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La hipócrita política de México sobre inmigración

La Tribuna Hispana, New York. | 24 de Abril de 2007 a las 00:00
Si se dice que los peligros de cruzar ilegalmente la frontera de los Estados Unidos, desde México, son terribles, cruzar la otra frontera, al sur de México, son igualmente temibles. Cuarenta días de aislamiento a indocumentados "peligrosos", segregación por enfermedades infectocontagiosas o antecedentes criminales, y cuotas indefinidas por uso de teléfono en las estaciones inmigratorias son algunas de las nuevas normas que prevé ejecutar el Instituto Nacional de Migración (INM), contra los emigrantes que cruzan la frontera sur de México con rumbo al norte. "Qué terrible tener que aceptar que los mexicanos se enfrentan a Minuteman, la Patrulla Fronteriza, el caudal del río, pero que nada de eso es comparable con lo que sufren los inmigrantes que intentan pasar por el sur, señalado por muchos autores como la frontera maldita", dijo Ana María Aragonés, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en un reporte publicado por el diario La Opinión. Entre las modificaciones que prevé la Comisión Federal de Mejora Regulatoria de México, para el nuevo trato a los inmigrantes sin papeles en las 48 estaciones inmigratorias en México, se encuentra el incremento de 20 a 40 días del aislamiento del detenido "cuando ponga en peligro la vida de los asegurados o del personal". Además, advierte que "el encargado de la estación inmigratoria podrá separar del resto de la población a extranjeros con antecedentes criminales y en el caso de que el servicio médico detecte alguna enfermedad contagiosa", según el informe de La Opinión. En cambio, se ignoran herramientas básicas para que el inmigrante pueda auxiliarse en su defensa como un servicio telefónico local gratuito, información sobre apoyo legal, albergues especiales para niños y contacto con la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Organismos defensores de derechos humanos afirman que una vez detenidos, los indocumentados sufren de maltratos y descuidos: "Los tratan como animales", sostiene Alejandro Solalinde, diocesano pastoral de la organización católica Movilidad Humana, "en parte porque la ley impulsa este tipo de conductas". A principios de febrero pasado, mientras la diplomacia mexicana exigía a la gobernadora de Arizona, Janet Napolitano, que investigara a fondo un incidente en el que murieron tres inmigrantes mexicanos; en Arriga, Chiapas, medio millar de indocumentados centroamericanos entre ellos niños y embarazadas fueron detenidos a punta de macanazos por agentes de inmigración. "Nos hemos convertido en la más severa coladera, hacemos el trabajo sucio a Estados Unidos y damos un trato inhumano a los transmigrantes", opina el diputado Edmundo Ramírez. Y todo esto se da a conocer, irónicamente, en el momento en que el Banco Mundial anunciara que México es el principal expulsor de inmigrantes del mundo: dos millones de personas cruzaron la frontera para trabajar en Estados Unidos entre 2000 y 2005 y para los que ha pedido respeto. ¡La hipocresía en su esencia!

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