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Xenófobos con piel de cordero

Madrid. EFE. | 31 de Julio de 2011 a las 00:00
Desde el anonimato de internet, docenas de personas difunden ideas racistas y defienden una Europa sin inmigrantes. Son los que dicen qué pensar, qué opinar. Llevan los rostros encapuchados por el anonimato de la red. «El multiculturalismo destruirá la raza blanca». En otra página: «Los europeos están lentamente convirtiéndose en ciudadanos de segundo rango en sus propios países». En un blog: «La inmigración del tercer mundo ha incrementado en Estados Unidos los niveles de pobreza, ha dejado sin trabajo a millones de estadounidenses y ha contribuido a aumentar en un 25 por ciento la población de las cárceles». Vienen arropados de moralidad. Y afirman defender a Europa, sus tradiciones, sus valores, sus derechos. «Estamos cansados de sentirnos como extranjeros en nuestras propias tierras, siendo atracados, golpeados, apuñalados, acosados e incluso asesinados por bandas de matones musulmanes, y hasta ser acusados de “racismo y xenofobia” por nuestros propios medios de comunicación y nuestras autoridades para que así incluso aceptemos más inmigrantes». Esto es de Fjordman, uno de ellos. Una de las referencias que inspiró a Behring Breivik, el asesino de Utoeya. Utiliza un apodo para ocultarse. Por supuesto se ha distanciado del autor de la masacre. Le ha consternado. En un comunicado, en una web, ha dicho que una persona que actúa así es un «monstruo». En un artículo escribió: «Si la UE no es desmantelada, el multiculturalismo no es rechazado y la inmigración musulmana no se detiene, nosotros, los pueblos de Europa, estamos abocados a no tener otra elección y deducir que nuestras autoridades nos han abandonado y que los impuestos que recaudan son injustos y que las leyes que han sido aprobadas sin nuestro consentimiento son ilegítimas. Dejaremos de pagar impuestos y tomaremos las medidas apropiadas para protegernos y salvaguardar nuestra supervivencia nacional». Hay muchos foros. Tantos como rincones en internet. Desde ahí difunden su nueva ideología. Una extraña mezcla de nacionalismo histórico, como oposición a la globalización («Otra vez de nuevo, el 17 de julio de 2011, los nacionalistas griegos se han reunido en el sagrado sitio de la batalla de las Termópilas para su ceremonia anual en honor al rey Leónidas y sus guerreros espartanos»), islamofobia («El Corán es visto por algunos musulmanes como una “licencia de caza” dada por Dios que les garantiza el derecho para atacar e incluso asesinar a los no musulmanes») y una variada y heterogénea coctelera de racismo, tradicionalismo, religión, ética (la de ellos, claro) y supremacía racial (Suecia, da la casualidad, es el primer exportador de música «White Power» al mundo), entre otras materias. Hacen bandera y baluarte de las ideas que creen fundacionales en la cultura y la historia del viejo continente. Desde la fe –con su retórica de la reconquista, la cruzada y los cruzados que ha renacido de nuevo en Europa (una página austríaca alude al sitio de Viena y la derrota del turco)– hasta los derechos conquistados. Hanne Nabintu Herland es una controvertida escritora noruega. Estos días ha saltado a la actualidad. Se la han dado los atentados de Oslo, cuando los ciudadanos han empezado a preguntarse sobre la procedencia de algunos razonamientos que salpican el argumentario de Behring Breivik. Algunos han mirado hacia ella, junto a otros. Expone sus opiniones desde varios ángulos de los mass media. Sus críticas al islam y su insistencia en una decadencia europea, de una cultura a la deriva y en crisis, ya habían desatado comentarios de toda clase. Y a muy pocos les había dejado indiferentes. Otro hombre señalado por la actualidad ha sido Tanguy Veys, del partido Vlaams Belang, que se opone a los inmigrantes, fue uno de los que recibió el comunidado de Breivik. Por supuesto, estaba sorprendido. Todo el mundo conoce las consecuencias de inflamar las sensibilidades heridas. De atizarlas con cualquier decálogo ideológico o político. Y más en tiempo de crisis, de turbulencias sociales y confusión identitaria. Muchos de estos discursos calan. Stieg Larsson: «Un centenar de nazis y militantes se reunieron en Slottsbacken, frente al Palacio Real, para celebrar una contramanifestación, que llevaba por lema “acaba con el lobby gay”. En un principio se mantuvieron a una prudencial distancia, luego se fueron acercando cada vez más. Y, como era de esperar, las botellas empezaron a volar por los aires». Algunas de estas voces consideran que ahora todo está amenazado. Culpan a la inmigración. A los musulmanes. Y a los políticos. Una manera de cuestionar la democracia. La libre elección de los pueblos a escoger a sus representantes. Es una historia ya vivida. Sólo hay que mirar hacia atrás. El «otro» siempre es una buena excusa para asaltar el poder y restablecer utopías. Aunque en el camino quede la más completa devastación.

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