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«El Corrido de Dante», una novela sobre los inmigrantes en Estados Unidos

Agencia Andina. Desde Lima, Perú. | 13 de Marzo de 2007 a las 00:00
Los Peregrinos de la Santa Muerte son filósofos con guitarra en mano, que dicen "Nosotros no cruzamos la raya, la raya nos cruzó a nosotros". La raya es la frontera entre EE UU y México. Una vez, el chepeño Eduardo González Viaña fue con un amigo hasta ese pedazo de tierra que hay entre San Diego y Tijuana, para ver un espectáculo sui géneris: había casi un estadio de personas cobijado entre las sombras. A las 10 de la noche, esa masa humana empezó a cruzar la línea fronteriza. Arriba estaban los helicópteros de los gringos, pero la creencia dice que nunca hay que mirar hacia el cielo, ya que los ojos de los desesperados emiten fulgores. González Viaña recoge toda esta mitología del migrante en su novela El corrido de Dante. El corrido mexicano ese canto épico-narrativo derivado del romance castellano y cuyos máximos exponentes son Los Tigres del Norte, venerados a ambos lados de "la raya". El personaje central de la novela es el mismo que el de la Divina Comedia, sólo que llevado a un nuevo contexto, con la riqueza literaria de González Viaña. Dante Celestino es un mexicano, inmigrante que 20 años después de haber llegado a la tierra del Tío Sam, no se ha legalizado. A los 10 años de vivir allá hizo cruzar de "mojada" a la que sería su esposa, pero Beatriz se apuró en irse al cielo. Justo a él, que no le caen los chicanos –hijos de mexicanos nacidos en EE UU– porque no hablan español, no son gringos y siempre andan metidos en cosas turbias. Que tiene una niña llamada Emmita. La noche que le hace "la quinceañera", Emmita se va con un chicano con rumbo desconocido. Ella sólo quiere convertirse en la nueva Selena. Y Dante peinará por tres años, en su van, todo el oeste norteamericano en busca de Emmita. El único que lo acompañará será su burro Virgilio. Un asno desangelado pero fiel, testigo de esta América recreada recientemente por los inmigrantes legales e ilegales latinoamericanos. Este ejercicio, de llevar a un campo actual la Divina Comedia, logra sus objetivos a nivel estilístico y también de respuesta del público. "El Infierno está en la frontera", dice González Viaña, para quien "las murallas que se construyan serán absurdas, los latinoamericanos continuarán entrando todo el tiempo. Además, se necesitarán miles de personas para construirla, y ésas serán necesariamente los propios latinos". Carlos Fuentes reconoció recientemente el aporte cultural de los chicanos. Para González Viaña, la opinión del escritor mexicano expresa una posición políticamente correcta. "Muchos profesores universitarios ponen en su currículo ‘habla, lee y escribe chicano’, pero el spanglish no tiene ninguna gramática. Se propone convertir en idioma una cosa que olvida distinciones entre subjuntivo e indicativo, por ejemplo". Ha surgido una literatura propia de inmigrantes. "Yo la defino como literatura de invasores", dice González Viaña. El universo es muy grande: chicanos que escriben en spanglish, que sólo entienden ellos mismos, latinos que escriben en español (otro peruano, Isaac Goldemberg, ha dicho: "Por fin en la literatura norteamericana un clásico en español"); también están los escritores de origen latino que ya escriben en inglés, como el caso de los peruanos Marie Arana y su exitosa novela American chica; o Daniel Alarcón y War by candlelight. Pero lo que narran es literatura latinoamericana, una literatura de invasores. Y si fuese mexicano, diría que estaríamos recuperando". Total, "la raya" fue la que nos cruzó a nosotros.

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