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Discriminación y doble moral en EU

Birmingham. Por Mauricio Silva, El Faro. | 24 de Octubre de 2011 a las 00:00
El estado de Alabama en EUA acaba de aprobar una ley antiinmigrantes que hace evidente la discriminación y la doble moral de muchos americanos y deja varias lecciones y desafíos importantes a los latinos. Alabama no es el primer estado en proponer este tipo de ley, ya lo hicieron Arizona, Georgia y Colorado, pero Alabama es el primer estado donde la ley se vuelve efectiva. La ley de Alabama es también la más dura de todas las propuestas. Ella niega muchos derechos a los migrantes indocumentados; la ley sanciona como un crimen el que ellos registren un carro, paguen servicios públicos o alquilen un apartamento. También castiga a todo aquel que con conocimiento los empleé, alojé o asista y requiere a las escuelas y a la policía que verifique el estatus legal de los migrantes. La ley ha hecho cundir el pánico y producido caos entre los estimados 150,000 migrantes indocumentados – la mayoría mexicanos, pero también centroamericanos - que viven en Alabama. Muchas de esas familias tienen miembros con y sin documentos legales para permanecer en EUA, hijos americanos de padres indocumentados por ejemplo. El mayor miedo es a la deportación. Muchos han sacado a sus hijos de las escuelas, estan empacando y migrando a otros estados; “no podemos ni manejar sin tener miedo. Todas las puertas se nos estan cerrando” dijo uno de esos migrantes. Ellos, en palabras incluso de los mismos ciudadanos americanos “hacen el trabajo que nadie quiere hacer.” Otro empresario señalaba “Son mis mejores inquilinos. Son gente muy trabajadora, que nunca causan problema”. Ellos trabajan levantando la cosecha de varios productos agrícolas, también ejecutan varios de los trabajos más duros y peor pagados. Todo ello conlleva muchas horas de sol y lluvia y trabajo manual pesado. A diferencia de los otros estados que trataron de aprobar leyes antiinmigrantes, Alabama lo logro porque tiene coyunturalmente una mayoría republicana en ambas cámaras y un gobernador republicano. El gobierno federal, la administración de Obama, se ha opuesto a todas estas leyes. Los argumentos de aquellos a favor de la ley son que la misma ayudará a solucionar el problema de desempleo, que ahora está en uno de sus picos con un 10% de desempleados, y que ejercerá presión en el gobierno federal para revisar todo su sistema migratorio. Muchos otros residentes de Alabama, así como ciudadanos y organizaciones americanas piensan muy diferente. Las primeras cifras económicas también muestran un efecto contrario al buscado por los promotores de la ley. La población de origen extranjero en Alabama es pequeña, el 3.5%, y representan también un porcentaje pequeño de su fuerza laboral (4.2%), por lo que difícilmente la ley puede tener un efecto significativo en el empleo. Los mismos agricultores blancos se quejan de que no pueden recolectar sus cosechas, según un oficial de la Federación de Agricultores de Alabama se tienen “agricultores perdiendo 40 a 60 por ciento de sus cosechas. Esta ley nos está afectando a todos.” Hasta los líderes de las comunidades negras, que sufren de desempleo alto, condenan la ley argumentando que es un renacer del pasado racista de Alabama. Los líderes de iglesias argumentan que “los políticos republicanos basan sus campañas en valores cristianos, cuando la ley desprecia esos mismos valores. Está trayendo de regreso el pasado vergonzoso y feo del estado.” Hasta varios policías dicen en privado que no se sienten cómodos con aplicar la ley. Varios son los mensajes de esta ley (y las otras que han tratado de pasar en otros estados) para la población latina. Lo primero es que las circunstancias se vuelven cada día más difíciles para los que quieren inmigrar, ello por este tipo de leyes así como por las penurias que les toca vivir a los migrantes en su travesía hacia el Norte. Nuestros gobiernos tienen la responsabilidad de velar por que cambien esas circunstancias, hacer oír sus voces ante otros gobiernos y estados; pero también ellos y los medios de comunicación de nuestros países deben difundir esa dura realidad lo más posible para que el potencial migrante la tome en cuenta. Segundo, los líderes religiosos, políticos y defensores de derechos humanos, especialmente los de EUA, deben continuar oponiéndose a leyes como las de Alabama y denunciando los principios discriminatorios y de doble moral en las que se basan. Las instituciones latinas, o que apoyan a los latinos en EUA, deben luchar en contra de estas injusticias, incluyendo el señalar y pedir que se castigue a la hora de votar, a los grupos políticos que respaldan estas leyes. El caso de Alabama ilustra que aunque la administración Obama no ha cumplido sus promesas con los latinos, una administración republicana puede tener costos mucho más altos para ellos.

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