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Los latinos están divididos en Los Angeles

LaVoz.com Desde Los Angeles, California. | 24 de Abril de 2007 a las 00:00
El año pasado, el disc jockey Eduardo "Piolín" Sotelo fue elogiado por persuadir a centenares de miles de personas que acudieran a las protestas a fin de exigir amnistía para los inmigrantes ilegales. Sin embargo, en una reciente concentración con parecido fin, muchos participantes lo tildaron de traidor por no respaldar su causa con suficiente entusiasmo. El cambio de actitud ilustra lo ocurrido en el movimiento para reformar las leyes de inmigración, cada vez más dividido y –según algunos– frustrado, de cara al primer aniversario de la jornada de protestas del Primero de Mayo. Para el aniversario, los activistas y partidarios de los indocumentados han pedido paros laborales, marchas y reuniones vecinales en Los Angeles, Nueva York, Chicago, Dallas, Miami, Phoenix y otras ciudades. Sin embargo, las protestas no han logrado atraer muchos participantes desde que la reforma legislativa quedó atascada a mediados del año pasado en el Congreso. Los organizadores atribuyeron las divisiones a las tácticas y los proyectos de ley reformadores propuestos; el temor en las comunidades de inmigrantes al aumento de las redadas de ilegales y el empeño de muchos grupos activistas de centrarse en la obtención de ciudadanía y la habilitación de votantes. El boicot del año pasado del Primero de Mayo atrajo a más de un millón de manifestantes en todo el país, y miles de indocumentados no asistieron a sus trabajos, cerrando muchos negocios sus actividades en solidaridad. En Los Angeles solamente, 72.000 estudiantes no asistieron a sus clases para poder participar en la protesta. Este año, los organizadores calculan una asistencia mucho menor. "No hay cohesión para el Primero de Mayo", dijo Juan José Gutiérrez, presidente del Latino Movement USA, con sede en Los Angeles. "Los que estamos en la lucha, con contacto permanente con los inmigrantes (indocumentados), no creemos que habrá una asistencia masiva". Uno de los mayores problemas que encaran los organizadores es si piden a los indocumentados que no acudan a trabajar, el mismo tema que dividió a esos grupos el año pasado. Muchos activistas decidieron que no pueden pedir al público que haga algo que pueda costarle el empleo, reconoció Angela Sembrano, directora de el Centro de Recursos Centroamericano, en Los Angeles. "Un boicot tiene sus méritos, pero como organización no podemos pedir a la gente que no acuda a trabajar y ver luego cómo es despedida", indicó la mujer. Otros activistas sostienen que el boicot es la única forma de demostrar el poderío económico de los indocumentados.

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