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¿Es injerencia la ayuda de Venezuela?

None | 25 de Abril de 2006 a las 00:00

Por Julio López Campos

A propósito de de la solidaridad de Venezuela, el tema de la injerencia, como tema político va seguramente a continuar. La Prensa no con ingenuidad, titula en su principal a ocho columnas, "Chávez interviene por Ortega". Y el ánimo y el espíritu de la nota periodística es poner en evidencia ahora, según el diario La prensa, una injerencia de Chávez.

Alguien dio declaraciones al final de la semana pasada, como que si podían haber injerencias, intervenciones, buenas y otras intervenciones que se pueden considerar nefastas, nocivas. Realmente ¿puede haber intervenciones, injerencias buenas e injerencias malas? Es una de las cosas que uno tiene que preguntarse.

Sin duda se va a convertir en un tema de discusión política este asunto de Venezuela, pero me parece a mí que hay que establecer claramente las diferencias del gobierno venezolano que dirige Hugo Chávez. Él tiene una propuesta para América Latina, y suena muy bien sobre todo en los países de Centroamérica y del Caribe. Ofrece a todos los Estados de la región que tienen problemas con la factura petrolera, precios mucho más favorables que los duros precios del mercado mundial.

Venezuela no puede –por sus compromisos en esta organización internacional y mundial de los productores de petróleo, OPEP– Venezuela no puede andar vendiendo el petróleo más barato que el precio internacional establecido, es decir, no pueden ellos hacer eso, no deben hacerlo, tienen compromisos serios en esa dirección que no pueden violar.

Pero sí pueden dar condiciones favorables para el pago de ese petróleo. Por ejemplo, Venezuela puede ofrecer: "Bueno, usted me va a pagar nada más el 60% del valor de ese petróleo, lo paga en el corto plazo con divisas, lo puede pagar si usted quiere con productos; si tu producto es carne, pagame con carne. Y si lo único que tiene es maíz, pues mande maíz". Que es una oferta sin duda extraordinariamente generosa, pero además, sensible con los problemas de los países de América Latina. Y en particular los Estados más pobres, que son los que tienen muchos más problemas.

Y éste no es un ofrecimiento para Nicaragua, no es para incidir en los asuntos de Nicaragua, o para tener influencia en las decisiones que van a tomar los nicaragüenses. Es una decisión de la Revolución Bolivariana, de buscar cómo establecer nuevas relaciones entre los países de la Región. Buscar más que el beneficio directo, la complementariedad de las economías de los países de América Latina, buscar un nuevo terreno a partir del cual organizar un intercambio económico entre los Estados, entre los países.

El llamado Proyecto ALBA, es precisamente una dirección en la que se quiere trabajar, en la que se viene trabajando. Entonces, hay un ofrecimiento de petróleo para todos los Estados

Pero como nosotros vivimos en un Estado donde los gobernantes dependen de manera sumisa de la voluntad del Departamento de Estado, de Washington. Desde Caracas o en otros encuentros regionales el presidente Chávez ha dicho: "Bueno, ahí está el petróleo, ahí está la oferta, los Estados que estén interesados lo único que tienen que hacer es abocarse con nosotros para hablar cómo podemos tener este intercambio de otra naturaleza". Y no pregunta el gobierno de Chávez si el gobierno de turno en Nicaragua, en Honduras, en Guatemala, en Belice o en Jamaica, o en la Dominicana o en Cuba, no se pregunta si son socialistas, si son comunistas, si son liberales, conservadores. Lo que dice es que los Estados que quieran establecer, aprovechar la oportunidad que ofrece Venezuela de auxiliar a las economías y a los Estados obviamente que si presentan dificultades perfectamente pueden salvarse. Pero el señor Bolaños nunca quiso acercarse a Hugo Chávez.

Figúrense, una oportunidad muy favorable para Nicaragua, es decir, que el señor Bolaños, que la cancillería se comunicara con Caracas y decir: "quiero hablar con el Presidente Chávez, porque el Estado nicaragüense está interesado en adquirir petróleo en las condiciones que de manera generosa Venezuela nos está ofreciendo a los países de América Latina". Ustedes pueden estar absolutamente seguros que ese petróleo vendría en esas condiciones.

Porque no son condiciones políticas, en el sentido de que "vos sos mi amigo te las doy, si no, no tienes esas condiciones". No, la oferta del petróleo de Venezuela es una oferta a los países en particular de América Latina y sobre todo, obvio, los más sensibles a esta problemática. Los países del Caribe, los países de Centroamérica.

Pero al presidente Bolaños no se le ocurre hablar con el presidente Chávez sobre este punto, además que lo reclama de manera desesperada la economía nicaragüense.

Vamos a pagar una factura petrolera que se va a llevar el valor de todas las exportaciones de Nicaragua, así como van las cosas. Así que todo el trabajo de la economía nacional, de los productores nacionales, todo lo que vamos a exportar, como país (no me estoy refiriendo aquí a las exportaciones que van a hacer los sinvergüenzas de la Zona Franca, porque esos sólo se traducen para nosotros en unos números en la contabilidad nacional, pero que no se traducen en nada material para la contabilidad nacional). Es decir, de las exportaciones de Nicaragua, realmente todo va a ser para pagar la factura petrolera. Eso es un caos para una economía como la nuestra. No puede sobrevivir un país con una economía donde su factura petrolera es equivalente al valor de sus exportaciones. Es más, no es viable una nación con una economía así.

Cojamos el camino de en medio: si por alguna razón de repente apareciera que los 800 millones de dólares de las remesas familiares –supongamos que por un determinado método– no nos las pueden enviar, yo les digo: sencillamente colapsa la economía nacional, solamente con el pago de la factura petrolera.

Y si además del pago de la factura petrolera, le agregamos el pago de la factura injusta que hay que pagarles a los banqueros nacionales, a los Montealegre y compañía por la deuda interna, sencillamente este país no tendría absolutamente para donde coger. Sería el colapso, no tengan ustedes la menor duda.

Obviamente la factura petrolera se cierne como una amenaza terrible para estas economías, y a decir verdad no sólo esas economías, sino las economías más ricas del planeta, las economías más grandes del planeta. Pero, bueno, el problema es el nuestro… que somos los que estamos en la desgracia.

Entonces decíamos: ahí está la oferta para todos los países. Y lo más seguro es que Chávez va a mantener esa oferta, gane quien gane las elecciones en Nicaragua. No es cierto que sólo si las gana el Frente Sandinista hay esa política petrolera. No es cierto. Esa es una política del Estado venezolano, de la Revolución Bolivariana. Ahí está la oferta.

Y entre los programas sociales, con una perspectiva sobre todo humanitaria de la Revolución Venezolana y de la Revolución Cubana, existe un ambicioso proyecto de ambos países, que tienen una finalidad realmente encomiable, extraordinaria. Quieren, en un esfuerzo común, preparar para América Latina, 100 mil médicos. No soldados para matar. No, No. Médicos. Y obviamente teniendo en cuenta que hay miles y miles de jóvenes que quisieran ser médicos en los países de América Latina, pero no pueden, no tienen dinero, entonces Cuba y Venezuela están concertando esfuerzos para, entre ambos, combinar sus posibilidades de manera que mucha gente –el 90 y pico por ciento de ellos, gente pobre de escasos recursos– puedan convertirse en médicos, dándoles todo: la educación, la comida, el transporte, el alojamiento, todo, todo, para ayudar a los pueblos de América Latina.

Pero es un proyecto que es para toda América Latina. No tiene que ver si están en una posición o en otra posición. No le preguntan aquí en la embajada Cubana a los muchachos que van a estudiar allá "¿y por quién votaste en las elecciones? ¿por quién vas a votar en las elecciones?" No les hacen esas preguntas. La única pregunta es cuál es su condición económica. Si no tiene recursos para estudiar Medicina pero tiene las destrezas, tiene las calificaciones que indican que podría ser un médico y que seguramente no lo será en Nicaragua porque no tiene cómo costear sus estudios, entonces le dicen "bueno, vas para Cuba, vas a estudiar en Cuba". Entonces, Cuba y Venezuela quieren formar, ya comenzaron y van en serio, unos 100 mil médicos. No sé por qué me hace pensar en los 140 mil tropas de los EE UU en Irak. Aquí estamos hablando de 100 mil médicos.

Pero no sólo eso. Obviamente todo el mundo sabe la importancia que tiene el médico. Pero en ese afán humanitario y aprovechando al máximo las posibilidades de esos dos países para brindar solidaridad, van a ayudar hasta donde puedan a decenas de miles de gentes que les quieren restablecer la visión. Para esa gente que ha perdido la vista porque no puede hacerse una operación, entre Cuba y Venezuela están haciendo esfuerzos enormes. Y la gente puede ir a Caracas: te pagan el boleto, te llevan en el avión, te alojan allá, te dan de comer, te hacen la operación, te recuperás y te regresás. Pero no es sólo esto para Nicaragua, o porque hay elecciones en Nicaragua. Son parte de los programas que intentan reflejar esta voluntad política distinta de gobiernos como el de Hugo Chávez y el de Cuba.

Y digo, ese ofrecimiento está allí, no importa lo que pase en las elecciones, no importa quién gane. El ofrecimiento del petróleo ahí está, el ofrecimiento para el ALBA ahí está, el ofrecimiento para los Estados de Centroamérica y el Caribe, para crear una nueva manera de vincular las economías de la región, crear una ruta alternativa que no sea esa ruta del sometimiento de nuestras economías a los intereses de la primera economía del planeta. Son ofrecimientos que ahí están.

Entonces me parece que no se pueden andar revolviendo el sebo con la manteca.

Ahora, otra cosa es, otro asunto es –y que me parece que también es importante tomarlo en cuenta– es que si yo voy a su casa, me voy a buscarlo a usted y entonces llego donde usted y le digo: "Mire yo he visto en usted un amigo, una amiga, y quiero su opinión sobre una situación particular que tengo". Eso es muy distinto a que usted venga a mi casa y me quiera decir cómo es que yo tengo que hacer las cosas. Aclaro, podrán decir algunos y probablemente puedan tener razón: "pero, ¿por qué hacer eso? ¿por qué Julio va allá? ¡que resuelva su problema!" Es otra consideración que puede ser objeto de una reflexión legítima.

Ahora, una cosa es la cooperación para usarla como carta para el chantaje, como instrumento de subordinación, de sumisión, y otra cosa es la comprensión de que América Latina tiene posibilidades de construir –sobre la base de sus recursos económicos, de sus recursos naturales, incluso de sus recursos humanos– las posibilidades de articular un proyecto que pueda, con dignidad y con la frente en alto, entrar en el mercado de la economía global, de la economía planetaria.

Y ya lo están demostrando estos países. ¡Ah! ¡Cómo quisiera la economía norteamericana, o cómo quisiera el señor Bush, poder decir lo que ya puede decir Lula: somos autosuficientes en materia de nuestras necesidades de petróleo! La economía brasileña, que es probablemente la décima economía del planeta. Y han logrado ya los brasileños una autosuficiencia. EEUU no ha sido capaz de lograr esa autosuficiencia.

Ese camino que enseña Brasil o los argentinos, que dijeron "no, no, no. Vamos a pagarle al Fondo Monetario sus deudas, vamos a hacer los sacrificios que haya que hacer y vamos a pagarles su deuda, para que nos den espacio para poder hacer lo que queremos, lo que pensamos es lo más conveniente para nuestras economías", es una actitud que merecería mayor análisis, mayor reflexión.

Es decir que hay un potencial de América Latina, hay posibilidades reales de poder articular las cosas de una manera diferente. Y estas posibilidades, estos requerimientos, estas necesidades, están muy presentes y van a estar presentes después de las elecciones de noviembre.

De manera que por más esfuerzos que quieran hacer algunos amigos de la injerencia norteamericana en nuestros asuntos, no se puede poner en el mismo nivel, porque no tiene la misma finalidad, no tienen la misma voluntad política aquellas acciones de gobiernos como el venezolano, como el cubano, que ofrecen generosamente las posibilidades que tienen, porque hay cosas en las que no tienen posibilidad.

Ahora, ¡claro que eso se traduce en ventajas políticas para aquellas fuerzas involucradas! Sí, pero ¿por qué el gobierno del señor Bolaños no fue y arregló él? Visto desde el Estado nicaragüense, ¡ya estaría resuelto ese problema por la vía del Estado nicaragüense! En cambio hay que tomar atajos y los atajos siempre tienen cierta ambigüedad. Hay que decirle a la gente las cosas como son.

Lo que estoy diciendo precisamente es que las ofertas de Venezuela han sido a los Estados, a los gobiernos, o dicho de otro modo, a los presidentes, a los gobernantes de los países de América Latina que están con este problema serio, muy serio, de la factura petrolera. Es decir, que aquí a quien le correspondía –¡pero desde hace más de un año eso!– llamar al presidente Chávez: "mire presidente Chávez en Nicaragua estamos interesados en ver este asunto del petróleo". No tengan absolutamente ustedes la menor duda de que las cosas funcionarían, pero sencillamente Bolaños y sus ministros dicen, si vamos a Venezuela ¿qué van a decir ahí en el Departamento de Estado, qué va a decir Bush, qué van a decir en Washington?

Eso, eso sí que es poner los intereses políticos, los intereses partidistas por encima de los intereses nacionales. Ese es un ejemplo concreto de eso. De manera que ahí están esos ofrecimientos y están para todos los gobiernos. Y eso, digo yo, es una cosa muy distinta, muy diferente, a las cuestiones que hemos estado viviendo aquí con el señor Trivelli en estos últimos tiempos.


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