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Préval y los pobres de Haití constituyen otro problema para Bush

None | 17 de Febrero de 2006 a las 00:00

Abortado el fraude patrocinado por Estados Unidos

Por Mercedes López San Miguel, diario Página/12, Buenos Aires

René Préval, el heredero político de Jean-Bertrand Aristide, finalmente lo sucederá tras casi dos semanas de incertidumbre política en Haití. Fue una elección confusa: faltó escrutar un 10% de los votos, se supo que varias urnas fueron encontradas en un basurero en un barrio pobre de Puerto Príncipe a la vez que Préval –quien superaba a su rival por 37 puntos– no conseguía hacerse con la mayoría absoluta y denunciaba "manipulación" en el sistema electoral. La crisis quedó desactivada después de que en la madrugada del jueves el Consejo Electoral Provisional (CEP) anunciara que Préval es el ganador de las elecciones presidenciales del pasado 7 de febrero.

Líderes del gobierno de transición, del partido de Préval y de la comunidad internacional –específicamente la mediación de Brasil– llegaron a un acuerdo que permite proclamar al candidato del movimiento Lespwa ("Esperanza" en creole) nuevo presidente del país caribeño y calmar los ánimos de buena parte de la población que salió a las calles durante esta semana a repudiar el denunciado fraude.

Poco después de la 1 de la mañana, el CEP emitió por televisión un comunicado que proclamaba a René Préval presidente electo al haber obtenido el 51,15 por ciento de los votos escrutados y válidos, es decir la mayoría absoluta que hace innecesaria una segunda vuelta. "Saludamos la elección del señor René Préval como presidente de la República de Haití", dijo a la prensa el primer ministro, Gerard Latortue. La proclamación fue hecha después de un acuerdo entre el gobierno provisional y el CEP, por el cual se excluyeron los 85 mil votos en blanco para calcular los porcentajes de todos los candidatos, con lo que Préval ascendió del 48,76 al 51,15 por ciento y no irá a una segunda vuelta. Leslie Manigat, candidato de la Agrupación de los Demócratas Nacionales Progresistas (RDNP), segundo más votado con el 11,83 por ciento, rechazó el acuerdo por considerarlo "al margen de la legalidad", aunque precisó que no hará nada para impedirlo. Fuentes diplomáticas revelaron que el CEP y el gobierno haitiano tomaron la decisión de proclamar a Préval tras ver frustrados sus intentos de convencer a Manigat de que renunciara al ballottage. Miles de personas procedentes de los barrios más pobres de la periferia de Puerto Príncipe se lanzaron a la calle en plena noche para festejar la noticia ante el Palacio Nacional. Horas después, la capital amaneció tranquila, con el tráfico fluido y sin las barricadas ni incidentes de los últimos días, que el lunes se cobraron un muerto.

El anuncio del CEP culminó una serie de intensas reuniones entre dirigentes haitianos con representantes de la Misión de Naciones Unidas (Minustah), la Organización de Estados Americanos (OEA) y los embajadores de Brasil, Estados Unidos, Francia, Canadá y Chile. El escrutinio estaba paralizado desde el lunes; el porcentaje oficial daba a Préval el 48,7 por ciento de los votos, insuficiente para ser declarado ganador en la primera vuelta; las denuncias de fraude iban en aumento y en la calle los manifestantes estaban cada vez más enfurecidos.

Con este escenario, el gobierno de Brasil, la nación con el mayor contingente de soldados de la misión de la ONU –que incluye a Argentina-, propuso a todos los candidatos que reconocieran la victoria de Préval en la primera vuelta. "Teniendo en cuenta el clima que reina en el país, ésta sería la mejor solución", declaró Marco Aurelio García, asesor de Relaciones Internacionales del presidente Lula da Silva. Por su parte, el jefe de la Misión de Naciones Unidas, Juan Gabriel Valdés, calificó de "sabia" la decisión del CEP que, en su opinión, dará un gobierno estable al país. "Es evidente que habrá protestas por esta situación y algunos candidatos van a estar en desacuerdo, pero es una decisión del único órgano constitucional para tomar en esta materia", añadió Valdés. El estallido de las protestas comenzó cuando la autoridad electoral anunció, en contra de todos los pronósticos, que Préval no lograba la mayoría absoluta para evitar acudir a una segunda vuelta. El candidato denunció un fraude masivo y lo propio hicieron sus partidarios en la calle. El miércoles un canal de televisión mostró imágenes de urnas repletas de votos que habían sido arrojadas en vertederos de basura. El presidente del CEP, Max Mathurin, confirmó el hallazgo de miles de votos entre montones de basura y anunció la formación de una comisión tripartita para investigar las denuncias y revisar el recuento de voto.

Préval será presidente de Haití por segunda vez, ya que entre 1996 y 2001 cumplió su mandato constitucional de cinco años, un objetivo que no pudo alcanzar ninguno de los primeros mandatarios que go-bernaron Haití en sus 200 años de historia independiente. Al candidato de La Esperanza, cercano al ex presidente Jean-Bertrand Aristide –derrocado en 2004 en medio de violentas manifestaciones–, no le espera una tarea fácil: gobernará desde el 29 de marzo el país más pobre de América latina. Necesitará mucho más que esperanza.

Estados Unidos, que incluso recibió la víspera críticas de la congresista Maxine Walters de que había intentado un "vergonzoso y obvio intento de robar las elecciones" del ganador haitiano, celebró también la victoria de Preval en un mensaje de felicitación y se declaró listo para "trabajar con el nuevo gobierno, ayudar al pueblo haitiano y construir un futuro mejor", de acuerdo con el vocero del Departamento de Estado, Tom Casey.

Tras su triunfo en las urnas, el principal reto de este agrónomo parece ser restablecer la paz y la concordia entre los haitianos. Está en favor del retiro lo más pronto posible de las fuerzas internacionales de paz, una vez que la situación interna se normalice. Durante su campaña prometió crear empleos, mejorar la educación y combatir las desigualdades sociales en Haití, la más pobre y una de las más violentas naciones del hemisferio occidental, con 8.5 millones de habitantes. Es elogiado por algunos como un administrador serio y honesto, que supo trabajar en su anterior mandato.

Las fichas de un dominó

Por Claudio Uriarte, diario Página/12

Este desenlace, con las autoridades electorales haitianas dando la victoria en primera vuelta al candidato de izquierda René Préval pese a no haber alcanzado técnicamente el listón del 50% de los votos (logró 48.76, en medio de crecientes evidencias de fraude oficialista en su contra) es el más prudente que podía esperarse en un país donde el candidato opuesto a Préval, Leslie Manigat, sólo había logrado un 11.83, donde el ejército está prácticamente disuelto, las bandas armadas aterrorizan a la población y el poder les ha sido negado a sus legítimos poseedores (los candidatos preferidos por la población) desde que un calamitoso golpe de Estado apoyado por Washington arrebatara de la presidencia al mentor de Préval, el exiliado sacerdote progresista Jean Bertrand Aristide. En otras palabras, Haití era anteayer un polvorín al borde de estallar; hoy, si bien no todo es dulzura y luz, los electrodos que podían causar la ignición han sido desactivados.

Estados Unidos queda con un nuevo gobierno izquierdista en el hemisferio occidental, y uno que no tiene la alternativa de no aceptar. Por un lado, la explosión social que hubiera implicado negar la victoria a Préval habría significado el pronto desembarco de un aluvión de inmigrantes ilegales haitianos en las costas de Florida; del otro lado, la fuerte presencia de América latina (notablemente Brasil) en la salida a la crisis borra cualquier duda que pueda empañar la legitimidad del gobierno electo. Por una vez, el resignado cliché del Departamento de Estado, "trabajaremos con quienquiera salga elegido", refleja correctamente la realidad. Pero la realidad es también que la política estadounidense hacia la región está crecientemente fuera de fecha, y en proceso de creciente aislamiento. Una tras otras, las fichas de un dominó –para usar una expresión de Guerra Fría– van cayendo en América latina en la dirección que no le gusta a Washington. Su prédica por la democracia termina girando en el vacío al chocar con resultados electorales adversos. Pero, contrariamente a la Guerra Fría, Washington carece cada vez más de los recursos, tanto económicos como militares, para torcer estos resultados. Con una fuerza militar empantanada en Irak hasta quién sabe cuándo y una crisis militar juntando fuerza en el océano Indico en torno al programa nuclear iraní (ver pág. 16), América latina, con la excepción de Venezuela, se ha caído casi totalmente del radar de política exterior de Estados Unidos. El problema para Estados Unidos es que la región parece estar inclinándose en dirección a esa "excepción" venezolana.

El mejor resultado posible

Por Luis Bruschtein, diario Página/12, Buenos Aires

Haití es el segundo país más pobre del mundo. Y probablemente sea donde más han intervenido los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos, desde los primeros independentistas hasta los demócratas más liberales como Woodrow Wilson, y los republicanos más conservadores, como Ronald Reagan. Invadieron, pusieron dictaduras como la del Papa Doc y condicionaron y exprimieron su economía. Es una de las regiones de América latina donde la intervención norteamericana ha sido más obvia y permanente. Y el resultado ha sido el mayor desastre de América latina: inestabilidad política, una economía devastada, más del 80 por ciento de la población en la pobreza, catástrofe ambiental y una mortandad pavorosa por el sida. La responsabilidad histórica de Estados Unidos y de Francia sobre esta realidad es vergonzosa. No le dieron una sola oportunidad para levantar cabeza.

La independencia haitiana de Francia, en 1804, fue la primera en América en seguir el camino abierto por la independencia norteamericana. Pero gran parte de los independentistas norteamericanos eran esclavistas, en tanto que los independentistas haitianos eran esclavos sublevados. Estados Unidos tenía que apoyar la independencia, porque además alejaba a Francia de sus fronteras, pero no podía dejar que cundiera el ejemplo de los esclavos sublevados. Entonces llegó a un acuerdo con Francia: los haitianos serían independientes, pero deberían pagar a Francia por su independencia. O sea, fue un país que nació con una pesada deuda externa y su destino independiente fue pagarla a costa de su miseria. A partir de allí, Estados Unidos y Francia monitorearon sus gobiernos y su economía. El resultado está a la vista.

Tras la caída de Bertrand Aristide, con la saga patética de golpes de Estado, presiones económicas feroces y puestas en escena con mercenarios "luchadores de la libertad", Haití estaba hundida en el caos, en gran medida por responsabilidad de los gobiernos norteamericanos. Cualquier intervención de Washington hubiera provocado una masacre. Estados Unidos y Francia, que habían sido responsables del desastre, no tenían ninguna legitimidad para intervenir.

La decisión de formar una fuerza latinoamericana –la Minustah– que interviniera para impedir la masacre fue muy arriesgada. Por un lado, Aristide había perdido popularidad por las políticas que le habían impuesto el FMI y Washington. No había una fuerza política en condiciones de retomar el gobierno. Sólo estaban los mercenarios y las bandas armadas de la derecha. Por otro lado, cualquier intervención sería criticada por los sectores populares, que ya tenían experiencia sobre estas situaciones. Y además era impredecible la actitud norteamericana con relación a los resultados de los potenciales comicios que debía administrar esa fuerza latinoamericana de intervención. Había un gran porcentaje de posibilidades de que los gobiernos latinoamericanos que se involucraron en la Minustah, entre ellos el de la Argentina, terminaran embarrados en una maniobra de Estados Unidos y Francia.

El triunfo de René Preval por amplio margen en las elecciones fue el mejor resultado para empezar a desanudar el embrollo haitiano. En medio del caos y después de una dura derrota, los sectores populares pudieron generar una opción de gobierno clara ante la población y, en cambio, los candidatos de Washington no sacaron más del 10 por ciento de los votos. Este resultado hace más difícil cualquier intento de manipulación y amenaza golpista o desestabilizadora. Las fuerzas de la Minustah se salvaron del papelón en el que podrían haber quedado envueltas y deberán ponerse a las órdenes del presidente electo.

El futuro todavía es más difícil porque la economía está en bancarrota y la situación social es calamitosa. Los gobiernos latinoamericanos que participaron en la Minustah como una actitud solidaria, deberían demostrar ahora esa misma solidaridad en la reconstrucción de un país cuya situación es un insulto a la dignidad humana.


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