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The New York Times: Bush, más alejado de la realidad que Nixon

None | 2 de Diciembre de 2005 a las 00:00

Este es el plan: nosotros ganamos

"Ya habíamos visto esto antes: un presidente sitiado, tan encerrado en su círculo íntimo que pierde por completo el contacto con la opinión pública y se mueve entre corrillos reducidos de personas que le dan la razón. Fue el caso de Lyndon Johnson en los 60, de Richard Nixon en los 70 y de George H. W. Bush en los 90. Ahora le toca el turno a su hijo.

Resulta obvio desde hace meses que los estadounidenses no creen que la guerra vaya precisamente bien y necesitaban saber que el presidente Bush lo entendía también así [...]. En lugar de eso, Bush se dirigió una vez más a una de esas audiencias de uniforme que le protegen, a modo de pantalla, del resto de EEUU. Si no eres guardamarina, tendrás que ver la televisión por cable a mediodía para poder verle.

La alocución vino acompañada de un voluminoso folleto titulado 'Estrategia nacional para la victoria en Irak', que la Casa Blanca presenta con grandilocuencia como la versión del plan conforme al cual se ha conducido la guerra y sobre la cual se ha levantado el secreto oficial. Si había algo secreto en ese plan, no somos capaces de imaginarnos lo que era. El documento, como la alocución de Bush, es un refrito del mismo discurso, ya manido, de que todo marcha bien. Bush ofreció la falsa alternativa entre adherirse a su política y batirse en retirada de manera precipitada y cobarde.

Sobre la crítica cuestión de la formación del Ejército iraquí, el presidente se mostró optimista, pero engañoso. Afirmó que las fuerzas iraquíes controlan zonas importantes, entre ellas las provincias del norte y del sur y ciudades como Nayaf. Eso será verdad para quienes crean que puede erigirse una nación a partir de un cambio de uniforme: esas fuerzas controlan esas áreas desde la caída de Sadam, pero ahora visten como el Ejército iraquí [...].

La idea de Bush sobre el importante paso que hay que dar a continuación es igualmente inquietante: formar fuerzas iraquíes para liberar a las fuerzas estadounidenses de las operaciones de registro y destrucción, tan sangrientas como ineficaces, con las que consiguen poco más que ganarse la antipatía del pueblo.

Lo que los estadounidenses querían oír era un auténtico plan de contrainsurgencia, quizá como el propuesto por Andrew F. Krepinevich Jr., un destacado experto en estrategia militar. Según Krepinevich, en primer lugar, habría que averiguar cuáles pueden ser las zonas más seguras en manos de fuerzas iraquíes capacitadas, después introducir instructores estadounidenses en estas fuerzas para luego hacer que la zona correspondiente sea lo suficientemente segura como para invertir dinero en su reconstrucción. Así se harían aliados y se iría reduciendo la insurgencia. A partir de ese momento, se trataría de ir ampliando esas zonas poco a poco e ir retirando de ellas a las fuerzas estadounidenses. [...]

Bush odia las comparaciones entre Vietnam e Irak. Sin embargo, tras ver al presidente, nos resulta imposible dejar de leer el discurso de Richard Nixon en 1969 sobre la vietnamización. Póngase proceso constitucional iraquí en lugar de las conversaciones de paz de París y las ideas de Bush sobre el Ejército iraquí no resultan muy diferentes de los planes de Nixon, salvo en que Nixon reconocía que la evolución de la guerra era desastrosa y en que era muy claro acerca de los riesgos y los sacrificios a los que nos exponíamos.

Un presidente que está más alejado de la realidad que Nixon necesita salir más".


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