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La noche de los olvidados de Santa

None | 25 de Diciembre de 2005 a las 00:00

Maicol pega su carita sucia al vidrio de la ventanilla. No pide nada, pero sus ojos horadan el vidrio oscuro, como si quisieran llevarse consigo un pedazo de la opulencia que se respira dentro del auto con aire acondicionado.

Solo cuando el conductor, con una mirada mezcla de condescendencia y fastidio, baja el cristal, se atreve a murmurar: "déme algo para las fiestas", al tiempo que extiende su manita, también sucia.

Maicol, sin duda una derivación fonética del Michael anglosajón, es uno más entre los miles de niños nicaragüenses que día a día se apostan en los semáforos de Managua a la espera de la caridad pública para sobrevivir.

Por estos días se observa, sin embargo, una mayor proliferación de mendigos en las calles capitalinas, al parecer en espera de que los aires navideños vuelvan un poco un poco más dadivosos a los ricos, o simplemente a los que tienen un poco más que ellos.

Somos tres hermanos y todos nos dedicamos a pedir (mendigar), explica Maicol, al tiempo que me señala a una muchachita un poco mayor que él, que a pocos metros de distancia asedia a otro conductor. Sentado en el contén, espera un niño que apenas da sus primeros pasos.

Lo más probable es que los pequeños no consigan lo suficiente como para llevar esta noche a su mesa la tradicional cena navideña de los nicaragüenses, consistente en gallina rellena con carne de res, pan, verduras, ciruelas, aceitunas y alcaparras.

Tampoco serán los únicos, ya que en el segundo país más pobre de América Latina los precios de los productos básicos se han disparado en los últimos años.

El plato navideño para seis personas, sin incluir el refresco o gaseosa, el pan y mucho menos los licores, a los que son muy dados los nicaragüenses por esta época del año, cuesta hoy 527 córdobas (más de 30 dólares).

El precio es prohibitivo para la gran mayoría, que sobrevive con menos de dos dólares de ingreso diario.

La crisis económica tiene también como termómetro las tiendas y comercios donde, pese a una frenética campaña de anuncios, comerciales y descuentos, los vendedores se quejan de las magras ganancias.

"Parece que ya la gente no quiere comer en Navidad", se quejó ante un periodista local uno de los vendedores de verduras que proliferan en el populoso Mercado Oriental, uno de los más grandes de Centroamérica.

Las ventas de juguetes, impulsadas por la presencia en calles y negocios del importado Papá Noel, tampoco gozan de buena salud, según corroboró el reportero de La Prensa.

Al parecer son pocos los niños que recibirán juguetes esta Navidad, le adelantó el comerciante Armando González, en alusión a la poca demanda.

Pero no será por falta de deseos de los pequeños, como le demostraron al presidente Enrique Bolaños los miles de pequeños que se reunieron la víspera frente a su casa de las afueras de Managua para recibir un regalo.

Muchos padres de familias pasaron la noche con sus hijos en la larga fila de más de 300 metros que se formó frente a El Raizón para recibir la tradicional dádiva navideña del mandatario y de la Primera Dama, Lila T. Abaunza.


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