Escúchenos en línea

Nueva Orleáns: tierra de nadie donde los latinos sufren

None | 3 de Abril de 2006 a las 00:00

En el reportaje se afirma que los cadáveres fueron hallados el 4 de marzo pasado en una casa abandonada de Orleans Parish, donde "al parecer habían muerto dos días antes", en un suceso que se suma al fallecimiento en circunstancias parecidas, en el área de Jefferson Parish, de otros seis inmigrantes indocumentados de origen hispano.

Este es el reportaje íntegro:

Nueva Orleáns volverá a ser latina

Por Javier Castaño, [email protected] diario La Prensa, New York. Reportaje desde Nueva Orleáns

El agua salada que inundó a Nueva Orleáns ha regresado al Golfo de México. El huracán Katrina hizo estragos el pasado 29 de agosto, pero la ciudad ha comenzado a renacer con la ayuda de la comunidad hispana.

Alrededor de 50,000 hispanos han llegado de Honduras, El Salvador, Nicaragua, México y de estados aledaños como Florida y Texas. Viven en casas abandonadas, campamentos improvisados o almacenes malolientes y nadie les pregunta por su documentación. Sólo les exigen que trabajen de sol a sol por un sueldo ínfimo y que se queden callados.

Remueven escombros, hacen limpieza, quitan y ponen ladrillos, pintan paredes y destapan cañerías, mientras que los senadores debaten en Washington un proyecto de ley que busca convertirlos en criminales y penalizarlos.

"La ciudad de Nueva Orleáns es ahora tierra de nadie, muchas leyes y regulaciones no se están implementando, y las autoridades prefieren mirar hacia otro lado", dijo a EL DIARIO/LA PRENSA la politóloga de la Universidad de Nueva Orleáns, Susan Howell. "Y la confrontación entre negros e hispanos aún no ha comenzado porque todavía hay muchos trabajos disponibles…".

Eran las 11 de la mañana de un sábado casi primaveral y el mexicano Gerardo Bolaños acomodaba ladrillos en la acera del hotel Wyndham. Desde que llegó de México hace dos meses. Bolaños ha trabajado en varios oficios de limpieza y dijo sentirse a gusto reconstruyendo los andenes. Gana 15 dólares por hora, trabaja 10 horas diarias, seis días a la semana. "Es muy duro el trabajo, pero no he conseguido algo mejor", dijo Bolaños mientras se masajeaba la espalda. A su lado se encontraba su compatriota Carlos Martínez. Al otro lado del andén se hallaban los brasileños Taulo Moutinho y Pablo Bahia, esparciendo cemento y limpiándose el sudor. Llegaron de Florida en busca de un mejor salario.

A pocas cuadras del hotel está el centro comercial Riverwalk, que casi nadie visita y en donde no ha sido restaurado el servicio telefónico, siete meses después del paso del huracán Katrina. Los hondureños Daniel Romero, Luis Rodríguez y Marco Romero juegan billar durante su hora de almuerzo. Trabajan en mantenimiento en el hotel Hilton que está cerca de la Plaza de España y ganan de 9 a 13 dólares por hora. "La mayoría de los hispanos que vivían en esta ciudad antes de Katrina se fueron para Texas o Atlanta", dijo Daniel Romero, quien vive en Nueva Orleáns hace cuatro años. "Y conseguir trabajo es fácil porque la comunidad negra decidió abandonar la ciudad en busca de la ayuda del gobierno".

Romero habló de la carestía en la vivienda: antes del huracán Katrina pagaba 225 dólares al mes por un cuarto y ahora está pagando 400 dólares.

Debido a la escasez de vivienda, muchos latinos invaden las propiedades abandonadas y encuentran la muerte. Es el caso de los hondureños Melvid Murillo, Miguel Cantor y Germán Morazán, quienes murieron en una casa abandonada en Orleáns Parish por inhalar los químicos de un generador de gasolina que usaron para cocinar y calentarse. Sus cuerpos fueron hallados el sábado 4 de marzo y al parecer habían muerto hacía dos días. De acuerdo al periódico The Times-Picayune, en la zona de Jefferson Parish también han muerto de la misma forma otros seis inmigrantes indocumentados de origen hispano.

En el complejo de apartamentos Redwood del barrio Kenner, cerca al aeropuerto Louis Armstrong, sobrevivían miles de hispanos que debieron buscar albergue en otra parte. El huracán destruyó esta área y ahora está abandonada, sin luz y sin agua. El taxista colombiano Fernando Sarria habla con nostalgia de este vecindario y espera que Nueva Orleáns vuelva a realizar las convenciones que hicieron famosa a esta ciudad. Antes del huracán Katrina habían 1,200 taxis y actualmente hay 150, aunque la tarifa es la misma.

Un viaje del hotel al centro de la ciudad cuesta 28 dólares, pero dar la vuelta por la zona de Lakewood, en donde el agua de Katrina cubrió las casas, puede costar el doble. Es un vecindario fantasma con carros y botes abandonados en la calle, árboles caídos y soledad. De acuerdo al Censo, antes de Katrina en Nueva Orleáns vivían 444,515 personas y ahora hay un poco más de 200,000. La autoridad reconoce a 1,840 desaparecidos, aunque todavía sigue buscando más muertos con la ayuda de la técnica del ADN y el olfato de los perros. En la morgue se procesaron 1,069 cadáveres y hay 171 partes de cuerpos sin identificar.

Sin embargo, la zona turística del French Quarter sigue como si nada hubiera pasado. En la calle Bourbon se escucha música, se bebe licor y se vende el sexo como se ha hecho en este puerto del río Misisipi desde que era propiedad de los españoles y franceses. Por allí entró la esclavitud a los Estados Unidos y es la cuna del blues y el jazz, los únicos ritmos autóctonos de esta nación. El carnaval de Mardi Gras de este año sirvió para demostrarle al mundo que la ciudad se sacude de los escombros con el auxilio del gobierno federal que asciende a 108 mil millones de dólares.

"Se estima que para el año 2008 la ciudad vuelva a su normalidad en un 50 por ciento, aunque no sabemos si los inmigrantes hispanos se quedarán y traerán a sus familias", dijo Howell.

La salvadoreña María Rodríguez dijo que no regresará. Todavía está esperando el sueldo de dos semanas de su primer trabajo en diciembre del año pasado, demoliendo casas y limpiando paredes. "No he podido ahorrar y tampoco tengo el dinero para regresar a mi país", dijo Rodríguez. Este tipo de abuso es el que está documentando el Southern Poverty Law Center y por el cual presentó el 3 de marzo una demanda en el estado de Luisiana y acudió a la Corte Interamericana de Washington. Casos como el de César y Antonia, inmigrantes indocumentados que dijeron haber sido tratados como "animales" y que nunca recibieron el pago por su trabajo. La investigación de este Centro se llama "Dique Quebrado, Promesas Rotas: Trabajadores inmigrantes de Nueva Orleáns en sus propias palabras".

Las olas de Katrina también irrumpieron en la arena política. Ray Nagin, alcalde de Nueva Orleáns, enfrenta a 23 candidatos en las próximas elecciones primarias del 22 de abril y puede perder sin el voto de su comunidad negra y con una ciudad fragmentada. Nagin ha criticado a los trabajadores hispanos, calificándolos de "invasores", aunque ha medido sus palabras para que no lo califiquen de racista. El reverendo Jesse Jackson ha asumido la misma táctica y prepara una marcha en apoyo a la comunidad afroamericana para este primero de abril. "El asunto es que los negros no están dispuestos a vivir y trabajar en las actuales condiciones de Nueva Orleáns", añadió Susan Howell.

Por ahora la comunidad hispana de los Estados Unidos y en especial de Nueva Orleáns está buscando una segunda oportunidad en esta nación de inmigrantes. No importa si el Senado aprueba o rechaza el proyecto de ley presentado por los republicanos James Sesenbrenner y Peter King, los hispanos han llegado para quedarse y necesitan orientación y protección.

Las notas de jazz se escuchan a lo lejos mientras se mezclan en el French Quarter con el ritmo del merengue y el reggaetón. Hay quienes dicen que Nueva Orleáns volverá a ser latina.


Descarga la aplicación

en google play en google play