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Migración y criminalidad

Agencia Notimex. Desde Ciudad de México. | 1 de Abril de 2007 a las 00:00
Tan persistente ha sido el martilleo de los medios de comunicación, tanto en programas informativos como en series de acción, que lo han logrado: en Estados Unidos se asocia al inmigrante con el crimen y, desde el 11 de septiembre de 2001, con el terrorismo. De un estudio realizado con base en encuestas del National Opinion Research Center’s 2000 General Social Survey, se desprende que el 73 por ciento de los encuestados cree que a mayor número de inmigrantes, mayores índices de criminalidad.

Por Mauricio Farah Gebara (*)

El impulso a esta creencia ha permitido o ha facilitado que la autoridad norteamericana haya llevado a cabo la militarización de la frontera, haya triplicado el número de agentes fronterizos y haya cuadruplicado el presupuesto destinado a la mejora de la protección de la frontera con México. Pero se trata de una percepción sin sustento. El mes pasado, Immigration Policy Center dio a conocer las conclusiones de un análisis titulado El mito de la criminalidad del inmigrante y la paradoja de la asimilación: tasa de encarcelamiento entre nativos y extranjeros. La mayoría de los inmigrantes mexicanos y centroamericanos, apunta el documento, llegan a Estados Unidos siendo jóvenes y con bajos niveles de educación, lo que ha nutrido el estereotipo de que los inmigrantes son criminales. Sin embargo, en tanto que los niveles de inmigración indocumentada se han duplicado desde 1994, los índices de criminalidad con violencia en ese país han disminuido en 34 por ciento, y los crímenes respecto del patrimonio en 26 por ciento en el mismo periodo. De acuerdo con el estudio, los hombres de entre 18 y 39 años que abandonaron la secundaria son más propensos a incurrir en crímenes y ser encarcelados. De este rango, los hispanos nacidos en Estados Unidos que han sido encarcelados son 7 veces más que los hispanos extranjeros y, en general, los hombres blancos nativos son 3 veces más encarcelados que los extranjeros. Sobresale en el estudio el dato de que sólo 0.7 por ciento de los encarcelados son mexicanos. Este porcentaje adquiere mayor relieve si se considera que 56 por ciento de la población de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos son mexicanos, esto es, alrededor de 11 millones. Otro dato apunta en el mismo sentido y contribuye a derribar el mito: el estado de California tiene el mayor número de inmigrantes del país, así como el mayor número de encarcelamientos. Sin embargo, menos de la mitad de éstos son extranjeros. La Comisión Estadounidense de la Reforma Inmigratoria realizó una comparación de los índices de criminalidad de las ciudades fronterizas con otras ciudades de Estados Unidos, y se encontró que, en general, los índices son menores en las ciudades fronterizas. La creación de estereotipos suele ser un recurso eficaz para la condena o la exaltación de grupos étnicos, lo que tiene su base en sentimientos de raza que tienden a fundamentar, así sea artificialmente, las conductas racistas, caracterizadas por prejuzgar a los individuos como parte de un grupo. Es una variante tendenciosa del determinismo: puesto que eres mexicano, eres así; puesto que eres migrantes, eres así. Con esta generalización se juzga a la persona no por sus acciones concretas e individuales sino por su pertenencia a un grupo social o étnico. Visiones de esta naturaleza han influido en muchas de las persecuciones, agresiones e incluso matanzas a lo largo de la historia del mundo. Por ello es de la mayor importancia que se documenten hechos, a fin de que se pulvericen mitos. Èstos viven del prejuicio y de la repetición, sin apoyo en datos ni argumentos, como dogmas que deben ser propagados hasta constituirse en verdades. Muchos de los crímenes de odio tienen su origen en estas verdades, que convocan al rechazo silencioso o a la abierta violencia; se trata de crear imágenes generalizadoras que despersonalicen al individuo hasta arrebatarle sus rasgos personales y convertirlo en parte de una masa cuyas características se determinan de manera tajante, más allá de la duda. Ser parte de tal grupo determina al individuo. Es, claro, una simplificación extrema, que sin embargo actúa de manera compleja sobre las percepciones y los sentimientos de las personas y, en ocasiones, de sociedades completas. El estudio del Immigration Policy Center viene a poner en su sitio la verdadera relación entre la inmigración y la criminalidad, que no son causa y efecto, como algunos quieren verlo, sino fenómenos separados que pueden darse en un mismo sitio pero que no se nutren mutuamente. La inmigración puede representar para Estados Unidos algunos problemas y desafíos, entre los beneficios que les aporta, pero en definitiva esos retos no están en el terreno de la criminalidad y menos en el del terrorismo. Hay que repetirlo una vez más: la migración pertenece a la agenda social, laboral y económica, no a la policíaca. (*) El autor es Quinto Visitador General de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos de México

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