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Indocumentados enfrentan barreras para trasplantes en EE.UU.

Nueva York. Notimex. | 21 de Diciembre de 2011 a las 00:00

La travesía de dos hermanos mexicanos para lograr un trasplante de riñón los ha llevado a estancarse entre las políticas de salud e inmigración a nivel nacional.

El diario The New York Times llevó a la luz pública el caso de un joven mesero de 30 años, esposo y padre de dos hijos que labora en un restaurante de Manhattan y que no tiene seguro médico ni los recursos económicos para pagar la cirugía de trasplante.

Su calidad de indocumentado le impide ser parte de la lista de donación de órganos y ser operado para volver a tener una vida normal; sin embargo él y su hermano menor, quien se ofreció a donar un riñón, se encontraron con varias barreras.

El diario indicó que el joven, a quien sólo identificó como Ángel, entró en una paradoja: que el gobierno pagaría por diálisis de por vida, que tiene un costo por año de 75 mil dólares, pero no pagaría por un trasplante que cuesta 100 mil dólares.

Durante casi dos años, los hermanos y quienes los apoyan buscaron la forma de lograr el trasplante pero se toparon con un laberinto de leyes contradictorias entre seguros privados, dilemas éticos y se vieron en un callejón sin salida entre las políticas de salud y de inmigración de la nación.

No recibe cobertura de salud porque tiene "condiciones preexistentes" de problemas de salud o no recibe la diálisis que lo mantiene vivo y capaz de trabajar cuatro días a la semana.

El diario The New York Times señaló que los hospitales de la ciudad reciben millones de dólares de los contribuyentes para ayudar al cuidado de salud de inmigrantes indocumentados y otros pacientes sin seguro médico.

Pero en un hospital, a Ángel le dijeron que regresara cuando tuviera sus documentos migratorios en orden o con 200 mil dólares para los gastos.

Un último recurso es el regreso a México, donde la operación cuesta alrededor de 40 mil dólares; sin embargo, para pagar los préstamos necesarios Ángel y su hermano, quien trabaja en una tienda de abarrotes, tendrían que caminar de nuevo en medio del desierto.

O simplemente separarse de sus hijos que residen en el condado de Brooklyn y son ciudadanos estadunidenses.

Aunque el registro del órgano no lleva en cuenta del estatus migratorio, un estudio estima que en un periodo de 20 años personas que no son ciudadanas donaron 2.5 por ciento de los órganos y recibieron menos de 1.0 por ciento.

 


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