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«No somos delincuentes, venimos a trabajar», dicen Inmigrantes

Tapachula. Rotativo.com. | 4 de Diciembre de 2011 a las 00:00
Son tres. Son hermanos. Son centroamericanos. Salieron de Honduras hacia México en los primeros días de noviembre para reencontrarse con su madre que vive en Houston desde hace dos años. Su madre trabaja en un hotel. "Primero, veníamos a cortar café a México. No somos delincuentes, sólo venimos a trabajar porque en mi país no hay dinero", dice el menor de ellos; "pero tampoco podemos llegar allá con mi mamá, a Estados Unidos, sin varo". "No sé", es la expresión que utilizan los tres reiteradamente. "No sé qué va a ser de nosotros. No sé dónde está nuestro papá. No sé cuándo vamos a regresar", dicen. Es la vida de tres niños en un limbo. Pero también es un no pasar nada que no sea estar resguardados, no pasar hambre, ni frío, ni estar expuestos a los peligros de migrar solos. Dicen que se subieron a una combi, luego a un camión, luego a un tren, y caminaron. Hasta que dejaron de caminar y avanzar porque los resguardaron. El Instituto Nacional de Migración los resguardó en el camino. El padre viajaba hacia Estados Unidos. También fue asegurado. Manuel tiene 16 años, Juan 15 y Pedro 12. Pedro se ve atemorizado. Cabizbajo. Mira de reojo a sus hermanos mientras escucha lo que dicen, y "aprende" de los grandes. Su infancia parece suspendida. En inacción. Están sentados en un salón donde se les proyecta una película con los riesgos a los que se enfrentan por migrar solos. Se sientan en primera fila. No revelan. Se guardan varios datos de su trayecto. Los tres cursaron hasta la primaria. "Mis padres dicen que se estudia un rato, sólo para aprender a leer y escribir, decía mi mamá, y luego a trabajar para dar a la casa", dice el mayor de los hermanos, mientras permanece en el módulo del DIF, en la Estación Migratoria Siglo XXI. Llevan la ropa limpia. Nike es la marca de sus tenis. Miguel habla como si fuera un niño mayor a su edad. Estudió hasta quinto de primaria. "Cuando nos detuvo la gente de Migración yo les dije que no éramos delincuentes, que sólo buscábamos trabajo. A los de Honduras nos dicen catrachos". Un "amigo" hondureño, que ellos conocían, les pidió 100 dólares por cada uno para cruzar a Estados Unidos. El padre se los consiguió. "Prometió que nos iba a pasar, pero se escapó con el dinero. "Mi mamá nos estaba esperando. Estamos tristes porque no pudimos cruzar", dice el hermano de 15 años, que habla menos. Uno de ellos lleva un escapulario colgado. A su alrededor hay más de 20 jóvenes que han intentado migrar en solitario más de una vez. Ellos aseguran que lo volverán a intentar hasta alcanzar a su mamá. "Tenemos necesidad de sostenernos", finaliza Juan, y aclara "la autoridad, los agentes nos la pelan. Vamos a llegar", y entonces y sólo entonces sonríen y los tres se entusiasman mientras asienten con la cabeza. "No queremos regresar a Honduras, y que allá nos consideren culeros o miedosos, por no haber cruzado".

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