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De niño de la calle en México a inmigrante triunfador

Por Susan Palmer, agencia AP. Desde Eugene, Oregon. | 19 de Abril de 2007 a las 00:00
Es difícil imaginarse a Juan Carlos Valle durmiendo bajo un puente. O como niño de la calle en la Ciudad de México. O acarreando tuberías para irrigación en un huerto en Medford cuando era adolescente. Valle, de 38 años, enfundado en un traje azul marino inmaculado y de corbata, se toma su tiempo para pulir los detalles de su atuendo, consciente de que representa a su comunidad. También desea ser un modelo a seguir, para mostrar que es posible dominar un segundo idioma y que la educación puede conducir hacia cosas mejores. Ha recorrido un largo camino desde sus días en las calles de la Ciudad de México, donde se esforzaba por ganar algunos pesos aquí y allá. Ahora reside en Eugene y trabaja para la Administración de la Seguridad Social. Está finalizando una maestría en administración pública y es voluntario en un par de agencias sin fines de lucro. Por la luz entusiasta que brilla en sus ojos puede inferirse que, realmente, acaba de empezar. Valle narra la historia de su vida con un humildad. No llegó hasta donde está sin ayuda. A lo largo del camino hubo gente que le hizo notar las posibilidades y que creyó en él. Cuando era un niño de la calle, expulsado periódicamente del apartamento de un dormitorio donde vivían su madre y seis hermanos, trabajaba lustrando zapatos, lavando automóviles, reparando persianas. Pero un amigo más grande que él le recomendó que ahorrara, y Valle le hizo caso. Ahorró lo suficiente para poder asistir a la escuela, y le daba algo de dinero a su madre, de forma que ella no se enterara que no estaba trabajando. En esa época la principal preocupación en su casa era la alimentación. Sólo comían una vez al día. "Nadie hablaba de asistir a la escuela", señaló. "Nadie hablaba sobre la universidad". A los 16 años, él y un amigo decidieron irse "al otro lado", una expresión mexicana para referirse a Estados Unidos. Ahorraron dinero y adquirieron una motocicleta. Siguiendo la recomendación de otros amigos compraron pantalones vaqueros nuevos, cascos y guantes de algodón, que rociaron con pintura negra de aerosol de forma que parecieran de cuero, con el fin de no verse tanto como mexicanos recién llegados. Ambos tenían un amigo en Oregón y rápidamente se dirigieron al norte. Durante los años siguientes, la vida de Valle se desarrolló en los campos, donde recogía fresas, recolectaba peras de los árboles y movía tubería en un huerto de melocotones. El trabajo ofrecía desafíos complejos, con frecuencia los empleadores se aprovechaban de él, y descubrió una barrera cultural e idiomática casi imposible de superar. Para él era un muro. "No puedes escalarlo ni pasar a través de él o por debajo. Te sientes impotente. Más aún, sientes mucho miedo", señaló. Todavía recuerda un día en el sur de Oregón en que estaba trabajando para conectar algunas secciones de tubería de irrigación cuando un autobús escolar se detuvo en un camino cercano y un niño se bajó de él. Valle pudo ver que traía la ropa limpia. Llevaba una mochila en la espalda. No se veía hambriento. "Deseaba poder tener un poco de esa vida", recordó. "Cuando tienes todas estas preocupaciones sobre la comida, la ropa y carencias afectivas, piensas: "¿Qué se sentiría no tener que preocuparse por todas esas cosas?" A la larga llegó una oportunidad. Un amigo con el que trabajaba en Medford le dijo a Valle que había un programa en la Universidad de Oregón. Permitía que los trabajadores inmigrantes concluyeran su secundaria. Presentó su solicitud, fue aceptado y pasó un trimestre en la universidad hasta que presentó su examen de desarrollo educativo general, el cual certifica que se cuenta con habilidades académicas a nivel de secundaria. Por primera vez no tuvo que preocuparse por los alimentos y el alojamiento, pues el programa cubría esos gastos e incluso le daba 10 dólares semanales para gastos personales. Después de graduarse, le llevó algún tiempo hallar su camino de nuevo. No tenía casa y dormía debajo de un puente para bicicletas. Entonces alguien le comentó acerca del Centro Latino Americano. Se enteró que podía hospedarse en un alojamiento manejado por la agencia si iba a la escuela o si obtenía un trabajo. Hizo ambas cosas. Se inscribió a clases en el Lane Community College y obtuvo una serie de empleos en restaurantes locales, en el hotel Hilton de Eugene y con las autoridades municipales. Recibió un título en manejo de instituciones de hospitalidad por el Lane Community tras estudiar dos años en la institución, y su jefe en el Hilton le preguntó si había pensado en asistir a la Universidad de Oregón. "Le dije: "¿Qué quiere decir? ¿Quiere decir que puedo hacer eso?", recordó Valle. Así, se inscribió en una licenciatura en literatura española, y luego siguió con la maestría en administración pública, la cual espera concluir en diciembre. A lo largo de ese recorrido trabajó 12 años para las autoridades municipales. Hace tres años obtuvo un empleo en el gobierno federal, trabajando en la oficina local de la Administración de Seguridad Social, donde ayuda a las personas a llenar formularios de reclamación. Como había sido trabajador agrícola, Valle pudo aspirar a obtener la ciudadanía bajo una ley de 1986, y en 1997 se convirtió en ciudadano estadounidense. Se casó y ahora tiene una hija de 4 años, pero no se ha sentado en sus laureles. Se fijó una nueva meta: ser alcalde algún día. Y mientras tanto, está compartiendo con otros lo que aprendió: durante tres años ha sido miembro de la junta directiva del Sistema Estatal Birth to Three, en el que se orienta a las familias para que atiendan mejor las necesidades físicas y emocionales de sus hijos hasta los tres años, y donde él acudió a clases. Y también está en la junta del Centro Latino Americano, que le ofreció alojamiento cuando vivía bajo el puente.

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