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Inexorable deportación de toda una familia de guatemaltecos

LaVoz.com. Desde Ogden, Utah. | 3 de Mayo de 2007 a las 00:00
El reloj sigue avanzando y se acerca el momento de su deportación. Pronto, los integrantes de la familia Corado abordarán un avión rumbo a Guatemala y se despedirán, probablemente para siempre, de un lugar que consideraban su casa. La familia Corado ha vivido en Estados Unidos desde hace 16 años. Prometiéndole a sus hijos una vida mejor, se establecieron en Utah para escapar de la violencia y la inseguridad en su país natal. Raúl Corado, ministro bautista, dijo que le atrajeron los profundos valores familiares y religiosos de Utah. "El amor es lo que domina aquí debido a la influencia religiosa", afirmó Corado mientras sostenía en brazos a su nieto en un apartamento vacío de Ogden. No sabe cuándo volverá a ver al niño. Sus dos nietos son de su hija mayor, que recientemente juramentó como ciudadana estadounidense. La hija, que no quiso ser incluida en este despacho, está casada con un soldado que es ciudadano, por lo que pudo aspirar a nacionalizarse. Sin embargo, el resto de la familia será deportada. Sus integrantes perdieron el sentido de seguridad el mes pasado y se sumergieron en una pesadilla cuando la hija menor de Raúl _Ana, de 23 años, fue detenida por agentes de inmigración. El arresto fue una sorpresa. "Pensábamos que teníamos una visa religiosa y que estábamos bien", dijo el hijo de Raúl, José Corado, de 24 años. Raúl calcula que, a través de los años, ha gastado unos 20,000 dólares en pagos de solicitudes y honorarios de abogados para consolidar el estatus migratorio de la familia. Raúl y su esposa, Magda, vivían en Burlington, Colorado, donde él estaba a cargo de un servicio religioso en español. Volvieron a toda prisa a Utah en cuanto se enteraron del arresto de Ana. Aunque sólo fue detenida ella, la pareja se enteró que las autoridades migratorias también tenían órdenes de arresto para José y para ellos. Magda, arriesgándose a ser detenida, asistió a la audiencia de deportación de Ana. Se habían ofrecido voluntariamente para salir del país bajo el estatus de deportados, que limita la posibilidad de volver algún día a Estados Unidos. "Yo debía haber estado allí, no Ana", señaló Magda, "porque yo soy la que la traje aquí". Magda dijo que le suplicó al juez que los dejara irse como familia. "Lo único que le pedimos a las autoridades migratorias fue que dejaran salir a mi hija de la cárcel, de forma que pudiéramos ser deportados juntos", señaló Magda, "igual que cuando entramos". La solicitud fue denegada. Tras pasar 22 días en la cárcel, Ana aterrizó sola el 15 de abril en un aeropuerto militar en Guatemala. Raúl y Magda esperan reunirse con Ana en cuanto sea posible. Han vendido sus pertenencias en Burlington y Ogden. "Lo único de valor que dejamos son 16 años de impuestos pagados", indicó Raúl. Pero a medida que se acerca el 11 de mayo, fecha en que vence el plazo para que salgan del país, la familia aún tiene una preocupación acuciante que los ata a Utah. En enero del 2001 los médicos le diagnosticaron cáncer de colon a José, y le dieron de seis meses a un año de vida. Está bajo tratamiento en el Hospital McKay-Dee y en el Instituto Oncológico Huntsman. Su quimioterapia ha evitado que requiera otra operación. La familia desconoce si puede recibir el tratamiento adecuado en Guatemala, en especial en comparación con el que recibe en Utah. Para ser atendido del cáncer, José dijo que tendrá que viajar dos horas y media hasta la capital, ciudad de Guatemala. "Las autoridades migratorias (estadounidenses) no están siendo consideradas con nuestra situación", señaló José. "Cuando nos presentamos el lunes en migración, se rieron y se burlaron de nosotros". Las autoridades locales de inmigración dijeron que no pueden comentar en torno al caso de la familia. José sigue luchando por quedarse en Estados Unidos, solicitando asilo político con el fin de quedarse para recibir tratamiento médico. Y, al mismo tiempo que la familia está nerviosa por la salud de José, también se preocupa por Ana, que se está quedando con una tía en Santa Lucía. La última vez que la vio fue cuando tenía 5 años. "Cuando hablé con ella esta mañana, seguía llorando", dijo Magda. "Está en un país que no es el suyo". Ana y su hermano se graduaron de la secundaria Roy. Tomaron algunas clases en la Universidad de Weber State y trabajaron. Guatemala es un país extranjero para ellos. "De lo poco que recuerdo, se ve muy diferente", señaló Ana. "Incluso otros familiares se acuerdan de mí, pero yo no los recuerdo". Cuando su tía le mostró la casa donde Ana solía vivir, ella no la reconoció. "Todo lo que conocía era Utah, y para mí ése era mi hogar. Sigue siendo mi hogar", dijo Ana. "Sólo lloro y pienso que quiero irme a casa". Ana dijo que le está costando trabajo comunicarse en español. "Me lleva más tiempo pronunciar una oración, o lograr que entiendan lo que les digo", señaló. Mientras tanto, en Utah, los miembros de la familia intentan aprovechar al máximo el tratamiento médico de José mientras se preparan para dejar todo atrás por segunda ocasión en sus vidas. "No sé qué vamos a hacer", dijo Raúl. "Cuando venimos acá por primera vez, comenzamos a partir de cero, y tendremos que hacer lo mismo cuando lleguemos allá".

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