Escúchenos en línea

Sacerdotes piden mejor trato para centroamericanos

Por Alberto López Morales e Hilda Fernández Valverde, diario El Universal, de México. Desde Ciudad Ixtepec, Oaxaca. | 3 de Marzo de 2007 a las 00:00
El párroco Alejandro Solalinde Guerra de la diócesis de Tehuantepec consideró que la política migratoria que aplica el gobierno mexicano en la frontera sur "es mil veces peor" que la que opera en el norte hacia los mexicanos, en tanto que el coordinador pastoral de la diócesis de Saltillo, Coahuila, Pedro Pantoja, llamó a detener la migración forzada y atacar sus causas. "Eso no puede seguir así", manifestó Salalinde Guerra, quien desde hace más de un año se distingue por su trabajo por la defensa de los derechos de los migrantes centroamericanos que cruzan por Oaxaca hacia la frontera norte del país. Salalinde Guerra aplaudió que la Secretaría de Gobernación diera marcha atrás en el endurecimiento de normas contra los indocumentados centroamericanos, pero indicó que se les mantiene la condición implícita de terroristas desde que se integró el programa de seguridad nacional en mayo de 2005. Agrega que a ello se agrega el hecho de que las garitas migratorias parecen reclusorios, las condiciones físicas son malas y a los migrantes se les maltrata. El 10 de enero pasado, el sacerdote fue encarcelado y golpeado por policías municipales de Ciudad Ixtepec, 250 kilómetros al sureste de la ciudad de Oaxaca, uno de los puntos donde se concentran miles de migrantes procedentes de Chiapas, en su ruta cubierta de peligros hacia la frontera con Estados Unidos. "En México se vive un infierno de corrupción e impunidad que alienta la violación de los derechos humanos. Los policías se ensañan con los migrantes", indicó el sacerdote para luego demandar una urgente revisión de la Ley General de Población que data de 1973, a la que considera obsoleta, anticuada y que atenta contra los derechos humanos. "Los operativos policiacos no detienen el flujo migratorio, únicamente lo represan. Aquí lo vemos, en ocho días no llega ningún migrante, pero luego se dejan caer como mil, que llegan golpeados, vejados en su dignidad de seres humanos. Esos operativos solo producen maltratos y golpes", agregó el sacerdote católico. En Coahuila, el padre Pedro Pantoja Arreola, coordinador de Pastoral Social de la diócesis de Saltillo, coincidió con Salalinde Guerra en el maltrato que reciben los migrantes centroamericanos y llamó a los gobiernos latinoamericanos a detener la migración forzada y atacar las causas que la producen. "Son miles de familias mutiladas de México y de los países centroamericanos que sufren por los ausentes, los migrantes muertos -entre seis mil y 10 mil mexicanos en la última década-, o desaparecidos, de sepulcros vacíos y cruces sin nombre, ahogados en el Río Bravo o muertos en el desierto", dijo el responsable de la Casa del Migrante Belén, en Saltillo. Aseguró que México es víctima por su migrantes y victimario de los centroamericanos que atraviesan el país. Este es un compás que no tiene principio ni fin; la agresión es permanente. "Mientras no haya una política y una nueva ley de protección a los ilegales el abuso continuará".

«Está bien que nos detengan, pero ¿por qué nos golpean?»

Como en casa, Daniel Wilfrido, Blas y Sonia, entre muchos, comparten penas, alegrías, sueños, trabajo y comida. Unos llegaron en tren; otros a pie en una larga jornada de 10 días. Todos, por ahora, recuperan fuerzas. Bajo la sombra de algunos arbustos espinosos, en un rincón de los mil 650 metros cuadrados del terreno donde se construye la casa del migrante, atienden a Salomón y Adilio. Ambos tienen grandes llagas en la planta de los pies. Daniel Hernández y Wilfrido Díaz descansan un rato, dejan el talacho y la pala a un lado de la tierra. Ambos hondureños, que por primera vez "nos rifamos la vida para llegar a Phoenix y a Texas", aplican sus conocimientos de albañiles. Los dos ganaban en su país un promedio de 25 pesos mexicanos. El espacio de tierra libre que tienen frente a sus ojos "es lo más lindo" que han visto en su travesía interrumpida violentamente por la policía la semana pasada, en Arriaga, Chiapas. "Fue terrible. Nosotros corrimos porque la policía golpeaba a todos. De noche nadie sabía pa´ dónde correr. Estaba oscuro todo. Los policías nos insultaban. Yo pregunto: ¿ellos no se acuerdan que tienen mamá cuando nos mientan la madre?, dice Sonia. Sonia y Blas Guerra, alcanzaron el tren que los trajo acá. Ahora presumen sus habilidades culinarias. Capturado 14 veces en su ruta hacia Nueva York, el salvadoreño Blas dice que "si nos agarra la ley, está bien, pero ¿por qué nos golpean?, ¿por qué nos insultan? Está visto que los migrantes somos una minita de oro para todos aquí en México". En tanto, el párroco Alejandro Solalinde les enseña como aplicarles el agua oxigenada. Tumbado en la tierra donde algún día, según el sueño de Solalinde Guerra, se levantará el refugio de los migrantes.

Descarga la aplicación

en google play en google play