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La Chureca, donde compiten niños y zopilotes

None | 25 de Febrero de 2006 a las 00:00

Los ojos se le iluminan en el rostro sucio cuando introduzco la mano en el bolsillo para entregarle la moneda que me ha pedido, pero no sonríe, mantiene apretados los labios, en un rictus de perenne de tristeza.

Se llama Yanila González, y con sus escasos ocho años de edad, es uno de los cientos de niños que a diario se disputan con los zopilotes y decenas de adultos, los desperdicios que arrojan los camiones de la Alcaldía de Managua en el basurero de La Chureca. Me cuenta que solo cursó el primer grado de la enseñanza primaria, porque su madre la sacó de la escuela para que junto a sus cinco hermanos ayudara a buscar el sustento diario. Toda la familia "trabaja" en el basurero. Buscan todo lo vendible, desde botellas plásticas y latas de cerveza vacías hasta hierros viejos y cobre.

Un saco de nylon atado a la cintura y una larga vara de madera son sus instrumentos de trabajo. Otros niños se acercan. Tienen en común los mismos rostros sucios, los pies descalzos y el haber abandonado la escuela para ayudar a sus padres. Solo difieren en tamaños y edades, aunque ninguno alcanza los 15 años.

Con la autoridad que le confieren sus 14 años, Holman Javier, sin embargo, me asegura que él sí va a la escuela. "Por la noche", me aclara. No tengo tiempo para preguntarle a Holman el nombre de su centro de estudios nocturno, ni seguir indagando sobre la vida de Yanila, porque la nube de polvo y humo que de pronto se hace más espesa anuncia la llegada de otro camión.

Todos corren hacia el vehículo, que abre sus compuertas y descarga la basura prácticamente sobre la multitud que, impaciente, no espera que termine la operación para abalanzarse sobre los desperdicios.

La mayoría de las familias viven allí mismo, en La Chureca, en chozas destartaladas construidas con los mismos desechos que recolectan. Otras vienen a diario desde los barrios aledaños al basurero ubicado en la parte occidental de la ciudad.

Una laguna pestilente y el no menos contaminado Lago de Managua, hasta cuyas márgenes llega la basura, los provee de agua, pescado y de muchas de las enfermedades que poco a poco los diezman.

Un estudio realizado tres años atrás por la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma arrojó que más del 30% de los niños y niñas que viven y trabajan en La Chureca tienen altos niveles de plomo, mercurio y DDT en la sangre.

Las enfermedades de la piel, los parásitos y los problemas respiratorios también afectan a los pequeños, cuyo único universo conocido son las 42 hectáreas que abarca el basurero, donde a diario se botan alrededor más de mil toneladas de desechos de todo tipo.

Pero esos no son los únicos peligros que acechan en La Chureca, donde la violencia intra y extra familiar, las violaciones, la prostitución y las drogas son tan comunes como la propia basura, y donde solo los más aptos sobreviven.

Al alejarme sólo pude recordar los primeros versos de un poema del poeta nicaragüense Lolo Morales, dedicado precisamente al lugar donde conocí a Yanila. "Osamenta de pobres, libre competencia entre niños y zopilotes".


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