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Reos de la tercera edad esperan beneficiarse de indulto en Honduras

Agencia AFP. Desde Tamara, Honduras. | 18 de Diciembre de 2006 a las 00:00
Cerca de mil reos de la tercera edad, algunos enfermos de Sida, aguardan en un pabellón maloliente de la Penitenciaría Nacional (PN) de Honduras, que aparezcan las autoridades para liberarlos gracias a un indulto prometido por el Gobierno de Manuel Zelaya. "Yo padezco de reumatismo y por lo menos quiero ir a morir afuera", dice el reo Concepción Sánchez (78) mientras fuma un cigarrillo de marihuana, acomodándose en su cama en una estrecha celda de 2,5 X 3 mts. "Eso aquí es normal y así quieren salir, lo peor es que (están) tan viejos", afirma un policía, mientras Sánchez esconde el puro de marihuana bajo la cama. El coordinador de los presos, que no quiere dar su nombre, con no más de 30 años, se queja de que los miembros de la Defensa Pública "han venido no menos de 20 veces a decir que van a sacar a los viejitos, por el indulto, pero son puras mentiras". "Aquí hay gente con Sida, epilepsia, esquizofrenia, diabetes, enfermos mentales, tuberculosis y por lo menos esa gente ya debería estar afuera", subraya el prisionero. El Gobierno ha ofrecido excarcelar a los reos con edad avanzada y enfermedades terminales y las autoridades estiman que unos 1.000 prodrían beneficiarse de la medida. En el ala de los reos de tercera edad hay 53 celdas con dos prisioneros en cada una, algunos de los cuales tienen grabadoras con música navideña o rancheras. Un profundo mal olor ácido que se confunde con el de marihuana se siente entre las celdas de concreto con puertas de barrotes, todas abiertas, en el pabellón azúl agua del módulo "Sentenciados 2" de la PN, situada a 30 km al norte de Tegucigalpa. La PN, la principal cárcel del país, fue construida para 1.500 presos pero alberga 2.855, de los cuales 1.632 están procesados y apenas 1.221 han sido sentenciados. En la prisión construida con débiles bloques de concreto con muros rodeados de enredaderas de alambre de púa están alojados 172 miembros de la pandilla Mara 18 (M-18) y 218 de la Mara Salvatrucha (MS-13). El peor problema de la cárcel es la inseguridad. Las autoridades no garantizan la seguridad de nadie en el interior. Mientras hablan los reos más viejos en "Sentenciados 2", acababan de matar a cuchilladas a José Antonio Ordóñez, de 54 años. Ordóñez, abatido en un taller de zapatería, donde trabajaba, es el muerto violento número 32 que registra esa prisión en lo que va del año. Las 24 cárceles hondureñas, la mayoría construidas en vetustos cuarteles de fines del siglo XIX, han sido catalogadas por las propias autoridades del Gobierno como "academias del crimen" y "bombas de tiempo", sobre todo por el hacinamiento en que susbsisten los reos, más de 11.000. El 5 de abril de 2003 perecieron durante un motín 68 reclusos, incluyendo 61 integrantes de la pandilla M-18 en la cárcel de El Porvenir, 400 km al norte de Tegucigalpa. En mayo de 2004 murieron calcinados y asfixiados 107 reos de la pandilla MS en un incendio que se registró en el Centro Penal de San Sula, 240 km al norte de la capital. En ambos casos, organismos de derechos humanos culparon a las autoridades de participar en el primero y de negligencia en el segundo.

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