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La rehabilitación de los presos, el gran problema pendiente de El Salvador

Agencia AFP. Desde San Salvador. | 18 de Diciembre de 2006 a las 00:00
El 80% de los presos salvadoreños no puede o no quiere seguir programas de rehabilitación en las cárceles del país, aquejadas por la violencia que se deriva del hacinamiento, de los ajustes de cuentas entre bandas rivales y la ley que impone el crimen organizado. Con una capacidad para 7.372 reos, en las 20 prisiones del país conviven 14.225 presos, de los que sólo el 20% se ha sometido a algún plan de rehabilitación o tratamiento psicológico para controlar su ira, mejorar su moral, superar la adicción a las drogas o explotar sus habilidades. "Quisiéramos que todos pudieran rehabilitarse. Se les da esa oportunidad, pero son ellos, los mismos reos, los que deciden", aseguró el director de Centros Penales, Jaime Vilanova. La minoría que trata de rehabilitarse desea terminar sus estudios de educación media, otros aprenden oficios y a otros se les da asistencia psicológica. "Ahí (en los penales) es poca la gente que se rehabilita, no le ofrecen mayor cosa a uno y de todos modos cuando saben que uno ha estado preso siempre piensan que uno es malo, así que para qué rehabilitarse". Esta es la opinión de Manuel Rivera, un pandillero de 32 años, de la temida 'Mara Salvatrucha', que hace unas semanas recobró la libertad tras purgar en el penal de La Esperanza, la principal cárcel de El Salvador ubicada en la periferia norte de la capital, casi cuatro años acusado de robo con arma de fuego. Ahora, Rivera trabaja como cobrador de un microbús de transporte colectivo. El hacinamiento, el crimen organizado, las rivalidades entre 'maras' o pandillas de jóvenes y la falta de alternativas convierten a los penales salvadoreños en polvorines, donde hay que ganarse el respeto de los compañeros de prisión a fuerza de imponer miedo. "A nadie le demostré miedo, el que se me ponía al brinco (lo desafiaba) lo amenazaba con mandarlo al otro mundo y cuando no me creían, pues ni modo, debía darles una muestra de que yo hablaba en serio", recordó Rivera, cuyo cuerpo es muestra viva de lo que afirma: muchas cicatrices de heridas sufridas en el penal. En un mundo donde impera la ley de la fuerza y las luchas de poder, otras víctimas propicias son los soplones. Nadie debe convertirse en informante de las autoridades porque de lo contrario, tiene los días contados. "A mi no me extraña que, de repente, aparezca un soplón muerto, toda la broza (los reclusos) debe de saber que el que anda pillándole (sirviendo de informante) a la autoridades sobre la tranza (actividades delincuenciales) de la mara se palma (se mata)", dice Rivera. A mediados de noviembre, seis presos, todos pandilleros, fueron asesinados por sus mismos compañeros en distintos penales del país, por donde han sido distribuidos para evitar la creación de "territorios liberados", según los denomina el director Vilanova. Y de acuerdo al director de asuntos penales de la Fundación de Estudios Salvadoreños para la Aplicación del Derecho (FESPAD), Nelson Flores, los incidentes en los reclusorios son consecuencia de la política carcelaria, que está diseñada para la delincuencia tradicional y no para los nuevos modelos de las pandillas o el crimen organizado.

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