Escúchenos en línea

Nace una «Pequeña Oaxaca» en Phoenix

Agencia AP. Desde Phoenix, Arizona. | 28 de Marzo de 2007 a las 00:00
Si Sunnyslope tuviera un santo patrón, sería la Virgen de la Soledad. La virgen de manto negro es la patrona de la ciudad de Oaxaca, México, pero su imagen adorna muros en casas y empresas de todo Sunnyslope, uno de los vecindarios más antiguos de la zona metropolitana de Phoenix, Arizona. Durante la década pasada, llegaron a Sunnyslope tantos inmigrantes desde ese estado del sur de México que la comunidad de clase trabajadora en la zona centro-norte de Phoenix está siendo llamada "Pequeña Oaxaca". Sunnyslope siempre ha sido una especie de refugio. Sus primeros colonos fueron estadounidenses de la región central del oeste que padecían tuberculosis, reumatismo y asma, y establecieron tiendas en el desierto a principios del siglo XX tras ser obligados a salir de Phoenix. A mediados de la década de 1980, refugiados de Vietnam e inmigrantes de Asia hicieron de Sunnyslope su hogar y una sección recibió el nombre de "Pequeña Saigón". Ahora, oleadas de inmigrantes mexicanos que huyen de la pobreza en Oaxaca llegan a Sunnyslope, atraídos por sus viviendas accesibles y por ser parte de las principales rutas de autobuses, los cuales facilitan el traslado a los empleos en toda la ciudad. Muchos en el vecindario son inmigrantes indocumentados, y los residentes que ya llevan más tiempo ayudan a los recién llegados a encontrar dónde ubicarse en la comunidad. Están transformando ciertos sectores del vecindario y recreando trozos de los poblados mexicanos que dejaron tras de sí. Los enclaves de inmigrantes en Estados Unidos son tan antiguos como el mismo país. En Sunnyslope, los inmigrantes oaxaqueños están creando una subcultura con sabor indígena inmersa dentro de la cultura mexicana de Phoenix. En canchas de fútbol y en las esquinas de las calles, hombres y mujeres hablan con el acento cantado del español que se habla en Oaxaca. En los restaurantes, las familias acuden en gran número para saborear platillos de mole, típica salsa color chocolate. Los oaxaqueños viven cerca unos de otros en casas algo desvencijadas, recordando los verdes campos en las montañas de su estado y reconfortándose en la familiaridad con sus compatriotas. "Todo el mundo en este vecindario pasa por lo mismo", dijo Rogelio, un jornalero que esperaba una mañana a que alguien se acercara a ofrecerle trabajo. Pidió que su apellido no fuera divulgado, debido a que es indocumentado. "Extrañas a tu familia, tu país. Todo el verde. Lo bueno es que por aquí siempre puedes encontrar a alguien de Oaxaca para hablar de eso. Están por todos lados". En la zona metropolitana de Phoenix viven inmigrantes de toda Latinoamérica. Pero existen áreas donde las concentraciones de personas de diferentes estados mexicanos ejercen influencia cultural sobre cuadras enteras de la ciudad. En partes de una avenida importante en el oeste de Phoenix, por ejemplo, cientos de inmigrantes de Sinaloa llenan casas, taquerías y negocios de ropa vaquera. Mesa, un suburbio al este de la zona metropolitana de Phoenix, es conocido por su extensa población de guatemaltecos y peruanos. Y el vecindario Palomino del norte de la ciudad es hogar de mexicanos de los estados norteños de Sonora y de Chihuahua. Normalmente, esos vecindarios comienzan con la llegada de algunos inmigrantes oriundos de algún pueblo o ciudad mexicana, dijo Steve Murdock, demógrafo del estado de Texas. Crecen a medida que esos inmigrantes avisan que hay trabajos bien pagados en hoteles, cocinas y campos de golf. Después llegan los hijos, parientes y amigos, y posteriormente muchos traen a sus esposas e hijos. Los vecindarios ayudan a facilitar el ajuste de los inmigrantes a la vida en Estados Unidos, señalan los expertos, y les permiten seguir sintiéndose cerca de su patria. Los inmigrantes que llegaron primero ayudan a los que arribaron después a moverse en la zona, presentándoles personas del vecindario, mostrándoles cómo funciona el sistema de autobuses y conectándolos con sacerdotes e iglesias. Los vecindarios también crean oportunidades para que los inmigrantes progresen económicamente. Muchos abren negocios y venden a sus vecinos alimentos de sus regiones de origen y otros productos. "Los nuevos enclaves se convierten en... un medio a partir del cual los inmigrantes pueden ascender", dijo Gregory Rodríguez, miembro de la New America Foundation, un centro de investigación en Washington, D.C. donde estudia fenómenos de aculturación. "Mudarse a un país con diferentes expectativas es algo solitario y desorientador. Estos vecindarios ayudan a la gente a establecerse y a que conserve sus raíces, incluso a medida que avanzan hacia el futuro, como es de esperarse", agregó. En Sunnyslope, la música de bandas oaxaqueñas resuena en las tiendas y en las casas. Sus automóviles y camiones dan a conocer el orgullo de ser oaxaqueño pegando calcomanías con la forma del estado en las ventanillas traseras. Las familias llenan los cinco restaurantes oaxaqueños y las panaderías de Sunnyslope, que abrieron sus puertas en la década pasada. El restaurante Mini Mercado Oaxaca se ha convertido en un punto de reunión para la comunidad oaxaqueña. Los inmigrantes pasan a comprar bolsas de mole negro, pan de dulce y café del estado. Algunos llegan sólo para rezar frente a un altar en honor de la Virgen de la Soledad o para dejar dinero que se envía a Oaxaca en apoyo a las iglesias de allá. Jorge López padre, de 38 años e inmigrante de Oaxaca, abrió el Mini Mercado en 1999. Vio que la comunidad oaxaqueña estaba creciendo y nadie en la zona estaba vendiendo productos regionales. En la actualidad, el restaurante es una piedra angular de la comunidad oaxaqueña, y López planea abrir una panadería al otro lado de la calle. "(Sunnyslope) es como un pueblo de oaxaqueños", señaló.

Descarga la aplicación

en google play en google play