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Senador republicano enfrenta dilema con ley de inmigración

LaVoz.com. Desde Washington. | 15 de Mayo de 2007 a las 00:00
El senador Mel Martínez, designado presidente del partido Republicano con el propósito de ampliar el atractivo de la agrupación entre los votantes hispanos, lucha por acortar la brecha entre diferentes sectores republicanos en relación a las reformas de la ley de inmigración. Durante meses de discusiones a puertas cerradas entre funcionarios de la Casa Blanca e importantes legisladores republicanos y demócratas, la principal tarea del senador por la Florida fue arbitrar entre facciones republicanas con encontrados puntos de vista sobre inmigrantes e indocumentados. Martínez ha tratado de conciliar los puntos de vista de moderados como él mismo, interesados en el aporte que brindan los inmigrantes a la economía, con sectores conservadores que exigen acrecentar las medidas de seguridad en la frontera y se niegan a otorgar una amnistía para millones de ilegales. Para Martínez, lo primordial es que hay que reformar las leyes de inmigración, y que los republicanos no pueden darse el lujo de ser considerados el partido que se opone a esos cambios. Los senadores tratan de alcanzar un acuerdo de inmigración para el miércoles, antes que el líder de la mayoría, el demócrata Harry Reid, proponga un proyecto que fue aprobado con fuerte respaldo de su partido, y al que se han opuesto la mayoría de los republicanos. Tironeado por ambos sectores, el precario sitio que ocupa Martínez en el debate sobre inmigración refleja el dilema que afecta a su partido en un tema causante de gran división. Los estrategas políticos luchan por controlar el segmento hispano del electorado, en rápido crecimiento, y mantener la buena voluntad de poderosos grupos empresariales que necesitan un constante flujo de mano de obra inmigrante. Pero eso los enfrenta a los conservadores, que se niegan a aceptar una política inmigratoria considerada excesivamente indulgente. La percepción, en las elecciones del 2006, de que los republicanos se oponían a un acuerdo en materia de leyes de inmigración, "causó gran daño en muchos lugares, y eso se demostró en los resultados", dijo Martínez, de origen cubano. Las elecciones de noviembre del 2006 permitieron a los demócratas, considerados más abiertos a los inmigrantes, recuperar el control de ambas cámaras del Congreso. La tarea de Martínez como presidente del partido Republicano ha exigido al senador, de 60 años de edad, cierta acrobacia política, contraria a sus convicciones. Pues su experiencia ha modelado sus puntos de vista sobre inmigración. El abandonó Cuba cuando era un adolescente, como parte de la Operación Peter Pan, un esfuerzo patrocinado por organizaciones de caridad católicas que ayudaron a 14.000 menores no acompañados a viajar hacia Estados Unidos a comienzos de la década del sesenta. El año pasado, Martínez rompió con su partido y se unió a los demócratas para contribuir a la redacción y aprobación de un proyecto de ley que habría dado a muchos de los aproximadamente 12 millones de ilegales una posibilidad de acceder eventualmente a la ciudadanía. Pero ahora, Martínez se ha opuesto a su propio proyecto de ley y favorece en cambio un enfoque con más atractivo para los conservadores. El proyecto es permitir la legalización de los indocumentados, pero sólo luego de un drástico incremento en la seguridad de la frontera y una vez se pongan en acción medidas para identificar a los trabajadores. Los críticos de ese compromiso dicen que creará un programa de trabajadores invitados que impedirá a muchos inmigrantes obtener un estatus legal permanente.

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