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Salvadoreño vende un riñón para comprar pasaje de regreso

Agencia EFE. Desde New York. | 11 de Abril de 2007 a las 00:00
La desesperación de un inmigrante indocumentado por regresar a El Salvador le llevó a tomar la decisión de poner en venta uno de sus riñones, por el que esperaba recibir entre 20 y 25.000 dólares para pagar el viaje. El salvadoreño, cuyo nombre no ha sido revelado, escribió una nota y la colocó en la puerta de una iglesia en la localidad de Central Islip, en el condado neoyorquino de Long Island. De acuerdo con las declaraciones del hombre a "El Diario/la Prensa", la decisión la tomó porque está cansado de trabajar 12 horas diarias por menos del salario mínimo, por el temor de que él o su esposa sean detenidos en una redada y el dolor de vivir separados de su hijo y niña de 7 y dos años, respectivamente. "Soy indocumentado, vine a este país por amor pero ahora quiero regresar porque tengo dos hijos en el Salvador pero no tengo dinero y debo casi todo el viaje y por eso he tomado la decisión de bender un riñón para poder regresar a mi país con mis hijos. Soy un hombre de casa me bine por amor a mi esposa", señala el hombre en el texto de la carta. El salvadoreño de 28 años, que emigró a Nueva York junto a su esposa hace 11 meses y que desconocía que es ilegal la venta y compra de órganos y de los riesgos médicos, ofreció un número de teléfono en la carta para que lo contactaran. Sin embargo, puso el aviso sin el consentimiento de su esposa, quien se enteró y se sorprendió cuando recibió una llamada de una persona interesada en comprar el riñón. "Llevaba tiempo pensando en eso, lo vio en la tele porque salen bastantes anuncios", afirmó su esposa, de 21 años a "El Diario". "Yo le dije que no estaba de acuerdo, pero quizás lo hizo por los niños. Desde que llegó se desespera, se quiere ir", afirmó la mujer, que dejó sus hijos al cuidado de su madre. La esposa, a quien tampoco identifican, explicó al rotativo hispano que la familia empeñó su vivienda en el pueblo de Xalatenango, en El Salvador, por 6.000 dólares al coyote que les trajo a Estados Unidos, a quien entregaron la escritura de la propiedad. Indicó además que trabaja en una fábrica haciendo sandwiches por 700 dólares al mes por una jornada de 35 horas a la semana y su esposo gana 1.000 dólares al mes haciendo panes con un hermano por 40 horas semanales de trabajo. La pareja, que envía dinero regularmente a sus hijos, vive en un pequeño cuarto por el que pagan 300 dólares mensuales en una vivienda que comparten con ocho personas. Según la inmigrante, su esposo, que era albañil en El Salvador y ella ama de casa, tomó la decisión de vender uno de sus riñones porque no quería regresar a su país "sin nada".

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