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Inmigración: el síndrome Miguel Bosé

Madrid. Por Xurxo Martiz Crespo, Aporrea. | 2 de Abril de 2012 a las 00:00

Hace unos años vi a Miguel Bosé amenazar a las autoridades, no recuerdo con qué, si se les ocurría construir un tren de alta velocidad en la vista que tenía desde su casa en el campo. Si algo saca de sus cabales a esta gente, bien alimentada y bien educada, es que algo los sorprenda, les deshaga su rutina y les afee la vista (el tacto, el oído y el olfato también).

Algo semejante pasa con la inmigración en Europa. Miles de opiniones justifican su necesidad; por envejecimiento de la población europea, por necesidad de mano de obra no cualificada para trabajos que nadie quiere, para asegurar las pensiones de los europeos... etc. El caso es que cuando están en Europa, a pesar de ser «rentables» económicamente, nadie los quiere ver, oír, tocar u oler.

Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Italia y el Estado español consiguieron una resolución de la ONU para «proteger» al pueblo libio de Gadafi. Decidieron «protegerlos» bombardeándolos indiscriminadamente. Muchos libios no sabían que los bombardeos eran por su «bien» y decidieron huir a Europa, Italia, por barco... no conocían el síndrome Miguel Bosé que se define por la importancia de la estética ante la ética.

Así como Bosé amenazaba a las autoridades si..., Europa y su brazo armado, la OTAN, prefirieron guardar la estética del bello continente, limpio de indeseados y espontáneos inmigrantes, ante la ética de salvar decenas de naufragos que huían no de Gadafi, sino de sus propios bombardeos. Este doble juego no le quita el sueño a nadie en ningún gobierno europeo, sino lo creen, busquen a un solo miembro de estos «humanitarios» gobiernos declarando algo que no sean frases hechas o lugares comunes.

Mientras, los tunecinos recibían con los brazos abiertos a más de 50.000 libios que huían de las bombas que desde Europa prometían «liberarlos».

 


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