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El vía crucis de las familias divididas por la inmigración

Agencia EFE. Desde El Paso, Texas. | 22 de Marzo de 2007 a las 00:00
Roxana, una joven hondureña de 17 años, viajó junto a sus dos hermanos menores con destino a EU con el firme propósito de reunirse con su madre, que seis años antes viajó a ese país para tratar de ofrecerles una mejor vida. "Mi mamá nos dejó con su hermana y prometió enviar por nosotros en cuanto se estableciera en Estados Unidos", dijo la joven, quien no ve a su madre desde que partió de Honduras en busca de trabajo. Roxana, que se identifica únicamente por su primer nombre, es una de los más de siete mil menores que cada año son detenidos en Estados Unidos tras cruzar la frontera ilegalmente. Cada día, niños y adolescentes centroamericanos y sudamericanos llegan solos a territorio estadounidense en busca de sus padres o de un trabajo que les permita ayudar a subsistir a las familias que dejaron atrás. La joven recordó que sus hermanos esperaban constantemente el regreso de su madre y por ello decidieron emprender el viaje que pensaban permitiría a la más pequeña ver en persona a su madre, cuyo rostro había olvidado. "A ella era a la que más le hacía falta, porque tenía seis años cuando mi mamá se fue a Estados Unidos y le han hecho mucha falta sus abrazos", afirmó. La tristeza que embargaba a sus hermanos menores, de 12 y 15 años, fue lo que los llevó finalmente a decidirse a emprender el viaje y salir una mañana con rumbo a México, la vía obligada para llegar a Estados Unidos desde su natal Honduras, recordó. Tras un recorrido de un mes, en el que viajaron en trenes y camiones acompañados de un coyote al que dieron el poco dinero que traían para el trayecto, debieron continuar solos después de que éste les abandonara en Matamoros, México. Al intentar cruzar la frontera fueron detenidos a orillas del Río Bravo por agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, que los llevó al albergue "South West Key" en El Paso. "Ya llamamos a mi mamá, pero ella está en Pensilvania, y dice que no puede venir por nosotros", manifestó con desesperanza la menor, que recordó que en su paso por México sufrieron de hambre y frío, pero no de abusos. La directora del albergue, Adriana Sáenz, comentó que la madre de los menores se casó en Estados Unidos y tiene una niña de un año de edad. "Pero todavía no arregla sus papeles y tiene miedo de que la agarre la migración", explicó Roxana, que será repatriada a Honduras de no prosperar la petición de custodia de un tío en Estados Unidos. Al igual que Roxana y sus hermanos, Jazmín, una joven de 16 años también procedente de Honduras, inició sola el viaje a Estados Unidos con la esperanza de un mejor futuro. Jazmín, que no quiso revelar su apellido, aun se muestra tímida y recelosa a consecuencia de los abusos sufridos durante el viaje, en el que asegura haber sido secuestrada en varias ocasiones. La primera vez fue secuestrada en México por tres policías del Distrito Federal que la retuvieron varios días, y la segunda, por tres polleros o coyotes que tenían detenidas a otras jóvenes como ella, señaló. "Una muchacha me ayudo a escapar", dijo la joven, que tras quedar en libertad acudió a pedir ayuda a un centro de asistencia para inmigrantes. "Quiero irme a mi país y no quiero regresar más", aseguró la joven, que salió de Honduras en busca de un trabajo que le permitiera enviar dinero a su madre y sus hermanos. Roxana y Jazmín reciben asistencia legal por parte de la organización Servicios para Inmigrantes de Las Américas, que se encarga de buscar que los menores que cruzan la frontera solos permanezcan en el país bajo custodia de algún familiar, o que se les brinde la opción de regresar voluntariamente a sus países en lugar de deportarlos.

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