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No quiero que mi hija pase por la frontera

Charlotte. Por Aníbal Calderón, La Noticia. | 29 de Noviembre de 2012 a las 13:38

Una de las situaciones más tristes que han tenido que vivir muchas mujeres inmigrantes ha sido tener que separarse de sus hijos para poder darles “una vida mejor”.
Martha Pedrosa llegó a Charlotte hace dos años. Dos de sus hijas viven aún en México, una de ellas ya está casada, y la otra, de 13 años, vive con ella en su país.
Pedrosa recuerda como si fuera ayer el día que le dijo a su hija que se venía a trabajar a Estados Unidos. “Le dije, 'sabes que, mihijita, me voy para el otro lado'”, recuerda con ojos vidriosos.
Pese al dolor que le causa la separación, dice que prefiere estar lejos de su hija menor antes que exponerla a cruzar la frontera.
“Sufrí mucho cruzando el desierto, con poca agua y sin comida por cinco días”, dijo Pedrosa, pero su mayor temor son los llamados “polleros”. “Ví como se aprovecharon de una niña de 13 años”.
Durante los dos años que tiene de estar en suelo estadounidense no ha dudado ni un momento de su decisión.
“Yo le digo a mi hija que me la voy a traer y que vaya estudiando inglés, así la vengo calmando”, sin embargo, Martha descarta toda posibilidad de traer a su hija a este país. “Ella está mejor allá”, dice.
Pese a su temor, reconoce que le ha sido muy difícil separarse de sus hijas, aunque sabe que a la menor es a quien le ha sido más duro vivir sin su madre.

“Hablo a menudo con mi hija por teléfono, ella me dice, 'no me mandes dinero, no me mandes nada, sólo quiero que estés aquí conmigo'”.

Pese al dolor de la separación y las ganas de un reencuentro, Martha reconoce que necesita estar aquí al menos seis años más para ahorrar lo suficiente para regresar a su país. “Allá no es como aquí que hasta los viejitos pueden encontrar trabajo”.
Cuando se le pregunta cómo se imagina el reencuentro con su hija en seis años, suspira. “Cada noche duermo con ese pensamiento”.


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