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París indemne y baja violencia en resto de Francia

None | 13 de Noviembre de 2005 a las 00:00

No obstante, la tensión era latente en Lyon (centro-este), la tercera ciudad del país, donde se ha prohibido toda concentración después que el sábado por la tarde decenas de jóvenes se enfrentaron a la policía en el centro de la ciudad.

Desde el inicio de la revuelta, el 27 de octubre, a raíz de la muerte accidental de dos jóvenes en los suburbios de París, ésta era la primera vez que los enfrentamientos llegaban al corazón de una ciudad.

A pesar del toque de queda para menores impuesto el sábado por la noche en Lyon y sus alrededores, ardieron más de 60 vehículos y un cóctel molotov fue lanzado, sin estallar, contra la gran mezquita de la ciudad.

Estrasburgo (este) y Toulouse (suroeste) también fueron escenario de la violencia en la noche del sábado al domingo. En el oeste se quemaron 72 vehículos, un número muy inferior a los días precedentes.

La policía procedió a 212 detenciones en la última noche, lo que eleva el saldo de detenidos desde el inicio de los disturbios a 2.652.

La periferia de París parece tranquilizarse, aunque dos policías fueron heridos --uno de ellos tuvo que ser hospitalizado al recibir un golpe con una bola de petanca-- y 76 vehículos fueron calcinados frente a 86 el viernes.

En cambio, no se han señalado incidentes en la ciudad de París, donde las autoridades prohibieron cualquier concentración hasta el domingo por la mañana por miedo a que jóvenes procedentes de los suburbios llegaran a manifestar su ira. Unos 3.000 policías vigilaban la ciudad y las líneas de trenes regionales o de metro fueron sometidas a una estricta vigilancia.

En el Stade de France, en las afueras del norte de París, el encuentro de fútbol entre Francia y Alemania se desarrolló sin incidentes, en presencia de unos 60.000 espectadores.

El sábado por la noche, la llegada a los concurridos Campos Elíseos del ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, para inspeccionar el dispositivo de seguridad de la capital suscitó algunos empujones, abucheos e insultos.

Según un sondeo publicado este domingo, Sarkozy encabeza la lista de las personalidades políticas en las que los franceses tienen mayor confianza para resolver los problemas de los suburbios (52%), antes incluso que el primer ministro, Dominique de Villepin. Sarkozy también recibió a los compañeros de un policía encarcelado el viernes tras dar una paliza a un joven que estaba en el suelo en el norte de París.

El nuevo jefe de la policía antidisturbios (CRS), Christian Lambert, afirmó por su parte que sus hombres van a instalarse "duraderamente en los suburbios".

Para el sociólogo Sébastian Roché, la revuelta "ha servido para vaciar las tensiones momentáneamente, pero va a volver a comenzar", declaró al semanario Journal du Dimanche.

Jóvenes se enfrentan con la policía en Lyon; disturbios en Atenas, Rotterdam y Barcelona

Por Yuriria Iturriaga, corresponsal de La Jornada

París – Agentes de la policía nacional francesa dispersaron con gases lacrimógenos a un centenar de jóvenes amotinados en el centro de Lyon, luego que atacaron a las fuerzas de seguridad con piedras y otros objetos, lo que representó el primer choque en una de las grandes ciudades del país desde que comenzaron los disturbios el 27 de octubre pasado en la periferia parisiense.

Por primera ocasión en 17 noches hubo incidentes en Atenas, Rotterdam y Barcelona, además de que por sexta vez consecutiva se registraron incendios en Bruselas.

En la noche del sábado al domingo -la decimoseptima jornada consecutiva de motines en Francia-, 76 automóviles fueron incendiados en localidades del país, pese a que impera el estado de emergencia desde el miércoles y que en algunas poblaciones fue establecido el toque de queda.

Durante el enfrentamiento en Lyon, 10 personas fueron arrestadas en la segunda mayor ciudad francesa, donde los jóvenes destruyeron escaparates de comercios.

Un policía resultó herido en la noche del sábado por el impacto de una bola de metal arrojada desde un edificio de departamentos, en una localidad suburbana de París.

En Carpentras, en el sur, una escuela fue quemada en la medianoche del sábado. Durante la noche del viernes al sábado, 502 vehículos fueron incendiados en Francia.

En París, donde fue impuesta una orden de prohibición de concentraciones públicas, con duración de 22 horas, unos 3 mil agentes policiales vigilaron la metrópoli y no hubo reportes de incidentes ni sobre las supuestas movilizaciones a las que jóvenes fueron convocados vía Internet.

A pesar de la restricción, centenares de personas participaron en una manifestación en la plaza Saint Michel, en el céntrico Barrio Latino, para protestar contra la expulsión de extranjeros involucrados en los amotinamientos de los últimos 17 días.

La difusión televisiva -el jueves- de imágenes de abuso policiaco contra un joven amotinado provocó la detención provisional de un agente implicado, el viernes por la noche. En reacción, el principal sindicato de la policía nacional, Alliance, expresó hoy su inconformidad y convocó a sus agremiados a prestar el servicio mínimo.

Una emisora local publicó una cinta en la que se observó el momento en que un agente de seguridad golpeó en la cabeza a un joven de 19 años, durante los disturbios en la municipalidad de Courneuve, jurisdicción de Seine-Saint-Denis, que forma parte de la zona suburbana de París.

En Atenas, 20 automóviles ardieron la noche del sábado en dos concesionarias de los fabricantes Citröen y Mercedes Benz, luego de que un grupo de personas no identificadas lanzaron bombas molotov.

En Bruselas, las autoridades informaron que 15 vehículos fueron quemados la madrugada del domingo, pero insistieron en que los hechos ocurrieron "aisladamente" y no tienen relación con la situación en Francia.

En Holanda, un grupo de jóvenes incendió dos autos en Rotterdam, la noche del sábado al domingo. En Barcelona, cinco jóvenes fueron detenidos este sábado cuando protestaban contra la reacción policial en Francia, frente al consulado de ese país.

Los orígenes de un desastre

Por Eduardo Febbro, desde París para Página/12, Buenos Aires.

Dos muertos de 15 y 17 años, electrocutados en un transformador de alta tensión. Dos palabras provocativas pronunciadas por un ministro del Interior, "escoria" y "ladronzuelos" bastaron para encender los barriles de pólvora de los suburbios franceses. Las imágenes del Mundial de fútbol del ’98 parecen salidas de un cuento de hadas. Aquella Francia unida y abrazada que caminaba por la calles con los rostros pintados con los colores de la bandera, que hacía la gran comunión de sus orígenes y de su mezcla sin que importara el color de la piel, quedó bajo las cenizas de la quema de autos, edificios públicos, escuelas y empresas con que los jóvenes de los suburbios manifestaron el hastío de la segregación. Y sin embargo, esa misma Francia del ’98 existe. Existió con los dos primeros goles que Zinedine Zidane, nacido en Francia pero de origen argelino, le marcó a Brasil en la final. Volvió a existir dos años después con el gol que le dio a la selección francesa la Copa de Europa de Naciones marcado por el franco argentino David Trezeguet. Y existió precisamente ayer mismo, en el partido amistoso entre Francia y Alemania. En la cancha había no menos de diez orígenes distintos, entre ellos el del mismo Trezeguet.

Blancos, negros, árabes. La Francia del espejismo del fútbol es multirracial y aplaudida y se reconoce en su selección. La Francia real, la de todos los días, no reconoce a quienes nacieron en esta tierra y hace 16 días se levantaron casi en pie de guerra. Algunos comentaristas predicen una derechización del electorado, un giro rotundo hacia los extremos. Otros hablan de "desintegración". Ambos juicios parecen, sin embargo, apresurados. Es lícito constatar que la reacción "en caliente" del electorado se ha traducido por un apoyo contundente a la instauración del Estado de emergencia y una manifestación de confianza para la solución de la crisis hacia el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy. Una vez más, el país prefiere pensar que los problemas los resuelve la policía y no la economía y las políticas sociales. El populismo ardiente de Sarkozy capta los votos del miedo, pesca los apoyos en ese amplio margen del electorado física y psicológicamente envejecido, que le tiene tanto miedo a un plomero polaco como al padre de Zidane, que no tiene la nacionalidad francesa. Si Zidane es uno de los mejores embajadores de su país, los otros "hijos" de inmigrados son perdedores fabricados con las políticas aplicadas en los últimos 25 años, con el desequilibrio en la corresponsabilidad de la educación, es decir, la familia y los medios del Estado, y con la segregación racial heredada de la ideología de las colonias.

El movimiento insurreccional no tuvo una jerarquía determinada ni una agenda de reclamos organizada. Como lo señaló el antropólogo y psicoanalista Malek Chebel, especialista en Islam, "si los jóvenes rompieron todo fue porque ya no escuchan más a nadie, ni siquiera a los imanes fundamentalistas. Están hartos de ser despreciados y mostraron que existen, que carecen de toda esperanza". Revuelta anarquista, en suma, cuya explosión pone al descubierto tal vez no la desintegración de una sociedad sino el fracaso del modelo de integración y, más aún, plantea la cuestión del prójimo: ¿Qué hacer con el otro cuando el otro es también parte de nosotros mismos? Ahmed no encuentra trabajo y Pascal sí. Ahmed se diplomó de ingeniero y Pascal se graduó en la misma promoción de Ahmed. El nombre que denota el origen excluye a uno e integra a otro.

En un sentido, no hacía falta que viniera Nicolas Sarkozy para que Francia "girara" a la derecha. Ya estaba instalada ahí, el menos en su relación con ese "prójimo" que es parte de su historia colonial y de su modernidad. Afirmar que Francia se derechizó con los acontecimientos de las últimas dos semanas es seguir tapándose los ojos con respecto a lo que ya existía. Ahmed, Jibril y Muhammad quieren el respeto de la policía, trabajo y dignidad. Sus familias, que a menudo no hablan francés, son también cómplices de la marginación. Algunas plumas apuradas hablaron de Jihad de los suburbios como si se tratara de una rebelión de los colonizados contra los colonizadores. Chebet recuerda que "esta ola de revuelta y de rabia escapa a todos los movimientos religiosos y políticos".

Las últimas tres elecciones celebradas en Francia –cantonales, municipales y europeas– le dieron una neta victoria al Partido Socialista, que en esta crisis guardó un vergonzoso silencio. Enfrascada en su elección interna y la preparación del próximo congreso, la dirigencia socialista mantuvo los labios apretados. Pero sus acciones en el pasado se caracterizaron por la búsqueda de un "consenso barrial" a través de programas de acción social, financiación de organizaciones sociales, renovación de la vivienda y creación de cuerpos policiales "integrados" en los barrios y no "armados" contra los barrios. La derecha, que llegó al poder hace casi cuatro anos, cortó esos créditos y prefirió la represión policial a la acción social. Hasta las presidenciales de 2007 queda un amplio espacio para ver qué rumbo toma la sociedad, qué pedagogía elige según los postulados de los partidos. Por ahora, Nicolas Sarkozy gana. A las seis de la mañana, en los bares de París, mucha gente dice "hay que echarlos a todos". Al día siguiente, el ministro decide efectivamente echar a los extranjeros detenidos. Eso no es acción política sino reacción, una ilusión. La última, la de la represión y el corte de los presupuestos sociales, mostró sus límites en los miles de autos convertidos en las tristes cenizas de la integración.


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