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A Obama ya no lo quieren ni los latinos ni nadie en el mundo

Washington. Editorial de El Vocero Hispano, Estados Unidos. | 23 de Septiembre de 2011 a las 00:00
Cuando Barack Obama asumió la presidencia de Estados Unidos en enero del 2009, el mundo estaba lleno de esperanzas. Era la primera vez que una persona de uno de los grupos étnicos que más ha sido víctima de abuso y discriminación ocupaba la primera instancia nacional. Era el ascenso al poder de una persona con una visión diferente en cuanto a la relación de Estados Unidos y América Latina. Ahora, tres años después y ante la 66 asamblea de las Naciones Unidas, el mundo se dio cuenta de que esas esperanzas eran una alucinación. Barack Obama, el 44vo presidente de los Estados Unidos, es lo mismo que sus 43 antecesores, gobernantes dirigidos por un patrón invariable, entre cuyos últimos elementos se encuentran dos puntos: 1- Apoyar siempre a Israel, haga lo que haga, y 2- Nunca levantar el embargo contra Cuba. La desilusión fue evidente en la asamblea, Barack Obama, fue al igual que George W. Bush en su tiempo, el presidente de un país importante menos aplaudido. Su discurso, el pasado martes 21, en el que dijo que Estados Unidos no apoyaba la creación de un Estado palestino y que la solución al conflicto del Medio Oriente no sería una decisión de la ONU, cayó como un balde de agua fría. Le confirmó al mundo que él no es el hombre en el que se cifraron esperanzas, que es uno más del montón. Barack Obama obtuvo el respaldo del voto del pueblo norteamericano porque los norteamericanos quieren un cambio, quieren un gobierno que los proteja del abuso y el poder de las grandes corporaciones; que lleve un mensaje de paz al mundo y no un contingente de balas y misiles. El mundo apoyó a Barack Obama porque esperaba que éste llevara una política internacional más justa y equilibrada; que mejorara las relaciones con los países de América Latina, que asumiera una actitud de mayor respeto a la soberanía internacional; que dejara de apoyar las acciones erróneas de Israel hacia los palestinos que es lo único que hace falta para que ese conflicto que parece eterno, termine. Pero el presidente ha hecho todo lo contrario. Ha cedido a las presiones de los grupos conservadores que protegen a las corporaciones en detrimento de los trabajadores; le ha dado la espalda a América Latina; ha incrementado las deportaciones de inmigrantes latinoamericanos y ha confirmado su apoyo incondicional a Israel. Si el mundo y no solo los estadounidenses votaran en las elecciones de este país, en las elecciones del 2012 Obama no volvería ser presidente. En la ONU esto quedó claro.

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