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Centros de jornaleros a la fila del debate migratorio

Por Dianne Solís, The Dallas Morning News. Desde Garland, Texas. | 5 de Marzo de 2007 a las 00:00
Entre las vías del tren y un cementerio se desarrolla un amargo debate nacional sobre un grupo de jornaleros acostumbrados a trabajar duro aunque sin documentos. De un lado están los ciudadanos que quieren exhibir y avergonzar a los empleadores que contratan trabajadores indocumentados. Por el otro están los diplomáticos mexicanos y los defensores de inmigrantes que quieren asegurarse de que los trabajadores legales e indocumentados reciban un trato justo. Y en medio están Garland y varias ciudades del Norte de Texas que administran centros para jornaleros con el propósito de controlar el caos de tráfico y personas que se aglomeran en algunas esquinas para pedir trabajo. En todo el país han operado desde hace años centros para jornaleros sin muchos problemas, pero ahora están en medio del debate migratorio, sobre todo cuando residentes y grupos antiinmigrantes toman la justicia por sus propias manos y los trabajadores nacidos en EU se quejan de que se están quedando sin empleos. Un legislador incluso ha propuesto que se prohíba a las ciudades que construyan centros de jornaleros. Ante la situación, el consulado mexicano en Dallas lanzó una campaña para dar a conocer a los trabajadores sus derechos en los centros de jornaleros. Los diplomáticos quieren explicar a los trabajadores que el salario, la seguridad y las leyes de salud son iguales para todos. "Esta gente es muy vulnerable", dice Eduardo Rea, del consulado. Clark Kirby, líder estatal del grupo antiinmigrante Minuteman, señaló que su asociación quiere que se reduzca la inmigración de indocumentados y cree que los centros de jornaleros ayudan a los indocumentados. El caso reciente de un joven de Guanajuato de 18 años que fue entregado a las autoridades migratorias después de ser recogido en la calle por una persona que le aseguró que quería darle trabajo aumentó el nerviosismo entre los diplomáticos y los jornaleros, que ya estaban preocupados por la ola de redadas migratorias en Texas y el resto del país. El joven terminó en procedimientos de deportación y ya está en Guanajuato, indicaron Rea y José Jiménez, líder de una asociación de jornaleros del área de Dallas. Cuando se notificó a sus padres del caso, varios días después, la familia estaba asustada, según Rea. "Estábamos llamando al juez, la policía y los hospitales", sostuvo el diplomático. "El padre estaba casi llorando. Queremos que la gente sepa que, si se van con alguien, escriban el nombre y número de placa y hagan una llamada para avisar a donde van". En el centro de jornaleros de Garland, que abrió en el 2001 con fondos municipales, los avisos en las paredes buscan evitar cualquier problema en cuanto a situaciones legales. "Los servicios de este centro son gratuitos para ciudadanos estadounidenses y residentes permanentes. Si no está seguro de su condición legal, por favor llame a la oficina de inmigración más cercana", se lee en un cartel en inglés y español. Otro más: "Los contratistas son responsables de verificar que los empleados con los que hacen contratos en este centro cumplan con la ley federal migratoria". La portavoz municipal de Garland, Dorothy White, dice que la ciudad pagó el centro junto a la Comisión de Trabajo de Texas para evitar los peligros que pueden generarse cuando los trabajadores buscan empleo en la calle. Fort Worth, McKinney y Plano tienen centro similares y aunque Dallas no tiene un lugar de este tipo financiado con fondos municipales, hay varios lugares informales donde se reúnen los jornaleros para ofrecer sus servicios. Las autoridades de las ciudades que dirigen los centros explican que su labor no es verificar documentación laboral. Eso se lo dejan a los empleadores. Steve Hill, portavoz municipal de McKinney, advierte que no está dispuesto a suponer que toda la gente que va por un trabajo al centro de jornaleros de esa ciudad es indocumentada. En el centro de Plano, donde aproximadamente 200 empleados se reúnen a diario, Rudy Guerra señala que la ley federal migratoria exime a algunos empleadores de sanciones y de revisar documentos si se trata de trabajos ocasionales o domésticos. Ese tipo de políticas hace rabiar a los miembros de Minuteman. El grupo se presentó en el centro de jornaleros de Garland varias veces durante el invierno y grabó a trabajadores y contratistas. Kirby, un empresario jubilado de Arlington, planea más vigilancia para las próximas semanas. "Las ciudades dicen que no es su responsabilidad revisar si los trabajadores están en el país legalmente", indicó Kirby. Pero sus argumentos también podrían ser interpretados como una violación a las leyes migratorias, que prohíben que se ayude y ampare a los indocumentados, asegura el activista. El grupo también se dirige contra los contratistas, según Kirby, enviándoles cartas que los invitan a cumplir con la ley migratoria que desde 1986 hizo ilegal que los empleadores contraten a un indocumentado conociendo su estatus. Los miembros del grupo incluso revisan si los contratistas están registrados adecuadamente y están pagando impuestos. Lo hacen cuando el vehículo de un contratista con el logotipo de la empresa se acerca a un centro de jornaleros. "Además de contratar inmigrantes indocumentados y bajar los salarios, algunos no están pagando sus impuestos", sostuvo Kirby.

Anglos se quejan de exclusión

En el centro de Plano, cerca de Central Expressway, hace poco algunos trabajadores no inmigrantes dijeron que los mexicanos trabajan por muy poco. Los mexicanos y otros hispanos reciben preferencia, aunque un sistema de lotería trata de establecer que el primero en la fila es llamado a la hora de inicio a las 6:30 a.m., aseguran algunos de los trabajadores. Una hoja con nombres de trabajadores y sus aptitudes, desde jardinería hasta limpieza de casas, está colgada afuera de la oficina de contratación. "Los contratistas que piden hispanos me están afectando", dice un empleado afroamericano, uno de los pocos que siguen en el centro al mediodía, sin una sola oferta de trabajo. Pidió ser identificado como Alex. Patrick Orsburn, un trabajador de la construcción rubio y de ojos azules con un cinturón de carpintero lleno de herramientas, está de acuerdo. "Los empleadores muestran favoritismo y es porque los mexicanos trabajan por poco", se quejó. "Muchos de quienes trabajamos en la industria de la construcción estamos siendo excluidos de empleos". Por otra parte, las autoridades del consulado mexicano afirman que el principal problema para los jornaleros es que les roban el salario. En un centro informal de jornaleros en Dallas, cerca de Harry Hines Boulevard, la mayoría de miembros de un grupo levantó la mano cuando las autoridades del consulado preguntaron si alguna vez les habían robado el sueldo. "El robo de salario es muy frecuente", aseguró Rea mientras entregaba un CD con detalles sobre la ley estadounidense y la importancia de la seguridad en el lugar de trabajo. "Dicen a la gente: 'Eres indocumentado y no te pagaré' ". Después de que un miembro de los Minutemen empezó a grabar a los contratistas y trabajadores en Garland, algunos trabajadores organizaron un sindicato. Jiménez, líder del grupo del área de Dallas, ahora trata de obtener el apoyo de los consulados de México, El Salvador y Honduras. "Muchos de los contratistas creen que por nuestra condición migratoria no tenemos ningún derecho, pero están equivocados. Hay leyes que también nos protegen", indicó Jiménez, que se describe como conocedor de todos los oficios de la construcción y reconoce estar en Estados Unidos ilegalmente. "No deben tratarnos como animales", sostiene.

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