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Día de la Madre, sin madre: los olores de mamá

Por Claudia O. Morán, diario Vanguardia, de México. Desde Saltillo, Coahuila. | 11 de Mayo de 2007 a las 00:00
En la Casa del Migrante 10 mujeres que dejaron a sus hijos y su país para emigrar a los Estados Unidos fueron festejadas por el Dìa de la Madre, el resto recordó su ausencia evocando, apenas, los aromas que les son familiares. El olor de la cocina, el olor de la madre. Son los migrantes, sin madre, cojeando para llegar a su destino, los que ya no tienen quién les lave la ropa ni les cocine como en su tierra, donde el pollo a la naranja no es platillo gourmet, el chunto es un guajolote y el caldo se sirve en tazas de barro. En la Casa del Migrante hubo una fiesta, el padre Pedro Pantoja les llevó “Las Mañanitas”, y para algunos migrantes adelantó la celebración, ya que en Guatemala el Día de la Madre se festeja a fin de mes, y en Honduras el segundo día de mayo. Wilbert José Mayorga García es el séptimo de 10 hermanos, uno de ellos lo dejó atras en el camino a la frontera. Tiene 25 años, es de Nicaragua y recuerda a su madre cocinando el baho, un guiso que huele a yuca, carne de res, plátanos verdes, repollo y tomate. Hace un mes que viene migrando. ¿Su sueño?: ayudar a todos sus hermanos y enviarle muebles nuevos a su madre. También tiene mujer e hijos, pero dice, “esa es otra historia”. Para Erlin Antonio Betancourt, de 21 años, el pollo a la naranja es un plato que se saborea en familia. Es el de en medio de dos hermanos. Salió de Honduras hace 20 días y hasta ahora no ha encontrado un olor igual al del guiso de su madre. De San Juan Chamelco Guatemala, Óscar Humberto Lucero Milián, de 30 años, habla cantadito, dice que porque es de un pueblo indígena donde se habla “queqchi”. Hace unos momentos, dijo durante la entrevista, su madre, la que guisaba cack-ik también dejó su tierra para alcanzarlo en los Estados Unidos. Lleva 20 días durmiendo en el monte, caminando entre piedras y su madre viene hacia un destino igual. Intuye que para ella también quedará atrás la taza de barro conteniendo un caldo de guajolote y carne de res puesta a ahumar sobre el brasero. Manuel de Jesús Amaya, de 29 años, perdió a su madre hace 12 días, falleció en El Salvador, pero dice, no por eso olvida los olores que le acompañaban cuando revoloteaba junto a ella en la cocina: La sopa de pescado, crema de mariscos, pan horneado en horno de tierra.

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