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Indocumentados desconfían de reformas migratorias

Agencia PL. Desde Washington. | 5 de Abril de 2007 a las 00:00
La comunidad de inmigrantes en Estados Unidos desconfía hoy de las propuestas para legalizar a 12 millones de indocumentados y regular la entrada de extranjeros al país. Activistas comparan los distintos proyectos con armas de doble filo pues, según señaló Angela Sanbrano, directora del Centro de Recursos Centroamericanos, el diablo puede estar en los detalles. Iniciativas como la del congresista demócrata Luis Gutiérrez y el republicano Jeff Flake, despertaron el interés de los trabajadores indocumentados, quienes vieron por delante la posibilidad de obtener la residencia permanente. Con el tiempo se calmaron los ánimos, y los inmigrantes descubrieron que el camino hacia la ciudadanía norteamericana podría ser largo y estar lleno de obstáculos. La gente piensa que la propuesta contiene muchos requisitos para completar el proceso de legalización, comenta Zambrano, quien organizó por estos días varios foros informativos sobre el tema. Además, el inicio del programa de Gutiérrez y Flake está condicionado a que el Congreso certifique la efectividad de los dispositivos de contención en la frontera sur, añade. "Es totalmente inadecuada para resolver la problemática y el sistema migratorio de este país ", opina Javier Rodríguez, director de la coalición 25 de marzo. Rodríguez indicó que, entre la ratificación del proyecto y el cumplimiento de todos los plazos en él estipulados, los indocumentados podrían tardar entre 23 y 28 años en recibir los papales legales. Todo ese tiempo las familias estarían expuestas a la explotación, y vivirían con el temor de salir deportados del país por el más mínimo incidente, agregan dirigentes de la comunidad latina en California entrevistados por el diario La Opinión. Sin embargo, existen otros puntos más candentes dentro de la política migratoria, sobre todo en las propuestas manejadas por la Casa Blanca y los congresistas republicanos. El presidente George W. Bush anunció en varios ocasiones que priorizará las ideas tendientes a la creación de un plan de trabajadores temporales. Legisladores como el representante demócrata de Nueva York Charles Rangel, presidente del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara baja, opinan que la condición de huésped asalariado para los jornaleros extranjeros raya en la esclavitud. En medio de estos debates, los latinos presionan cada vez más para resolver su estatus legal, convencidos de la fortaleza que les confiere su densidad poblacional y su aparente representación en la política del país. Sin embargo, ninguno de los dos partidos dominantes en el Capitolio de Washington puede legislar en estos momentos sin contar con aliados en las filas contrarias. El líder del Comité de Judicatura del Senado, Patrick Leahy, reconoció que para someter una ley a votación, la Cámara alta exigirá la anuencia del presidente George W. Bush. De lo contrario sería perder tiempo en algo que la minoría republicana terminaría por desbaratar, aunque hay demócratas que también rechazan cualquier intento por legalizar a los indocumentados, anunció Leahy. Mientras tanto el tiempo corre y, si los miembros del Congreso no liman las diferencias al respecto antes de junio próximo, el asunto migratorio podría hibernar hasta fines de 2008, cuando culmine la campaña presidencial.

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