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El drama de hijos de inmigrantes: vivir con su familia o en el país que nacieron

LaVoz.com. Desde Cancita, Michoacán, México. | 20 de Mayo de 2007 a las 00:00
Desde que se reunieron en México con sus padres deportados, Adriana, de 7 años, ha dejado de gritar "¡Papá!" en sueños y a Yadira, de 10 años, se le ha aliviado el asma. Pedro, de 15 años, ya no rompe a llorar, y Adrián, de 12, trata de pensar en su nueva vida como una aventura. Por ahora, estos niños estadounidenses están tratando de olvidarse de la dolorosa decisión que tienen que tomar para fines del verano: permanecer con sus padres en este pueblo donde se bañan en un canal y usan un retrete rústico fuera de la casa, o regresar solos a algunas de las mejores escuelas de Estados Unidos en Palo Alto, California. Decenas de miles de familias encaran alternativas similares, y aun más podrían enfrentarlas si el Congreso nacional lleva adelante una reestructuración de las leyes inmigratorias. Unos 3 millones de niños nacidos en Estados Unidos tienen al menos un padre o madre que vive ilegalmente en el país, según el Centro Hispánico Pew, y desde el 2004, el gobierno ha estado deportando a inmigrantes ilegales a un ritmo récord. El senado nacional estadounidense debe empezar a debatir el lunes un proyecto amplio que permitirá una ruta a la ciudadanía para los 12 millones de inmigrantes que están en el país ilegalmente. El proyecto mermaría la importancia de los vínculos familiares, limitando las visas para padres de ciudadanos estadounidenses a 40.000 por año y modificando un sistema de preferencias que durante cuatro décadas ha favorecido tales lazos. Pedro Ramírez, de 38 años, confiaba en ese sistema para que le diesen a él y a su esposa la posibilidad de hacerse ciudadanos en cuanto su hijo mayor cumpliera los 18 en poco más de dos años. Ahora ya no está tan seguro: la nueva propuesta legislativa pondría más énfasis en las habilidades y educación del inmigrante potencial, y por otra parte su deportación lo descartaría de todos modos. Ramírez nunca fue a la escuela. A los 16 años logró filtrarse por la frontera y aprendió inglés mientras iba ascendiendo de un trabajo en una fábrica con salario mínimo a supervisor nocturno en un supermercado de Albertson. Su promoción _y el salto en salario de 6 a 16 dólares la hora_ le permitió trasladar a su familia de los barrios duros de East Palo Alto al más tranquilo suburbio de Palo Alto, sede de la Universidad de Stanford. El y su esposa solicitaron la residencia, pero se las negaron después que su abogado fue inhabilitado profesionalmente. Las autoridades de inmigración dijeron que aquéllos evadieron las convocatorias para comparecer ante la justicia. De regreso en México, la familia ha gastado sus ahorros de casi 10.000 dólares gestionando infructuosamente la residencia. Amigos, padres y maestros en la escuela secundaria de Pedro hijo han recaudado 2.000 dólares para la familia. Antes de que su padre fuese deportado en febrero, los mayores problemas de Pedro eran cómo ingresar en la facultad de derecho de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA) y persuadir al entrenador del equipo de fútbol americano que lo dejara ser quarter back. Ahora, dice que podría tener que acostumbrarse a la humilde vivienda de dos habitaciones y bañarse en un canal para mantener la familia unida. "Si me voy, quiero irme con todos", explicó. Su madre Isabel dijo que dejará que sus hijos decidan lo que quieran hacer. Si regresan a California, los varones vivirían con una tía en Newark, California, y las chicas con su maestra de quinto grado en Palo Alto. Agregó que los últimos meses han sido suficientemente traumáticos. Después que Ramírez fue deportado en febrero, Pedro hijo rompió a llorar en su clase de matemáticas sin poder concentrarse. Se asombró por el aro de vigilancia que tenía su madre en el tobillo diciéndole "¡Tú no eres una delincuente!" "Me siento traicionado" por el gobierno estadounidense, dijo el muchacho.

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