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El calvario de un hondureño a su paso por México

Por Mariela PulgarÍn Ibarra, periódico Zócalo, México. Desde Piedras Negras, Coahuila. | 1 de Abril de 2007 a las 00:00
Humillación, asaltos y muertes es lo que el joven hondureño Marvin Humberto Serna ha visto entre los indocumentados en el país mexicano, sin embargo aseguró que en esta frontera es donde mejor los han tratado. Procedente de Catacama Ola Ancha, Honduras, Marvin en tres ocasiones ha sido deportado de Estados Unidos. En su mente guarda terribles experiencias durante sus recorridos como inmigrante "en Tapachula, -Chiapas- hace dos años fui baleado por unos ‘Maras’; me dieron cinco balazos", mencionó mientras levantó su camisa y mostró las cicatrices. Aseguró que las heridas físicas se curan, pero las mentales no. En su narración recordó "cuando venimos en el tren nos tiran y nos pegan". Describió también cómo cuando venían de contrabando en tren de la ciudad de Monterrey un desconocido gritó que venía la Policía y varios inmigrantes asustados se tiraron y resultaron mutilados "Lo hacen por maldad, observé a un señor que le pasó el tren por la mitad y a una muchacha le cortó las piernas porque cayeron mal por el susto". Acongojado recordó ese terrible suceso y subrayó que es triste porque son seres humanos. "La ley dice que nadie nos debe quitar el dinero, ni maltratarnos, ni hacernos travesuras, pero abusan de nuestra necesidad". El "hacer leña del árbol caído" es el lema que encaja en los inmigrantes cuando entran por este país. "A algunas personas las secuestran para pedir dinero a los familiares que se encuentran de aquel lado", explicó el indocumentado. La aventura más reciente la vivió hace sólo cinco días cuando al llegar a Nuevo Laredo un "coyote" prometió cruzarlos e indicarles dónde estarían a salvo. "Nos perdieron en el desierto, el ‘coyote’ nos dijo: Aquí esperen, vamos a ver si viene la migra y pasó una hora, dos, cinco y teníamos hambre y le dije a Salvador, en el nombre sea de Dios, vámonos de aquí y anduvimos caminando". Marvin expresó que durante varios días caminaron sin saber hacia dónde, hasta que los encontró la Patrulla Fronteriza, que los deportó a México "aquí en Aduana nos trataron muy bien y nos dieron 50 pesos para comer algo a otros 20 y así; estamos muy agradecidos también con la Iglesia porque nos han tratado como seres humanos". De oficio carpintero en Honduras, Marvin asegura estar aquí por necesidad porque la situación en su país es difícil por ser un país muy pobre. "En el otro lado he trabajado en los techos y he ganado hasta tres dólares por mes; tengo un hermano allá y es el que me ayuda, pero el año pasado me deportaron". Convencido aseguró que va a intentarlo más adelante, pero por ahora no tiene dinero ni alguna pertenencia, debido al asalto y despojo por los mismos coyotes, a lo cual dijo que seguirá el consejo que le diera un policía sobre internarse más adentro del vecino país. "Una vez nos deportaron por avión y uno mismo de la migra nos dijo que nos fuéramos más pa’ dentro y eso quiero hacer". Con la angustia de encontrarse nuevamente sin nada, en un país que no querían como destino, y en el cual ha sufrido tanto, Marvin Serna y su compañero Salvador Pineda están en espera de ser regresados a su país. "Sí hemos sufrido aquí, nos hacen tener miedo, pero no somos delincuentes y alguna gente así lo ve y nos ayuda", concluyó.

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