley de la Trabajadora del Hogar vigente en Bolivia, un cuerpo legal muy necesario para un grupo laboral semiesclavizado.

En la cartera de Desarrollo Sostenible, encargado de la producción, Morales designó al economista y profesor universitario Carlos Villegas, quien acompañó al nuevo presidente en una reciente gira por cuatro continentes y a quien se atribuye la configuración del programa de reversión del modelo neoliberal y su sustitución por otro de economía mixta.

El Ministro de Minas es Wálter Villarroel, que proviene del cooperativismo minero.

Un representante de las juntas vecinales de la combativa ciudad de El Alto, la más empobrecida del país, Abel Mamani, fue posesionado como ministro del Agua, despacho ministerial único en el mundo que fue creado con la expresa misión de evitar la privatización del líquido elemento y organizar una gran empresa pública del agua en el país. Mamani mantuvo una dura lucha para expulsar del país a la compañía francesa Suez Lyonnaise.

Cuatro mujeres integran el gabinete de Morales, entre las que la gran sorpresa es el nombramiento como ministra de Gobierno (Interior) de la antropóloga Alicia Muñoz. "Bienvenida sea, aunque no puedo ocultar mi sorpresa porque es la primera vez que una mujer asume el cargo. La policía le anuncia su respaldo", manifestó el comandante de la Policía, general David Armayo.

Muñoz, una antropóloga andina y ex senadora, se convirtió en la primera mujer en asumir la cartera de Interior, un cargo para que el se necesita una alta dosis de sagacidad, principalmente después de que Morales expresara miedo a habitar la residencia presidencial, en La Paz, por sospechas de espías y otras trampas. "Estamos dispuestos a empujar este proceso, a profundizarlo y sin gastos reservados velar por la seguridad del Estado", declaró la mujer.

Durante la celebración popular del domingo, Morales aseguró que en su gobierno no se registrarán muertos a manos del Estado al tiempo de anunciar la supresión de una partida presupuestaria de cerca de 4 millones de dólares asignados a gastos reservados.

Morales se decidió por activistas e intelectuales de clase media para las carteras más técnicas. Estas personalidades se caracterizan por haber pasado de analistas independientes de medios a asesores de campaña del MAS y ahora a ministros de Estado, una trayectoria política similar a la del Vicepresidente Alvaro García Linera.

El mandatario confió la relación con las petroleras al abogado y periodista Andrés Soliz Rada, un antiguo luchador de izquierda por los recursos naturales. Fue elegido como ministro de trabajo el ex secretario ejecutivo de la Confederación Nacional de Sindicatos Fabriles, Alex Gálvez.

El nuevo gabinete incluye la presencia de dos ministros oriundos de Santa Cruz, el empresario Salvador Riece y el abogado socialista Hugo Salvatierra, quienes tendrán en sus manos las importantes carteras de Servicios y Obras Públicas y de Desarrollo Agropecuario. El nuevo ministro de Hidrocarburos es Andrés Soliz Rada y el Presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos Jorge Alvarado. En el Ministerio de la Presidencia encontramos al ex militar Juan Ramón Quintana, y en el Ministerio de Desarrollo Económico y Planeamiento Carlos Villegas.

Fueron designados Walker San Miguel en Defensa; Luis Alberto Arce en Hacienda; Celinda Sosa en Desarrollo Económico, Producción y Microempresa; Salvador Riera en Servicios y Obras Públicas. Posesionaron como nueva ministra de Salud a Nila Heredia, antigua militante del MIR; y a Félix Patzi Paco en el Ministerio de Educación. Ministra de Desarrollo Económico (Producción y microempresa), Celinda Sosa

Los ministros del nuevo Gobierno boliviano juraron sus cargos ante el presidente, quien les pidió "dignificar la política" y trabajar para "cambiar Bolivia". Con el puño izquierdo en alto y su mano derecha en el corazón, tal y como hiciera el domingo durante su investidura como jefe del Estado, el nuevo presidente tomó juramento a sus ministros en una ceremonia celebrada en el Palacio de Gobierno, en La Paz.

El nuevo Gobierno de Bolivia registrará como propias las importantes reservas de gas natural del país, según anunció el nuevo ministro de Hidrocarburos, Andrés Solís Rada, poco después de jurar su cargo. El presidente Morales confirmó el domingo durante su toma de posesión, su decisión de nacionalizar todos los recursos naturales del país, que tiene las mayores reservas de gas natural de Sudamérica después de Venezuela.

"La primera tarea será la de registrar en bolsas y otras instancias las reservas de gas a nombre del país (...) Ésta es una de las medidas clave de la nacionalización", dijo el ministro a los periodistas minutos después de jurar su puesto.

Empiezan los cambios

El nuevo ministro boliviano de Exteriores, el aimara David Choquehuanca, anunció "grandes cambios" en su primer discurso, pronunciado en su lengua originaria y aderezado con palabras en quechua y guaraní. Choquehuanca, un aymara moreno de 1,60 m de estatura, que presidió en el pasado NINA, una ONG francesa de izquierda, asumió la jefatura de la diplomacia boliviana en reemplazo del abogado y diplomático de carrera Armando Loaiza.

En su calidad de jefe del primer gabinete de Morales, Choquehuanca –típico apellido en los Andes indígenas de Bolivia– proclamó en lengua nativa que el gran día (de los pueblos nativos) ha llegado: "Uka jacha uru jutasjiway", proclamó tras la ceremonia de juramentación ministerial. También habló en otras cuatro lenguas originarias. En una alocución en el Palacio de Gobierno de La Paz, emitida por la televisión nacional, el nuevo ministro de Relaciones Exteriores del país andino intercaló las frases en estos idiomas originarios con su correspondiente traducción al castellano.

Choquehuanca agradeció al presidente Evo Morales y al pueblo boliviano la oportunidad de poner en marcha "grandes cambios" que van a permitir a todos "vivir bien", en referencia a los pueblos indios. Asimismo, anunció que ha llegado el tiempo del "pachakutik", que en aimara significa el retorno a los orígenes de la civilización andina.

"Uka jacha uru jutasjiway", lo que en español significa "el gran día ha llegado y lo estamos viendo", afirmó Choquehuanca. "Tenemos que asumirlo con responsabilidad, tenemos que llevar adelante estos cambios que el pueblo nos ha pedido", aseguró ante los restantes 15 ministros designados por Morales, entre los que hay tres mujeres, intelectuales de izquierda y dirigentes sindicales y sociales.

El canciller concluyó su presentación con una promesa de lealtad a la nueva gestión gubernamental, para lo cual pidió a sus colegas "empujar con toda nuestra energía y celebrar como celebraban nuestros antepasados", al grito de "'jallalla' (viva) Evo Morales".

El nuevo ministro de Exteriores es considerado un hombre clave en el Movimiento Al Socialismo (MAS), el partido de Morales, y es uno de los más allegados al primer mandatario.

"Los indígenas somos la reserva moral de la humanidad"

Por Luis A. Gomez, especial para diario La Jornada, México

Eran exactamente 13 minutos después de las 14 horas cuando Evo Morales derramó las primeras lágrimas de la tarde, y con él lloró toda Bolivia. En ese instante, el vicepresidente de la República, Alvaro García Linera, le impuso en el cuello la Medalla del Libertador, símbolo máximo del poder republicano en este país. La medalla colgó sobre la banda presidencial y entonces, ya, era un hecho: el primer presidente indígena del siglo estaba listo para gobernar su patria. Pero había que cerrar capítulos, cuadrar las cuentas.

"Señor presidente del Congreso Nacional", dijo Evo a García Linera, quien tiene entre otras la atribución de presidir el Poder Legislativo, "por su intermedio quiero solicitar un minuto de silencio para recordar a nuestros héroes caídos". Así comenzó su discurso el presidente de Bolivia: pidiendo un poco de paz y de silencio para recordar a los muertos. En un recorrido por los siglos y la sangre derramada en esta parte del mundo, Evo mencionó entre otros a Tupaj Katari, al Che Guevara, a decenas de líderes indígenas y, finalmente, a los ciudadanos de la ciudad de El Alto masacrados en octubre de 2003, a sus compañeros cocaleros y todos los héroes anónimos de este país.

En memoria de ese linaje rebelde boliviano, el vetusto edificio republicano del Congreso vivió tal vez el minuto más largo de su historia. Solamente el lamento del pututu (cuerno de res usado como instrumento de viento) se escuchó esos 60 segundos. Y al final, el entrecortado grito de Evo Morales pidiendo gloria a los mártires por la liberación. Por ese hilo negro, de muertes y de derrotas, comenzó el nuevo gobernante su discurso, porque "esa es nuestra historia... hemos sido condenados al exterminio y ahora estamos acá... justamente para cambiar nuestra historia", tomó vuelo Evo, explicando que los indígenas en Bolivia han sido sometidos y humillados durante siglos, pero que su gobierno es el punto de quiebre desde que ahora habrán de "buscar cómo resolver este problema histórico". Y en ese memorial de agravios, Evo Morales dejó clara una sola cosa, como había hecho antes sus pares en las ruinas arqueólogicas de Tiwanaku un día antes: los 500 años de resistencia han terminado y ellos, los pueblos originarios de América, deberán prepararse para "tomar el poder por 500 años". Pero sin rencor, insistió, "porque los indígenas no somos rencorosos".

Ante los ojos llenos de llanto de sus hermanos, como la dirigente cocalera Leonilda Zurita –quien desde un palco lloró de pie toda la ceremonia–, Evo hizo en este punto un perfil del ser indígena que mezcló emotivamente con la fuerza del Che Guevara. También situó este momento de la historia, con él como presidente, como una continuidad de la lucha de Tupaj Katari, quien en 1781 cercó esta ciudad durante meses y por poco termina con el dominio de la corona española. Pero, "y esto se los digo con mucha sinceridad, con mucha humildad", Evo hizo todo este recuento afirmando que era solamente bajo el gobierno de los pueblos indígenas que las cosas cambiarán, porque "los pueblos indígenas somos la reserva moral de la humanidad". Y recibió una ovación cerrada, una más de las muchas que interrumpirían su discurso inaugural. Luego comenzaría a hacer recuento de sus ideas, de sus propuestas, todo mezclado con algunas indirectas y alguna pregunta o queja bastante más frontal.

Acabar con el Estado colonial

Se acabó, enfatizaba el presidente Morales con un índice moreno y recto, eso del capital en unas pocas manos. "Son políticas que tienen que cambiar en democracia", dijo. Y anunció que así será en su gobierno, pero sin humillar y sin maltratar al otro, como le hicieron a él. Entonces Evo recordó que una tarde de marzo del año pasado, dirigiéndose a pie desde el edificio del Congreso hasta palacio de gobierno, para dialogar con el ex presidente Carlos Mesa durante un periodo de conflicto, fue agredido por algunas personas en la calle, que "lo querían colgar al Evo Morales". Y esa ofensa por parte de los simpatizantes de Mesa (quien se encontraba en el auditorio), fue nada más un aliciente para que la gente siguiera despertando en su conciencia, dijo. "Ex presidentes, entiendan: eso no se hace, no se margina", remató Evo mirando hacia el palco donde tres ex mandatarios bolivianos, invitados a su toma de posesión, aparentaban calma y tensaban las mandíbulas. Y es por todo esto, continuó el mandatario indígena, que debemos "acabar con el Estado colonial".

Morales siguió entonces con completo resumen de lo que siempre dijo sobre racismo y discriminación. Y en esta etapa, donde los presentes interrumpían el discurso cada pocos minutos con sus aplausos y sus vivas, los pocos parlamentarios de la derecha mantuvieron una actitud serena y sin aplausos, hasta que Evo anunció que la democracia era la mejor forma de descolonizar al Estado, acabando así con la corrupción. Y comenzó la explicación política...

Sin sacarse la chaqueta de cuero adornada con tejidos andinos, Evo comenzó su explicación por el histórico saqueo de los recursos naturales, algo tolerado y fomentado por anteriores gobiernos y parlamentarios. "No hubo amor a la patria", dijo Morales, "cuando se realizó ese saqueo... Entiendo que la política es la forma de mejorar la economía de las personas... y esto no ha sucedido en nuestro país".

El agua, enfatizó en principio, debe ser de servicio público. Explicando que era un absurdo la privatización del recurso y que eso tendrá su final en su administración. De hecho, el presidente boliviano mencionó que fueron las políticas relativas a los recursos naturales, como "el agua, la coca y el gas", lo que incentivó "la conciencia del pueblo boliviano". Y habló de la redistribución de la tierra, apelando a la necesidad de diálogo con los terratenientes bolivianos para revertir al Estado las hectáreas de tierra improductiva. No es posible que "para criar una vaca se necesiten 40 o 50 hectáreas... no es posible que tengamos que ser una vaca para tener 40 o 50 hectáreas", dijo Morales. Lo mismo para la productividad y la industria, temas en los que recordó, por ejemplo, que desde el 6 de agosto de 1825 (día de la creación de la República de Bolivia) no se ha industrializado nada en este país, que se ha mantenido, durante más de siglo y medio, como exportador de materias primas, pero sin beneficarse mucho por ello.

"Todos los recursos naturales deben pasar a manos del pueblo boliviano, sean éstos agua, coca o gas", dijo el flamante presidente de esta nación que posee la segunda mayor reserva de gas de Sudamérica, al señalar que "un desafío de todos los bolivianos es industrializar nuestros recursos para salir de la pobreza". Pero también afirmó que esta recuperación de los recursos naturales deberá ser "responsable", al subrayar que habrá negociaciones con las petroleras extranjeras, en alusión a Repsol, Total, y Petrobras, una readecuación de los contratos para establecer el control estatal pleno sobre la industria y elevar los ingresos fiscales por la explotación de gas y petróleo.

En pocas palabras, hablando también de la necesidad de mejorar los programas de salud y eduación, "este modelo económico no sirve", concluyó Evo, dando como posible que tal vez sí funcione en Europa o en algún país africano, pero "en Bolivia el modelo neoliberal no va". Y dijo que era justamente esa conciencia popular, la de la inutilidad del neoliberalismo, la que lo había llevado al poder, ganando las elecciones, por lo que habría de respetar su mandato. Morales, de 46 años, soltero, expuso que habrá respeto para "quienes quieren vivir mejor", pero sin explotar a nadie.

"No se pongan nerviosos"

Evo se dirigió varias veces en forma directa a los ex gobernantes apostados en el palco arriba a su izquierda. Pero fue al hablar de la seguridad jurídica, algo que piden las transnacionales y varios gobiernos para seguir invirtiendo en Bolivia, cuando el presidente Morales Aima hizo su mención directa más dura al hablar del subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, "el tal señor Shannon que anoche nos visitó", para hablar claro que los valores y políticas estadounidenses no serán ya políticas aceptadas sumisamente. "No a la importación de políticas", fue la consigna de Evo Morales, invocando para ello la compresión de la comunidad internacional. Para seguidamente aclarar que lo que toca es crear localmente las políticas y las leyes necesarias para el desarrollo y el crecimiento.

En este pasaje, nuevamente tejió Evo su historia política personal con la historia. "Recuerdo cuando llegué a este edificio en el 97", dijo Morales en referencia a su primer periodo como diputado. Mencionó que fueron cuatro los diputados campesinos que trabajaron en esa legislatura, a los que les bloquearon cada uno de sus proyectos de ley. Y mirando hacia el sector del Congreso donde estaban los parlamentarios de los partidos de oposición, el presidente les dijo: "No se pongan nerviosos, no les vamos a hacer lo mismo que ustedes nos hicieron a nosotros"... de hecho, Evo los llamó a trabajar, porque las tareas pendientes son muchas.

Mencionando claramente la necesidad de convocar a la Asamblea Constituyente para el próximo junio, Evo Morales recordó que es necesaria una forma diferente de organizar el gobierno en Bolivia. "Somos diversos", recordó Morales, lanzándose a contar una anécdota de su reciente visita a Argentina donde, fijándose con calma, se dio cuenta del parecido entre él y el mandatario argentino Néstor Kirchner: la forma de la nariz en ambos. "Él es loro blanco y yo soy loro moreno... somos iguales en la diversidad".

Por ello, para dar una nueva forma de gobierno a Bolivia, que incluya sin dudas la autonomía regional y de los pueblos indígenas, Evo pidió un trabajo conjunto al Parlamento, que debería convertirse en "un ejército en la lucha por la segunda independencia de Bolivia". Aunque dejó claro que si no lo hacen, si no pueden, la tarea quedará en manos de los movimientos sociales e indígenas, que seguirán luchando. Porque esas medidas y procesos, dejó claro, servirán para "profundizar la democracia, que es el derecho no solamente de votar sino de vivir bien".

Sobre la línea productiva regresó el presidente boliviano, para hablar de industrialización, de la política de austeridad que seguirá su gobierno, comenzando por subir el salario básico (que es de menos de 60 dólares mensuales) y de bajar los salarios de los funcionarios del Estado. Para todo, por cierto, pidió apoyo y respaldo del pueblo, de los profesionales y algunas veces de los presidentes de otros países, concretamente de Cuba y Venezuela.

Evo habló de alfabetización (con un programa que apoyará Cuba), de salud, de documentar oficialmente a todos los bolivianos, de apoyo a la micro y pequeña industria, de erradicar la corrupción... porque en algún momento "este país tenía el subcampeonato de la corrupción", dijo Morales, para sin pausa preguntar al ex presidente Jaime Paz Zamora cómo pudo permitir eso, ya que en su mandato Bolivia fue calificada por Transparencia Internacional como el segundo país más corrupto del planeta.

Y bueno, viendo que ya su discurso era largo, Evo dijo que ya mero terminaba, que "no piensen que Fidel o Chávez me están contagiando", lo que le valió las risas del respetable y un nuevo aplauso general, que no fueron tan intensos como cuando habló con firmeza del tema espinoso de la coca. Evo Morales habló del daño que hacen la droga y el narcotráfico en el mundo, "es un mal que nos han importado". Y propuso a Estados Unidos un verdadero acuerdo de lucha antinarcóticos, pero que no incluya, como dijo muchas veces durante su campaña electoral, "coca cero, pero sí narcotráfico cero".

En la parte final de su discurso, Evo no escatimó elogios a algunos de sus hoy homólogos latinoamericanos como Lula, Kirchner, Fidel Castro, Lagos y Chávez. No mencionó al colombiano Alvaro Uribe ni al peruano Alejandro Toledo. Tampoco al presidente mexicano, Vicente Fox, que pese a haber sido invitado, delegó en su embajador en La Paz. El EZLN tampoco llegó y eso que también fue invitado.

Habló además de reactivar la minería y de terminar con la deuda externa, pidiendo a la comunidad internacional y a los organismos financieros condonar toda deuda en forma definitiva. Sólo produciendo, dijo igualmente, "es posible salir de la pobreza", pero el flagelo de la deuda y las desigualdades son algo importante en este camino. Sin embargo, "los países son iguales en el derecho a ser dignos y soberanos"... por ello, en breves alocuciones en aymara y quechua, Evo Morales llamó a todos los indígenas de su país a la unidad, porque en el nuevo gabinete no habrá nepotismo ni corrupción.

Explicando su manera de gobernar, Evo finalizó: "como dice el Subcomandante Marcos: mandar obedeciendo al pueblo... muchas gracias". Y se retiró...

El indígena que logró conquistar La Paz

Por Pablo Stefanoni, desde La Paz, Página/12, Buenos Aires.

Al mediodía, la atención se concentró en el Parlamento. El recientemente nombrado en Tiahuanacu "presidente de los indígenas de América" ayer lo sería oficialmente de Bolivia. Evo Morales vestía un saco de alpaca oscuro, con toques de aguayo (tejido andino), sin solapa ni corbata, sobre una camisa blanca. Una elegancia, llevada al paño por la modista boliviana Beatriz Canedo Patiño, que buscaba estar a tono con el momento histórico, pero escapando a un atuendo asociado a una parte minoritaria del país: el traje y la corbata. Fue su vicepresidente, el sociólogo y ex guerrillero Alvaro García Linera, el encargado de representar a esas "clases medias urbanas", él sí con un elegante traje oscuro y una corbata que se quitaría apenas finalizada la ceremonia. Buscó materializar así la consigna electoral de poner en pie un "gobierno de poncho y corbata", una "alianza de clases" que exprese el reencuentro entre los bolivianos, la reconciliación de Bolivia consigo misma.

Con el puño izquierdo en alto, Evo Morales recibió su segunda "coronación", esta vez la que vale según la Constitución Política del Estado y lo transportará a las páginas de los libros de historia como el primer presidente electo indígena, campesino y cocalero del país. Con una marcada emoción, el alguna vez "joven pelotero" recibió la banda presidencial de manos de García Linera y, desde el primer minuto, buscó dotar a su nueva gestión de todos los condimentos necesarios para una asunción "refundacional", una divisoria de aguas en la convulsionada historia política boliviana, con eje en la nacionalización de los recursos naturales. El nuevo vice le tomó juramento "por Dios o por la creencia que profese y por la memoria de nuestros ancestros", y el último verso del Himno, "Morir antes que esclavos vivir", sonó con fuerza, como enfatizando el nacimiento de una segunda república que deje atrás la fundada en 1825, cuando Bolivia –en honor al libertador Simón Bolívar– se independizó de la Corona española, pero reemplazó el colonialismo ibérico por el "colonialismo interno".

"Recuerdo cuando en esta misma plaza desfilaban los mineros armados en los años ’50, poco después de la Revolución Nacional de 1952", comentaba con una visible emoción un veterano periodista y militante de izquierda mexicano que siguió de cerca la historia boliviana del último medio siglo: una historia de masacres, rebeliones y más masacres con breves "primaveras populares" como los primeros años de la revolución del ’52, la Asamblea Popular de 1971 o el triunfo de la izquierda en 1982.

Después del discurso vicepresidencial –en el que el sociólogo citó a Montesquieu para reclamar una "patria donde todos nos sintamos cómodos"–, el mandatario electo pidió un minuto de silencio para los "mártires de la liberación". En medio del suave y solemne sonido de los pututus (cuernos de vaca), Morales trajo a la escena a Túpac Amaru, Túpak Katari, Bartolina Sisa, Ernesto Che Guevara, el diputado socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz (asesinado por la dictadura en 1980), y el padre Luis Espinal, quien sufrió igual suerte a manos de los mismos verdugos. Cultivador de coca en la región tropical del Chapare, el "hermano presidente" tampoco olvidó a sus camaradas de las seis federaciones cocaleras caídos en las batallas contra la erradicación, dirigida por Estados Unidos, de la "hoja sagrada".

"Gracias al movimiento popular de Bolivia y de América latina", dijo en medio de aplausos y vivas a Evo que dejaban en evidencia la hegemonía masista en el nuevo Parlamento. "No es importante eso, no estamos en campaña", retó con tono risueño a los legisladores. "Hasta hace 50 años, los indios no teníamos derecho a caminar por esta Plaza Murillo, esto parecía Sudáfrica", dijo recordando una "historia negra" boliviana revertida sólo parcialmente por la revolución del ’52, cuando milicias obreras y campesinas dirigidas por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) le arrancaron al régimen oligárquico el voto universal, la reforma agraria y la nacionalización de las minas de los "barones del estaño" (Hoschild, Patiño y Aramayo).

Ayer no desfilaron frente al Palacio mineros ni campesinos armados, pero era claro que el triunfo del MAS es el resultado directo de otros mineros y campesinos que desde el 2003 vienen tirando piedras y recibiendo balas frente al reclamo de un cambio político y económico en el país. Mientras "su" presidente hablaba de los "odiados, excluidos y marginados", o de los indígenas "a los que les sacaban los ojos o les cortaban las manos por aprender a leer", podía verse en las pantallas de televisión caras morenas, con arrugas que dibujaban las huellas de crónicos padecimientos e infinitas batallas casi siempre perdidas, con la expectativa de que tener a "un campesino que sabe pastorear llamas y trabajar la tierra" al frente del gobierno se traduzca en una nueva era, en el "vivir bien" que proclama el MAS.

Al promediar su discurso, Evo Morales miró la hora y se permitió una broma: "No crean que Chávez y Fidel me están contagiando", y, acto seguido, pasó a delinear los detalles de su "revolución democrática y cultural". "Queremos cambiar Bolivia con votos y no con balas, nos dejan un país dependiente y transnacionalizado, si hubieran querido un poco a esta patria hoy seríamos mejor que Suiza, que se desarrolló sin recursos naturales", denunció y anunció la nacionalización de los recursos naturales. La sonrisa de un periodista que tomaba nota en el centro de prensa cosechó el reproche de una militante masista, que le detalló cómo esos recursos fueron sucesivamente "saqueados" por intereses foráneos.

Señaló que "privatizar el agua es violar los derechos humanos"; que no va a haber coca cero, aunque sí "cero narcotráfico"; que se van a acabar los latifundios improductivos y los planes económicos elaborados en el extranjero; que los profesionales bolivianos dejarán "de ir a lavar platos a la Argentina, Estados Unidos o España"; que "Bolivia volverá a ser un país minero mediante la refundación de la estatal Corporación Minera de Bolivia", y pidió a los organismos financieros internacionales y países centrales la condonación total de la deuda externa. Llamó a Kirchner, Lula y Chávez "mis hermanos mayores", y les reclamó "que no excluyan a Bolivia de los proyectos de integración energética en la región". Como parte de la nueva ética pública (el mandato incaico "No robar, no mentir, no ser flojo"), anunció la rebaja a la mitad de los sueldos del presidente, diputados y senadores. Y aseguró que en agosto próximo entrará en sesiones una Asamblea Constituyente que deberá "refundar el país y no solamente reformar la Constitución", lo cual incluye un "régimen de autonomías solidarias", principal reclamo de las elites cruceñas.

El nuevo presidente no se privó de pasar algunas "facturas", como cuando acusó a algunos medios de hacer "terrorismo mediático". Recordó cuando, enenero del 2002, lo expulsaron del Congreso, lo que, lejos de provocar su "muerte política", lo catapultó como líder "antisistema", dándole el aire necesario para subir una cuesta que lo dejó sentado en un sillón presidencial históricamente esquivo a los bolivianos de su etnia y de su clase. El Evo "terrorista", "narcotraficante" y "asesino" tenía ayer la sartén por el mango y se dio el lujo de agradecerles a sus adversarios: "Muchas gracias, gracias a ustedes el pueblo tomó conciencia y hoy estamos acá; pero no se asusten –les dijo a los diputados de la derecha, cuyas caras inexpresivas contrastaban con la alegría de la izquierda, en un nuevo Parlamento casi dividido en dos bandos– no vamos a hacerles a ustedes lo que nos hicieron a nosotros." Jaime Paz Zamora –que estaba en el palco con los ex presidentes– escuchó con sorpresa: "El boliviano en el exterior es considerado honesto y trabajador, y Bolivia es uno de los países más corruptos del mundo. ¿Cómo puede ser esto don Jaime?", dijo mirando al mandatario cuyo gobierno (1989-1993) estuvo marcado por los "narcovínculos" que le costaron la cárcel a varios dirigentes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), que poco tuvo de izquierda y menos de revolucionario. Después de reprender a un senador masista que estaba por ser vencido por el sueño, interpeló al nuevo Parlamento, que cuenta con 72 diputados del MAS sobre 130: "Este nuevo Congreso deberá ser el ejército de la liberación nacional, y si no puede, seguirán siendo los movimientos sociales los que continúen la lucha por la segunda independencia".

Cuando había pasado casi una hora y media de discurso que improvisó con la ayuda de un "machete", el presidente, a esa hora ya en ejercicio, pronunció un discurso en aymara, provocando muestras de emoción entre los campesinos que seguían su discurso desde la Plaza de los Héroes, y luego saludó en quechua a los jefes de Estado extranjeros. "Gonzalo Sánchez de Lozada hablaba castellano con acento inglés, por fin un boliviano de verdad es nuestro presidente, por eso estamos orgullosos de él", dijo uno de los mallkus (jefes aymaras) que anteayer hizo de seguridad en Tiahuanacu y ayer formó parte de la multitud concentrada para acompañar las ceremonias de transmisión de mando. Y Evo Morales no es el único indígena que llega al poder: Santos Ramírez, nuevo presidente del Senado, es hijo de una señora de pollera que no habla español y su colega de la Cámara baja, Edmundo Novillo, es un abogado quechua de origen campesino.

Al momento de recibir el bastón de mando, la emoción generalizada hizo carne en Morales, que soltó varias lágrimas, como cayendo en la cuenta de lo que le estaba ocurriendo. Quizás ahí volvió a pensar en el niño llamero que juntaba cáscaras de naranjas que tiraban de los micros en Orinoca y su mayor sueño era "estar entre los pasajeros". "Nunca soñé estar aquí. Gracias a mis padres, a mi pueblo, Orinoca, que me enseñó a ser honesto, a las seis federaciones cocaleras donde nací a la vida sindical y política", dijo antes de concluir citando al Subcomandante Marcos: "Gobernaré obedeciendo al pueblo".

Al salir del Congreso lo esperaba el Palacio, su nuevo hábitat por cinco años, desde cuyo histórico balcón, acompañado por Hugo Chávez, asistió a un desfile militar. Luego seguiría la fiesta, junto al pueblo, en la histórica Plaza San Francisco. "Ya no podemos seguir llorando por los 500 años, nos toca gobernar." Y hoy tocará empezar la rutina del Estado: nombrar ministros y anunciar las primeras medidas. En síntesis: reproducir en millones el sueño que el nuevo presidente boliviano acaba de hacer realidad.

La plaza de los muertos fue ayer la de los héroes

La Plaza de los Héroes, sitio de las sangrientas revueltas que acabaron con el gobierno de Sánchez de Lozada a costa de 60 muertes, se llenó ayer de gente para celebrar la asunción de Evo. Cuando la tarde comenzaba a caer, la pareja presidencial se desplazó por la calle Comercio hasta la Plaza de los Héroes. La Bolivia plebeya desbordó esta histórica plaza, que en octubre de 2003 reunió a una multitud que promovía la caída de Gonzalo Sánchez de Lozada, un mandatario ultraliberal que intentó infructuosamente permanecer en el poder al costo de 60 muertos. Ayer no se trataba de derrocar a un presidente sino de proclamarlo. No había bronca y frustración sino alegría y entusiasmo. Otra vez los ponchos y las sandalias se apropiaban de la plaza pública y hasta la dinamita minera sonaba más optimista que en anteriores ocasiones. Un grupo de los trabajadores del socavón compartía con la policía las tareas de seguridad, con la misma convicción con que los mallkus aymaras lo hicieran el sábado en las ruinas sagradas de Tiahuanaco.

"Nos mira el espíritu de los bolivianos que lucharon por la libertad, que lucharon por la emancipación, que lucharon contra la explotación. Hoy la Bolivia profunda está de pie", dijo el vicepresidente electo, Alvaro García Linera, combinando el discurso de barricada con el tono pedagógico que utiliza en sus clases de sociología en la universidad pública. Evo Morales cambió el traje de alpaca por una campera de cuero. Lucía feliz y su intervención estuvo cargada de humor. Luego de agradecerles a los movimientos sociales que posibilitaron su elección, lanzó su primera ironía: "Logramos recuperar a Juan del Granado que caminaba por la vía errada", dijo en referencia a los intentos del alcalde paceño, del Movimiento Sin Miedo, de conformar un frente de centroizquierda por fuera del MAS. "Recuperaremos a todos los patriotas que quieran liberar al país y defender los recursos naturales", completó con tono "regeneracionista" en un discurso que, según dijo, lo escribió a las 3 de la madrugada.

Uno de los oradores fue el vicepresidente cubano, Carlos Lage, quien justificó la ausencia de su jefe y la figura más esperada de esta jornada: "Fidel no ha podido venir pero no se puede decir que él no esté presente. Veo a Fidel en cada uno de ustedes". Evo tomó el micrófono para convocar a Hugo Chávez, aclamado por la gente pero obligado a permanecer en el hotel por un fuerte dolor de garganta. El líder venezolano no acudió a la cita y privó a los masistas de escuchar a otra "estrella" que conforma lo que aquí ha comenzado a llamarse el "eje del bien".

Evo Morales confesó también algunos de sus temores y propuestas curiosas. Dijo, por ejemplo, que temía irse a vivir a la residencia presidencial porque sospecha que allí hay escondidas cámaras y micrófonos. Sólo se mudaría a la casa de San Jorge si "nuestros amigos cubanos y venezolanos la revisan" y sacerdotes indígenas la "limpian" de las malas ondas dejadas por sus cuestionados antecesores. "Si quieren que viva ahí tienen que ir también García Linera y los presidentes de las cámaras: Santos Ramírez y Edmundo Novillo", dijo recordando que, cuando ingresó al Parlamento, en 1997, los cuatro diputados vivían en el mismo departamento en la ciudad de La Paz; con este método, el hiperactivo presidente lograría trabajar junto a sus subordinados "24 horas por día". Los asistentes, en medio de risas, aprobaron "por aclamación" la iniciativa, que posiblemente haya puesto nerviosos a varios de los candidatos a ministros que serán nombrados hoy y a quienes Morales ya exigió "trabajar cama adentro". "García Linera me pidió algunas noches libres pero con esta aclamación ya no es posible", siguió un risueño Morales.

En la noche, una lluvia torrencial empañó parcialmente los festejos. "MAS, MAS, MAS, al nuevo alba seremos más, MAS, MAS, MAS, el Tata Inti (sol) alumbra más. MAS, MAS, MAS a someternos nunca más." El himno del MAS al ritmo de tinku anunciaba las esperanzas colectivas y el nuevo presidente se fue a darles la recepción a los numerosos invitados extranjeros, a quienes horas antes les pidió que colaboren con su gestión.

Bolivia vivió su último día de miedo, sostiene el escritor Eduardo Galeano

Por Luis A. Gómez, especial para el diario La Jornada, de México

Faltaban varias cosas al salir del Congreso Nacional. De todos modos, el presidente Evo Morales caminó sin prisa los 20 metros que lo separaban de su despacho en palacio de gobierno. Saludó sonriente a la gente en la plaza y entró entre vítores al edificio. Era algo más de las cuatro de la tarde y varios regimientos de las fuerzas armadas esperaban por él para rendirle respeto y obediencia. Así que subieron él y su vicepresidente al balcón presidencial, adornado con banderas, a presenciar la parada militar que les estaba reservada.

Abajo, mientras recogían la larguísima alfombra roja, que sirve de camino a dignatarios y algunos invitados, quedaron entre la gente los cientos de periodistas y algunos personajes más ilustres. Entre los mexicanos asistentes fue notoria la presencia de Cuauhtémoc Cárdenas, amigo personal del mandatario boliviano, quien sonreía preguntando sin prisas por los detalles de aquello que atestiguaba, acompañado de su hijo del mismo nombre. También estaban ahí la gobernadora de Zacatecas, Amalia García, y el senador Cuauhtémoc Sandoval, consejero nacional del PRD.

Luego de la parada, Evo y su comitiva caminaron, escoltados por una guardia de 2 mil mineros y campesinos vestidos con poncho rojo, las cuatro o cinco cuadras que los separaban de la Plaza de los Héroes para asistir a la celebración popular que cerraba la transmisión del mando. Ahí, la multitud agitaba wipalas (bandera andina de siete colores), y aguardaba por su presidente cantando y lanzando al cielo cargas de dinamita.

Fatigado por el viaje, pero muy emocionado, el escritor uruguayo Eduardo Galeano fue el primer orador del masivo acto en la plaza. Bajo un cielo de nubes preñadas de lluvia, el autor de Patas arriba comenzó su discurso a la gente contando la célebre pregunta de Domitila Chungara, boliviana famosa y viuda de un minero en los años 70: "¿Quién es nuestro peor enemigo, compañeros?". El miedo.

"Ayer, contó Galeano, fue el último día del miedo en Bolivia"; explicó que ya nunca más habrá de paralizarse el pueblo con la sensación de temor ante el poderoso. El escritor también dijo que el mundo se divide entre indignos e indignados, y que en todo caso él estaba feliz, porque, tomando partido, era muy importante estar aquí, en este parto. "El mundo entero padece una dictadura del miedo que emite gases paralizantes", explicó ante los miles congregados en la Plaza de los Héroes. "Un miedo a recordar, a vivir, a morir y, sobretodo, miedo de ser, de reconocernos en toda nuestra espléndida y poderosa plenitud", dijo al describir el festivo acto como un "acto de dignidad colectiva".

Nuestros países nacieron condenados a una suerte de fatalidad del miedo que nos impide vernos como somos y como podemos ser", indicó el autor de Las venas abiertas de América Latina. "Lo que ha sucedido en Bolivia nos enseña que ese miedo de ser lo que podemos ser no es un enemigo invencible; el racismo no es una fatalidad del destino, no estamos condenados a repetir la historia. Nos han entrenado para andar en silla de ruedas y ahora estamos recuperando la posibilidad y energía en América Latina de caminar con nuestras propias piernas, pensar con nuestras propias cabezas y sentir con nuestros propios corazones", añadió.

Todas las constituciones latinoamericanas fueron hechas "por pocos y para poquitos, y generaron naciones donde las mayorías estaban y siguen estando malditas". El mundo se divide, sobre todo, "entre indignos e indignados, y ya sabrá cada quien de qué lado quiere o puede estar", agregó el escritor, quien pidió un viva por "el alumbramiento de otra Bolivia, ¡que viva el nacimiento de otro mundo posible!"

En forma similar y acorde, el vicepresidente Alvaro García Linera realizó un largo discurso para puntualizar: "La Bolivia indígena está de pie y le dice al mundo que nunca más discriminación, nunca más represión y racismo". La patria, dijo el matemático de 43 años, "nació el 18 de diciembre pasado; la patria nace este 22 en esta plaza... la historia se ha fijado en nosotros. "Hace dos años aquí, recordó García Linera, corríamos bajo las balas", en referencia a la insurrección de octubre de 2003, que culminó con el derrocamiento de Gonzalo Sánchez de Lozada y dejó saldo de más de sesenta muertos. "Hoy tenemos que salir victoriosos de este trabajo", enfatizó el mandatario. Luego dejó paso al presidente...

"Hemos avanzado bastante"

Relajado luego de tanta actividad, pero fatigado, Evo Morales se dirigió al micrófono para pronunciar un nuevo discurso que sintonizara con su gente. Ataviado aún con la banda presidencial, Morales habló durante 45 minutos de los mismos temas que en su discurso inaugural en el Congreso Nacional, salvo que esta vez se interrumpió un par de veces para invitar a algunos a acompañarlo en su mensaje.

La primera pausa en el discurso fue tomada por el vicepresidente cubano Carlos Lage, quien entre otras cosas, dijo que no había que lamentar la ausencia de Fidel Castro, a quien el presidente describió como su "abuelo sabio". "Yo veo a Fidel en todos ustedes", dijo Lage. Luego del cubano, la gente enardecida pidió la presencia de Hugo Chávez quien, según Morales, estaba delicado de salud y se habría excusado de asistir al acto a causa de un resfriado.

Otra interrupción quedó a cargo de la indígena quechua Blanca Chancoso, ecuatoriana, quien en su lengua materna pidió a Evo convertirse en el principio de lucha de los pueblos indígenas americanos. Tras agradecer el discurso de Chancoso, Evo recordó los muchos logros que han tenido los indígenas bolivianos en la vida política desde que comenzaron creando sus propios partidos políticos. "Hemos avanzado bastante", reconoció.

Evo interrumpía varias veces su discurso político para felicitar o agradecer a algunos de los presentes, como el artista plástico Gastón Ugalde, quien diseñó y elaboró dos murales de tejido especialmente para la ocasión. También presentó a los dirigentes sociales que lo acompañaban en la tarima desde donde fue presidido el festejo. Abajo, a la derecha del gobernante boliviano, los más de doscientos invitados internacionales seguían atentos el discurso mientras les servían café, té y pastelitos.

Con la noche comenzó la lluvia y Evo, ya para terminar, habló del miedo que siente de ocupar la residencia presidencial, por temor a "alguna trampa o algún micrófono". Recordó una vez más que cuando se inició hace casi nueve años como diputado, en 1997, vivió compartiendo casa con dos de sus colegas, e hizo morir de risa de pueblo cuando dijo que ha invitado a su vicepresidente, al presidente del Senado y al de Diputados a compartir la casa con él.

Ante la risa, satisfecho, Morales dijo que no era payaso, que hablaba en serio. "Cuatro presidentes viviendo juntos: el presidente de Bolivia, el del Congreso, el de la Cámara de Diputados y el de la Cámara de Senadores. Trabajando juntos las 24 horas para resolver sus problemas", concluyó, consiguiendo el aplauso más nutrido de la jornada antes de dar gracias y dar paso a la fiesta musical programada.

Mientras se servían las bebidas calientes y se entonaban canciones, la gente mojada y sonriente comenzó sus bailes y celebró a su presidente, quien los observó cómplice desde su silla, antes de retirarse sin prisas al palacio donde prometió, desde mañana, seguir en contacto con ellos y sus permanentes necesidades. Eran casi las 8 de la noche y la Bolivia profunda era un jolgorio masivo por vez primera.

El resbaloso tema de la salida al mar

"Como empezamos haciendo historia, queremos seguir haciendo. Buscar soluciones mediante el diálogo, que es un fundamento indígena, queremos apostar por la cultura del diálogo y consolidar una agenda sin excluir ningún tema, y la presencia del presidente Lagos en Bolivia genera una mayor confianza entre los países. Quiero decir públicamente que, como ex presidente será un amigo, un compañero y un hermano", expresó Evo Morales después de recibir en su casa de Miraflores, durante 40 minutos, al presidente chileno, nación con la que Bolivia no tiene relaciones diplomáticas desde 1978, debido al diferendo por la salida al mar, perdida a manos de los trasandinos después de la Guerra del Pacífico (1879-1883). Hace más de 50 años que un presidente chileno no viene a Bolivia a una transmisión de mando y Morales retribuyó el gesto comprometiéndose a ir a Santiago a la asunción de Michelle Bachelet. "No tenemos miedo de ir", dijo en el discurso de investidura. En una conferencia de prensa, Lagos señaló al mediodía de ayer que la compra y venta de gas es un "tema comercial y no político" y resaltó el arancel cero aprobado por Chile para los productos bolivianos. "Para abordar un tema complejo como el de la salida al mar es mejor construir un edificio sólido que es la confianza mutua, esperamos lograr continuar los avances que conseguimos con el presidente Eduardo Rodríguez", agregó. Fue el proyecto de exportar gas a EE.UU. vía Chile lo que encendió la chispa de la rebelión contra Gonzalo Sánchez de Losada. En todo caso, las credenciales nacionalistas de Evo Morales le permitirán más cintura en las negociaciones sin que pese sobre él la sospecha de "chilenófilo", estigma de las oligarquías locales.

El Libertador bonapartista

Por Claudio Uriarte, Página/12, Buenos Aires.

Pese a sus invocaciones a Simón Bolívar, Evo Morales se ha constituido en el verdadero Libertador de Bolivia. Porque la libertó no sólo de España sino de la oligarquía blanca que mantuvo al 80 por ciento de su mayoría indígena en condiciones de exclusión y semiesclavitud, reconociéndoles sus derechos electorales recién en la década del ’60 y privándola después de su derecho al cultivo de coca, su principal fuente de recursos. Anteayer, en la ceremonia cívico-religiosa de Tiahuanacu, Morales lució menos como un presidente electo que como un emperador que estaba siendo entronizado. La alegría indígena después de 500 años de opresión blanca y oligárquica se transpiraba a través de las pantallas de televisión. Pero detrás de esa alegría se podía sentir una decepción anticipada: "el Evo" no podrá cumplir con todas las promesas que formuló.

Los indígenas que siguieron a Evo hasta las ruinas de Tiahuanacu, y que ayer contemplaron emocionados su discurso de toma de posesión de mando ante el Parlamento, sentían que llegaban al poder. Pero no lo hacían del todo. Una cara morena, una "chompa" (o pulóver andino), como la que Evo usó en sus visitas internacionales más protocolarias, y sus denuncias estridentes contra el imperialismo, no garantizan un mejor nivel de vida. Garantizan, eso sí, un mayor nivel de representatividad social, y una mejor democracia. Pero subsiste el hecho de que Bolivia es uno de los países más pobres del Hemisferio Occidental, y que la retórica antiimperialista de Hugo Chávez en Venezuela funciona allí básicamente porque Caracas vive de sus exportaciones de crudo a Estados Unidos. En Bolivia, en cambio, la construcción de un gasoducto que exportaría gas a Estados Unidos a través de un puerto chileno fue uno de los motores de la rebelión popular que ayudó a propulsar a Evo Morales a la presidencia. Oponerse al Imperio, por lo general, tiene un precio.

Pero, precisamente por eso, el discurso de posesión de mando de Morales ayer tuvo un tono internacional singularmente bonapartista, al alcanzar su mano tanto a Estados Unidos como a Cuba, tanto a la Argentina como a Brasil, tanto a Perú como a Chile, sin olvidar –por supuesto– a Venezuela, su principal sponsor en el subcontinente. "El Evo" tendrá que gobernar en un mundo de realidades y no de fantasías. Esa es, tal vez, la principal incertidumbre del pueblo que se movilizó por él, que lo votó en forma masiva, y que ahora deberá aguantar –o no– las desilusiones que vendrán. Pero Napoleón III ya tuvo esos problemas.

El desafío de la coca

Por Mercedes López San Miguel, Página/12, Buenos Aires

A partir de la histórica toma del mando de Evo Morales en Bolivia, la frase del escritor Mario Benedetti "cuando algún boliviano llega al mar, aunque éste sea ajeno, siempre se trata de un blanco, no de un indio" (Despistes y franquezas) podría quedar encapsulada en el tiempo. De modo inédito será un indio quien lleve ante Chile el reclamo de, por fin, lograr una salida al mar, pues el enorme lago Titicaca sólo conduce a Bolivia a sí misma y alimenta su frustración. En tan sólo dos meses asumirá en Chile la socialista Michelle Bachelet, país que vive así también un momento histórico al tener por primera vez una presidenta, que es un símbolo: víctima de la dictadura de Pinochet, agnóstica y separada. Dos nuevos liderazgos para la región, uno entre tantos asuntos externos pendientes para el "Evo", jefe aymara.

El líder de los cocaleros tendrá por delante el ríspido tema con Washington de erradicación de la coca. Hasta ayer, alrededor de 150 soldados bolivianos encargados de destruir las plantaciones ilegales de coca vivían un tiempo muerto, acampados en la extensa región del Chapare, según informó The Washington Post. Tambalea el programa financiado por el gobierno republicano: Morales ha dicho en su campaña que Bolivia retiraría el apoyo al programa de erradicación, piedra angular de la lucha antinarcóticos y desarrollo de cultivos alternativos que lleva adelante Estados Unidos. El nuevo presidente boliviano está a favor de despenalizar el cultivo de coca y ve en el programa antinarcóticos de Estados Unidos en la región un modo de establecer su presencia militar.

El país del Norte destina 100 millones por año a la erradicación y al desarrollo de cultivos alternativos en Bolivia. Los cocaleros pronostican un boom de producción de la coca. El vicepresidente ayer asumido, Alvaro García Linera declaró que un estudio de la Unión Europea que mida el tamaño del mercado del consumo legal de la coca será un punto de partida. Si el estudio indica que el mercado puede apoyar más de las 26.600 acres legales, el cultivo será expandido. Si no, García Linera sugirió que habrá límites. "La erradicación debe de estar acompañada de cultivos alternativos", ha advertido sin embargo, el vicepresidente en funciones. "Con Evo creo que las cosas van a estar mejor para nosotros, que vivimos del cultivo de la coca", esa frase dicha por Ureña, una campesina del Chapare de 54 años, sintetiza el optimismo frente el nuevo escenario.

La nueva identidad de los bolivianos

Por Carolina Keve, Página/12, Buenos Aires

"En Bolivia está apareciendo una nueva identidad, aquella que reivindica los derechos del aborigen, del que hasta ahora aparecía como un marginado." Para el politólogo argentino Franco Castiglioni, la asunción de Evo Morales abrió un nuevo momento histórico, aquel que busca dar voz "a los pueblos originarios y a los pobres, a los olvidados por el neoliberalismo". Al abordar el futuro mapa en la región, el ex director de la carrera de Ciencia Política de la UBA se muestra más que optimista. Aunque reconoce las enormes diferencias que separan a los países vecinos, no tiene dudas de las coincidencias ideológicas que los unen y de la necesidad estratégica con la que se enfrentan: "A cada uno le sirve que el otro triunfe, porque ninguno hoy va a querer un gobierno de signo opositor, un gobierno de derechas."

–¿Qué futuro tienen las relaciones bilaterales entre Bolivia y Argentina a partir de la asunción de Evo Morales?

–En primer lugar, hay que despejar viejos malos entendidos. Por ejemplo, cuando en junio de 2005 el ex presidente Mesa llamó a la defensa de las instituciones, lo hizo bajo una durísima acusación contra el MAS. Sin embargo, el gobierno argentino apoyó inmediatamente ese llamado, aunque sin hacer ninguna mención contra las acusaciones que mostraban a Evo como causante de todos los males en Bolivia. Además está la cuestión de los inmigrantes bolivianos en el país. En este momento se trata de una comunidad que se siente con la identidad muy alta. Hay un presidente que, por primera vez, puede que se acuerde de ellos, y su situación tal vez se plantee en la agenda de ambos países. Cuando Evo habla, aquí hay miles de ciudadanos bolivianos que lo están escuchando, están prestando atención a ese mensaje. Hoy (por ayer) en todos los televisores apareció algo que, hasta hace algún tiempo, resultaba impensado: durante la asunción aparecía en pleno lo que es la bolivianidad, ese nuevo poder que está reivindicando a los pueblos originarios y a los pobres, a los olvidados por el neoliberalismo. Para los bolivianos Evo es una figura convocante y, como quedó manifestado el otro día en Plaza de Mayo, los bolivianos que viven acá van a reclamar su presencia. Y esto es algo que el presidente Kirch-ner deberá tener en cuenta. En Bolivia está apareciendo una nueva identidad, aquella que reivindica los derechos del que, hasta ahora, aparecía como un marginado. Y no se trata de una convocatoria antiimperialista. Morales aparece reivindicando derechos sociales y culturales. Aparece entonces una identidad de raza, y eso tiene mucha más fuerza que cualquier cuestión política.

–¿Podemos afirmar un alineamiento ideológico entre los países de la región?

–Evidentemente estamos ante gobiernos de izquierda. Pero en cada país la izquierda debe adaptarse a las condiciones propias de su estructura política y social: la organización que tienen los trabajadores, el funcionamiento de los partidos, el sistema productivo. Así nos encontramos con casos tan opuestos como el de Chile, con un sistema semejante al modelo europeo, y Bolivia, con un mapa político completamente distinto.

–Sin embargo, ambos países se enfrentan con una misma demanda histórica sobre una mayor redistribución de la riqueza.

–Sí, pero mientras Chile tiene un modelo económico claramente volcado a la exportación y cuenta con un gobierno estable encabezado por un partido con capacidad organizativa para ejercer políticas públicas, Evo Morales está empezando de cero. Chile tiene un Estado fuerte, el mejor organizado de toda América latina. En Bolivia existe una debilidad estatal histórica, producto de una herencia colonial, que debe ser superada. Eso sí, tendrá que cuidarse de no "sobreofertar", es decir no hacer promesas que luego no puedan ser satisfechas por la Asamblea Constituyente. El llegó al poder con el 53 por ciento. Se trata de votos que, sin duda, le van a dar apoyoy un largo período de gracia. Pero también se trata de votos con muchas expectativas, algo que lo pone en una situación bastante difícil.

–¿Cómo puede llegar a repercutir la asunción de estos gobiernos en el mapa de la región?

–Bueno, obviamente no todas tienen que ser coincidencias. Cada país tiene que defender sus intereses. Pero cuando hay un lenguaje similar y prima un común denominador, se vuelve necesario además contemplar los intereses del otro. Algo hemos avanzado en esta dirección cuando se firmó con Brasil la Cláusula de Adaptación Competitiva.

–Las discusiones generadas dentro del Mercosur a raíz del posible acuerdo entre Uruguay y Estados Unidos parecen ir en sentido contrario.

–Más que nada parece haberse tratado de un llamado de atención a sus socios que, hay que destacar, resulta además muy poco coherente. Para Uruguay una sociedad con Washington ofrece más desventajas que puntos a favor. Su pequeña economía sucumbiría rápidamente con un socio así. Es por ello que digo que siempre están en juego los propios intereses. Sin olvidar que a cada uno le sirve que el otro triunfe, porque ninguno hoy va a querer un gobierno de signo opositor, un gobierno de derecha. Y tenemos buenas señales. El encuentro de ayer entre Lagos y Morales es algo que tiempo atrás no se hubiera pensado.

Mucho respaldo popular y también muchos retos para Morales

La Paz (EFE) – El presidente boliviano, Evo Morales, inicia un gobierno con gran respaldo popular e internacional, pero también como máximo dirigente del país más pobre de Sudamérica, lo que le plantea grandes retos para poder cumplir sus promesas.

Para los analistas, el romance de Morales con el pueblo puede tener un punto de inflexión dada la singularidad de Bolivia y sus dificultades para gobernarla, con un rosario de dictaduras, juntas de Gobierno, triunviratos, presidentes sin concluir su mandato y golpes de Estado, sin contar los alzamientos militares frustrados. Los fríos cálculos matemáticos arrojan que en 180 años de vida republicana el promedio de cada gobierno en Bolivia fue de 25 meses.

Morales recibe un país con un bajo nivel de productividad, tecnología obsoleta de hace 40 ó 50 años, una economía basada en los recursos naturales, de los cuales se exporta sólo materia prima, y un comercio exterior con pocos productos y menos mercados.

Aún así, el nuevo presidente socialista es optimista y promete cambiar esa herencia de los gobiernos de los últimos 20 años con políticas que permitan rescatar al poder Ejecutivo de los agentes externos a los que, en su opinión, ha estado sometido. Como tarea inmediata creará un Ministerio del Agua, repondrá los de Justicia y Planificación Económica, en un arranque que supondrá "el año cero" de una nueva era alejada de la política tradicional, según ha anunciado.

Los indicadores macroeconómicos con los que Bolivia cerró 2005, con un crecimiento del 3,9 por ciento y un déficit fiscal de apenas el 1,5 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB), frente al 5,5 del año anterior, son alentadores. Sin embargo, Morales sostiene que se trata de logros originados en factores externos y no fruto de políticas internas.

La situación económica fue evaluada por una comisión de transición de su partido, el Movimiento Al Socialismo (MAS), junto a la administración saliente, en un hecho sin precedentes en los últimos 23 años, cuando los gobernantes electos asumían sus cargos sin ningún informe de la gestión anterior. Para Morales, este hecho es el que ha llevado a una ausencia de políticas nacionales a corto, medio y largo plazo, sin una visión integral de país, lo que le obligará a incluir esta cuestión entre sus retos. La comisión de transición también ha anticipado un escenario frágil a causa de la fuerte adicción a las donaciones, al crédito y a la inversión externa.

Evo Morales tiene a su favor el respaldo de más de un millón y medio de ciudadanos que votaron por él y que están dispuestos a acompañar la gestión ajustándose aún más el cinturón a la espera de tiempos mejores. Su origen de luchador social, en una sociedad que históricamente ha excluido a la mayoritaria comunidad india, es su mejor carta de presentación.

El analista y escritor Eusebio Gironda, quien prepara una biografía de Evo Morales, califica al nuevo mandatario de gran dirigente e incluso apuesta porque puede convertirse en un gran estadista. Si bien no ha tenido una formación universitaria, tiene el sentido común que les faltó a muchos gobernantes "con muchos títulos y maestrías", asevera Gironda. Para el escritor, este antiguo sindicalista convertido en jefe del Estado es reflexivo, como todos los indios, piensa profundamente y sabe decidir.

Su permanencia a la cabeza del Ejecutivo dependerá de sus obras y del cumplimiento de sus promesas electorales, y también de marcar una diferencia respecto a los gobiernos tradicionales. Si logra sus propósitos, los analistas pronostican una nueva era en la nación andina y también un largo periodo de gobiernos populares que, para reproducirse, dependerán de los resultados que arroje el gobierno del ex campesino y sindicalista aimara.


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