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Un pueblo llamado «El Ahorcado», escala urgente de los emigrantes centroamericanos

Por José Arreola, diario El Universal, de México. Desde El Marqués, Querétaro. | 14 de Abril de 2007 a las 00:00
Por recomendación directa de quienes ya han viajado rumbo a Estados Unidos, muchos ilegales centroamericanos buscan alimento y bebida en algunos pueblos de Querétaro, donde los habitantes acostumbran darles de comer, e incluso les regalan ropa y dinero para que prosigan con ese largo viaje. En su camino hacia el vecino país del norte, cientos de migrantes centroamericanos hacen escala todos los días del año en las comunidades queretanas de El Ahorcado, Chichimequillas, San Vicente Ferrer y San Nicolás, principalmente. El ex presidente municipal de Pedro Escobedo -cabecera municipal de El Ahorcado-, Francisco Perrusquía Nieves, pidió durante su periodo al frente del municipio que se construyera una estación migratoria o un sitio donde pudiera brindarse ayuda a los migrantes que pasan por la zona. Desde 2000, el Instituto Nacional de Migración se comprometió a hacerlo; sin embargo, hasta la fecha no se ha concretado. Los indocumentados detenidos en la región, son enviados a la cárcel municipal de la capital del estado. Apenas en marzo pasado fue detenido un grupo integrado por 27 indocumentados centroamericanos en la comunidad de El Ahorcado, que se localiza a 28 kilómetros al sur de la ciudad de Querétaro. Jorge Villarreal logró escaparse de la detención al esconderse en una de las viviendas de los vecinos de dicho lugar. Hace casi un mes que detuvieron a sus compañeros de viaje, entre los que iban vecinos de su departamento en El Salvador. Prácticamente no quiere hablar, menos aún ante la grabadora, e incluso amenaza con irse si se pretende tomarle una foto. "No me voy a regresar. Mejor busco acá la manera de conseguir ´plata´ (dinero) para irme a Estados Unidos. Yo no me regreso para allá (El Salvador) ¿a qué voy si no hay nada que hacer?", comenta a regañadientes. Son sus únicas palabras, después de las cuales da por terminada la plática, a pesar de que las vecinas de esta comunidad le insisten en que platique cómo fue la detención.

Arraigada costumbre

Y es que en esas localidades queretanas, la gente está tan acostumbrada a la presencia de los "hermanos centroamericanos", que incluso les dan de comer, les regalan ropa y hasta los protegen, comentan vecinos del lugar que por temor prefieren no dar su nombre. Los migrantes traen desde su país, como es el caso de los hondureños, la recomendación de hacer "escala" en alguna de las comunidades antes mencionadas, pero especialmente en El Ahorcado o en Chichimequillas, aseguran. Además de la ayuda que pueden recibir casi en forma garantizada, ambas comunidades son sitios en donde pueden trasbordar de uno a otro tren. En El Ahorcado hay una terminal de ferrocarril donde pueden incluso refugiarse, mientras que en Chichimequillas, la vieja aduana ferroviaria sirve para el mismo fin. Esta última localidad se ubica a unos 10 kilómetros de la ciudad de Querétaro, muy próxima al Centro de Readaptación Social (Cereso) de San José el Alto. Ahí, los migrantes esperan hasta diez o más días a que pase el tren con el rumbo que ellos llevan, pues hay unas "corridas" que van para Guanajuato, por lo que requieren comprobar que el destino sea San Luis Potosí. Mientras tanto, se ocultan en "La Aduana", hasta donde los habitantes les llevan de comer. "Toda la gente de aquí sabe de ellos y todos tratamos de ayudarlos un poco. Llegan todos fregados pidiendo comida, (y) nosotros los ayudamos porque así como están ellos deben estar los jóvenes que de aquí se van para Estados Unidos", comenta la propietaria de una tienda de abarrotes de Chichimequillas. Aquí cualquier persona sabe dónde están los migrantes; todos refieren que en "La Aduana", ubicada a un par de kilómetros de la calle principal del poblado, que en realidad es un viejo edificio cuyas paredes dan testimonio de la presencia de hondureños, guatemaltecos y salvadoreños, principalmente. "Viva Honduras" o "Guatemala es Ley", son sólo algunas de las leyendas comunes que se pueden leer en las olvidadas paredes de la aduana, en donde esperan los migrantes al paso del tren que va a San Luis Potosí o a Guanajuato, provenente de Lechería, estado de México.

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