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La esperanza para 2012 es lo último que se pierde

Washington. El Vocero Hispano. | 31 de Diciembre de 2011 a las 00:00

El año 2011 que termina representó una pesadilla para la comunidad hispana. En ese años se produjeron la mayor cantidad de deportaciones en la historia de los Estados Unidos. Lamentablemente, la mayoría de éstas no fueron de delincuentes con órdenes de deportación, como se planeó con el programa de retornar delincuentes a sus países, sino personas trabajadoras, padres y madres de familias con hijos nacidos aquí. A esta situación se unió el desempleo, que obligó a muchas familias a emigrar a otros estados, a reducir sus estándares de vida, y en algunos casos, a caer en la indigencia.

Mientras estas calamidades agredían inmisericordemente a las familias hispanas, en estados como Alabama, Georgia y Carolina del Sur, los legisladores conservadores afiliados al Partido Republicano aprobaron leyes de tinte racistas contra los inmigrantes latinos solapadas bajo el pretexto de iniciativas para proteger la frontera y los empleos de los norteamericanos.

Como consecuencia de estas, muchas familias latinas tuvieron que abandonar sus hogares para establecerse en estados más tolerantes de las diferencias étnicas.

Michigan, no ha sido ajeno a las amenazas de leyes anti inmigrantes similares. El legislador Dave Agema, de Hudsonville, ha intentado infructuosamente reproducir los mismos esquemas aquí.

La administración del presidente Barack Obama, pese a que permitió las injusticias de las deportaciones, por lo menos enfrentó la aplicación de esas leyes haciendo que las mismas no pudieran ejecutarse.

En resumen, el 2011 no fue un buen año.

El 2012 en cambio augura mejores tiempos. Es un año de elecciones en el que se espera que la actual administración sea mas cuidadosa en cuanto al trato con la comunidad hispana debido a la importancia de su voto.

La economía, aunque no mejorará sustancialmente, por lo menos se acelerará debido a las inversiones públicas del gobierno federal. La mayoría de las leyes anti inmigrantes podrían ser revocadas por los tribunales federales, o bien desestimadas por los mismos estados en muchas de sus partes debido a las consecuencias adversas que ha arrojado a las economías donde se han puesto práctica. En conclusión, podemos ser optimistas, pero cuidado, no demasiado confiados. Los arrestos del ICE podrán disminuir, pero no detenerse, y los intentos de los sectores conservadores contra los inmigrantes latinos, podrán atenuarse pero no terminarse. Salimos de un año malo y no entramos a uno bueno, pero si en uno con mayores esperanzas.

 


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